viernes, 18 de marzo de 2011

Luciana Martín / Argentina


Luciana Martín, escribe básicamente poesía, pero también algunos cuentos y relatos, varios de los cuales ha publicado en diversas antologías y con muchos de ellos ha participado de festivales y certámenes. Es argentina, y vive en Hurlingham, prov. de Buenos Aires, Argentina, donde enseña en escuelas tratando de sembrar amor por la literatura. Correo electrónico: latecnicadelospajaros@yahoo.com.ar


En mi noche de descuido

Seguir a Laura por aquel pasillo había sido un error. La música amarilla salía por las orejas de los hombres dibujados en cada carozo de durazno de la mesa. Había un avance y un retroceso de espejos viscerales que anunciaban la llegada del primer plagio del hombre.

Pero Laura tenía esa risa y esa forma de pedir palabras, que seguirla y encandilarme con su pelo eran una sola cosa. Por otra parte, los coros de elefantes infantiles ya se habían enamorado de ella, incluso mucho antes de mi beso y mi descuido. Y ahora miraban de fondo mi mano en su cintura.

Aún así me dejaba llevar por el gesto de las arañas en el techo. Y porque ya había tenido tanto de angustia elemental que su sonrisa diciéndome “es la puerta” era un gusto natural con que mi vocación de suspiro en la cornisa encontraba la forma del descanso y de la siembra.

Y para entonces sus labios en los míos, y alucinada sensación en la garganta. Su boca en mi cuello, en mi mano, en mi sexo, y la sabia decisión a la puerta del estómago. La humanidad de cada uno de sus gestos rechinaba en mis pupilas, y me hacía más mujer y más ambigua.

Cuando sus piernas se abrieron y los espejos de colores comenzaron a bajar hasta mi hombro, sentí la noche del erizo en mis rodillas, y un súbito espejismo de destino pasó volando por la ventana, que Laura cerró para que volviera a mirarla.


Tiene formas enormes

Tiene formas enormes. No es que manopiernaoreja, pero mira. Entonces en el aire los colores beben lluvia y hay un orden perfecto en cada oído recostado entre la hierba. Porque es mi piel la que tirita alevosía, emblandece el paladar y se hace cóncava esperando el tacto suyo. Es mi piel y la cornisa de mi cuerpo lo que aspira a su mirada.
Tiene formas enormes porque el mundo de sus ojos reflejados en los míos da sabor a centro eterno de placer y heroica noche, cuando ella entre mis brazos, cuando yo ya en sus axilas. Ella ha sabido conocerme y darme cuerpo. Ella ha hecho de mis días lo que hace que los hombres sigan fuertes y viviendo. Me trazó un relato. Me ha imantado a la memoria de otras voces que me hacen. Me dio nombres y sonidos en el juego identitario que tuvo como obsequio. Me hizo conocer el hielo, el sol y el centro amarillo de los ruidos de la noche.
Tiene formas enormes que hoy apenas casi veo. Hay que sacar el párpado en la arena, el polvo como capa, la imagen que oscurece. Para verla, porque sigue estando erguida en su tierra de colores. Sigue haciendo que haya vida y razones y sonidos. Sigue enorme. Yo atrapada en el barro de la historia, moviendo muy de a poco cada plétora en pantano, donde vivo como puedo sin de ella casi nada. Su rostro allí en la orilla. Su rostro recompensa. Mi mano en su recuerdo. Formas enormes que vuelven todo bello hoy están del otro lado del círculo en que yo, reina recortada, pierde su rincón de cielo.



4 comentarios:

Un corazón enamorado dijo...

Vaya con las bellas formas que posee. Interesante relato.

Anónimo dijo...

"La música amarilla salía por las orejas de los hombres dibujados en cada carozo de durazno de la mesa"

ya con este verso tengo suficiente imagen en mis ojos por años, que buena metáfora Luciana

Anónimo dijo...

Que belleza y sensualidad se encierran en las piernas abiertas de estos poemas...

Anónimo dijo...

Ese ella sigue esperándote y vos sin darte cuenta.