miércoles, 1 de febrero de 2017

Marino / Cecilia Ortiz























MARINO

¡Sal de mi vida!
ya te quité el tatuaje
la mujer culebra
montada en un caballito de mar
no existe.

¿Quieres una marca Capitán?

Yo te hice un pespunte invisible
con tinta de oro
destila sangre
por minutos
de un momento a otro
tendrás el corazón estático
Y tu respiración será mi nombre



Cecilia Ortiz

viernes, 27 de enero de 2017

Reunión / Keila Vall de la Ville


























Reunión

A veces, por los senderos de la huerta,
algún ángel me seguía casi rozándome;
su sonrisa y su traje, cotidianos.

Marosa Di Giorgio



Tengo amigas que recitan poemas
tengo una mordida, me recuerdan.
Yo soy sola, es cierto,
pero ellas dicen cosas como
una más una somos la misma,
mi lucha por no perderme se escribe igual,
no te olvides
de ti
hablemos con un café.

Tengo amigas que dicen
de tanto ser mujer a veces quisiera ser hombre
para al menos tener razón.
Se me hermanan
al pronunciar palabras como cansancio
teta
sexo
puré.

Yo soy sola
me lo recuerdas
como si eso te diera fuerza cuando olvidas mi
nombre.

Recitan poemas,
hay una que me mira en silencio y asiente,
otra responde adiós, se me quema esto hablamos luego,
de tanto cocinar desempolvar postergar quisiera huir me dice,
pero tengo este amor
esta mordida.
Algunas nostalgian y aunque se fueron me dicen queda
quédate.
Una se desconoce,
está abrumada y lo aprovecha para no decir
ésta soy yo.
Se oculta tras la niebla del quehacer.

Estas amigas, a veces no saben cómo dividirse,
creen que pueden y sufren por no saber.
Como si un pie pudiese andar por su cuenta
mientras el corazón camina otra ruta.
No es posible.
Lo aprenden y me advierten que soy
unasolapieza
y que de cierta misteriosa manera,
somos ellas y yo
la misma.

Así que en mi andar de pie
están todas ellas.
Fueron y serán antes del tiempo.
Higos costura quimioterapia,
in vitro
divorcio abandono falsedad,
disfraz de ángel
hielo
lo viven y lo ganan aún perdiendo.

Yo soy sola pero menos
cada vez
si pronuncio palabras como ayúdame
consejo
estoy
per
di
da.
Auxilio.
Si digo no sé.

Así como me quedé con el amor
así como alguna vez huí de mí y he vuelto
me quedo ahora con ellas también. No las suelto.
Eso que somos se convierte en la cueva que me cobija
Estamos pintadas, pintamos en las rocas de esa cueva.

Podría seguir contando
como esta periferia se me acompaña,
pero un niño llora y me busca
para que haya vida hago falta,
así que
me
voy.

Keila Vall de la Ville


Nacida en Caracas, Venezuela. Autora de la novela Los días animales (OT Editores 2016), el poemario Viaje Legado (Bid&Co 2016) y el libro de cuentos Ana no duerme (Monte Ávila Editores Latinoamericana 2008), obra ampliada y reeditada por Sudaquia Editores con el título Ana no duerme y otros cuentos (2016).

miércoles, 25 de enero de 2017

Martin Niemöller

 
























Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando vinieron a buscar a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,


Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no dije nada,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no dije nada,
porque yo no era judío, 


Luego, ellos vinieron a buscarme
y no quedaba nadie para protestar.


  
Martin Niemöller 



 Poema original

Als die Nazis die Kommunisten holten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Kommunist.

Als sie die Sozialdemokraten einsperrten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Sozialdemokrat.

Als sie die Gewerkschafter holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Gewerkschafter.

Als sie die Juden holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Jude.

Als sie mich holten,
gab es keinen mehr, der protestieren konnte.


Martin Niemöller (Lippstadt, Renania del Norte-Westfalia, 14 de enero de 1892 – Wiesbaden,           Hesse, 6 de marzo de 1984) 
fue un pastor luterano alemán.

lunes, 23 de enero de 2017

Muchas maneras de matar / Bertold Brecht

 


















Muchas maneras de matar

Hay muchas maneras de matar.
Pueden meterte un cuchillo en el vientre.
Quitarte el pan.
No curarte de una enfermedad.
Meterte en una mala vivienda.
Empujarte hasta el suicidio.
Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo.
Llevarte a la guerra, etc...
Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado.


