miércoles, 4 de noviembre de 2026

Laura Nieves (Ecuador) / Poemas

 


Es tan cierto el hecho de que vivimos dentro del aire como que estamos rodeados por el mundo etéreo de los muertos.

                                                                                                                       — Rudolf Steiner

Vivimos rodeados de muertos
Un mismo aire nos circunda
nos envuelve
un muerto recién desprendido
de su cuerpo
camina cerca de nosotros
un muerto que se aferra a los recuerdos
a los objetos
y a las personas que quería

Hay un muerto oculto
detrás de cada castillo
o casa antigua
un fantasma que no quiere
desprenderse de su infierno
de su antiguo mundo de materia
de sus reinos de deseos

Un muerto nos observa
lee nuestras mentes
y reproduce sus ideas
sus pensamientos

A veces se asoma a nuestra ventana
como un pájaro de buen o mal augurio
o una gran polilla acurrucada
en una esquina del tumbado de la casa
 
Es un muerto que respira
de la misma chispa divina que nosotros
un alma que aún
no se ha ido de este mundo
un muerto que recuerda
y nos envía una señal
nos muestra que fuimos
y seremos un día como ellos

Vivimos rodeados de muertos
que viven en el aire como nubes
como vapor de vida terrestre
que se desvanece

Algunos con tristeza
ven a sus parientes que los lloran,
y no quieren despedirse
recorren los lugares que habitaron
A veces se nos aparecen en recuerdos
que no nos abandonan
o en nuestros sueños más vividos
son muertos muy cercanos
que deben aceptar
que una nueva vida les espera
que deben elevarse
continuar con su proceso evolutivo
pasar a la siguiente esfera
Comprender que regresan a su esencia
al cosmos de donde
en otro tiempo se desprendieron

Los muertos viven entre nosotros
solo que no nos hemos dado cuenta.

 

Como la Sulamita
del Cantar de los Cantares
llamaba a Salomón
te llamo

Ven conmigo a la montaña
Caminemos por esas antiguas piedras
que honraron nuestros ancestros
por aquellas fuentes de aguas mágicas
lugares de energía sagrada
emanada del cosmos y la tierra

Deja tu palacio
tu reino de oro pasajero
Escucha mi llamado
no hagas esperar el amor.

 

Amanecer contigo
La luz del amanecer
atraviesa el vidrio de la ventana
Abro los ojos
y veo tu rostro brillante
tumbado sobre la almohada
Junto a mí
yace tu cuerpo caliente
lleno de vida
con sus chakras
y mandalas palpitantes

Una inmensa alegría
me inunda
me atraviesa
Amanecer contigo
es más hermoso
de lo que pude imaginar

Sentir cómo nuestros pensamientos
se entrelazan mientras dormimos
Percibir tu cansancio
tu alegría
a veces tu dolor
tu luz
es más hermoso
de lo que pude imaginar.

 

Huyamos a Hiperbórea
Que un carro dorado
tirado por cisnes celestiales
nos lleve como Apolo
a la ciudad
donde nunca envejezcamos

Allá donde no pensemos
en la muerte
donde la enfermedad
ni la vejez
nunca nos toque

 

Huyamos a Hiperbórea
a ese maravilloso lugar
donde el sol nunca declina
donde cuentan las leyendas
que habitaron felices
los inmortales hijos del sol

Huyamos a Hiperbórea
amor mío
Vivamos felices para siempre.

 

Por aquella arena húmeda
que embadurnaba tus pies
aquel día de verano
Heme aquí

Por tu boca rosada
tu pelo de oro
por tu gracia
y tus grandes ojos azules
que como dos astros
me observaban
en aquella playa semioscura

Por todos los recuerdos
que me inundan
heme aquí
con el corazón palpitante
con las venas hinchadas de sangre
donde viajan
mis vidas anteriores
mis lazos kármicos
heme aquí

Mi copa está rebosando
nado dentro de ella
tumbada boca arriba
observando las estrellas.

