jueves, 9 de agosto de 2018

Alfonso Calderón / Selección Poética






No hay instantes solos

La noche comprende esa música total
de la boca creciendo en el tiempo.

Por eso,
nunca estamos solos,
corazones ignorados,
porque siempre una estrella nace en círculos
deslizándose en la geometría de las manos,
y la noche nos ubica como la sangre perdida
que la pupila no entiende.

No quiero ya latidos que condenen
justificando tu ausencia revelada,
ni menos pechos doloridos
que presuman la tristeza de tus manos.

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Para no amar

No quiero adivinarte las pupilas
de sosiego, como luna para amar.
Música esculpida en nieve, eres
con rumor a flor incalculable.

No quiero amor brillar contigo
en la luz de un astro aparecido,
porque tras nosotros va siempre
el olvido tumbando primaveras.

Que si una suave presencia acariciada
entrega el brillo de una luna desvelada
al fin nuestros cuerpos
se apagarán en la sombra
en un silencio tangible y presentido

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Huida del cuerpo

Recorriendo tus labios busco en cada beso
un sonido a flor o vena consumida,
amoroso afán de un corazón vacío.

En cada brazo que tristemente gime
un pájaro silencioso muere en tus dedos;
anhelando aéreo, fugitivo
esa catarata de cabellos deshechos
en ruidos de olvido.

Ay la rumorosa ternura que sacude las manos
cuando el cuerpo fluye gris y sin mirada
por los ojos escapando hacia el cielo.

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Tiempo

Distraído, el hombre sirve el vino.
Los años de ausencia acaso albergan
las flores que trajo y el periódico.
¿Puedo ver la columna de los muertos?

Alguien, sin sentirlo, enciende aún
un cigarrillo. Azul, el humo llega
a la cocina y la vuelve un sueño
de Vermeer. Deja que la lámpara

anuncie el final de aquella historia.
Por la enorme puerta, abominable
el tiempo avanza, sube al altillo,
abandona el cuarto de costuras

y coge el pasamanos de la escalera
como si hubiera de reírsenos en la cara.
Va, de pieza en pieza, encendiendo
las luces. Ya está solo. El polvo seco

del camino le cierra la garganta.
Luego insinúa: "todo es difícil
de decir". Tose, balbucea, alza
la copa y sirve el vino, aún.

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En busca del designio
        
Buscad
labios perdidos,
lejos del eco imaginario
que despiertan unas plumas.

Buscad
corazones que saluden,
más allá del parpadeo
que nos une a la rosa.

Buscad la luz
más allá de los designios del alba,
en el rostro de unas voces desveladas
que subliman las últimas violetas.

Buscad
finalmente el silencio,
más allá del cuerpo que se mira
presagiando sollozos.

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Preparación para el olvido

Qué triste es el sonido
que busca las manos
sin devolver ecos.

Qué poco basta
para entregar un labio
al esquema de un beso.
Y en fin qué solos quedamos
cuando un llanto nos sobra
y es inútil toda huida.

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La muerte está en el olvido

Este cuerpo ya sobra en el olvido
de un aéreo silencio vibrador
donde los años llegan con rumor
de arterias aplacadas sin sonido.

Esta tristeza devuelve el dolor
de unos muslos ausentes y perdidos
tal espuma interpretada en sabor
a sangre y labios consumidos.

Este ciego instinto de unas penas
en el atardecer angustiado de los huesos.
Este engaño de una sonrisa que apenas
en el fondo es un cielo o unos besos
y que en la muerte será un rostro espeso
que dulcemente ocultan unas venas.

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Noche con alas  
    
¿Quién se acerca
a los designios del labio?
¿Quién desnuda tus manos
en un brillar de venas?

Y al fin de la noche,
¿qué misterio párpado
Vio ocultarse la última estrella
tras el límite de tus ojos?

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He visto

He visto atardecer tu rostro
en el desvío de unos labios
y al brillo del jazmín.

He visto como a pesar de tu aparición
sobre los cuerpos,
piensas en el fuego y la sangre confundidos.

He visto
que para tu silencio no bastan soledades
ni voces destruidas
y que en un llanto sostienes
las vigilias del alba.

