jueves, 2 de abril de 2020

Una Corona sin trono




Una Corona sin trono

Se hizo con el poder
Sin ejército en respaldo
Y se dispuso a joder
Dejando un terrible saldo
Allí estaban celebrando
El nuevo año de la rata
Pocos se habían percatado
De esa corona que mata
Fue tomando territorios
Y cobrando muchas vidas
Así transformó en mortuorios
Pueblos, ciudades y villas
Su presencia sigilosa
Costó un poco detectar
Sólo se sabía una cosa
Tenía el poder de matar

Muchos lo subestimaron
-Está muy lejos de aquí-
otros tantos lo ignoraron
Eso no me afecta a mí
Yo soy joven, estoy sano
Y vivo en un buen lugar
Esa gripe misteriosa
A mí no me va a matar
Si es que por alguna cosa
Me llegase a contagiar

Para el buen observador
Su misión era muy clara
Entregarle al portador
Su identidad cara a cara
De pronto hablaron los datos,
Mas allá de las fronteras.
Morirán hasta los gatos,
Si los dejaban por fuera.
Y aun conociendo esto
Tardaron en las medidas
Lo que hizo por supuesto
Que se perdieran más vidas
Fue terrible el escuchar:
"Este ha dado positivo"
Y ya no queda un lugar
Para que sea atendido

Algo tenía que saber
El gigante poderoso
Que no lo dio a conocer
Actuando muy sigiloso
Sin que con ello evitara
El efecto desastroso
Que luego se evidenciara
En las calles del coloso

Ya existen muchas teorías
De esa terrible presencia
Que si lo sembró la CIA
O que fue otra inteligencia
Con nueva tecnología
De una rama de la ciencia
Que llaman Virología

La cuarentena se impuso
en casi todo el planeta,
para lo cual se dispuso
De mensajes hasta de Greta
Prohibieron los abrazos
Lo besos y las caricias
Y quienes estaban de paso
Sufrieron la pesadilla
De tener que regresar
Ocultos con mascarilla

Lo cierto y es evidente
Que no actuaron oportuno
Dejando todo a la suerte
Y las creencias de alguno
Un tiempo que era valioso
Para tomar decisiones
Prefirieron continuar
Con fiestas y reuniones
Que la gente se apiñara
En aeropuertos y vagones
Para que así el cara a cara
Produjera más infecciones

Sin embargo y pese a todo
Se han obtenido cosas buenas
se ha logrado de algún modo
Ventajas de la cuarentena
Hay familias en sus casas
Que han podido reencontrarse
Hay ciudades con sus cielos
Que han vuelto a despejarse
aunque muchos hoy nos digan
Que el virus vino a quedarse
No podemos despreciar
Que hay cosas para alegrarse.

Nélida Medina R


(Una colaboración recibida para compartir en nuestras redes)


viernes, 27 de marzo de 2020

Santiago en 100 palabras





Santiago en 100 palabras
Los mejores 100 cuentos de la decimoctava versión del concurso
(Selección personal)



Peligro de derrumbe

Se cierra el puente de lo candados hasta nuevo aviso, se solicita a los amantes cumplir sus promesas, puesto que el pobre puente ya no puede más con el peso de tantas desilusiones.

(Catalina González Soto, 22 años, Ñuñoa)

***

Los venezú

Aunque me queda un poco más lejos, me gusta ir al almacén en que atienden los venezolanos. Y es que ese “¡Feliz noche!” no tiene precio.

(Melanie Aldunce Jeanmaire, 26 años, Cerrillos)

***

Puntaje nacional

Abre y es la Dani, toda machucada. Está perdiendo la guagua. La sube al camión y parten al San Juan de Dios. Allí la deja con la mami y Manolito, que no se puede quedar solo. Son las cuatro y media de la mañana, ya no durmió. Parte a la casa a cargar los doce sacos, luego a La Vega. Allí los descarga con don Bartolo, que le ofrece un tecito y una marraqueta, se seca las lágrimas de pena y sueño y le pregunta si acaso tiene un lápiz mina, que tiene que ir a dar la PSU.

