sábado, 14 de mayo de 2011

Miradas & Palabras sobre Caracas: Para bien o para mal I




I

Moramos en una geometría de sarcófagos
Ataviados de felicidad
Y sonamos en cada sufragio.

II

Nosotros
Vosotros
Ellos

Epicos altavoces de la comarca
Articulaciones discontinuas
Instantes despalabrados
Cacofonías de rumores píos

III

No encuentras la ciudad
Hallas un territorio ficcionado por palabras
Movido en sus tobillos
Agitados desde sus muñecas
Troquelado como un parque mecánico

No encuentras la Ciudad
Sólo trayectos comarcas circuitos
Estriada superficie que tatúa lenguas
Zanja cuerpos
Y los vuelve reliquias de un festivo holocausto

No das con la Ciudad
Apenas tapices de ella:
Fachadas pulimentadas
Aluviones de hambre
Agujas de lodo
Corrimientos

Quizás ha sido suplantada
Por geometrías de acecho
Croquis de fugacidades

Tal vez tu Ciudad es una flor ilógica
Trepada en el vacío del tumulto
O,
Alojada en los resquicios
De las manos

IV

Nosotros
Vosotros
Ellos

Inhalando fluidos metálicos
Atestando de vociferaciones las rendijas
Plantando épicas de músculos engatillados
Desbaratando los goznes de la ciudad
- afantasmándola -
Volviéndola
promontorio de escombros
patio de rencillas
botadero de almitas
desague de otras posibilidades

V

Traqueteo de brújulas infantiles
Mapas inútiles
Marañas de bucles convulsionando en la superficie
Relieves sedientos de la piel canallesca
He ahí,
la configuración de un territorio
trenzado en una cartografía catastrófica
sostenida en el vitral de sus opacidades
No obstante,
por los intersticios de la comarca se despliegan:
Ovulaciones luminosas
Inervaciones simbólicas
Rizomas de palabras vivas
Bocetos de arquitecturas amorosas
Semilleros de gramáticas posibles
Encajes escriturales
Acústicas
Cocciones
Actos

Poéticas activas que amalgaman

ritmos paisajes diferencias
andares mundos

Conjugando otros modos de hacer vínculos
Labrándolos en cada acto cotidiano



Dmargot Baptista. Socióloga y Poeta, participa en los talleres de poesía guiados por Edda Armas y Armando Rojas Guardia. Coautora de la Antología Poética El Ojo Errante.


__________



Decreto

En los sótanos de un parque central
la contraloría general de mi República
se acuesta con un perro que le habla despacio
satisface su cuello la contraloría
sabe muy bien el arte de arrodillarse
y recibir bajo su falda corta manos hostiles
tiene los labios rotos la contraloría general de mi República
de tanta noche tiene los labios rotos
dios y federación

Sexto mandamiento

Febrero es de las mujeres con llanto
en los pasillos de una facultad donde se enseña la justicia
señorita
tenga la castidad de no vestir
como si el cuerpo buscase convencer
no distraiga el conocimiento de ese profesor
que es una institución y sin embargo no da los buenos días
cuídese de todo aquél que la obligue a reunirse en su oficina
no cierre nunca la puerta
huya cuando éste le pregunte con una sonrisa
¿me tienes miedo?
no cierre nunca la puerta
aunque ésta sea una universidad católica
y si en sus manos llega a temblar una hoja de examen con números rojos
no olvide lo que escuchó la cama puede cambiarlo todo
piénselo
para qué alzar la queja
para qué alzarla a los oídos de una facultad que sólo tiene bocas
que gritan
libertad y derechos humanos
abajo la dictadura
sólo bocas
nunca oídos
no lo olvide
los derechos humanos están primero
siga dando los buenos días aunque la institución responda
el mutuo disentimiento
la subrogación del término
- Buen día, quisiera hablar con el director de la facultad
- Un momento
Dos
Tres
Cuatro
Cinco
Seis
Siete
Ocho
Nueve
Diez
minutos
- El director de la facultad no se encuentra
Sí, este febrero es de las mujeres
que pueblan los pasillos de una facultad donde se enseña la justicia
y de los profesores que vienen armados a esta universidad
católica
católica
qué adjetivo más esdrújulo y extraño
y los profesores armados se quejan
porque la dictadura quiere llamarnos popular
y no católica
habrá que salir
gritar nuevamente libertad
derechos humanos
abajo la dictadura
esto no es lo que usted pensaba
es una universidad católica

- - - - -

Escribir entre la gente
decir que la voz puede ser de todos
ver a la antigua niña del colegio que huye como si nada
o tal vez precisamente como si todo
eso es recordarme
salvar un lápiz que cae de la mesa
es salvar un verso y no escribirlo
dejarlo dentro como si pudiera ser intacto
al humo del cigarrillo que se fuma la ciudad cuando despierta
pertenecer a un orden preciso
ser como las sillas de las ferias
permitir que cualquiera venga a importunar con su mirada
porque siempre miran y a veces tocan
y escondo la libreta donde escribo y dibujo
y parezco extraño
recordarme se me ha hecho difícil con el tiempo
saber que pertenezco a Miranda y a su madera
aunque piense en Escocia, en los templos y
en las campanas que recorren las montañas
descifrar la mirada
saber que río no es sólo agua y roce
y saber los vínculos
aceptarlos
reconocerme en cada paso
en todo grito pida lo que pida
y responder que la silla de al lado está verdaderamente desocupada
pertenecer
ya lo he dicho
pertenecer mucho es en el fondo verdadera libertad