 

Plenilunio
En una colina de Männedorf
observé la luna en plenilunio
Era grande
misteriosa

Recordé algunas leyendas de mi infancia
pensé en las películas de hombres lobo
que pasaban por la televisión los sábados por la noche
y en una inocente historia
que mi prima había escuchado en su escuela

Un pobre leñador había pedido a la luna llena
que se lo llevará
pues se sentía cansado de su arduo trabajo

Al escuchar la luna su deseo
se lo tragó
con su leña y su hacha
así se lo había contado
un muchacho de la escuela

Y que debido a eso
la luna tenía esas misteriosas manchas
que era la sombra de aquel hombre
con sus leñas

Me alegraba recordar aquella inocente historia
que nos causaba sorpresa y miedo

También recordé algunos mitos hindúes
sobre los espíritus de los antepasados

Los bondadosos Pitris
que habitan en la luna

Pensé en mis difuntos
en que deberían estar ahí
esperando oraciones
y ofrendas

Recordé que no entregué
ninguna a mi bisabuela
solo un par de rosas ajadas
hace mucho tiempo
cuando visité su tumba con mis tías

Mi bisabuela
que crió 5 hijos
y 2 nietos
Y después 2 bisnietos
mi hermano y yo
hasta que una muerte violenta
la arrancó de la tierra.

Mi querida bisabuela
por aquel tiempo no sabía
que quizás tu alma viviría
otra vida en la luna
esperando una ofrenda
de tu descendencia

Perdóname por esas flores ajadas
y por mi silencio
en ese tiempo no conocía
sobre los mitos de la luna
y su vínculo con los muertos

Solo pensaba en aquella leyenda
sobre el pobre leñador
y en las grandes manchas de luna

Hoy veo todo diferente
querida bisabuela
hoy te ofrezco este poema
no tiene los colores vibrantes de las flores
ni el sabor dulce de la miel
que algunos hindúes ofrecieron a sus muertos
no es una ofrenda de arroz
pero es parte de la palabra que me habita
de mi corazón que te quiso sin entender
que existía un vínculo invisible
que nos unía en este misterioso universo.

 

Dios palpita en cada estrella luminosa
En la tierra y en el alma de la roca
En las plantas y sus yoes
que nacen del centro de la tierra
En el ritmo constante de un corazón
rebosando de juventud
y también en la vejez

En el alma grupal de los animales
En el mismo animal que nos acompaña
y acaricia con sus lomos nuestras piernas
En la sal del mar que se deshace en el agua
y roza nuestra piel
Dios habita en el alma de los vivos
y en los espíritus de los muertos
Su cordón umbilical se tiende desde el cielo
Nos habita

Los seres de las jerarquías celestiales
Están también habitados por él
Dios no tiene prejuicio
sale a pasear en nuestros ojos
Es decir en sus propios ojos

Dios habita dentro de nosotros
Muy adentro
en el alma aprisionada por el cuerpo
que debe cumplir su karma
su travesía
Dios habita en el despertar de la conciencia
en cada evolución
cuando las almas vuelven a su origen
a la luz primordial del océano divino.


Laura Nieves (Ecuador). Máster en Formación e Investigación Literaria en el Contexto Europeo. Es autora de los poemarios Animales de luz (2018), El macho de los 4 vientos (2019) y El olor de la canela (2022). Actualmente trabaja en la edición de su cuarto poemario y en un ensayo sobre simbología. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y ha participado en diversos encuentros literarios. Reside en Suiza, donde dirige los proyectos Poetas en Suiza y el Ciclo Literario AKASHA. Recibió una mención de honor en el IV Premio Nacional de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño, organizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana y El Quirófano Ediciones.

