lunes, 12 de enero de 2009

AUBREY KOBOLD





-z.madrid-



Me he preguntado: cómo pasan las horas en tu reloj de arena,


y con ese pretexto,


he cabalgado en mis sueños para alcanzar una espumosa nube


que ha pretendido con garabatos dibujar ese misterio.




Siempre despierto con la misma sensación de que tus años


se han escapado por alguna rendija que no he percibido


y entre más lo pienso, más se pierden los intentos.




Cada noche vuelvo a juntar los parpados,


y cada mañana trato de no despegarlos,


así tal vez en los intervalos en que mi cuerpo decide


mantenerse dormido, puede que algún día


encuentre tu rostro dibujado cerca de mi almohada.




Y atraparé tus sueños,


y atraparé tu tiempo.




La arena de tus años vendrá a postrarse al pie de mis huellas


y podré despertarme sin miedo a que te pierdas


entre la multitud de gentes,


porque nunca he visto tu rostro, porque no sé quién eres.


-19-



De repente,
pareciera que el órgano principal del cuerpo
reposara en las luces del rostro.


La sangre pierde su color rojizo
y guindadas del suelo de los ojos
se hallan las primeras tristes gotas
que pronto caerán al piso.


Un añejo sentimiento que despierta
y te saca de la muerte de los cotidianos días.


Toca recurrir a la presencia del silencio
como pudiendo desnudar las palabras
que vestidas de vergüenza
quedaron atrapadas
en el entresuelo del cuerpo.


-15-



No todas las puertas abiertas
son una posibilidad de salvarse.



En ocasiones,
hay que construir puentes
entre las habitaciones sin salida,
comprando una mirada,
respirando el silencio...
Y muchas veces,
sonreír ante la muerte,
cuando Dios ha decidido
arrastrarnos a la nada
o al todo en el vacío.



Construir puentes
que ayuden a salvarnos,
porque la muerte total
es la perdida de la memoria.
El recuerdo,
como una forma de alejarse
[de la muerte,
en habitaciones herméticas,
en habitaciones sin puertas.



Y entonces,
la rosa no deja de ser rosa,
la sonrisa no deja de ser sonrisa
y, la muerte vuelve a la vida.



-1-



Me sospecho tan ausente,

(incluso de mi cuerpo),


tan lejos de mi misma


que en la levedad del movimiento


doy un giro


para encontrar mis ojos.


Y encuentro el espejo,


sólo veo mi reflejo.


A Keno.


-8-


La ausencia es el reflejo de algo.


De la cortina
que cierra el ojo de la casa
para que los rayos de sol
no toquen sus entrañas


De la rosa muerta
en el jardín del frente
de la casa en la que habitan
los recuerdos más pesados


De las manos de la niña
sosteniendo el rostro
para cazar las lágrimas
que descienden de sus ojos


Del extraño que camina
por la calle, cuesta arriba
pateando las piedras
para darle sentido
a su camino sin destino


Del mar que recorre el mundo
y tontamente viene a morir
intentando caminar
más allá de la orilla


La ausencia es el reflejo del silencio
que guardan todas éstas cosas


-23-


Algunos temen a las figuras reflejadas en los ojos de otros
como si esos otros ojos fueran espejos,
porque no les bastan los que tienen en el baño,
en el cuarto o en el techo.


Se buscan afanosamente y pretenden no encontrarse;
se desvisten con vergüenza o sin ella;
se sonríen, lloran y en los intervalos mienten.


Pero yo…
yo sólo temo a mi silencio.


Temo a mi silencio,
porque en medio de esta ceguera inapacible
no puedo verme reflejada en los espejos.

3 comentarios:

Aubrey Kobold dijo...

Fue un placer haberlas acompañado en esta versión...
Saludos.
A.

Hildegart dijo...

Hermosos poemas, hermosas imágenes que hablan de esas cosas que a todos los poetas nos conectan, el tiempo, el silencio, la ausencia, la vida y la muerte.

Fue grata tu presencia a través de tu poesía.

Aubrey Kobold dijo...

Gracias Hildegart...
ecantada yo de estar presente de alguna manera... espero asistir en proximas ocasiones...