A lo lejos,
mil azucenas te miraban
como en una angustia de hueso.

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Buscaremos a los dioses

Tú que sabes del tibio acento de las plumas
y del calor infinito escondido en la nieve
trata de penetrar en este vago porvenir de sueños
en prodigio de savia o rosa adolescente.

Recuerda que aún debajo del laurel
está la axila resplandeciente de un cuerpo lejano;
y encima del labio hay un sonido eterno
a muerte o esperanza calcinada.

Y recuerda finalmente que un día prometidos a la sombra
buscaremos juntos la comarca del silencio
y entraremos puros como pájaros sin límite
a contemplar la mirada altiva de los dioses.

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Cuerpo o sonido

Toda a los labios son estrellas
en este antiguo amor,
en este gastado roce silencioso;
y las cabelleras quisieran ser bosques
o corazones implorando rostros

Todavía hay horizonte en el goce de unos ojos
y no escapan lunas ni mareas
al golpe sombrío de unas voces.

Todavía los cuerpos se aman en silencio…

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Eres el anochecer

Allí donde comienza el silencio,
estás tú,
toda deseo, toda extensión
como hierba o álamo solo
que recoge el instante puro de unos sueños
en la triste, tan triste presencia de unas manos sin venas,
blancas y solitarias como el dolor,
blancas y pausadas como el olvido mismo.

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Alfonso Calderón, fue un escritor chileno nacido en San Fernando el 21 de noviembre de 1930 y fallecido en Santiago el 8 de agosto de 2009.
En el año 1949 publicó su primer poemario, "Primer consejo a los arcángeles del viento", marcando así el inicio de una intensa labor editorial. A lo largo de su vida, ocupó numerosos cargos de profesor, tanto en colegios como universidades. Asimismo, redactó críticas de libros para diarios y revistas, fue presidente del Círculo Literario Carlos Mondaca Cortés, y miembro honorario de la Academia Chilena de la Lengua, entre otros cargos de gran importancia. Su dedicación a la Literatura, tanto en la producción como la difusión, fue meritoria del Premio Nacional de Literatura en 1998. Defendió la práctica de escribir al menos una línea por día, negándose a la (a veces desesperante) espera de la inspiración.

Entre sus libros destacados encontramos los poemarios "El país jubiloso", el "Memorial del viejo Santiago, imágenes costumbristas" y su novela "Toca esa rumba, don Azpiazu".



martes, 17 de julio de 2018

Cien Mujeres Contra La Violencia de Género / Venezuela


¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género busca dar un lugar a las voces venezolanas que, desde distintas esquinas, tienen algo que decir sobre lo que han visto, sufrido, testificado o pensado sobre la violencia de este tipo.

La serie ¡Basta! nació en Chile y ha sido publicada también en Argentina, Bolivia, México, Perú y Colombia.

Para este libro, se compilaron cien textos de cien mujeres venezolanas que abordaron el tema desde distintos géneros literarios con un único propósito: dejar por sentado que "el decir" es la única forma de luchar contra la invisibilización del tema, que cada palabra usada para denunciar el sufrimiento, el dolor, la pérdida, el valor, la rabia, el arrojo y hasta el silencio son una oportunidad para hacerle frente a la violencia género.

FUNDAVAG ediciones







SECA

El estruendo del cuerpo hecho miseria arrojado a la madrugada fue venganza macerada. Seca, sonaba por dentro. De un portazo se hizo a la calle y en cada paso del miedo invocó su muerte. Fugitiva, su rabia, no volvería a saber de su mandíbula rota.

Yoyiana Ahumada

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ABSUELTO

¿Cómo que inocente? ¿Inocente de qué? –preguntaban las lengüetas de fuego. La secuestró. Violentó. Apagó colillas en su cuerpo. Mutiló  sus labios íntimos. Le ulceró  las ojeras y los pezones. Le desfiguró el rostro. Eso lo saben los médicos forenses. Los vecinos que oyeron sus gritos. Lo sabe la policía que la rescató apenas salió del edificio. Lo sabe su padre, quien trata de convencerse de que su hijo no es un monstruo, poniendo la duda en la reputación de ella. Pero no es ficción. Ella es alma y hueso roto y lo identifica como su agresor. Es historia reseñada. Abanico de enfrentadas opiniones. ¿Alguien cree que torturar puede encubrirse con impunidad? Pregunta látigo, al igual que esta: ¿Qué nos dice usted, jueza Rosa, con su sentencia? Ella lame sus heridas con la lengua de la incomprensión. Ausculta los miedos en la pesadilla sin límites. La persiguen los pasos que se devuelven en el cuarto vacío. La voz de la jueza fallando en su contra, al dictar: absuelto. Alfileres. Rostros anónimos salvajemente ultrajados erosionan su piel. Ahogan los gritos que no tienen escucha.