Instagram:

@lauranieves_
@cicloliterarioakasha


viernes, 2 de octubre de 2026

Ripio, de Jason Maldonado Skrainka / Nota editorial


Ripio, de Jason Maldonado Skrainka / Nota editorial

 

Con Ripio, Jason Maldonado Skrainka incorpora a la poesía venezolana escrita en Chile una mirada particular sobre la experiencia de migrar, como un proceso que continúa transformando a quien lo vive. El libro sigue a un hablante que ha debido aprender nuevas maneras de relacionarse con el lugar que habita. El paisaje del sur de Chile, el trabajo cotidiano, los vínculos familiares, los recuerdos de Venezuela y las modificaciones que experimenta la lengua aparecen como parte de ese tránsito. La experiencia migratoria se expresa, entonces, en situaciones concretas y en pequeños desplazamientos de la vida diaria.

Hay también una tensión entre la identidad que se trae y la que comienza a construirse en el nuevo contexto. Las diferencias del habla, los nombres de los alimentos, los lugares y las formas de nombrar lo cotidiano adquieren un peso particular. En ese cruce entre dos países, la lengua deja de ser un elemento transparente, revela aquello que permanece y aquello que ha cambiado.

La poesía de Jason no busca ofrecer respuestas definitivas sobre la pertenencia. Más bien registra las preguntas que surgen cuando una vida debe reorganizarse lejos de su lugar de origen. El poeta aparece atravesado por trabajos, pérdidas, afectos y contradicciones, pero también por la necesidad de seguir escribiendo.

Desde el comienzo, el libro instala el cuerpo como espacio de esa experiencia. El primer poema afirma:

 

“Ahora sé que el frío duele

que puede ser

el guerrero más desangelado

de estos campos”.

 

El frío, en estos versos, no es solamente una condición del paisaje. Es una experiencia física que permite hablar de una distancia más profunda. Y hacia el final del poema aparece una expresión que resume buena parte de la condición del hablante: “estos versos / de expatriado”.

Ripio se mueve precisamente en ese territorio: entre lo que se ha dejado y aquello que todavía no termina de convertirse en propio; entre la memoria y la vida presente; entre la palabra que se conserva y las palabras nuevas que es necesario aprender.

Jason Maldonado Skrainka escribe desde Pucón y desde una experiencia migratoria que encuentra en la poesía una forma de mirar aquello que cambia cuando se cambia de país. Su libro no pretende cerrar esa experiencia en una definición: la recorre, la interroga y la convierte en materia poética.

Ripio es, finalmente, un libro sobre el desplazamiento, pero también sobre lo que ocurre después de llegar.

 

La Parada Poética Ediciones




 


jueves, 11 de junio de 2026

José Ramón Ripoll / La mano de mi madre

 

La mano de mi madre

Temblor y nieve entre mi infancia. La mano que me piensa tropieza y se disloca por el alud del tiempo. En el blanco infinito de mis cerrados párpados cruza un pájaro negro y también tiembla. La mano se estremece como el pájaro negro y vuela por su cuenta ya sin mí.

*

Vuela la mano de mi madre, vuela conmigo o tal vez por mí. Me agazapo bajo su palma y dejo que mi destino también vuele con ella, disemine en el aire sus estambres para no ser jamás el que creí haber sido. Pienso mi cuerpo ahora y es su mano moviéndome, su mano que dibuja mi contorno y mi nombre.

*

Bajo la sombra de su mano la mía crece, se estira hasta doler. La punta de mis dedos no llegan a los suyos, no rozan ni sus límites. Se obstinan en cruzar la línea del eclipse para encontrar más luz, otra mano quizás que los proteja y haga sentir más libre. La mano de mi madre es nube y vuelve.

*

Tiembla todo mi cuerpo y no hace frío. Como un calambre súbito veo la muerte acercándose y aún no sé su palabra. Tan sólo gimo ante su sacudida sin siquiera nombrarla y busco la mano de mi madre en la certeza de que en ese momento ya mi cuerpo dejará de ser mío y la muerte se irá.