- - - - -

te despiertan los aromas perdidos,
los que olvida la ciudad
Silvio Rodríguez

Ahora
que he vuelto a ser un niño
dado a los miramientos vanos
a las letras sin sentido
recuerdo:
busco tu olor en el ropaje
me veo a través de los vidrios de una ciudad ajena
respiro en las tazas
el mismo aroma caraqueño de un café desvanecido
sabiendo
en todos los símbolos una extranjeridad no declarada
para nombrar algo que me pertenezca
reproduzco tu temblor
y ya recuerdo



Leonardo González Alcalá. Estudiante de Guitarra clásica y Abogado por la Universidad Católica Andrés Bello (2010).Poemarios: El país de los muertos (2007, Premio XII Bienal Francisco Lazo Martí del Ateneo de Calabozo); Gesto quebrado (2006-2009). Coautor de la Antología poética El Ojo errante (2009).


__________



I

Estos edificios
llevan el ropaje de la furia.
En el balcón se insinúa la mala fe del poniente
es una ciudad con óxido y gobierno
con tren fantasma, lobas y tascas gallegas
pero aquí tenemos rejas y paseamos al perro.
En la ventana de aquel lado
una mujer discute por teléfono:
exige al hijo que regrese pronto
es posible que hoy sí lo maten
porque en la televisión
lo han pronosticado varias veces.

Quiero pensar: esa mujer tiene pasado,
no fue capaz de mentirle a su marido
y decirle que la cuenta empezó desde cero
aquella noche en que eran jóvenes y mercenarios.
Sí, contigo fue la primera vez que grité tan alto.
Contigo me inauguré en cerrar los puños tantas veces.

Por favor, no mientas
no quieras parecer mejor cuando subas al estrado.

He visto
que una mujer orgullosa de su oficio
teje un reino sobre el cadáver
de una diosa pretenciosa y el odio hacia dos o tres
de su misma especie
y se descubre en la santa postergación
cuando un hombre recoge su ropa
y anuncia que es hora de irse.

El hombre cierra los ojos y hace
como que le falta el aire
niega un par de veces,
le duele, hace alguna promesa
entre la embestida y la noche
o la media tarde con árboles allá afuera
mientras la gente trabaja y los niños salen del catecismo
o los atrapa una falla eléctrica en el Metro
y es probable que la promesa sea sólo un espejismo
porque aquí
sólo cuenta el desierto y sus leyendas
el mar, el humo, los gritos, agrega pájaros si quieres
pero aquí todo es un desierto
santos telares, valle de la muerte, percusiones
la imagen de un hombre que insiste
en calles anunciadas en una profecía amarillista.

Un hombre orgulloso de su oficio
se peina
toma aire antes de hablar, afila sus aristas
toma las llaves
toma el diezmo del animal que se posterga

y se va.

Una se cansa y sigue mirando flores caídas
porque algo lo llamaba desde el otro lado.
Algo más que un río pringado nos separa.
Por eso una mujer tiene agujas, deberes y pasado
y camina con la frente tan poco en alto
hacia el valle de sí misma
que no es otra cosa que la muerte.


II

Caracas es el salón del hambre
monumento ancestral del hambre
cobre, nudista, petardo
se despliega con su alfabeto amarillista.

Es la ciudad de mujeres bellas
que si están al volante no dan paso
la patria de hombre flácidos al pie de una bandera
Caracas y sus manos blancas y sus viejos portugueses
ciudad con crueles madres armenias
tiene poetas en ciernes, putas de noble octanaje
y asesinos con uniforme:
vamos, dije uniforme, pero no crean
que hablo de estampas militares o sus alrededores
no se alteren, no busquen Lexotanil
hoy no, hoy no, no saquen
a la Carla Angola que llevamos dentro.

Hablo apenas del ilustre ropaje
del que tiene hambre y se anhela:

El malandro este fin de semana
la muchacha que casarse bien desea
o el padre de familia que ahora confiesa su error:
no debí casarme, nunca me gustaron tanto
las mujeres ni la casa con jardín.

En Caracas hace hambre
y hace mal tiempo
por eso tiene hombres que caminan mirando hacia dentro
el poema de amor no sabe
cuál es el árbol, si esto es oficio de la lluvia.
Es la ciudad de los niños que juegan Calabozos y dragones
sabios laberintos con instrucciones y toda suerte de dados
para retrasar bárbaros auténticos
tiernas miserias de los niños del Este
entrenados entre la mágica muerte de elfos y la inocencia
para destrozar un reino, el reino de sí mismos

porque ustedes serán los amos de un valle o de un desierto
tendrán la barriga grande y una esposa depresiva.

Caracas tiene hambre
hay hambre, misterio,
magnífico universo, magníficas pobres criaturas
que escriben tu nombre con sangre, gasolina
sin lubricante
camas blancas y resentidos pormenores.

Pájaros muertos para aprender el hambre de un país
pero me basta un pájaro para creer en tu llegada

sospecho que el hambre es más fuerte que el odio
o el mal gusto y el azar
un día Caracas alcanzará el prestigio
de un fantasma milenario.
Sólo quedará la montaña anciana, a sus pies el desierto

y alguien le inventará un dios celoso
porque incluso detrás de Caracas hay pájaros.