Edda Armas

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FADE OUT

Por fin se iba, no sabía a dónde, no importaba. Caminó entusiasta, sentía que el mundo le abría todas sus puertas, su rostro empezaba a iluminarse. Se soltó el ajustado moño. Disfrutó del viento. Dobló la esquina y allí estaba él, con su usual sonrisa de arrepentimiento. A ella se le desdibujo el futuro. Él le rodeó el cuerpo con los brazos. La mano de ella soltó el bolso que cayó al suelo, mientras un hilo de sangre lo iba empapando. Se fue desvaneciendo en los brazos de él que aún enterrándole el cuchillo en la espalda, la seguía besando.

María Inés Calderón Téllez

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Va hacia ella
con los puños levantados
de los pantalones
como migajas
se sacudió
las dos pequeñas manos
que quisieron detenerlo

Karla Castro

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MI CREADOR

Quédate, cambiaré todas tus bellezas. Las moldearé con mis manos una a una, mezcladas con agua, hasta que dejes de ser bella. Mataré tu nombre cuando destruya tu hermosa boca. Cuando mi barro tape la palidez de tus labios. Con lo que quede de ti haré otra mujer que no sea bella. Una inteligente. Tus sobras se perderán dentro de mi nueva creación.
Y cuando te extrañe, que seguro pasará, esparciré buscándote los sesos de ella.

Nadir Chacín

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INSULTOS

me los conozco todos
crecí bajo ellos

perduré

con manos ateridas escojo las semillas
arranco las hierbas malas

tuve que hilarme para entender la historia

la violencia es una permanencia sutil
eficaz lenta agradecida

y no reconocí su olor

me arrodillé
no pedí piedad
acepté

los granos de arena que nadie puede contar
al levantarme cerré la puerta

en mis manos un panal de avispas
para aprender la miel

María Antonieta Flores

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Hace un minuto mientras me tomaba el café tuve una visión. Yo soy u hombre, dije, me pongo las botas, beso a mi mujer y me voy. El rifle está limpio. He leído poco en la vida pero sé que una palabra corta y deslumbrante alcanza un blanco. A veces pongo el rifle en mi boca porque creo que estoy cansado y me da por cortarme las costillas, a ver si es cierto. Mi mujer me mira mientras cuenta sus botones y me pregunto si con ello acariciará mis huesos. A veces la odio. Ella acaricia los animales antes de degollarlos. Después se quita las gotas de la cara. Yo soy un hombre, digo, pero no lo logro que “hombre” sea mi palabra deslumbrante.

Enza García Arreaza

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RAZA DE PERRA

Él decía que yo era como un perro de raza, pero abandonado por la vida, sucio, lleno de pulgas y con el pelaje adolorido. Que me hacía falta el cuidado, el baño, el amor. Y me lo prometió todo.
Lo cumplió al pie de la letra. Me puso en cintura con su cinturón, me ajustó los dientes en cada desacuerdo, me compró cremas desinflamatorias de tubos gruesos, mientras me llenaba de psiquiatras. Me dio de beber en copitas sucias, de la sangre que sudaba mientras aprendía a pedirle perdón.
Ahora soy una mujer de raza, cuidada, inmensa, de casa, con miedo.

Daniela Jaimes-Borges

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Esta tarde
tiraron una piedra al transporte escolar desde la calle.
Te cayó en la cabeza.
Apenas hubo sangre, el chichón en el cráneo
y aquella maestra gritando que pudiste haber muerto.
Quedaban por delante arduos esfuerzos para las matemáticas y el entendimiento fugaz.
Pero a ella te ha tomado medio siglo comprenderla.