*

La muerte es nube y vuelve como la mano de mi madre. Retorna cada vez que mi cuerpo intenta ir. ¿Caminar hacia dónde? ¿Hacia el susurro de la luz que musita detrás de las persianas? La muerte impone su penumbra y me abandono al miedo. Miedo de ser en la tiniebla y no palpar mi cuerpo, no encontrar en lo oscuro la mano de mi madre, que como muerte es nube.

*

Veo su sombra. La siento como un oscuro pálpito, como la vibración de una llamada antigua que no quiero escuchar e insiste noche a noche. Es una voz ennegrecida por la materia de su origen. ¿Me nombró antes de ser? ¿Configuró en la nada mi palabra como un espasmo interminable? Su sombra viene hasta la cama y se desliza por las sábanas. Mi cuerpo tiembla al esperarla. Mi cuerpo es también sombra.

*

Mano que aprieta entre su puño el barro inerte de mi cuerpo. Estatuilla que crece mutilada antes de ser soñada y tener forma. Semejanza e imagen del dolor. Miedo a representar nada que sobresalga del contorno de esa mano que aprieta tiernamente, acaricia y ahoga.

*

Me agazapo en mí mismo mientras me llega el sueño. Cuento una a una las semillas que dan forma a mi cuerpo como si fuera una granada. Cada una contiene todo lo que no sé ni sabré nunca. Cada una custodia bajo su pulpa roja mi figura, mis gestos, mi torpe movimiento apretado como una vida entre sus lóbulos. ¿Cuento los granos de una fruta prohibida o quizás son los dedos de una mano que permanece aún sobre mi frente cuando mi madre ya no está y es fría?


José Ramón Ripoll (nacido en Cádiz el 10 de agosto de 1952) es un destacado poeta, escritor, periodista y musicólogo español, cuya obra se caracteriza por un profundo vínculo entre la creación literaria y la sensibilidad sonora. A lo largo de su trayectoria ha combinado la labor poética con la crítica musical, la dirección de publicaciones culturales como RevistAtlántica de poesía (fundada en 1991) y su trabajo en medios públicos como Radio Nacional de España.

sábado, 11 de abril de 2026

Piedad Bonnett / Poemas

 

TU BOCA VIENE A MÍ, SOLO TU BOCA…

Tu boca viene a mí, solo tu boca.

Viene volando,

libélula de sangre, llamarada

que enciende ésta mi noche de ceniza.

Toda la sal del mar habita en ella,

todo el rumor del mar,

toda la espuma.

Boca para los besos dibujada,

donde duerme tu lengua tentadora.

Todo el vino del mundo está en tu boca,

todo el pecado

y la inocencia toda.

Boca que calla y cuando dice, oculta.

Capaz de toda la verdad tu boca,

de toda la verdad y la mentira.

Ríe tu boca y se despierta el día.

(Relámpagos de nieve hay en tu risa).

Como un tropel de potros me atropellan

los besos de tu boca deliciosa;

tu boca, mariposa equivocada,

tu boca ajena que se desdibuja

en mi noche de círculo y ceniza.

 

LABERINTO

Condenada a ser sombra de tu sombra,

a soñar con tu nombre en cada madrugada.

Por la ventana abierta un olor errabundo

de vida, -¿y tú en qué calle?-

un temblor en la luz,

el llanto de algún niño.

Y tus ojos cerrados,

o tus ojos abiertos como dos golondrinas,

y tu mano en el agua o tu mano en tu pelo

o tu mano en el aire con su triste blandura,

-¿y en qué calle tus pasos?-

y yo en sueños atada al hilo de tus sueños,

condenada a ser sombra de tu sombra,

a soñar con tu nombre en cada madrugada.

 

DESOLACIÓN

Ese sonar de aldabas me levantó del sueño,

sobresaltó mi corazón dormido.

Cuánto ruido trajiste a esta casa:

Qué músicas extrañas,

qué silencios no oídos.