(Cristián Irribarra López, 24 años, Santiago)

***

Mi tío

Mi tío camina como si el pasado le doliera, literalmente: un día le duelen los gritos de mi abuela en una pierna. Los martes le duele la dictadura en las manos, dice que es porque le pusieron corriente. Los viernes le duelen los ojos, por el perro que se murió el año pasado. Los sábados le duele el corazón, por todas las veces que mi abuelo le pegó curado. A veces pienso que si el alma fuera un órgano, también le dolería. Los domingos, eso sí, amanece sano: dice que nada malo le ha pasado un domingo.

(Rayen Bravo Vergara, 25 años, Curicó)

***

Perdona nuestros pecados

Mi mamá mira la tele. Una escena de dos mujeres besándose aparece de pronto. No piensa ni un segundo y dice con odio: “Qué asco”. Me mira esperando que le diga algo, que repita la frase o que la apruebe. Yo solo pienso en que necesito un clóset más grande.

(Valentina Godoy López, 22 años, Melipilla)

***

WiFi

Nuestra gata se llama WiFi, porque se la robamos a los vecinos. No era nuestra intención, pero ella entraba… despacito… por la ventana de la cocina -le llamábamos la gata Fonsi. La encontrábamos en el sillón, sobre la tabla de planchar, tomando agua en el lavamanos. La devolvimos muchas veces a su casa. Después la empezamos a querer. Comía, se iba… y volvía. Definitivamente se cambió de domicilio. Una mañana sentimos que los vecinos se estaban mudando. Cerramos puertas y ventanas y esperamos en silencio con la WiFi abrazada. Se fueron y la dejaron, respetaron su corazón.

(Luis Alberto Tamayo, 58 años, Peñalolén)

***

La abuelita

Cada vez que voy a ver a mi abuelita, me doy cuenta de que está más chiquitica. La última vez la encontré en el jardín jugando entre las flores; medía cinco centímetros, usaba una corona y le habían salido alitas.

(Trinidad Bórquez López, 22 años, Santiago)

***

Cena familiar santiaguina

Y la cámara lenta se encendió igual que el otro día. Vi venir hacia mí el brillo de la copa, cómo el burdeo del vino teñía el piso, los pedazos de vidrio recién esquivados por toda la cocina, mi madre paralizada con sus ojos de lechuza, el olor del microondas calentando las lentejas y el sonido de la cancioncita de las noticias. Menos mal me puse el pijama y no se ensució el uniforme, pensé. Papá, mejora tu puntería.

(Paula Oyarce Vásquez, 22 años, Puente Alto)

***

Historia de Instagram

Caché que mi polola se estaba saltando mis historias de Instagram. La verdad, hubiese preferido una infidelidad.

(Alex Trincado Salvo, 17 años, Puente Alto)

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Ropa nueva

En el primer acto, la mamá saca toda la ropa “de hombre” del clóset de la Fabi. En el segundo acto, la mamá regala toda esa ropa y le dice a la Fabi que se vaya a comprar ropa de señorita. En el tercer acto, Fabi va de compras. Elige un polerón, un jockey, suspensores y camisa. En el cuarto acto, la mamá mira la ropa nueva y se enoja con la Fabi. En el quinto acto, la Fabi desaparece. Y del clóset sale Fabián, con una etiqueta gigante y olor a nuevo, igual que su ropa.

(Javiera Mora Gómez, 26 años, Las Condes)

*** 

La peor tarea

Un día tenía que hacer una tarea y la terminé. Al otro día la fui a buscar y no estaba mi cuaderno: descubrí que mi perro se la había comido. Al día siguiente mi perro murió. Creo que mi tarea estaba mala.