III

La luz calcina
esta suma de pormenores
la luz arrastra el cansancio
de un sueño sin trascendencia
y su Ángel Bicentenario.
La luz concede cuerpo y obediencia
a tu guitarra, al valle de la muerte
y al mar que se demora del otro lado.
La luz de esta Babel ridícula
como una adolescente
con su noche que de todo se asombra
y me ofrece gente muerta que no tendrá el prestigio
para hacerse fantasma
y pájaros solos con el pecho dañado
y madrugadas con tanta agua
cielo magro que me otorga
una suma de insinuaciones.
Me poseo
por esta Babel cuya luz dorada
nos prohíbe separarnos en la honra del grito.



Enza García. En 2004 obtuvo el VII Premio literario Cuento contigo de Casa de América, Madrid. El cuento fue publicado en la antología Cuento Contigo de Siruela. En 2007 gana el V Concurso para autores inéditos de Monte Ávila Editores con el libro de cuentos Cállate poco a poco, publicado en 2008. Forma parte de la antología De la urbe para el orbe de Alfa Editorial y de la antología Zgodbe iz Venezuele (Historias de Venezuela) de Sodobnost International. En 2009 obtiene el III Premio Nacional Universitario de Literatura con el libro de cuentos El bosque de los abedules, publicado por Equinoccio en 2010.

jueves, 21 de abril de 2011

Juan Cerbero / Venezuela



Juan Cerbero. Nace en Caracas el 20 de Abril de 1967. Licenciado en Informática. Fotógrafo. Actualmente participa en el taller de poesía guiado por Armando Rojas Guardia.
http://www.juancerbero.wordpress.com/2009






MANTRA FEBRIL

Hay presas que merecen ser mordidas.
Georgina Ramirez

rezas tu oración sin desvelo
no importa la hora
la presa puede aparecer
no importa la hora
nada es falso cuando el hambre apunta

esta noche no vienes a contar ovejas
sino a buscar el rostro de quien gime
debajo de la tela de tus mandalas

para encontrar a tu amante
acéptale una fotografía
y mira si en la horma de su espalda
cabe tu boca con su plegaria

no sigamos tentando el instinto
que camina hace horas en tus pasillos
que clama en los poros de mis ventanas
acabemos esto
seamos desconsiderados con la función del tiempo

no importa quien muerda primero
igual, ambos moriremos.


HERENCIA MALDITA

Una casa deforestada
por la tala de la desidia
pasó la muerte
dejó otro cuarto vacío
mi hermana juega
adorna su cuarto con epopeyas
mi madre se esconde
mira la televisión de espalda
y los gatos coleccionados
los náufragos más miserables

Vengo a contar el desvelo
por el ritual del amor interrumpido
a improvisar un sueño
de cordura con alquimia
a contemplar en lo rincones
las esculturas de los fallecidos

otro recinto desvalido
otra cruzada universal
el hambre y los demonios
mis fichas para apostar.


COMPRA INEVITABLE

Código de barra
inventario
puede lavar al seco
remojar en agua salada
secar con vapores de otra boca

de color irreverente
talla única

100% poliéster culpable
100% de indelebles traumas
intemperies, trasnochos
100% de amor efímero
bienaventurado, mudo

0% algodón clonado
0% de memoria impermeable
salvación y bondad
0% vivible, cercano
eterno

no se aceptan devoluciones
si quiere otro traje
dispóngase a la muerte.


MODERNO MEDIEVAL

Vida mercenaria
poesía en la guerra
el enemigo vive adentro
murmura creando máscaras
de humor, de horror

Atascado bajo una señal
no consigo las calles de tierra
soy un caballero en la modernidad
mi espada es negra
hace sonidos
y no tiene filos

mi cuerpo está lleno de discursos envenenados
no es necesaria la defensa cuando se es.


SU TATUAJE ERA UNA TRAMPA

Me niego a ciertas impermanencias
al no ser

es una travesía encontrarme en el no otro
en sus envolturas con ganas de eternidad
no ansío su movedizo terreno verde
ella no sabe de su veneno
su sentimiento residual

A la postre
perezco
rodeado de rizos


BELLEZA ABSTRACTA

Deambulo
por la casa taciturna
no tengo excusas para quejarme sobre las paredes
ni amordazarme los latidos que retumban en las venas
sólo contemplo las pinturas
el río abstracto de la belleza
el color filoso de su alma

Había una pena continuada
estaba conociendo el otro cuerpo
solo me senté luego a abrazarme
a sentirme ileso y blanco

mi trabajo está en el campo de todas las batallas
debo reparar mi piel en medio de la lucha.