Todos los corredores se poblaron de ti

y olvidaron de golpe su soledad de siglos.

Un aroma de mar invadió las alcobas

y a un día tembloroso se abrieron sus postigos.

Ese sonar de aldabas sobresaltó mi noche,

rompió candados y rompió cerrojos.

No podía saber que cuando el aire

barriera el polvo en todos los rincones

y de olor a manzanas se llenara la huerta,

te marcharías sin sonar de aldabas,

dejando tus silencios

                                    y las puertas abiertas.

 

TIEMPOS DE PESADUMBRE

Pongo mi corazón sobre esta mesa,

transido, desatado, hondo de pena.

 

Qué tirante y azul el cielo con su ojo.

 

Pero este oscuro dardo en el costado,

el látigo chirriando

y la espuela que quema la mejilla.

Y este dolor aquí,

este dolor de todos,

su rostro contra el polvo y este llanto.

 

Pongo mi corazón sobre esta mesa,

impúdico, aterido, con sus clavos.

 

Un viento atolondrado

despeina en mi jardín el algarrobo.

 

Pero

y esta piedra en el pecho,

y este piso de erizos, y el mordisco rabioso,

y esta taza en pedazos que nos corta los dedos.

 

Mi corazón se obstina y el sol calienta afuera,

y tan sólo callamos con la mano en la frente.

 

CANCIÓN PARA MAÑANA

Hoy

que me he puesto mi vestido nuevo y me paseo

entre gentes ruidosas, atareadas,

y que el mundo parece seguir el plan trazado,

su comba en forma plena, con la máscara puesta,

hoy que Dios ha asomado puntual a mi ventana

y me ha dado solícito mis gafas y mi pluma,

puedo soñar mi muerte (usted tendrá la suya)

mientras miro la vida pasar por mi ventana.

 

Mi muerte con su sábana y su dolor de golpe,

mi muerte en plena calle con la sonrisa puesta

y el libro en el bolsillo,

pero tal vez espinas en los ojos y agujas en las uñas,

y la sonrisa colérica de la bella enfermera,

y el algodón de sangre y las tijeras,

y un pedazo de cielo en la ventana,

un cielo que tendré que aprender de memoria

para llevarlo conmigo a donde sea.

 

Mi muerte con su olor y sin tu mano.

Mi muerte con su astilla y sin tu cuello.

Mi muerte y su responso y su esperanza.

Mi muerte sin yo misma ¡Qué tristeza!

 

Hoy que todo va bien,

que todo el mundo apuesta, pone su firma, suma,

puedo soñar mi muerte,

esa mi sola muerte,

sola,

sola.

DE LOS MIL USOS POSIBLES DEL POEMA

Se ha convenido ya -todo el mundo así opina-

en que es enteramente inútil el poema.

Y sin embargo, hay momentos en que aun sin saberlo

el poema se llena de amor y es esa carta

de reconciliación que nunca escribiremos.

O es ese puente de ventana a ventana que pasamos

con el alma encogida, deseando el vacío.

manopla, salvavidas, aeroplano

que nos permite contemplar olímpicos

el trasegar sin fin de tantas gentes

tristes de haber nacido y tristes de ir muriendo.

(A veces, desde arriba nos miramos

pasar alucinados y sombríos).

El poema es también tirabuzón,

anzuelo que se tira en viejas aguas.

Máquina de hacer pompas de jabón,

es vendaje, es compresa, es sanguijuela

que extrae los venenos de la sangre.

Juguete de latón. Consolador de viudas.

Monstruo de mil cabezas, matita que sembramos

en medio del jardín, conjuro mágico,

bisturí, cuerda floja, cobertizo.

Estos apenas son algunos de los muchos,

los incontables usos del poema,

ese extraño artefacto que circula

en forma clandestina y peligrosa

en nuestros territorios.

 

Esté alerta.

