martes, 4 de agosto de 2020

Fernando Paz Castillo / Selección de poemas de El Muro



IV


La vida es una constante
y hermosa destrucción: 
vivir es hacer daño.



VI

Acaso tras el muro,
tan alto al deseo como pequeño a la esperanza,
no exista más que lo ya visto en el camino
junto a la vida y la muerte,
la tregua y el dolor
y la sombra de Dios indiferente.


IX

Entonces el muro
parece allanarse entre el olvidado rencor
y la esperanza:
Es súbito camino, no límite de sombra y canto,
ante un nuevo Dios que nos aguarda
 -que nos aguarda siempre-
 y no conoceremos
 a pesar de que marcha en nuestras huellas;
que nos llega de lejos,
del lado de la luz,
y que vamos dejando en el camino,
 como algo, que no es tierra,
atado, sin embargo, a nuestros pies.


XI

Porque no hay muerte sino vida
del lado allá del canto, del lado allá del vuelo,
del lado allá del tiempo.







Fernando Paz Castillo (Caracas,Venezuela 1895-1981) 

Poeta venezolano vinculado a la llamada «generación de 1918», grupo poético cuya producción se ubicó entre el modernismo y la vanguardia y al que también pertenecieron autores como José Antonio Ramos Sucre, Andrés Eloy Blanco, Manuel Felipe Rugeles y Antonio Arraiz. Fernando Paz Castillo ingresó en 1910 en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Caracas. En 1912 fue miembro fundador del Círculo de Bellas Artes.

lunes, 3 de agosto de 2020

Micaela Paredes / Adiós Ítaca (Selección de poemas)



Del otro



Asirme cada día en el espejo al rostro

siempre extraño que me acecha.

Entre él y yo la eterna y sutil brecha:

es otro el que se muestra en el reflejo.

La edad misma del polvo su entrecejo;

fatiga original en mí deshecha,

hastío precedente a toda fecha,

mirada en que adivino un dolor viejo.

Entonces otro nombre me suplanta:

la voz de esa otra voz no diferencio;

habitan otras sombras en mi sombra,

otro decir anega mi garganta.

Palabras disfrazadas de silencio:

las cosas que me callo el otro nombra.


Pasión del colibrí



Y sin embargo, en medio de la amarga

mansedumbre del día que aguarda coronado

de rodillas el tránsito a la noche,

algo estalla en el aire —¿cuerpo o luz? —

flota y bate alas finas anhelando la sangre,

el bálsamo secreto de la espina.

Con la fija paciencia de los astros

se camufla en la frente del día

en la actitud de quien ama y espera

inconfesadamente el milagro.


 Dios deseado



Entre el mundo y mis manos, Dios, ocurres.

Solamente tu sombra, dios deseado.

Derramada tu luz sobre mi frente

siento arder como sangre. ¿Será acaso

cada instante vislumbre de tu carne?

 ¿O es tan grande el deseo de mis manos

 de palparte y llegar hasta tu fondo

—¿tuyo, mío? — que esbozo vagos trazos

y modelo fantasmas en tu nombre

y aún en mi penumbra a manotazos

pregunto qué sé yo por quién creyendo

que al fin cesa la duda y en ti escampo?

En mis manos ceniza, ¿tu vestigio?

Ya no sé si tu luz o si mi barro.

Sumergida la espera: eterno instante

 en que insiste tu nombre, dios deseado.







Micaela Paredes  (Santiago, Chile  1993)

Licenciada en Letras Hispánicas PUC. Publicó su primer libro de poemas, Nocturnal, en 2017, por Cerrojo Ediciones, Chile. Ha recibido reconocimiento en diversos concursos, entre ellos el primer lugar en el Concurso Literario UC, mención poesía, en 2014 y 2015, y una mención honrosa en el Premio Roberto Bolaño, categoría poesía, Ministerio de Cultura de Chile, 2014. Algunos de sus poemas se han publicado en revistas de creación en Chile, España, Venezuela y Perú. Este año comenzará sus estudios en el Máster de Escritura Creativa en NYU.



domingo, 2 de agosto de 2020

Adalber Salas Hernández / Selección de poemas de Anábasis







No sé qué es esto que te pronuncia en el azar de mis venas,

esto que descubre tu caligrafía marcando las paredes de mi respiración,

esto que me llama a hurgar bajo la blanca ceguera que te cubre.