martes, 19 de abril de 2011

Herminio Martínez / México





Herminio Martínez. Poeta y narrador. Nació en La Cañada de Caracheo, Cortazar, Guanajuato, el 13 de marzo de 1949. Entre sus novelas más conocidas en la literatura de México destacan: Hombres de temporal (1987), Diario maldito de Nuño de Guzmán (1990), Las puertas del mundo (1992), Invasores del paraíso (1998) y Lluvia para la tumba de un loco (2003). Ha publicado también el libro de cuentos: La jaula del tordo. Entre sus premios de poesía, son de notarse el "Punto de Partida" de la Universidad Nacional Autónoma de México; el "Manuel Torre Iglesias", de la Paz, Baja California; el "Ramón López Velarde", de Zacatecas; el "Pablo Neruda", de Buenos Aires, Argentina y el "Clemencia Isaura de la poesía", del carnaval de Mazatlán, el cual obtuvo en 1985. Y el de las "Justas Poéticas Castellanas", de Palencia, España, en 1995. En ese mismo año fue ganador del Premio "Lotería de Cuentos", de Editorial Planeta y la Lotería Nacional. En 1996 obtuvo el Premio Nacional de Novela "José Rubén Romero", otorgado por el Instituto Michoacano de Cultura y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de la república mexicana. Y en 1998 el Premio Internacional de Novela Corta "Ciudad de Barbastro", en Aragón, España. Otros premios que ha ganado, son: El Premio Nacional de Poesía Gilberto Owen, en Culiacán, Sinaloa, 1999. Y el Premio Nacional de Cuento "Benemérito de América" 2000, en la Universidad de Oaxaca. También en el año 2000 ha sido Internacional de Poesía "Hermanos Argensola", en España, por su poemario: Música para desventura y orquesta. Y en Argentina ganó el Premio Internacional de Poesía La Poesía y el Mar de la Biblioteca Popular de Monte Hermoso, Buenos, Aires. Y en 2001 recibió el Premio Internacional de Poesía Cáceres Patrimonio de la Humanidad, por su poemario Animales de amor. Es profesor en la Universidad de Guanajuato y, desde 1994, académico de la lengua.






MONÓLOGO DEL HABITANTE




El día empieza a desenvolver su cola de botellas.


Abro la ventana que indiscretamente mira sobre el hombro de la ciudad


y veo las fábricas de papel, las panaderías, las bicicletas


y una anciana comiendo frutas podridas;


el hambre es una brasa en cada estómago.


El fragor de las máquinas escala las paredes.


Estoy casi desnudo, bebiéndome de codos un rayito de sol,


no soy nada romántico, sino un complicadísimo hombre


con los zapatos grandes y la frente estrellada.


Las calles, con sus lenguas de ladrillo,


sienten el despertar del peso de la tierra,


atropellada por los niños que marchan al colegio.


Un perro olfatea células de aceite negro,


son las manchas que dejó la noche adentro de un bote de basura.


Pienso en los dioses que hoy amanecieron


con todos los cántaros de su mal genio rotos.


No me he rasurado todavía, tengo en la cara la yerba dura


que crece con la llovizna de los sueños,


y hay en mi boca un desagradable sabor de metal oxidado.


Anoche, mientras la televisión me hacía gestos de colores,


me maldije.


Yo tengo algunos libros


en donde leo y aprendo lo que está prohibido;


los libros tienen sexo,


uno los viste con atención para que luzcan guapos,


les compra pantalones y corbatas,


camisas, calcetines y sombreros;


son hombres y mujeres, se emborrachan, se asean,


comen, les gusta ver llover


y hasta pueden parir de una leída


un hijo de metal con ojos de águila y relincho de potro.


Desde una ventana


cualquiera puede fotografiar los talones de la luna


olorosos a nardo,


sentir en las narices el talco azul de alguien que se recuerda,


los trenes y los aviones reventando


de tanto ir y venir por esta madre bolonda que es la vida.


Uno puede pensar en un grupo de poetas


que van saliendo de un cabaret en París,


o simplemente en la gente que camina.


Desde una ventana


el mundo es la fábrica de los pordioseros ambulantes,


pero también el trono desde donde la discordia


imparte sus lecciones


de burla, desigualdad y prepotencia.


Veo esta calle y otra que no es la mía.


Veo la casa que estamos pagando en abonos


y las demás con sus luces prendidas.


Pero miro también, oyendo su boruca,


a las señoras que se dan un beso


en los cachetes cuando se saludan.


Al que escribe su ira en las paredes,


al Papa muy feliz en su elefante,


al que en los restaurantes se detiene


a pedir una orden de basura.


Al que eructa el hígado en pedazos,


los talones del hijo del obrero,


la llaga multiforme del salario


y al que encontró los huesos de la lluvia


en un baldío que ahora nadie siembra.


Veo el mundo que es la casa de todos.


Desde aquí me doy cuenta de la vida:


el mismo navegar de taxi en taxi,


el largo escalofrío de las quincenas,


el rostro sin color de los que deben


y oigo el viento que no es la ira de Dios


escapada por la boca de un cura


sino la providencia que se extiende


a cada instante sobre todos los pueblos


y el que es, además, esa enorme alegría


que por las mañanas me persigue


hasta en los recipientes donde orino.


Veo al que sale a ver quién lo contrata


y lo encuentra la tarde cabizbajo.


Al que en rebanadas se come la amargura


y al que llega a los bares


pidiendo un seno en lugar de un trago.


A los que esperan la caída de un milagro


del árbol de las creencias.


A los que amasan el porvenir en la congoja


y al que silba al cruzar un sitio oscuro.


Veo al que llora por lo que le dan


por un mes de suspiros y trabajos.


El palacio al que no se llega nunca.


La baba del turista que se escurre


desde los monumentos hasta el mar.


Al que no va a hacer nada a la oficina.