 

NOCTURNO

Mi noche es como un valle reluciente de huesos.

La piel, arena, sílice. Los labios, agrietados.

Una cruz de ceniza sobre el vientre desnudo.

Heme aquí entre malezas, en medio de rastrojos,

muerta de cara al techo de la alcoba,

con la luna bailando en la pupila

y el corazón como una liebre herida

que persiste en vivir. Quizá algún día

un enjambre de abejas fabrique su colmena

cerca de mí. Quizá algún día

me despierte el zumbido de su vuelo

sobre mis ojos, sobre mi garganta

y reverbere el cuerpo, luminoso,

como un mar que cantando alza sus olas.

 

TU NOMBRE

Cuando el dolor ha triturado ya el último hueso de mi noche

y sólo habla el silencio al corazón insomne que hila

y deshila penas y memorias

viene tu nombre hasta mi cuarto a oscuras.

Con un galope seco viene tu nombre abriendo

un camino entre nieblas

instaurando sus voces sus redobles

sus erres que retumban como un grito de guerra

su bronco acento de campana rota.

Tu nombre es tantas cosas:

el recuerdo de un barco que viene de ultramar y sus tercos marinos

el fuego entre la piedra

gota roja

que va tiñendo la pared del alba.

En él puede escucharse la voz de los que creen

con mística implacable y fe colérica.

Pero es también dulzura tu nombre

muro blanco donde mi mano traza los signos del sosiego

lugar donde recuesto mi cabeza.

Entre tu nombre y tú sin embargo un silencio

una grieta nocturna donde anidan los pájaros.

 

ROSAS

Con el estiércol que arrojan a mi patio

abono yo mis rosas.

Aéreas en sus tallos, de la luz se alimentan

aunque lleven la muerte dormida en sus corolas,

y su belleza, inútil como toda la belleza,

sus espinas inocuas, hacen cerco

al corazón, guerrean

con la bestia que acecha en la tiniebla.

 

ENCUENTRO FORTUITO

Una vez fuiste un ángel,

mi más bello demonio.

 

Horas hubo en que ardí en tu luz

y horas

en que fui por tus llamas arrasada.

 

Después fue la memoria.

Por ella fui y volví como un buscador de oro

que se atreve al rastreo por terrenos minados.

 

El tiempo y yo limamos tus aristas.

Te hicimos un altar, te consagramos.

 

Pero la vida quiso que volvieras:

En pleno mediodía la calle te hizo humano,

 

sin alas y sin cuernos,

y tristemente helado.

 

ENTONCES, ASÍ ERES

Una foto. Una sencilla foto

llegada por azar hasta mis manos.

Allí estás, con tu frente tocada por la sombra,

y los ojos hundidos,

y ese gesto soberbio

que no alcanza a matar la incertidumbre.

La vieja imagen

se funde con la nueva, y se deshace

como una carta rota en un estanque.

La miro largamente, como pidiendo al tiempo que me cuente

lo que no sé. Y la leo

como un ciego reciente

que con sus dedos se aventura al braille.

Busco revelaciones. Quizá historias o claves.

Y repaso uno a uno tus rasgos, como el hijo

que ve cómo la muerte desdibuja

la cara de su padre.

 

Entonces, así eres.

 

Y en la foto tan vivo y en mi historia tan muerto.

Hasta tu suéter gris no me recuerda nada.

 

¿Por qué entonces te nublas de repente

y una lluvia menuda deslava tu cadáver?

 

Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquia, 18 de enero de 1951) es una destacada poeta, novelista, dramaturga, traductora y crítica literaria colombiana, galardonada con el prestigioso Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2024. Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de los Andes y magíster en Teoría del Arte y la Arquitectura por la Universidad Nacional de Colombia, ha ejercido como profesora y figura clave de las letras hispanoamericanas. Su obra transita con hondura por los territorios de la memoria, el amor, la cotidianidad y el duelo ante la pérdida.