sábado, 11 de abril de 2026

Piedad Bonnett / Poemas

 

TU BOCA VIENE A MÍ, SOLO TU BOCA…

Tu boca viene a mí, solo tu boca.

Viene volando,

libélula de sangre, llamarada

que enciende ésta mi noche de ceniza.

Toda la sal del mar habita en ella,

todo el rumor del mar,

toda la espuma.

Boca para los besos dibujada,

donde duerme tu lengua tentadora.

Todo el vino del mundo está en tu boca,

todo el pecado

y la inocencia toda.

Boca que calla y cuando dice, oculta.

Capaz de toda la verdad tu boca,

de toda la verdad y la mentira.

Ríe tu boca y se despierta el día.

(Relámpagos de nieve hay en tu risa).

Como un tropel de potros me atropellan

los besos de tu boca deliciosa;

tu boca, mariposa equivocada,

tu boca ajena que se desdibuja

en mi noche de círculo y ceniza.

 

LABERINTO

Condenada a ser sombra de tu sombra,

a soñar con tu nombre en cada madrugada.

Por la ventana abierta un olor errabundo

de vida, -¿y tú en qué calle?-

un temblor en la luz,

el llanto de algún niño.

Y tus ojos cerrados,

o tus ojos abiertos como dos golondrinas,

y tu mano en el agua o tu mano en tu pelo

o tu mano en el aire con su triste blandura,

-¿y en qué calle tus pasos?-

y yo en sueños atada al hilo de tus sueños,

condenada a ser sombra de tu sombra,

a soñar con tu nombre en cada madrugada.

 

DESOLACIÓN

Ese sonar de aldabas me levantó del sueño,

sobresaltó mi corazón dormido.

Cuánto ruido trajiste a esta casa:

Qué músicas extrañas,

qué silencios no oídos.

Todos los corredores se poblaron de ti

y olvidaron de golpe su soledad de siglos.

Un aroma de mar invadió las alcobas

y a un día tembloroso se abrieron sus postigos.

Ese sonar de aldabas sobresaltó mi noche,

rompió candados y rompió cerrojos.

No podía saber que cuando el aire

barriera el polvo en todos los rincones

y de olor a manzanas se llenara la huerta,

te marcharías sin sonar de aldabas,

dejando tus silencios

                                    y las puertas abiertas.

 

TIEMPOS DE PESADUMBRE

Pongo mi corazón sobre esta mesa,

transido, desatado, hondo de pena.

 

Qué tirante y azul el cielo con su ojo.

 

Pero este oscuro dardo en el costado,

el látigo chirriando

y la espuela que quema la mejilla.

Y este dolor aquí,

este dolor de todos,

su rostro contra el polvo y este llanto.

 

Pongo mi corazón sobre esta mesa,

impúdico, aterido, con sus clavos.

 

Un viento atolondrado

despeina en mi jardín el algarrobo.

 

Pero

y esta piedra en el pecho,

y este piso de erizos, y el mordisco rabioso,

y esta taza en pedazos que nos corta los dedos.

 

Mi corazón se obstina y el sol calienta afuera,

y tan sólo callamos con la mano en la frente.

 

CANCIÓN PARA MAÑANA

Hoy

que me he puesto mi vestido nuevo y me paseo

entre gentes ruidosas, atareadas,

y que el mundo parece seguir el plan trazado,

su comba en forma plena, con la máscara puesta,

hoy que Dios ha asomado puntual a mi ventana

y me ha dado solícito mis gafas y mi pluma,

puedo soñar mi muerte (usted tendrá la suya)

mientras miro la vida pasar por mi ventana.

 

Mi muerte con su sábana y su dolor de golpe,

mi muerte en plena calle con la sonrisa puesta

y el libro en el bolsillo,

pero tal vez espinas en los ojos y agujas en las uñas,

y la sonrisa colérica de la bella enfermera,

y el algodón de sangre y las tijeras,

y un pedazo de cielo en la ventana,

un cielo que tendré que aprender de memoria

para llevarlo conmigo a donde sea.

 

Mi muerte con su olor y sin tu mano.

Mi muerte con su astilla y sin tu cuello.

Mi muerte y su responso y su esperanza.

Mi muerte sin yo misma ¡Qué tristeza!

 

Hoy que todo va bien,

que todo el mundo apuesta, pone su firma, suma,

puedo soñar mi muerte,

esa mi sola muerte,

sola,

sola.

DE LOS MIL USOS POSIBLES DEL POEMA

Se ha convenido ya -todo el mundo así opina-

en que es enteramente inútil el poema.

Y sin embargo, hay momentos en que aun sin saberlo

el poema se llena de amor y es esa carta

de reconciliación que nunca escribiremos.