 
Bertold Brecht

viernes, 6 de enero de 2017

Simone Weil / La puerta

























 La Puerta

Ábrenos ya la puerta y veremos los vergeles,
Beberemos de sus aguas frías que aún conservan la huella de la luna.
El largo camino arde hostil a los extraños.
A ciegas erramos sin encontrar el lugar.

Agobiados por la sed, queremos ver las flores.
Esperando y sufriendo, henos por fin aquí delante de la puerta.
A golpes la abatiremos, si es preciso.
Golpeamos y empujamos, pero es demasiado firme.

Sólo nos queda languidecer, esperar y mirar en vano.
Contemplamos la puerta, cerrada, inconmovible.
Fijamos en ella nuestros ojos, llorando bajo el tormento;
Sin dejar de mirar la puerta, el peso del tiempo nos abruma.

La puerta está ante nosotros; ¿de qué nos sirve querer?
Mejor marcharse y abandonar toda esperanza.
No entraremos jamás. Cansados estamos de verla...
La puerta, al abrirse, dejó pasar tanto silencio...

Ni flores ni jardines suntuosos;
Tan sólo el espacio inmenso donde están el vacío y la luz,
Se hizo de súbito presente y colmó el corazón,
Lavando los ojos casi ciegos por el polvo.

Simone Weil 



Simone Weil (París, 3 de febrero de 1909 – Ashford, 24 de agosto de 1943) fue una filósofa francesa.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Elena Garro / En la memoria



 















En la memoria

En la memoria
hay rastros de serpientes
jeroglíficos trazados en jardines
palabras secretas en la arena
gue dejas de caminos que se encuentran
el porvenir escrito en signos
y en el centro del laberinto tu nombre.

En la memoria
hay ventanas abiertas al perfil de la luna
países minerales
ramas de pájaros
estrellas pegadas a los vidrios
ardientes soles
cayendo en la boca del infierno
oscuros visitantes
embozados en azufrosas capas
el círculo de una falda roja
y tus diez dedos inventando la tarde.

En la memoria
hay rejas y un brazo de mar
azul y solitario
abriéndolas, cerrándolas
en un ir y venir de espumas.
Un río que corre entre los muebles
árboles adentro de una biblioteca
unas palabras que navegan
sobre las mesas de un café
un puente abierto a los amantes
y un caracol acumulando cantos en la playa.

En la memoria
avanzas alta marea en llamas
y retrocedes sobre la arena quemada por tu paso.

Elena Garro


Nació en Puebla, en 1916, y murió en Ciudad de México, en 1998. Conocida principalmente como novelista, a fines de 2016 se
publicó su poesía completa, con el título “Cristales de tiempo”.

martes, 15 de noviembre de 2016

Adalber Salas Hernández / Del testigo

 

 

 

Del testigo

 

No sé cuáles eran sus nombres
al principio.
Se han vuelto borrosos
pasando de una boca a otra
como mercancía de contrabando.
Tampoco conozco sus edades
ni los rasgos que cosían
sus rostros.
Solamente sé
lo que todo el mundo ya sabe
que ellos no tenían
nada que ver que
miraron por error
lo que estaba ocurriendo
allí junto a ellos
y siempre siempre
hay que pagar las miradas que lanzamos.
Solamente recibimos esta ley.
A ellos los ataron
para que no se movieran.
Así pudieron escuchar bien
el ruido de sus propios huesos
al romperse
cuando los patearon.
Escuchar bien sí escuchar bien
hasta que nada más quedara la sordera
el cuerpo haciéndose denso
compacto
olvido.
Los dejaron ahí
y no sé
si sobrevivieron o no.
Sus nombres
irreconocibles
siguen testimoniando.
(Solamente testimonia
lo que se ha vuelto tan ilegible
para sí mismo
que empieza a pertenecer
a la boca de todos
al mundo hambriento y brutal
de los hechos).
Tomo esos nombres
y los pongo ahora bajo mi lengua
como una moneda vieja
y gastada
como un pequeño sol oxidado.


Adalber Salas Hernández

Adalber Salas Hernández. Caracas, Venezuela, 1987. Poeta, ensayista, traductor. Licenciado en Letras