Al locutor que a todos amenaza.


Al que finca su fe en los aguaceros.


A los que se dedican al descanso


y a los protervos de buena voluntad.


Pienso en los ríos donde alguna vez nos bañamos


y en las ciudades donde no fuimos nadie.


Veo la historia arreando personajes


bajo un sol que no piensa nada de ellos.


Veo la luna en las muletas de su luz,


la paloma del Diluvio Universal


y la chusma que huele a cualquier cosa.


Con ajetreo de bueyes se divisan


los funcionarios en sus trajes públicos.


Y los poetas que se desnocharon


buscando algún remedio en las cantinas.


Veo al que oye zarpazos de pelea


adentro de la jaula de su estómago


y veo brillar el vientre de la dicha


en los lugares donde se merienda.


Al que halla que sus muebles pesan mucho


cuando se muda de departamento.


Al que le salta lumbre cuando grita.


Al que se le hinca al viento cuando bebe.


Al que habla de sus deudas con los santos.


Al que se recibió de comerciante


pero hizo la carrera de abogado.


Al que pone el manojo de los hijos


delante de las tiendas.


Y al que ama según el Mandamiento


escrito en una piedra de la Biblia.


Veo al que pica y al que se deshace


en la sal granulada de su suerte.


Muchachos que en la escuela se fuman una viga.


Imbéciles que se hinchan si los toca


la alabanza que tiene muchas manos.


Varones que se venden al sistema


que es el mercado donde está la patria


colgada como res en una percha.


Y los que piden paz en los periódicos:


altos hombres sentados a dos nalgas


firmando cheques que les manda el cielo.


Al notario con mugre en las orejas,


al profesor con pelos en el alma.


al licenciado que anda de maestro,


al sacerdito que es ya sacerdote,


al psiquiatra que vuelve loco al mundo,


al albañil que atónito contempla


la punta de su esfuerzo ya sin punta;


la secretaria estúpida y pintada


de la piel y los pelos como un mono;


la religiosa cara de lechuza,


el caballero de barriga enhiesta,


la señorita que se mea de lado,


las actrices vendidas como cabras,


el escritor parido por decreto,


el presidente arreando su manada,


la república a bordo de su nube,


los industriales socios de los buitres,


la policía que roba la confianza,


la mujer con su hachazo entre las piernas


y todos cuantos corren


a consumir inútiles refrescos.




El día se amarra las agujetas,


abre el paraguas rojo que siempre trae consigo


para decirme que estúpidamente he perdido el tiempo


imaginando situaciones justas;


suda, le huelen los establos, el sol, la muchedumbre,


se va, sube de prisa;


me llaman por teléfono.




ESPERANDO A MI HERMANO




Esperando a mi hermano


veo el reloj,


me asomo hacia la calle


y tenso el músculo del alma.




El día se acoda sobre un inflado viento de tizones


y hay por toda la casa


un delicado aroma de visita.




Mi hermano es un hombre de huaraches


y camisa con manchas de trabajo.


Le voy a preguntar por nuestro pueblo


y él dirá con tristeza que todavía no llueve,


o que ya se murió don Juan el músico,


o que la viuda Elena anda penando.




La ciudad a estas horas


se refugia debajo de sus lozas de concreto,


entre ventiladores y cervezas.


Apesta a alcantarilla y combustible,


le encaja el sol su lanza a media nuca.




Mi hermano es enjuto de facciones


pero tiene la mirada de un ave solitaria.


Le ofreceré una silla junto a mí


para escuchar su plática de pobre;


me pedirá un cigarro y un refresco.


Pasaremos un largo rato juntos


como cuando de niños en el cerro


sembrábamos maíz,


hasta que el polvo de la tarde caiga,


nos irrite los ojos y nos haga llorar.

martes, 12 de abril de 2011

Ania Varez / Venezuela





Ania Varez (Caracas, 1991). Se dedica a la danza y a las artes plásticas. Actualmente cursa el cuarto semestre de la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad Central de Venezuela. Forma parte del taller de poesía El Ojo Errante, dictado por Edda Armas. Autora inédita.



No puedo nombrarte. Déjame creer que fuiste tú quien me abandonó en este cuerpo. Que mi furia seguirá atada a tu sombra, que reirás mis pasos y bastará tu gesto para detenerme. Tú, que me has hecho venir desde tan lejos, me dices márchate al primer beso, porque sólo es belleza lo que jamás tendremos. Tú, que estarás mirándome aunque no vista el tórax adecuado, mirándome cada vez que regrese a mis cuatro dedos torpes y te dibuje un rostro. Dime que ayer me esperabas con cuchillos ocultos tras tu espalda y decidiste darme otra tarde, como la promesa de una sed que por fin sacie al mar y a su vigilia. Dime que es para ti este poema que habito, este cansancio que, sin embargo, creó una brisa.




Aunque el gancho del carnicero


sigue halándome de la nuca,


ya no lo siento.



Es la culpa de subsistir colgada



lo que me fuerza a bailar de puntillas.




Plié


¡Al menos te recuerda


que sigues siendo carne!



Más abajo


con las piernas abiertas


la fortaleza se talla


en bambú


...

Ya lo sabías.


Te esperaba con la alergia y el sueño ocultos


en el sostén.



