viernes, 15 de octubre de 2010

ROSA MELO



Rosa Melo: la poesía es magia que empieza hurgando el recuerdo.
Domingo 12 de Abril de 2009 19:00 .(Desirée Depablos/CNP 4.762)

Rosa Melo nació en Porlamar, pero desde muy pequeña su madre se la llevó a vivir a Caracas. Cuando apenas tenía cinco años, ingresó al Colegio Madre Rafols, allí permaneció interna hasta los quince años. “Creo que el mismo internado abrió mi sensibilidad y surgió la poesía…escribía mucho y mis compañeras me llamaban la poeta”, comenta.

Egresada de la Escuela Superior de Comercio, inició su formación artística en la Escuela de Arte Escénico de la mano de Juana Sujo, Horacio Peterson y Alberto de Paz y Mateos, además realizó cursos de arte y actuaciones teatrales en los primeros programas de Televisa en Venezuela, en el Teatro Nacional y el Teatro Municipal de Caracas.

Incursionó también en La Escuela de Artes Plásticas, participando en varias exposiciones colectivas. Toda esta inquietud se identificó en su poesía, siendo su Maestra y consejera nuestra gran Poeta Ida Gramcko.

-¿Cuándo decidió dedicarse a la poesía?
-Nunca pensé que llegaría a ser poeta, era una muchacha simple y sencilla. A los tres años de salir del internado me casé y me dedique a mi hogar y a mis siete hijas. Siempre sentí la necesidad de escribir y guardé mis escritos en un cajón durante 35 años hasta que un día mis hijas los hicieron llegar a Ida Gramcko, quien luego de leerlos escribió un artículo que tituló “Una Nueva individualidad”. A partir de ese momento sentí un compromiso con la poesía.

- ¿Cual fue su primer libro?
- "Acírate", en el año 1982 con prólogo de Ida Gramcko, fue el resultado de una selección de aquellos escritos y simbolizaría el antes y el después de la poesía en mi vida. Luego seguí escribiendo y vinieron otros libros como: Hábito de Ser, La Casa Adormecida, Tiempo de Horizontes, Donde la Ausencia, Desandando Insomnios y La Flor de los Cerezos. También tengo cuatro poemarios inéditos: Signos del Coloquio, Restos de Polen, Caligrafía de Sueños y el Grito que se Ignora

-¿Qué es la poesía para Rosa Melo?
-Es un arte, es magia que empieza hurgando el recuerdo, es el arte del insomnio, casi toda mi poesía la hago en mis insomnios. El poema surge solo, de repente viene una idea y la escribo.

-¿Cuál es su lectura preferida?
- Siempre he sentido la necesidad de leer, me gustan mucho Rainer María Rilke, César Vallejo, Alfredo Silva Estrada y la poesía de Ida Gramcko

-¿Cual es su mejor recuerdo?
-El recuerdo más bello de mi infancia es mi abuelo, a quién escribí muchos poemas.
En un momento mágico la poetisa deja escapar uno de aquellos versos que nos acarician el alma:
Abuelo, vienes...
un mecedor se acuesta
en mis pupilas
tu mano suave
brilla silenciosa
Un espacio total
despeja la memoria

POEMAS

Blanca la página

trae tu visión abierta

Tu barba

es tiempo que gira

y cosquillea mis mejillas

Abuelo que siembras sonrisas

en los difíciles pasillos

de mi infancia

ahora en otoño

el camino es amplio

los árboles secos

retoñan tus pisada

y mi mano minúscula

de entonces

aprieta tu sombra

en mi memoria

& & &

La hoja al caer

se entrega al aire

en feliz sueño

& & &

Miro la choza

Quietud en las afueras

hambre interior

& & &

Cuando la tierra

Brama, los volcanes

respiran hondo

& & &

El desborde es

intento, nada va más

allá del límite

& & &

Se hace la flor

pétalo a pétalo

los hijos también

& & &

Gota de rocío

al llegar al manantial

ya serás río

& & &

Se cae la rosa

después de su belleza

entra en mi libro

& & &

Después del dolor

se ama más y mucho

más

esta gran vida

& & &

Si retrocedes

el eco deja huellas

puedes resbalar

& & &

Sólo la calma

produce bienestar

en los recuerdos

& & &

Ayer es tiempo

que juega desafiante

en la memoria

& & &

Dentro del musgo

regia orquesta dirige

la voz del sapo

& & &

Nubes de magia

se aposentan en el alma

Se acumula el silencio

Surtiras palabras

envuelven el momento

Es regalo y lazo maleable

Don de Matices

El alma cofre abierto

escondite que devuelve con creces

lo pensado

recibe los signos del coloquio

Las manos se entregan

& & &

El alma envuelve la razón

Vigila las acciones

Reduce lo que sobra

Alberga hasta el detalle

Ahí está

sólo espera engarzar

Sembrar

No extrae

envuelve lo que llega

amplía al máximo las señales

Da

Alberga

¿Su forma?

acantilado del ser

Cenaculo del sueño

Sortilegio de antorchas

Vaho tibio que reanima

que ampara

que refuerza el estar

& & &

¡Cómo despierta el alma

cuando encuentra

una sonrisa

una mirada

un lago en el verano!