(Thiago Acosta, 13 años, La Granja)

***

En su ausencia

Todas las mañanas, Joaquín revisa en internet la portada de La segunda del 7 de mayo del 2008. Extraña a sus dos amigos, el Lucho y el Tito. Dicen que el Tito se fue a Argentina, pero Joaquín sabe que es mentira, que el Tito es un viajero en el tiempo. Lo único que Joaquín no sabe es cuánto le tomará llegar al 2008; por eso, cada mañana abre la portada del 7 de mayo, a ver si cambió. A ver si de una vez por todas deja de decir: “Motociclista ebrio se revienta los sesos contra dependencias del Mineduc”

(Diego Becerra Quispe, 25 años, Providencia)

***

La guerra de Troya
(Premio al talento joven)

Desde lo alto del muro de Troya, Paris se toma una selfie mostrando sus calugas y sus imponentes brazos. Helena lo mira de reojo sin entender qué pasa por la mente del hombre que ella ama. Pero el troyano egocéntrico, sin miedo, sube la foto a Instagram. #Helenaesmía #chaoMenelao #fuerzaHéctor #eltalonesladebilidad. Príamo, su padre, furioso, lanza el smartphone muro abajo. Héctor tropieza con el celular, Aquiles lo mata y la foto alcanza mil likes.

(Fernanda Norambuena Troncoso, 17 años, Pedro Aguirre Cerda)

***

Sin título

Claudio lee a Donoso, a Bolaño y a Zambra en la plataforma digital de la Biblioteca Nacional. No tiene dinero para comprar libros. Quisiera ser tan famoso en Chile como lo era en su país, pero reconoce que ahora se conformaría con ser profe de Literatura en alguna escuela pequeña. Sus títulos de magíster y doctorado sin apostillar y sus cinco premios literarios siguen en la maleta, mientras lava platos en el restaurante chino de Bellas Artes y espera día a día a que hoy si le aprueben la visa. Quizás escriba una novela. Aún no tiene título.

(Mireya Tabuas Rodríguez, 54 años, Providencia)

***

Santiago no es grande para todos

Miles de lugares para vernos, cientos para conversar. Veinte comunas para andar de la mano, aunque después de todo lo que hemos visto en las noticias, quedaron como en quince. Ocho parques para poder abrazarnos, pero podrían ser hasta doce si aguantamos que nos miren con aversión. Cinco discotecas para bailar apretado, las casas de nuestros cuatro amigos para besarnos, Tu casa vacía para amarnos, la mía llena para fingir ser amigas.

(María Francisca Vilches Arellano, 23 años, La Cisterna)





En el año 2001, en Santiago de Chile, Fundación Plagio, Escondida | BHP y Metro de Santiago se aliaron para dar vida a un concurso que invitara a escribir sobre la ciudad en un máximo de 100 palabras y cuyos cuentos ganadores fueran expuestos en el espacio público. La idea era vincular literatura y ciudadanía a través de un proyecto participativo que, además de estimular a escribir a un público amplio, lograra insertar pausas literarias en el recorrido diario de los transeúntes. Así, sin imaginar el impacto que tendría esta idea, dieron inicio a la primera versión de “Santiago en 100 Palabras”.
En un principio, la convocatoria se difundió pegando afiches por la ciudad y a través del boca a boca. Los cuentos se imprimían y depositaban en buzones instalados en estaciones del Metro. El día del cierre, y para sorpresa de los organizadores, se formaron largas filas de personas esperando dejar sus relatos y los buzones se desbordaban de sobres de papel. En esa edición se recibieron 2.691 cuentos. ¡Y se trataba de muy buenos cuentos! El concurso había abierto un espacio de expresión que no existía hasta la fecha y del cual la ciudadanía se apropió rápidamente. Desde entonces, “Santiago en 100 Palabras” no ha dejado de transformarse y crecer. Los sobres de papel dieron paso a un sistema de participación online; comenzó a publicarse un libro de bolsillo con los 100 mejores cuentos de cada edición; surgieron los premios al Talento Infantil, Talento Joven, Talento Mayor y Talento Breve; se crearon instancias de votación popular como el Premio del Público; se ofrecieron talleres gratuitos de microcuento; y comenzaron a organizarse versiones del concurso en otras ciudades del país y el mundo. Hoy, “Santiago en 100 Palabras” recibe más de 50.000 cuentos en cada versión y se ha convertido en el concurso literario más masivo de Chile.
Durante todos estos años el proyecto ha ido creciendo gracias a la alianza de sus tres socios fundadores, cuyos objetivos han convergido de manera armónica. A través del concurso, Escondida | BHP, Metro y Fundación Plagio han podido consolidar su compromiso con el fomento de actividades culturales y de la participación ciudadana, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de miles de personas.
“Santiago en 100 Palabras” se ha convertido en un hito para los habitantes de esta ciudad. Los miles de relatos que participan todos los años son prueba de ello. Detrás del ejercicio de escribir esos cuentos, no sólo está la inquietud de obtener un premio, sino también las ganas de ser parte de una iniciativa que invita a reflexionar creativamente sobre el lugar que habitamos y que, año a año, incentiva a más chilenos a través de una invitación simple e inspiradora: escribir un cuento en un máximo de 100 palabras.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Julio Cortázar / Poemas para Cris




