lunes, 11 de mayo de 2009

CARMEN ELENA OCHOA


La vida que mira la muerte

Inesperadamente estuve conversando con la muerte.
He podido asomarme a su interior y
ver sus yermos encendidos con relámpagos color ocre
iluminando caminos que no conducen a ningún lugar.

He tocado su tez lampiña, deshidratada y
encogida en mil arrugas que desdibujan el cuerpo
y hacen que el tercio de vida que resta,
sea inquietante, doloroso, desolado.

He escuchado su largo silencio
el eco interminable de su vacío,
las llamaradas de una aparente bienestar,
respuestas a las repetidas preguntas,
la humildad ante su imponente destino.

He olido su aliento a alcohol,
a bilis estancada, a saliva reseca,
el húmedo sudor que despide el miedo,
la angustia desbordada que se descarga
en un grito furioso.

He sentido su temblor,
sus huesos sobresalientes
sus músculos desahuciados,
su arrogante irrevocabilidad
los cristales rotos de la frágil vitalidad.

He estado lado a lado con la muerte
me he volcado sobre mi vida.


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Enredadera

Estaba durmiendo cuando subrepticiamente
sentí que se deslizaba sobre mis pies, mis piernas,mis caderas,
unas manos frías y pegajosas de enrredadera,
de ellas nacían más y más ramas
que me apretaban,
guiadas por una punta principal,
cabeza de enrredadera,
que tenía un ojo y un élitro
que buscaban mi corazón para punzarlo e
inyectarle su veneno
y luego apretar mi garganta
para acallar mis gritos de terror, de dolor.
el ojo sintió la palpitación agitada de mi corazón
y se aproximó seguro, lentamente, mientras
despejaba el élitro como una garra,
y cuando ya se disponía a atacar
en el centro del órgano cada vez más agitado,
mi verborrea incontrolable encontró una palabra
que mágicamente detuvo todo,
se congeló el movimiento y retrocedió
la gomosa y gélida planta,
que elije el umbral nocturno
para salir de las entrañas de la tierra
mientras duermo,
el resto de la noche vigilé y me escondí
debajo de las pesadas cobijas
mientras me empapaba con el sudor de mi miedo,
es la única manera de evitarla o
pronunciar aquella palabra,
que no sé cuál es,
si expongo mi piel a la bruma de la noche,
el ojo monstruoso de la planta
sensible al brillo lustroso de mi piel,
emprende de nuevo su viaje por mi cuerpo.
lo que cuento no es un sueño,
no es locura,
es solo mi desvelo Karmático
por haber nacido con el defectuoso cromosoma No.....
no lo recuerdo, pero sí el sueño que tuve
antes de comenzar el ataque,
soñé que mataba a una mujer...

yo creo que las manos pegajosas de enrredadera
olieron mi culpa.


**********


El Dolador

Busco el Dolador del humor
para labrarme la paz exterior,
que con su ser extraiga el prolapso de recuerdos corrosivos
y que fabrique una binza corporal,
suficientemente fina para que todos los sentidos
toqueteen el placentero jugueteo del filo de los estímulos,
pero decididamente indestructible,
para preservar la cronometrada diástole y sístole
del trajinado corazón
que resiste las veinticuatro horas los embates
de las sangrientas emociones,
la vanalidad trasnochada,
los espejismos de la felicidad publicitada
los velos derruidos por las implacables sombras
y los infinitos depósito de pérdidas.

Dónde está ese Dolador inteligente
que he sabido que puede reconocer a tiempo
el declive del recorrido emocional
con quienes elegimos estar acompañados
y puede palpar el élitro debajo de la manga
que cada quien posee debajo de la piel
y así apurarnos a practicar la autodefensa
pronunciar los adjetivos menos prudentes,
salvar no solo las distancias
y emprender la huída sin regreso.

Si alguien ha hallado este gnomo de la silla turca,
por favor…
dígame…
Qué edad tiene?


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Metamorfosis

Voy arrastrándome hacia esa que quiero ser
Pedazos de mí se sueltan dolorosamente
Intactos, agujereados, huecos
De reojo veo se yerguen y toman vida por sí mismos
Se ríen, se pasean libres al fin

Soy la que queda de esa piel que se da a la fuga
Mi cuerpo se redescubre en la soledad más desnuda
En el monólogo de la racionalidad más simple
En la desesperación de la lucidez
Luego de la locura más controlada

Si sobrevivo al desoye de mi ser
Entonces caminaré erguida
No me invadirá el ancestral miedo
Otra piel habrá nacido de fuerte tersura
Y estaré en la mejor compañía: con mi alma pura y elevada.

2 comentarios:

Jorge Ampuero dijo...

Interesante e intensa poesía.

Saludos...

Yessen dijo...

que grandioso blog . espero algun dia puedan pasar por el mio .