Cuando finalmente me mires, dejaré escurrir a propósito lo flácido


de mis nalgas y lo impreciso de mis costillas,


como en un burdel barato.



Sonriendo, halaré mis pliegues, mi mirada


amarilla zanjará tu entereza.



Nunca acertaré a tocarte, pero sé persuadir a los cuerpos


que quiero.



Suelo extender mis dedos de alambre a su paso, así


dejar sus ropas prendadas en la fuga.



Entonces les ruego que canten desnudos para mí,


que canten aunque me haya ido,


porque el eco de los tacones no cesa de arrastrarme.



La ira no te servirá de nada.



Antes de oír el disparo, muerdo.



Pero aquí tienes


aquí mi ternura de párpados gastados


aquí mi inapetencia mi urgente discernir


aquí los años que me sobran


aquí mi deseo


aquí el muslo que me queda.



Soy tu ficción


pese a que no dilucido


mi cuerpo en ti desconozco mi origen o qué murmuro


ni el momento en que te sorprendo no sé.



Pero allí me tallas allí


donde soy greña de otra lengua


me ofrendas a las máscaras


y mi voz lavada golpea el estómago de la quimera


que lleva mi nombre


y mis cejas.



Te pertenezco cuando mi mano alcanza la taza y


la grieta, y el tacto sabe de los siglos que lo esperaron


de los siglos que esperará.



Porque vacías los rostros de esta vida


vida que llevo al médico que objeto


que uno en santo matrimonio


vida de trazos


no más que resonancias de tu gesto.



Poema


aunque sea yo la mentira


caminaré desde ti


con las manos blancas.



De nuevo


seré creada en tu adentro.

sábado, 9 de abril de 2011

Soraya Prada Martínez / Venezuela


Soraya Prada Martínez, nació en Valera, estado Trujillo, el 23 de diciembre de 1961. Es Ingeniero Civil, graduada en la U.C.V. Astróloga. Desde el 2010 forma parte del Taller de Poesía del escritor ensayista y poeta, Armando Rojas Guardia.


De lo irreconocible


desconozco la voz

que te libera

donde se afila el azar

y las palabras aletean


dupla de imágenes se entrecruzan

socavan lo fatuo

tras una sombra extinta

el verso respira


Conjuro


la noche estival rompió

lloviendo estrellas

eclipsadas

por las luces de Caracas

la luna llena retozaba en su espalda


bailé iluminada por las chispas

en un jardín de jades

con olores a musgo

al compás de los grillos

y las aguas temblorosas

de una fuente

vuelta y me sacudí

inclinándome

alcé los brazos

la cabeza hacia atrás

su mirada lunar se posó sobre la mía

un conjuro dirigió hacia mí


desde entonces

en noches como ésta

danza mi cuerpo

por las calles de la ciudad

al ritmo del bullicio

de las bocinas de los autos

entre girasoles de humo

el neón de los avisos

y de bailarines noctámbulos


vuelta vuelta

alzo mis brazos

y la que danza es Ella


Sin cánones


Alejada de las reglas

deshojo prejuicios

interpongo paraguas a los destellos


andariega

develo vivencias

quito telarañas a imágenes centenarias


despiertan razones

cuyos párpados

ya no puedo cerrar


Sincronía

su mirada colgada

en un trapecio

hizo piruetas

para atraerme


mi cara temblorosa

se sujetó de una sonrisa

disolviendo mi palidez


palabras

no hicieron falta

mis ojos arcanos

le mostraron

un as de copas


Evasión


pasos cómplices en la arena

bajo una luna famélica


silbidos aflautados

se escucharon por el muelle

en la orilla

el titubeo del agua

danzaba en ondas

era una noche prófuga


andante seguí el rastro

girasoles de fuego centellearon


mi mirada revoloteó

posándose en la excitación

de unas plumas castañas

el asustadizo alcaraván

se escabulló


el amanecer se sintió herido

sin su canto


En el filo de mis venas


no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,

verdad de dos en sólo un cuerpo y alma

OCTAVIO PAZ


me aproximo

elijo el paso oblicuo de la dama


deslizo los dedos sedientos

por el rocío de su arrebato

mis labios peones le obedecen

abrazada como hebra retorcida

lo sigo


torre en erupción

llovizna lunar


el enroque con su mirada

me da la certeza


tendidos en el sosiego

la jugada

me redime

jueves, 7 de abril de 2011

Mairym Cruz-Bernal / Puerto Rico


Mairym Cruz-Bernal, Poeta, ensayista puertorriqueña (1963). Nació en Mayagüez, una ciudad al oeste de la isla de Puerto Rico. Presidenta del PEN-Puerto Rico. Dirigió desde el 1993 al 1999 el Grupo Puertas: Movimiento artístico-literario de fin de siglo. Presidió el V Encuentro Internacional de Escritoras en Puerto Rico, evento realizado en abril de 2003 donde más de 300 escritoras firmaron un manifiesto por la paz, el 3 de mayo de 2003, cuando la marina de guerra de los Estados Unidos salió de la isla de Vieques. Estudió un B.A. en Psicología en Loyola University, New Orleáns (1983), y una Maestría en Escritura Creativa, Vermont College, Norwich University (1994). Sus poemas han sido traducidos al macedonio, árabe, croata, eslovenio, italiano, portugués, inglés, alemán, francés y polaco. Mairym Cruz-Bernal vive en San Juan, Puerto Rico, es Asesora de los Encuentros Internacionales de Escritoras, movimiento itinerante por los países hispano parlantes. Es miembro honorario del Círculo de Escritores de Venezuela, y alianzas de amistad con la Union de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Sociedad de Escritores de Chile (SECH).