Cinco poemas para Cris

I

Ya mucho más allá del mezzo
«camin di nostra vita»
existe un territorio del amor
un laberinto más mental que mítico
donde es posible ser
lentamente dichoso
sin el hilo de Ariadna delirante
si espumas ni sábanas ni muslos.

Todo se cumple en un reflejo de crepúsculo
tu pelo tu perfume tu saliva.
Y allí del otro lado te poseo
mientras tú juegas con tu amiga
los juegos de la noche.

II

En realidad poco me importa
que tus senos se duerman
en la azul simetría de otros senos.
Yo los hubiera hollado
con la cosquilla de mi roce
y te hubieras reído justamente
cuando lo necesario y esperable
era que sollozaras.

III

Sé muy bien lo que ganas
cuando te pierdes en el goce.
Porque es exactamente
lo que yo habría sentido.

IV

La justa errata
habernos encontrado al final del día
en un paseo púbico.

V

Me gustaría que creyeras
que esto es el irrisorio juego
de las compensaciones
con que consuelo esta distancia.
Sigue entonces danzando
en el espejo de otro cuerpo
después de haber sonreído
apenas
para mí.


Otros cinco poemas para Cris

I

Todo lo que precede es como los primeros momentos
de un encuentro después de mucho tiempo:
sonrisas, preguntas, lentos reajustes.
Es raro, me pareces menos morena que antes.
¿Se mejoró por fin tu tía abuela? No, no me gusta
la cerveza. Es verdad, me había olvidado.

Y por debajo, montacargas de sombra, asciende despacio otro
presente. En tu pelo empiezan a temblar las abejas, tu mano
roza la mía y pone en ella un dulce algodón de humo. Hueles
de nuevo a sur.

II

Tienes a ratos
la cara del exilio
ese que busca voz en tus poemas.

Mi exilio es menos duro,
le sobran las defensas,
pero cuando te llevo de la mano
por una callecita de París
quisiera tanto que el paseo se acabara
en una esquina de Montevideo
o en mi calle Corrientes
sin que nadie viniera
a pedir documentos.

III

A veces creo que podríamos
conciliar los contrarios
hallar la centritud inmóvil de la rueda
salir de lo binario
ser el vertiginoso espejo que concentra
en un vértice último
esta ceremoniosa danza que dedico
a tu presente ausencia.

Recuerdo a Saint-Exupéry: «El amor
no es mirar lo que se ama
sino mirar los dos en una misma dirección».

Pero él no sospechó que tantas veces
los dos mirábamos fascinados a una misma mujer
y que la espléndida, feliz definición
se viene al suelo como un gris pelele.