Gabriela Kizer

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OBRA

Se alejó para ver el lienzo. El púrpura intenso se fundía al azul, escondido tras un verde que se decantaba hacia el amarillo. Era un paisaje donde pequeños riachuelos del espesor de un cabello se enmarañaban para realzar una belleza extraña, una topografía insidiosa. Sin embargo, no estaba satisfecha. No conseguía plasmar la explosión del dolor. Alzó la blusa de nuevo, ya los colores estaban muriendo en su costado. También moría, parda y sólida, la sangre en el piso rodeando al autor del grito de su herida. El espejo del estudio evidenció su fatiga. Sin pensar en el gesto, tomó el lápiz labial y revivió la boca de rojo. Luego, con delicadeza cubrió la obra y sin mirar atrás, se fue. 

kira kariakin

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SANTA BARBIE

Diosa de la barbarie plastificada

que desfalleces cada vez que te quitan la ropa.

A los 30 años te tuve

por eso te guardaba y peinaba tus cabellos de bruja.

También pegué con cola tu extremidad rota

tu bracito negro de muñeca, que además tenía

los pies mordidos

-los desamores, te delatan-

Las niñitas eternas te levantan una casa

con muebles y todo para perpetuar tu vacío.

Mejor sola,

que acompañada por un fulano Ken

más hueco, y más liso que tú.

Tan boquita pintada aunque pasen los años.

Dormirás en la repisa de vidrio

y cuando olvide mis confesiones

jugaremos.

Iola Mares

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VUELO

Ella quiso barcos y él no supo qué pescar

“Ruido”. Joaquín Sabina



Afuera no hay más peligros
y cuervos al acecho
no existe la luz sino el eclipse
dijo él.


ella podó sus alas
las envolvió en un pañuelo
y salió


en su bolso se revuelva un sueño

Acuarela Martínez

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ENTRE SILENCIOS

Tus ojos incendiaron su piel,
El temor a tu próxima acción,
La mantuvo taciturna en el desierto.
Mientras, la ira compulsiva se apoderaba de ti
Ella se ahoga en silencio,
Tratabas de besarla,
Pero tus manos ya la ahorcaban
Una estocada fuerte a su seno,
Una espina clavada en su boca,
dejaste sonrisas rotas,
Lágrimas negras esparcidas por su cuerpo.
Ahora, la mujer lívida
yace,
apagada
en tu insaciable fuego

Oriana Mata

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LA DANZA DE LOS ESPÍRITUS

Él estaba ahí, el verdugo. Tenían el nombre de mi miedo. Yo no sabía quién era. Yo no conocía más que una sola palabra: sobrevivencia. Me hice experta en el arte de los túneles y los laberintos.

A veces me escapaba y conversaba con la luna. A veces una voz me gritaba “sálvate”. Yo no sabía de qué debía salvarme.

Y todos los días la boca pintaba de rojo la lencería de encaje el lubricante su látigo su escupitajo su risa la comparación yo consumida la mandíbula abierta hasta dislocarla de rodillas los azotes de su lengua las plantas venenosas la carne de carroña los clavos las diosas que no eran yo los tacones la cinta negra en el cuello las botas y nunca era suficiente todos los días yo estoy mal las cucarachas tengo miedo y me callo todo lo que diga podrá ser usado en mi contra me hago estatua de sal mejor no existo mejor me vuelvo transparente

Tú no sabes ser mujer, me decía.

Y a veces me escapaba y conversaba con la luna y debía salvarme.

Y todos los días me salvé.

Y volví y miré, uno a uno, a los ojos de mi verdugo. Y arrojé sus cenizas.

Kelly Martínez 

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YO, LA INDÓMITA

tiemblo ante la brasa de tu voz
gimo bajo tus manos sin caricias
muda
maquillo las huellas de un amor que no
entiendo
con el último hálito de voz
clamo sobre mis propios huesos
resucito mis coros ancestrales
conjuro con sus voces mi dolor
Yo
la indómita
me levanto este día y digo
basta

Linsabel Noguera

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De repente mi ropa
Estaba envuelta en llamas.
Vi el fuego sobre mi cuerpo

Kim Phuc

NAPALM

Me pides que camine desnuda
que guarde los cuchillos dentro de mi espalda
y de los buenos días

yo, que he visto la sangre teñir mi vientre
he perdido tantas veces el equilibrio
en esa cuerda que tensas
he dejado los brazos en alto
y de tanto mirar el cielo
presiento la lluvia

Mi sonrisa afilada
desgarra a la primera mueca

¿y aún me pides la flor?