Publicaciones: -Ejército de rosas, Antología de poetas puertorriqueñas vivas, Compiladora Mairym Cruz-Bernal, Boreales Editores, San Juan, Puerto Rico, 2011-Ese lugar bajo mi lámpara, edición enumerada y firmada por la autora, San Juan, 2010 -Canción de una mujer cualquiera, Diosa Blanca, Caracas, 2008; edición virtual Letra & Pixel, 2009.-Ensayo sobre las cosas simples, Común Presencia, Col. Los Conjurados, Bogotá, 2006 -Alas de Islas, Oveja Negra, Bogotá, 2003-Querida amiga, querido amigo, co-autora con el cantante Danny Rivera, Isla Negra Editores, San Juan, 1999. -Encajes negros, Casa del Poeta Peruano, Lima, 1999. -Ojo de loba, plaquette, Casa del Poeta Peruano, Lima, 1998.-Soy dos mujeres en silencio que te miran, Torremozas, Madrid, 1998. -Cuando él es adiós, La Editorial Universidad de Puerto Rico, San Juan, 1997. -On Her Face the Light of La Luna, Provincetown Arts Press, Provincetown, 1997. -Ballad of The Blood/Balada de la sangre, Editora y Traductora al inglés de la poesía de la cubana María Elena Cruz Varela, Ecco Press-HarperCollins, Nueva York, 1995. - Poemas para no morir, Mairena, San Juan, 1995.


Bendita sea mi lámpara


Bendita sea mi lámpara

ella no me humilla como los rayos del sol.

Gabriela Mistral


Apaga la luz para encenderme

ensayar con la palabra o la flor

gritar un verso como si fuera parir

pero primero quiero ser polvo, rocío

algo pequeño pequeñito

que no exista

cosa que vuele o agua que el sol

en su empeño de amanecer tanto

no pueda evaporar

ser un beso de agua en el mar

la silueta de un río

una lluvia cortada en llanto sin gemido

bañarme en mí siendo minúscula

apenas vista menos amada

ser nada en el empeño errante de ser más

ser viento

ese es el milagro

no tener alma

agua, viento, ser una copa de luz

que nada diga

trenza hermosa que amarra mi cuello

y ahoga el grito

qué locura me impide ser la asesina de mí misma


Estatuas


Ante tantas estatuas quién iba a notar que yo respiraba


Cielopájaro


...me duele una mujer en todo el cuerpo

Borges


El sol hace su nido azul en el cielo

tanta belleza duele

las nubes se acumulan

mitad cielo de espuma

mitad pájaro

no termina el sol de descender

Cielopájaro se duele conmigo

parece extrañamente quieto

como si el mismísimo universo gritara que te espera

mi corazón se ha detenido

mis manos no parecen pegadas a mi cuerpo

me tocan obscenamente

todo cielo es oro fulminante

oro oro como una oración que implora

juro que lo estoy viendo

oro azul

espuma que traga

gran boca que se abre al horizonte

desciende el sol

asciendo a los infiernos

el fuego no puede quemar todo lo que de fuego tengo

escucha tras el huevo este gran grito

rojo ahora está rojo el firmamento

la laguna adquiere sus tonos violentos

estoy más sola con la belleza de la Tierra

el sol ensangrentado

su caída se lleva mi penúltimo suspiro

cuántas caídas más podré vivir

el rojo disuelve mi visión de aguas

lo traga el mar el mar

todo lo traga

menos tu nombre tu nombre

es mi camino

comienza la oscuridad

aquello ha descendido

hemos muerto otra vez

para qué quiero mi manos

me duele un hombre en todo el cuerpo


martes, 5 de abril de 2011

Ricardo Ramírez / Venezuela


Ricardo Enrique Ramírez Requena (Ciudad Bolívar 1976). Es Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela (2008) institución en la que finaliza actualmente el último semestre de la Maestría en Literatura Comparada. Se desarrolló como Librero principal de El Buscón Librería de Ocasión desde Mayo 2004 a agosto 2008. Se ha desempeñado como profesor de Lenguaje en la Universidad Simón Bolívar. Ha participado como colaborador con reseñas, narraciones y crónicas en los blogs: elapendicedepablo.blogspot.com y ficcionminima.blogspot.com, y en los portales de Relectura.org y Ficciónbreve.org, y en revistas en Venezuela y México. Actualmente se desempeña como profesor de Literaturas Occidentales en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y de Literatura en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Monte Ávila.


Cuerpo de mujer

1


Cuando el cuerpo habla, las palabras que lo nombren se deben ante él. Debe darnos aquello que enuncia en sus olores, el sabor del lugar del que procede. Cada cuerpo habla a otros como a sí mismo: despierta rechazos y acercamientos, dudas y certezas, epifanía y desconcierto. Así la palabra con el cuerpo: le habla desde su doblez y su carencia, su dulzura y sus aciertos. Cada palabra se levanta, se lava, suda, se perfuma desde el espejo del otro. Lleva un ritmo dictado por el cuerpo, que se abre sincero.