IV

Creo que no te quiero,
que solamente quiero la imposibilidad
tan obvia de quererte
como la mano izquierda
enamorada de ese guante
que vive en la derecha.

V

Ratoncito, pelusa, medialuna,
caleidoscopio, barco en la botella,
musgo, campana, diáspora,
palingenesia, helecho,
eso y el dulce de zapallo,
el bandoneón de Troilo y dos o tres
zonas de piel en donde
hace nido el alción,

son las palabras que contienen
tu cruel definición inalcanzable,
son las cosas que guardan las sustancias
de que estás hecha para que alguien
beba y posea y arda convencida
de conocerte entera,
de que sólo eres Cris.


Cinco últimos poemas para Cris

I

Ahora escribo pájaros.
No los veo venir, no los elijo,
de golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
posándose
una
a
una
en los alambres de la página,
chirriando, picoteando, lluvia de alas
y yo sin pan que darles, solamente
dejándolos venir. Tal vez
sea eso un árbol
o tal vez
el amor.

II

Anoche te soñé
sacerdotisa de Sekhmet, la diosa leontocéfala.
Ella desnuda en pórfido,
tú tersa piel desnuda.

¿Qué ofrenda le tendías a la deidad salvaje
que miraba a través de tu mirada
un horizonte eterno e implacable?

La taza de tus manos contenía
la libación secreta, lágrimas
o tu sangre menstrual, o tu saliva.

En todo caso no era semen
y mi sueño sabía
que la ofrenda sería rechazada
con un lento rugido desdeñoso
tal como desde siempre lo habías esperado.

Después, quizá, ya no lo sé,
las garras en tus senos, colmándote.

III

Nunca sabré por qué tu lengua entró en mi boca
cuando nos despedimos en tu hotel
después de un amistoso recorrer la ciudad
y un ajuste preciso de distancias.

Creí por un momento que me dabas
una cita futura,
que abrías una tierra de nadie, un interregno
donde alcanzar tu minucioso musgo.

Circundada de amigas me besaste,
yo la excepción, el monstruo,
y tú la transgresora murmurante.

Vaya a saber a quién besabas,
de quién te despedías.
Fui el vicario feliz de un solo instante,
el que a veces encuentra en su saliva
un breve gusto a madreselva
bajo cielos australes.

IV

Quisiera ser Tiresias esta noche
y en una lenta espera boca abajo
recibirte y gemir bajo tus látigos
y tus tibias medusas.

Sabiendo que es la hora
de la metamorfosis recurrente,
y que al bajar al vórtice de espumas
te abrirías llorando,
dulcemente empalada.

Para volver después
a tu imperioso reino de falanges,
al cerco de tu piel, tus pulpos húmedos,
hasta arrastrarnos juntos y alcanzar abrazados
las arenas del sueño.

Pero no soy Tiresias,
tan sólo el unicornio
que busca el agua de tus manos
y encuentra entre los belfos
un puñado de sal.

V

No te voy a cansar con más poemas.
Digamos que te dije
nubes, tijeras, barriletes, lápices,
y acaso alguna vez
te sonreíste.

Julio Cortázar



Estos Poemas para Cris son en total quince, dedicados a la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, por quien Cortázar sintió un gran amor. Un amor imposible, nunca correspondido, debido a las claras y abiertas inclinaciones sexuales de la poeta, sin embargo, este amor dio lugar a una amistad y a una complicidad indestructibles.
    En principio, Cortázar envió a Cristina los poemas por carta, y en julio de 1981, también por carta, le pidió permiso para publicarlos. Aparecieron pocos meses después del fallecimiento del escritor en el libro póstumo Salvo el crepúsculo (1984). Las referencias a Cristina eran bastante claras, pero entonces muy pocos sabían que se trataba de Cristina Peri Rossi.
   Nunca tuve una buena relación con esos poemas, aunque considero que son los mejores que escribió, dice Peri Rossi, quien narra su amistad con Cortázar en Julio Cortázar y Cris (Editorial Cálamo, 2014).