Padre, no sé qué es esto que sorprende en mis manos las ruinas impares de tu sombra.  

...


Tu muerte,

esa tierra amarga que hallaste un día aferrada a tus pies,

eso callado que hace lentamente su rostro en el tuyo.
  
...



¿Y de qué vale ahora, dime, esa desnudez del pensamiento, el ademán que se cubre con la ceguera de sus techos, que labra su propio sepulcro,

contra eso que me deja su bautismo de sal en la frente,

y busca abrir su boca en la mía?

...



Tu lengua tallada por el hambre es la mía, Padre;

la misma donde se oculta mi nombre esperando ser nada más que aliento,

la misma que ya no sabe articular sonidos y retiene solamente este sabor a tiempo que se quema.






Adalber Salas Hernández  (Caracas, Venezuela 1987)

Poeta, ensayista y traductor. Con seis libros de poemas en su haber, ganó en 2015 el XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita con Salvoconducto. Es autor de Insomnios. Ensayos sobre poesía venezolana (2013). Ha traducido a Marguerite Duras, Antonin Artaud y Charles Wright. Junto a Alejandro Sebastiani ha publicado las antologías Poetas venezolanos contemporáneos. Tramas cruzadas, destinos comunes y Destinos portátiles. Poesía venezolana reciente.






sábado, 1 de agosto de 2020

Carlos Egaña / Los Palos Grandes








Hay quienes olvidan las durezas de la vida
-sus clichés, sus bloqueos, sus embargos-
y deciden asfixiar sus miedos con una soga
elusiva de seda.

Que lloren los cementerios olvidados
por los indultos del hombre moderno.


 ...

Perder un ojo o perder la magia,
el aura bastarda que implica la suerte,
ante la mirada
del revólver .

Tentar el disparo o esperar
que se concrete en la nada pisoteada.

El cuerpo es un mito cuando lo indica la duda.

Perder, tentar, soñar con un baño de sangre.

Y la bala
todavía no ha sido disparada.

...


Una bolsa negra abultada: el paraíso.

Desgarro su dermis con mis uñas
revuelvo sus frutos con vehemencia
aspiro su aroma cual orquídea solitaria.

Una manzana a medias, una franela desteñida:
Mis perlas.

Oígo chillidos de otros cazadores
escondo el tesoro y salto de cuadra en cuadra
huyo de las tortugas y los tanques.

Una bulla de aventureros ante una bolsa negra:

motivo para una masacre.




Carlos Egaña (Caracas, Venezuela 1995)

Carlos Egaña nació en Caracas en 1995. Estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Es autor del poemario Los Palos Grandes (dcir ediciones, 2017), publicado bajo la tutela de Edda Armas y Carlos Cruz-Diez, y ha escrito sobre arte, política y cultura pop en medios como Prodavinci, El Estímulo y El Universal.





viernes, 31 de julio de 2020

Blanca Strepponi / Selección de poemas de Crónicas budistas







Hago una reverencia para escuchar los sonidos
de la vida que me rodea


Dar unos pasos en la terraza y ver
casi sin ver
un gran pájaro que bate sus alas
y se va
seguirlo con la mirada
cómo se desplaza sin esfuerzo
en el aire claro
verlo cruzar la avenida
sobrevolar los edificios
contar las cuadras
una dos tres cuatro
hasta casi perderlo de vista
antes de que se detenga
en otra terraza vacía

y todo en un momento




Hago una reverencia para sentir la felicidad
y la paz de la mente a través del amor



Caminan los niños en cuatro patas
uno detrás de otro
hacen torpes piruetas
entre gritos y risas

así los patos
inocentes y graciosos sobre el agua



Hago una reverencia para sentir que todos
los seres vivientes y el universo están dentro de mí


A 10.000 Km de distancia

Es domingo de invierno en el hemisferio norte
Mi amigo acompaña a su gato enfermo
son sus últimos días
se va apagando
suavemente

Así nuestra vida






Blanca Strepponi (Buenos Aires, Argentina 1952)