2


Me miras cuando ya no miro. Llevas tus talentos de hembra: calculas, haces pronósticos, observas mis hábitos, me juzgas, reconoces lo que te agrada. Imaginas cuanto costaría hacerme a tu cuerpo. Uno voltea y te sabe observando, con ese calidoscopio que es tu mirada de mujer. Uno habla y volteas tu ahora, oteando ese punto infinito que ustedes miran cuando decantan lo que decimos, la cara de bolsa con que uno se suelta. Incluso observas a quien me mira, ves la expresión de ella, ves de arriba abajo si podría ser o no tu competencia. Llevas una balanza en donde me pesas. Revisas tus bolsillos, tus monedas. Como ves, uno también se sabe presa.


4


Mejor no hacer nada. El demonio está aquí pero duerme. Los labios no están prestos y se secan. Mejor recojo tu humedad, acerco el fuego y respiro sus vapores arcada tras arcada. Mejor no hacer nada, solo eso. Los labios se prestan solos y humedecen. El demonio duerme siempre tibio. Vivo animal en su reposo.


5


Los labios resguardan a la mueca o a la risa, el aliento tibio y la longitud incalculable y húmeda de su lengua. Por los labios los hombres juzgamos cosas: su delgadez, la paridad entre el superior y el inferior, la tersura, el grosor. Los sabios significan una boca grande o pequeña, una sonrisa franca y abierta o pequeña e íntima. Son los labios analogía y metáfora de su propio cuerpo, de su color, su fragilidad. Ambos son reflejo de los otros, ambos se empapan o se secan deacuerdo al movimiento correcto. Se abren, muestran el oscuro fin en donde hacer casa y entonan serenos la más perfecta de las palabras: aquella que a veces, llenos de torpeza, no logramos escuchar, ni siquiera en los estertores del orgasmo.


6


La espera siendo fortaleza, columna que sostiene el abrazo del aire alrededor de los dedos, asidos a unas manos que no encuentro sino en sueños. La llegada tan débil, catarata que se riega por el cuerpo, afuera como adentro, y todo lo dispersa. ¿Hay mayor fragilidad que derramarse?, ¿hay mayor fortaleza que esperar que te derrames? Hazte a la tierra, cócela. Sostenla con tibiera, fórmala. Vendré con mis palabras desde el suelo. Has de este piso en que me esperas un ánfora de tiempo.


7


Las manos de ellas enseñan a tocar. Como ciegas, recorren tu rostro palmo a palmo, secreteándolo. Tocan los ojos, la frente, la nariz, los cañones de la barba, los labios, el mentón. Te apartan y te jalan hacia ella. Son rosadas como salmón o bronceadas. Manos de fregar o de reina, amarillas de nicotina o de mármol, largas de pianista, de palma grande o dedos pequeños, de dedos como estiletes que escriben con sangre en tu espalda. Con unas cortas o no, toman tu mano y la aprietan, la levantan, la acercan, la arrojan de su cuerpo. Con ambas cruzan tu cara con violencia o con calma. Con ellas amasan o firmas cheques de compañía, cambian pañales, hacen Yoga. Dirigen la ciudad con agitación o parsimonia, pintan el aire alrededor. Ellas buscan ser llevadas pero en verdad llevan. En una mano una flor y en la otra una navaja.


8


Uno mira desde lejos un cuerpo y se acerca. El camino desde el lugar en donde estás hasta ese cuerpo se paladea, se respira en sus olores traídos por la brisa. Uno mira desde cerca un cuerpo y se detiene a escucharlo. La boca se ha hecho agua. Sólo hay hambre en esas manos. Pronto viene el devorar.


10


Te desgranas fantasma, ahora, en la mañana. Intento descifrarte y no me dejas ya. Más que un sabio, un enfermo soy de tu olor. Es un círculo en donde lanzo la atarraya en cada calle y espero Del averno a tu olor, y de tu olor al averno.



Última vela


Las mujeres van cayéndose a pedazos, empiezan por los senos que las manos no contienen ya; no levantan más el rabo: sus labios se secan, su piel se seca y endurece en las axilas poblándose de lechos olvidados.


Ante las velas, cada una pide un viejo con quien morirse, que no las toque cuando duerman, que no reproche los vellos en sus cuerpos ni su lectura de sor Juana


Los hombres en cambio nos desplomamos de inmediato, no damos espacio a que el tiempo labore y surque sus espacios. Todo de golpe cae y se hace polvo mientras limpiamos el revólver y colocamos las balas.


Cada tanto tiempo, ella baja a los infiernos a cenar con sus demonios. Desaparece su mirada, su presencia de los días. Anida en sus carbones, los consulta y alimenta con su olvido.


Cuando vuelva, buscará que le espantes el azufre que la envuelve, solo eso. Tus palabras no curarán nada. Aunque la beses, no habrá lluvia entre sus piernas. En tus ojos buscará los parques, los campos de batalla, las lunas que pasan y que vuelven, a el que abandona los hijos, las manadas de perros por las calles, las barbas y la calvicie, los grandes templos, el sol en estos parajes de ferias y de ron, el ardor, la sangre.


Buscará en tus ojos un bastón y tu aroma de sudor viejo, un beso en la frente en las mañanas.


Ahora sabes.


Los hombres, a veces, también aprendemos.