miércoles, 26 de enero de 2011

Marian Raméntol / España


Marian Raméntol (Barcelona, 1966). Poeta, traductora y directora de la revista cultural La Nausea. Miembro del grupo musical O.D.I. Miembro del grupo poético LAIE (2006-2009).Miembro del colectivo artístico Grup Tremó (2010).
Ha traducido a poetas contemporáneos italianos al catalán y al castellano. Ha publicado seis poemarios y ha sido incluida en seis antologías. Ha sido premiada en diversos concursos nacionales e internacionales, y su obra ha sido ampliamente difundida en revistas especializadas donde ha publicado poesía, ensayo y artículos de opinión. Ha sido traducida al inglés, italiano, rumano, armenio y estonio, y ha prologado varios libros de poesía. Su actividad en el ámbito poético le ha llevado a formar parte de festivales, exposiciones, recitales y diferentes actos patrocinados por Ayuntamientos, editoriales y otras entidades culturales.

Web del autor: http://marianramentol.blogspot.com/


MI MIRADA EN LA ÚLTIMA ESQUINA DEL AIRE

La vida retrocede unos centímetros
cada vez que mis ojos hacen alarde de su cortesía
con el mejor saludo guardado en el bolsillo.

La bufanda intenta arropar el calcio de mi invierno,
la miopía del mundo que me reconoce,
esa cicatriz interesante, la galería de mi vientre
abandonado.

Llueve almidón sobre la lírica
mientras mis manos asesinas se conjuran
para el inmolamiento del poema, para la fría
soledad de la excelencia, que confusa, sospecha
de mi amor umbilical y zancadillea
al inhumano dinamismo
de los cadáveres cuando se enfrían, a mis dedos
cuando se emocionan, a la torpeza de los quilómetros
recorridos, a los campos
germinados de palabras, a su incontinencia
ese baño de orines ocre y sangre salada,
a cada uno de los monosílabos que definen mi pupila.

La vida desmiente la voz de mi madre,
el insomnio de mis pechos, mi mirada en la última
esquina del aire, donde se rompe la muerte
como un punto de libro ecológico,
y todo lo que queda, es un pulmón sudoroso.

CÓMO NO IBAN A ODIARME

Huyen de mí los plurales
se amamantan en otras bocas, irreparables,
con el crimen multiplicado en los ojos
las manos dentadas de carne inútil y sexo frío,
transparentemente culpable.

Conjugaciones a bocajarro que moldean el silencio,
se deshacen sin otro destino
que el cuerpo tumefacto de un poema,
prescindible como la eternidad,
como el murmullo de mis pechos.

La sintaxis no vendrá a salvarme
de las declinaciones del rencor de los charcos,
del odio de los halcones y del mal uso del abecedario
con el que he ensuciado su vuelo, con nombres blandos,
demasiado jóvenes o demasiado viejos,
con vértigo a los tendones de la lluvia
y a la altura del invierno.

Cómo no iban a odiarme,
si aquí duele la gramática del verano,
la luz es un francotirador de obuses de papel,
tan cansados, que no superan
el primer mordisco en los labios, su temperatura
partiendo el aire, la adherencia de la hierba a mis huesos,
el hundimiento de la tormenta sobre las horas,
ni el dejar en la estacada a ese azul
que menstrúa en la ventana.


LOS ACENTOS QUE DIBUJAN LAS ZAPATILLAS EN EL PECHO.

Ven a cenar con mi cuerpo, a un beso de distancia
de mis vías digestivas donde la oscuridad nos enumera.

Sé perverso cuando llore la noche,
deja que la cabeza crujiente del mundo,
repose, despegada,
sobre el dramatismo dormido de mis ojos.

Moleremos juntos las palabras de hiedra,
los labios sudorosos del árbol en invierno,
la nuca sedienta de los peces, el cuello macerado
en el borde mismo del aire, las manos que se besan,
y todos los ingredientes necesarios
para ponernos el alma
y bajar a comernos los abrazos,
los mares hondos, los acentos
que dibujan las zapatillas en el pecho,
y los verbos con los que somos distintos,
detrás de nuestro retrato.

EN LOS LABIOS LIMPIOS DE MI DESIERTO

No me convence el discurso de la fotografía
que te imagina todavía en la alacena, con tu verdad
indolora en sobrecitos de colores, mientras calientas
la leche y dibujas de memoria la boca de tus hijos,
porque allí quedó encogida toda la ausencia
pasando el aspirador sobre los días.

No puedo comprarme unos ojos de madre,
unas manos expertas en trenzar los descuidos,
pero puedo reinventarte en la cocina de mi pecho,
la cocción de la risa en amarillo secando el llanto
del sol en la tarde, las olas de tus ojos
como un naufragio degenerado
en la geografía de ese potaje
que nos enseñó a restar garbanzos
y a sumar tus besos,
también en las uñas del otoño que no se ha ido
o en los labios limpios de mi desierto.

Puedo imaginarte más madre que nunca
con azucarillos colgando de las orejas,
los brazos de agua tímida y ese olor a frío escondido,
un nuevo caldo para ese invierno que es mi cúpula,
un atlas para la paz de mi último minuto.

QUIZÁ TENGO DEMASIADAS PALABRAS EN LOS OJOS

Veo el muñón en las alas, la luz suicida
que trepana la inocencia y nos convence
de que es mejor subir a dentelladas por la sangre
que bajar los escalones del silencio.

La voz en miniatura pasa rápida
por los oídos, con el cuerpo a la carrera y las manos
poco hechas, un aire naive resbalando por la nariz
de un cuadro demasiado grande,
la saliva en la boca, quemada.

Nada cuadra en estas trenzas,
muñecas de verdad con pecas de mentira
que juegan al escondite en las empalizadas
y violan la niñez que nos vive.

Quizá tengo demasiadas palabras en los ojos,
sílabas pequeñas que no alcanzan la pared
de mi garganta, y viven agachadas, con la falda
huérfana y las piernas cortas, esperando el turno
para inventar un nuevo puente colgante
desde donde practicar el salto al vacío,
sin perderse y sin tener que perdonarse.

3 comentarios:

Perfecto dijo...

Es una alegría encontrar a Mariam en este espacio. Es una gran escritora y este espacio le hace justicia por su calidad literaria y su extraordinaria sensibilidad.
Enhorabuena a Mariam y a los responsables de este blog.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Una gran poeta, que grato encontrar un blog como este que reuna tanto talento, son un gran grupo, me gustaría poder colaborarles

un abrazo de admiración desde Panamá

Valdemar

Anónimo dijo...

Hace mucho sigo tu blog y es para mi una entrada casi necesaria, que gusto me da navegar en mi ordenador y que el azar me haga tropezar con tus versos en otra casa,en poesía la mejor marián

Jorge