Escritora y editora. Autora de varios libros, entre ellos la obra de teatro Birmanos (Monte Ávila Editores, 1991), el libro de relatos El médico chino (Monte Ávila Editores, 1999) y los libros de poemas Poemas visibles (Casa de la Cultura de Maracay, 1988), El jardín del verdugo (Pequeña Venecia, 1992), Las vacas (Editorial Pequeña Venecia, 1995), Diario de John Roberton (El Tucán de Virginia, 1996), Balada de la revelación (Ediplus, 2004) y Crónicas budistas (Dcir Ediciones, 2016).

jueves, 30 de julio de 2020

Carlos Iván Padilla / Selección de poemas de Canto de Chicharra










Agonicé en la arruinada mansión de recreo, olvidada
en un valle profundo.

En vaho de la humedad enturbiada el aire. La maleza
desmedrada los árboles de clásica prosapia.

Mis voces de dolor se prolongaban en el valle nocturno.
Un mal extraño desfiguraba mi organismo.


IV


No me confieso
esta mentira está hecha de vidrio
tarde
¿acaso no quedan palabras
para lo que has desatado sobre mí?

Mírate
mira en lo que te has convertido
la noche ha usurpado tu hogar
amanece en copos
dagas
te olvido tarde
te has quedado sola
y yo contigo
sin aliento
me quedo.

 Errancia


A la hora secreta
en la que te vea
deja migas
para no perderte.

Hay un embrujo en este andar
un orden que se cuela en las arrugas de la calle
un temple mortecino de mirada incauta
tallado a pie en los retos de su escape
todo
pertenece
a este
suelo
a la brisa que se adueña de su nombre
al tiempo en los pasos abandonan las entrañas
para ir y hacerse libres entre cábalas y aceras.

La herrumbre es el rastro más nefasto
prueba irrefutable de la extensa caminata
por el hoyo más profundo que se ha erguido bajo
el cielo
pináculo cobrizo que se hincha con augurios
derrotero inmaculado de una vida…




Carlos Iván Padilla (Caracas, Venezuela 1993)


Autor de Avatares (Monte Ávila Editores,2016, Premio de la XIII Edición del Concurso para Autores Inéditos 2015 en la mención Poesía). Premio del III Concurso de Poesía Joven "Rafael Cadenas" 2018, con su inédito Carmamara. 




miércoles, 29 de julio de 2020

María Clara Salas / Selección de poemas de Ritual de Bosques




Laudes

El canto es el dardo vertiginoso de amor.
Al amanecer,
las aves inician sus laudes,
una oración distinta a cualquier otra
llena los espacios.

Pequeñas piedras ruedan si desfallecimiento.

¿Cómo hacer para que la piel alise las huellas
de la noche?
¿Cómo ignorar el retablo de orlas doradas?

No voy a silenciar las cosas,
Tengo las imágenes de las máscaras
que sustituyen lo baldío.

Reflexión

Piensa en la reunión de las aves
sobre el cuerpo,
en los términos para localizar
lo acabado
sin caer en desprecios.

Los que rodean el altar
se ocupan de los himnos
para que no cese
la alabanza.
Mira:
la hora apremia,
enciende la antorcha
de la docilidad.

Reminiscencia

Volveremos a la belleza
absoluta.

Ni el canto del sepulcro
ni las ruinas reflejadas
ni los muchos crímenes consumados
pertubarán la placidez exacta
del instinto.



María Clara Salas (Caracas, Venezuela 1947)

Es docente universitaria. Ha publicado Dibujos de la sombra (Celarg, 1980), Linos (Fundarte, 1989), Un tiempo más bajo los árboles (Monte Ávila Editores, 1991), Introducción a la hermenéutica (Ediciones de la UNA, 1999), Cantábrico (Conac-Taller Editorial El Pez Soluble, 2003) y 1606 y otros poemas (Editorial Ex Libris, 2008). Textos suyos, además, aparecen en diversas antologías. Ha obtenido el Premio Bienal de Poesía “José Rafael Pocaterra” (1986), el Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Caracas (1991), el Premio Conac “Francisco Lazo Martí” de Poesía (1992), el Premio del Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional Abierta (UNA) al Material de Instrucción Escrito, Área de Humanidades (1992), y la Primera Mención de la Bienal “Mariano Picón Salas” de Poesía (2002), convocada por la Universidad de los Andes.