O es ese puente de ventana a ventana que pasamos

con el alma encogida, deseando el vacío.

manopla, salvavidas, aeroplano

que nos permite contemplar olímpicos

el trasegar sin fin de tantas gentes

tristes de haber nacido y tristes de ir muriendo.

(A veces, desde arriba nos miramos

pasar alucinados y sombríos).

El poema es también tirabuzón,

anzuelo que se tira en viejas aguas.

Máquina de hacer pompas de jabón,

es vendaje, es compresa, es sanguijuela

que extrae los venenos de la sangre.

Juguete de latón. Consolador de viudas.

Monstruo de mil cabezas, matita que sembramos

en medio del jardín, conjuro mágico,

bisturí, cuerda floja, cobertizo.

Estos apenas son algunos de los muchos,

los incontables usos del poema,

ese extraño artefacto que circula

en forma clandestina y peligrosa

en nuestros territorios.

 

Esté alerta.

 

NOCTURNO

Mi noche es como un valle reluciente de huesos.

La piel, arena, sílice. Los labios, agrietados.

Una cruz de ceniza sobre el vientre desnudo.

Heme aquí entre malezas, en medio de rastrojos,

muerta de cara al techo de la alcoba,

con la luna bailando en la pupila

y el corazón como una liebre herida

que persiste en vivir. Quizá algún día

un enjambre de abejas fabrique su colmena

cerca de mí. Quizá algún día

me despierte el zumbido de su vuelo

sobre mis ojos, sobre mi garganta

y reverbere el cuerpo, luminoso,

como un mar que cantando alza sus olas.

 

TU NOMBRE

Cuando el dolor ha triturado ya el último hueso de mi noche

y sólo habla el silencio al corazón insomne que hila

y deshila penas y memorias

viene tu nombre hasta mi cuarto a oscuras.

Con un galope seco viene tu nombre abriendo

un camino entre nieblas

instaurando sus voces sus redobles

sus erres que retumban como un grito de guerra

su bronco acento de campana rota.

Tu nombre es tantas cosas:

el recuerdo de un barco que viene de ultramar y sus tercos marinos

el fuego entre la piedra

gota roja

que va tiñendo la pared del alba.

En él puede escucharse la voz de los que creen

con mística implacable y fe colérica.

Pero es también dulzura tu nombre

muro blanco donde mi mano traza los signos del sosiego

lugar donde recuesto mi cabeza.

Entre tu nombre y tú sin embargo un silencio

una grieta nocturna donde anidan los pájaros.

 

ROSAS

Con el estiércol que arrojan a mi patio

abono yo mis rosas.

Aéreas en sus tallos, de la luz se alimentan

aunque lleven la muerte dormida en sus corolas,

y su belleza, inútil como toda la belleza,

sus espinas inocuas, hacen cerco

al corazón, guerrean

con la bestia que acecha en la tiniebla.

 

ENCUENTRO FORTUITO

Una vez fuiste un ángel,

mi más bello demonio.

 

Horas hubo en que ardí en tu luz

y horas

en que fui por tus llamas arrasada.

 

Después fue la memoria.

Por ella fui y volví como un buscador de oro

que se atreve al rastreo por terrenos minados.

 

El tiempo y yo limamos tus aristas.

Te hicimos un altar, te consagramos.

 

Pero la vida quiso que volvieras:

En pleno mediodía la calle te hizo humano,

 

sin alas y sin cuernos,

y tristemente helado.

 

ENTONCES, ASÍ ERES

Una foto. Una sencilla foto

llegada por azar hasta mis manos.

Allí estás, con tu frente tocada por la sombra,

y los ojos hundidos,

y ese gesto soberbio

que no alcanza a matar la incertidumbre.

La vieja imagen

se funde con la nueva, y se deshace

como una carta rota en un estanque.

La miro largamente, como pidiendo al tiempo que me cuente

lo que no sé. Y la leo

como un ciego reciente

que con sus dedos se aventura al braille.

Busco revelaciones. Quizá historias o claves.

Y repaso uno a uno tus rasgos, como el hijo

que ve cómo la muerte desdibuja

la cara de su padre.

 

Entonces, así eres.

 

Y en la foto tan vivo y en mi historia tan muerto.

Hasta tu suéter gris no me recuerda nada.

 

¿Por qué entonces te nublas de repente

y una lluvia menuda deslava tu cadáver?

 

Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquia, 18 de enero de 1951) es una destacada poeta, novelista, dramaturga, traductora y crítica literaria colombiana, galardonada con el prestigioso Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2024. Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de los Andes y magíster en Teoría del Arte y la Arquitectura por la Universidad Nacional de Colombia, ha ejercido como profesora y figura clave de las letras hispanoamericanas. Su obra transita con hondura por los territorios de la memoria, el amor, la cotidianidad y el duelo ante la pérdida.

 


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