Maldigo al poeta
que insiste en la rosa
desconociendo el desierto

Lo mismo pudo haber quedado
esta página en blanco
si se empeña el silencio
en ser lo urgente

Georgina Ramírez

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Vierte estas palabras en el búcaro de tu cuerpo:
agua clara
dignidad
merecimiento

Que nada enturbie tu presencia incandescente
hazte voz
rosa perenne

Eleonora Requena

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a las troyanas de todos los tiempos

cuánta desolación
Hécuba
cuántas vidas-objeto

desde Adán el óxido
de los azotes al cuerpo
siendo madres del árbol
y néctar confidente del patriarca

¿por qué cadenas en circulo?
¿por qué licencia para la soberbia
al asomar su victoria
el hombre-necio?

¿en esta la tierra prometida del afán?
¿dónde estás virtud?

Alida Ribbi

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Parece que te vieron cantando, parece también que llorabas emocionada. Lo tenías al lado, querías que participara de tu éxtasis, lo abrazabas y te bamboleabas, lo besabas. Me dicen que él parecía una roca ridícula. Una especie de estatua burlona. Sin embargo, parece que continuaste navegando en tu naufragio dulzón. Siempre ha sido así y yo no te diré nada. No te diré que, desde que te saquearon el corazón, al amor hubo que comprarlo, que desde que te convertiste en nada, intuiste que había que arrastrarse. Tampoco te diré que repetiste en tus hombres la maldad de aquel padre primigenio y maldito. ¿Para qué decirte todo esto? Tú lo sabes, yo lo sé y sin embargo ninguna de las dos quizás sepa nada. Además el corazón no crece de nuevo, la pesadilla no termina. Es mejor vivir en la droga de la insatisfacción solapada y de la sonrisa postiza, como las tetas.


Cinzia Ricciuti

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CARACOL

En este viaje amenazaste con ahorcarme
según dijiste por mi culpa
por mentir.
De aquel bosque nació
roca caracol
laberinto subterráneo.

Dedos pulgares en mi cuello
manos multifacéticas, siempre
fuertes, siempre hábiles, hunden
mi garganta. La manzana desaparece.

Será el inicio del final, supongo
mientras miro tu figura deforme
proyectada en la pared
(teatro para el horror).
Final inesperado, me digo.
Túnel de sombra
pecho vacío.

De ese viaje una tráquea mellada
el peso antiguo de un cuerpo
que no pedí
(que no mentí, dije).
El regalo de orfandad
el telón oscuro
que me faltaba por morir.

Al día siguiente el desayuno estragado
la resaca
callar como única lengua.
En ciertos lugares
gritar es adorno inútil
un búho perdido en lo oscuro.

Keila Vall de la Ville



martes, 19 de junio de 2018

Lena Yau / Selección Poética





SOUR APPLE

La piel lustrosa y brillante
El tono inocente y alegre.
La fragancia fresca y modosa.
El tacto suavemente granulado
Instantes antes de hacerse ácido,
hiriendo los labios,
obligando al llanto.

El dolor es esa sorpresa.

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JALAPEÑO

Yo solo quería borrar su sabor de mi boca.
Eso fue lo que contestó cuando le preguntaron por qué.
Nadie la entendió.
(Perdió el dominio de su lengua).
Hinchada.
Ampollada.
Quemada.
Dos kilos de guindillas surtidas después,
todo seguía igual.
Lo que fue
Sobrevivía
tercamente
en sus papilas gustativas.

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PHILIPS 40 WATTS

Los bombillos eran de plata.
(Reflejaban la comida que había en la mesa).
Y cada vez
que un bombillo caía,
mil astros
lamían el suelo
amenazando
las plantas de los pies.

Hoy
esos cristales
en plata
me recorren el cuello.
(Es infantil pensar en espinas de pescado).
Soy un bombillo
roto
mil veces.