Toda suerte de raíces

con profundas primaveras

Toda suerte de otoños

con sus savias retenidas

El invierno no cuenta

cuenta su blancura

tanto recibe el alma

que se hace serena

y resplandece



Palabras Para Rosa Melo Por Edda Armas.

Blanca la página: trae tu visión abierta. Este verso de Rosa Melo es una especie de plegaria o “frase sagrada” con la que, al repetirla en voz interior, se invoca a la divinidad en apoyo a la meditación. Es un mantra de invocación. Y, comienzo con esta idea mis palabras para Rosa, convencida como estoy, de que Rosa escribe rodeada de tres Musas, con las que ella definitivamente coquetea en su hacer poético. Y es que hay poetas, Rosa una de ellas, que hallan en las divinidades femeninas [esas que presiden las artes y las ciencias e inspiran a los filósofos y a los poetas] la explicación de su arder poético. Me refiero a tres de las nueve musas canónicas, nacidas de nueve noches seguidas de amor entre Zeus y Mnemósine, nietas de Urano (el cielo) y Gea (la tierra). Hablo de Érato, la amable, con su lira en la mano simbolizando los coros de la Lírica; de Polimnia, la que preside los himnos sagrados, quien apoya sus codos en la roca y coloca un dedo sobre la boca para simbolizar el silencio; y de Clío, la que ofrece gloria, se ocupa de la historia, y se representa de pie, sobria, con un rollo de escritura en las manos.

Y así es Rosa Melo, la poeta. Cuando uno la piensa, aparece serena, amable, posada con el codo apoyado sobre la mesa (la roca) en actitud meditativa, invocando. Ella, quien se paseó por los estudios de comercio, las artes del color en la pintura, el arte del drama interpretativo en las tablas del teatro, el arte de dominar el modelaje en la escultura, quien asumió el antiguo arte de la Caligrafía como oficio, quien casó muy joven y construyó una familia de siete hijos y diecisiete nietos, nunca pensó sin embargo, que llegaría a ser poeta. Y acá la tenemos, hoy, bautizando su octavo libro, bajo el enigmático título de Signos del coloquio, en el que reúne 60 poemas, con epígrafes de tres de sus poetas tutelares: el alemán Nietzsche, el Belga Verhesen, y el venezolano Silva Estrada.


Rosa admite ser “captora de poemas”. Lo dice así: “atrapo el poema y el poema surge”. Porque Rosa, tras concentrada invocación, se reencuentra con las palabras en el lugar de la revelación. Ese lugar es la semi-sombra, lecho de hojas caídas de muchos árboles, cuna de estrellas fugaces miradas por ella, fuente bullente de sales minerales, es la casa del desvelo. Pero no cualquier desvelo. Casa de su propio desvelo. De su propia palabra. Por tanto: su casa-alma. Ella ha dicho que “su poesía es casi toda de desvelo” y yo quiero colocar en colores de Neón esa confesión suya, por ser tan reveladora de la esencia de su accionar poético.

El desvelo para Rosa es el momento “de la atención suprema”. Ese estar alerta de los seis sentidos, para olfatear el movimiento de lo que nos angustia, o digamos se desvela, y hacer de su captura el acto del goce supremo. Me plena, dice ella, ese momento, que no es desvelo, sino puro destello de la poesía. En su caso, lo asocia con la noche, porque así le ocurre. Pero advirtiéndonos que “el desvelo es más grande que la noche, pues recibe al día”. Y ese andar desobediente y libertario entre los límites de la luz y la oscuridad, entre el asir algo y soltarlo, es el arte que ella practica como una sacerdotisa que alimentó su alma desde niña, creciendo en la palabra, develando sus misterios y máscaras, andando los silencios que ante muchas preguntas surgían como única respuesta (siendo círculos de fuego) hasta que éstas encontraran su cuerpo de palabra poética. Ella, Rosa, suelta esta exclamación: “El poema surge de noche, creo que por el silencio”. Pero ese silencio, aclara es el silencio de la palabra. Y es que sólo aquel que atento redescubre los silencios es quien halla las palabras que nombre sus pasajes, nombrando así todo hallazgo, toda revelación. Todos sus versos son hijos del desvelo.

Creo que en Rosa el ´pensamiento´ es clave. Esa clave recorre casi toda su obra, inclusive y de manera significativa en los poemas que conforman el poemario Los signos del coloquio, que hoy nos convoca. Y recordemos que literalmente pensamiento es lo que en sánscrito es ´mantra´. Ella lo escribe así:

La soledad / crea con fuerza el pensamiento / lo envuelve en savia /de brotes interiores.

Y de otro poema:

El pensamiento / se abre/ se entrega / ¿y cómo no sonreir / y apresar lo que conmueve?

Rosa Melo, nunca pensó que llegaría a ser poeta. Pero lo es. Lo es desde niña, ella lo llama ser “poeta de origen”. Y ese origen, a mi modo de ver, ancla en el rumor marino de su Porlamar natal, en esa luz particular que tamiza el oleaje en todo paisaje de isla, pero también, y a manera de marca de origen (sello de agua, digamos) en el aprendizaje y cultivo interior de su ´Hálito de Ser´ en sus años de interna en el colegio Madre Rafols donde permaneció hasta los quince años. Ella lo expresó así: “creo que el mismo internado abrió mi sensibilidad y surgió la poesía…allí, escribía mucho, y ya mis compañeras me llamaban poeta”, comenta Rosa en una entrevista a Desirré Depablos. Ella lo esencializa así:

Miro más el azul / porque trae visiones / senderos más antiguos / Imagino / seguras existencias.

O así:

Media madrugada / ojos abiertos / rumor de mar / El oído salta / al Primer Náufrago / a la espuma formada / por el primer grito / ¿Quién y qué nombre / bebió su agua / hasta perderse?

Y en el caso de Rosa Melo, ser poeta de origen, repito, la hacía vivir la poesía, gozarla en cada captura, como ´canto celeste´ para ella misma, para el levantar alas espirituales del alma, pues ya sabemos que su poesía guardó silencio para los otros -por largos años (al parecer 35)- en el interior de una gaveta en su escritorio de madera. Sabemos que fueron sus hijas (hadas traviesas) quienes entregaron los manuscritos de su madre a la poeta Ida Gramcko, mientras Rosa estaba de viaje, y que a su regreso se encontró la revelación de la palabra de Gramcko sobre ella y su poesía, en un artículo que tituló “Una nueva individualidad” en su columna en el diario El Nacional, comprometiéndola con el lector, y aún más con ella misma y la poesía. Así nació “Acírate”, su primer poemario publicado en 1982.

Entonces, hablamos de una Poeta sincera, quien es libre escribiendo su poesía, que vive una exaltación al auscultar el pensamiento, con tres décadas de andares poéticos, recogidos en sus respectivas casas de papel, como lo son sus otros poemarios: Hábito de Ser, La casa adormecida, Tiempo de Horizontes, Donde la ausencia, Desandando insomnios, La Flor de los cerezos, y el que hoy bautizamos: Signos de coloquio; y los aún inéditos: Restos de Polen, Caligrafía de sueños y El Grito que se ignora. Y concordamos con su amiga Blanca González (compañera de vida desde la época del internado) que los títulos que Rosa ha dado a sus poemarios son todos versos significativos en sí mismos.

Hablamos de la Poeta, que también cultiva un Jardín de Orquídeas, en diálogo permanente e ininterrumpido con poetas con quienes alimentó amistad profunda: Alfredo Silva Estrada, Elizabeth Schön, Ida Gramcko, Sonia Sanoja y Fernand Verhesen, y con sus maestros: Juana Sujo, Horacio Peterson, Carlos Prada, y con aquellos que han sido, entre muchas, lecturas predilectas: Rainer Maria Rilke, César Vallejo; por nombrar al menos dos.

Cierro mis palabras con una pregunta balance que intuyo que muchas veces Rosa Melo se formuló: ¿Quién dialoga con el silencio?

El poeta y el místico dialogan con el silencio en busca de la revelación. Ya que el silencio –esa diana invisible– es la trascendencia, Dios. Y Rosa Melo, “con su quietud en las afueras y su hambre interior” al dialogar con el silencio, admite en algunos de sus versos que: Si Dios entrega el sueño oscurece más la noche / El sueño pierde su dominio / El cuerpo cansado duerme / La mente activa sueña / ¿Deja de ser pensamiento? / El sueño es la conciencia ya vivida/ Telón del pensamiento/ Y ¿quién mueve los hilos de la mente que abarca que no encuentra la búsqueda del Ser?
Y le responde Rilke:

-Cada poeta lleva su lenguaje respondiendo a lo infinito de su ser en transparencia.

Y en Rosa, ocurre su ser en transparencia, agrego yo. Por ser Calígrafa de sueños, Noctámbula como Ida Gramcko, de un modo amable como Érato. Por pesar las palabras en el tamiz de organza que anuda el cielo con la tierra. Por su mantenerse atenta al chispazo del pensamiento. Por su agilidad para atrapar lo que éste le dicta en forma de versos –ya cuajados en su interior– y transcribirlos a la blanca página en noches de largo insomnio.

3 comentarios:

Hildegart Acosta dijo...

Gracias a La Parada Poética por este hermoso homenaje a nuestra querida poeta Rosa Melo, quien falleció esta mañana. Paz a su alma.

elisa...lichazul dijo...

excelente entrada,un acabado analisis y promoción de este talento de las letras, para mi ha sido todo un hallazgo

Felicitaciones

Anónimo dijo...

es simplemente mi tata