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LETRADURAS

La escritura,
soga tensa que me guía.

El texto,
red que me salva.

Su palabra en la pantalla,
cadáver que intento reanimar.

La palabra que di,
pies descalzos sobre asfalto líquido.

Él y yo,
letra flotante en agua de borrajas.

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CALLE DEL HAMBRE

Que la promesa
en el agua
atraviese su boca.

Que el hambre propia
lo vuelva silencio.

Que el hambre ajena
lo haga vida.

Que sea espejo.
Que coma.
Que calle del hambre.

El anzuelo
satisface
con la curva
de dos caras.

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MODALES DESEABLES

No chupar los dedos.
No sorber.
No hacer ruidos.
No masticar con la boca abierta.
No comer con las manos sucias.
No adelantar los turnos.
No exasperar.
No lamer.
No oler antes de llevar a la boca.
No poner los ojos en blanco.
No aflojar el cuello,
los hombros,
                          el vientre,  
                                             las piernas.
Sea cada no un paso hacia el sí.

Trae tu espalda para hacer mi mesa.

(Poemario Trae tu espalda para hacer mi mesa) 





LÍNEA DE FUEGO


Una línea de fuego es una recta con dos boquetes.
Entrada.
Salida.

Una línea  de fuego es un tatuaje de polvo negro.
Marca impuesta casi siempre.

¿Qué dibujo caprichoso te dejó lo rapaz?
¿Qué pueden delinear mis dedos que buscan tu piel tan lejos?
¿Hay un encaje de cenizas que te cuenta?

No pregunto por el dibujo anterior.
Lo vi mientras colgábamos del cielo.

Sólo tuve que cerrar los ojos para pasar, traspasar, ignorar tus palabras.

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Soplo la vela que quema
De mi boca fluyen vitrales  rotos.
Rosetones astillados que hieren.

La mano pisa las cuerdas
de una guitarra
que se convierte en velero.

Subo al mástil
me lanzo al mar
me disuelvo

Me intuía mujer de arena.

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CHINIJA

Este horizonte
me regala una historia
cónsona a mis vacíos.
Mirando hacia el norte
con los brazos extendidos
me entrego al viento.
Aquí nada me precede.
Aquí nada me reclama.
La isla con islas
me reconoce y me guarda.
Espera paciente
a que me haga en su aire.
Se sabe mi último sitio.

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SIN COMPÁS

Desvarar
regresar
caer
romperme la boca y los dientes
cerrar los ojos para evitar el puñal verde
guardar los oídos del taladro
asfixiarme de calor  
tocar las fotos que han sido reloj todos estos años
acariciar la tierra que guarda amores huidos
halagar mi lengua con sabores que me hacen texto
ser hija recibida
recuperar las horas de sueño aconsejadas por Salerno
rescatar una parte de mí que se fuga cada día
dejar de ver la cuna como bruma
como incendio
como isla que se aleja de mi nado.

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      (A) MAR 

Tú que me envías el mar
que usas mis palabras como puente
que posas de tantos modos
que también eres sal
péndulo que duerme mis huesos para hacerlos ligeros y elevarme
qué tiempo es tu silencio
qué hora soy en ese lugar que me reservas
qué carga arrastras
qué peso es tu lucha.

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LA POSIBLIDAD DE MIL Y TANTAS NOCHES

Él me devuelve la ciudad.
Yo a cambio le cuento.
Quiere escuchar historias de una mujer canalla.
Saber de bibliotecas perdidas en el mar.
Entender cómo se siente no venir de sitio alguno.

(Poemario Lo que contó la mujer canalla)  





Lena Yau nació en Caracas en 1968. Poeta, narradora, periodista e investigadora. Licenciada en Letras y magíster en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).
Especialista en el vínculo entre literatura y gastronomía. Ha publicado los poemarios Trae tu espalda para hacer mi mesa (Gravitaciones, Madrid, 2015) Lo que contó la mujer canalla (Kalathos ediciones, Caracas, 2016) la novela Hormigas en la lengua (Sudaquia, Nueva York, 2015) y los relatos Bienmesabes  (Editorial Gravitaciones, 2018).