martes, 17 de noviembre de 2020

Hilda Hilst / (3 poemas)




“Da morte. Odes mínimas”

 

XIX


Si yo supiese

Tu nombre verdadero

Te tomaría

Húmeda, tenue

Y entonces descansarías.

Si susurraras

Tu nombre secreto

En mis caminos

Entre la vida y el sueño

Te prometo, muerte,

La vida de un poeta. La mía:

Palabras vivas, fuego, fuente.

Si me tocaras,

Amantísima, blanda

Como fui tocada por los hombres

En vez de Muerte

Te llamo Poesía

Fuego, Fuente, Palabra viva

Suerte.

 

 

XVI

               O que nós vemos das coisas são as coisas.

               (Fernando Pessoa)

 

Las cosas no existen.

Lo que existe es la idea

melancólica y suave

 

que hacemos de las cosas.

 

La mesa de escribir es hecha de amor

y de sumisión.

En tanto

nadie la ve

como yo la veo.

Para los hombres

es hecha de madera

y esta cubierta de tinta.

Para mí también

más la madera

protege su interior

pues su interior es humano.

 

Los libros son criaturas.

Cada página un año de vida,

cada lectura un poco de alegría

y esta alegría

es igual al consuelo de los hombres

cuando inquietos permanecemos

en respuesta a sus inquietudes.

 

Las cosas no existen.

La idea, sí.

 

La idea es infinita

igual que el sueño de los niños.

 

 

IV

 

¿Qué boca ha de roer el tiempo? ¿Qué rostro

Ha de llegar después del mío? ¿Cuántas veces

el tejido leve de mi soplo ha de posarse

sobre la blancura agitada de tu pecho?

 

¿Atravesáremos juntos las grandes espirales

la arteria extendida del silencio, el vacío

la planicie del tiempo?

 

Cuantas veces dirás: vida, estrella vespertina, magna-marina

y cuantas veces diré: eres mío. Y en las distendidas

tardes, de largas lunas, de madrugadas agónicas

sin poder tocarte. Cuantas veces, amor

 

Una nueva vertiente ha de nacer en ti

y cuantas han de morir en mí.


 

Hilda Hilst (São Paulo, Brasil 1930 - São Paulo 2004)

Poeta, narradora, dramaturga y cronista. Es autora de Presságio (1950), La obscena señora D (1982), Amavisse (1989), El cuaderno Rosa de Lory Lambi (1990), Fluxofloema (1970), Poemas malditos, gozosos e devotos (1984), Do desejo (1992), Cantares do sem nome e de partidas (1995) y Estar siendo. Haber sido (1997), entre muchos otros. Considerada por la crítica una de las escritoras en lengua portuguesa más importantes del siglo XX.

 

 

 

 

 

lunes, 16 de noviembre de 2020

Diana Carolina Daza Astudillo / (4 poemas)

 





La clase de piano

 

Como queja de lluvia

agitando la piel de los viejos tejados

viajaban las manos de la maestra  por el piano.

Como migajas de pan fresco

las notas se fueron clavando

en las paredes de la memoria de la niña

mancándole el camino hacia la jaula

donde  envejece cantando

para cumplir su condena.

 

 

Coleccionistas de sombreros

 

Tejidos con viento de campo

canto obrero

grito de la tierra

con cintas al cuello:

azules, verdes y rojas

cuelgan los sombreros

en  los muros del corazón de la amada.

Cada uno guarda el recuerdo

del  recorrido por un pueblo

calle arriba

 

calle abajo

de la mano de su románico coplero.

Soles de trigo y mango

fueron testigos de las confesiones mudas

que acompañaron sus pasos.

Calle arriba

calle abajo

fueron los amantes

coleccionando sombreros

para sellar la historia de su amor

en cada viaje.

 

 

A cada patio le corresponde una despedida

 

Mueren los patios

porque los pájaros

ya no buscan la clandestinidad de su abrazo

para levantar sus nidos

cuando las huellas de perros

dejan de ser llovizna, desorden y mugre

el silencio saltando lazo con el silencio

es lo único que los sacude.

 

 

 

El patio de mi casa  muere

porque los viejos han comenzado a enfermarse

y  con ellos las plantas

que  agonizando se preguntan:

¿Ahora, quién calmará la sed?

 

 

Carta a Alejandra Pizarnik

 

El hastió por un padre, una madre y una hermana, condenados a los buenos modales. Demonio oculto bajo un rostro agrietado por la juventud o ángel incomprendido buscando la libertad en una habitación cubierta de sombras y fotografías.

 

Sartre y las anfetaminas. Sasha, Flora, Buma, Blumita o Blímile o todas juntas desangrándose en las páginas. Una cajetilla tras otra consumida a escondidas. Olga, Liz, Julio y Bretón. El reposo en un pecho de cuarenta, el deseo ausente en una boca de veinte, el amor como naufrago, la soledad como gobierno.

 

Alejandra, tu nombre ensordece, puedes estar tranquila, dejaste de ser esa pregunta tartamuda, rebotando en un abismo.

 


Diana Carolina Daza Astudillo (Bogotá, 1980)

Poeta y promotora cultural. Textos suyos han sido publicados en revistas de creación literaria y suplementos de Colombia, Ecuador, Chile, Venezuela y México. Ha sido invitada a encuentros de creación literaria en Colombia, Venezuela y Ecuador. En el 2003 publicó con la colección «Aquí estamos decena» de la editorial Funcreta, el poemario El abrazo de los días grises, en el 2010 participó en la publicación colectiva Domingo, vendedor de globos con el Laboratorio de Escritura de las Américas. Actualmente dirige el proyecto editorial independiente Piedra de Toque. En el año 2013 editó el poemario El nacimiento de la gargolena con la colección estampillas poéticas. Actualmente trabaja como artista formadora en el área de literatura con el IDARTES en el proyecto CLAN y apoya el trabajo cultural de la Galería 4-19 en Bogotá la Fundación Casa de hierro en Barranquilla.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Warsan Shire / (2 poemas)

 




Para mujeres difíciles de amar

 

eres un caballo que corre solo

y él trata de domarte

te compara con una autopista imposible

con una casa en llamas

dice que le ciegas

que nunca podría dejarte

olvidarte

querer algo que no seas tú

le mareas, eres insoportable

toda mujer antes o después de ti

se empapa en tu nombre

llenas su boca

sus dientes duelen con la memoria de tu sabor

su cuerpo es sólo una sombra buscando la tuya

pero tú eres siempre demasiado intensa

tu manera de quererle asusta

sin pudor y sacrificial

te dice que ningún hombre puede llegar a ser como

el que vive en tu cabeza

e intentaste cambiar, ¿verdad?

Cerraste más la boca

trataste de ser más suave

más guapa

menos volátil, menos despierta

pero incluso durmiendo podías sentirle

viajando lejos de ti en sueños

así que ¿Qué querías hacer, cariño,

 

abrirle la cabeza?

No puedes construir hogares en seres humanos

alguien debería habértelo dicho ya

y si se quiere marchar

déjale marchar

eres terrorífica

y extraña y hermosa

algo que no todo el mundo sabe cómo amar.

 

Fea

 

Tu hija es fea.

Conoce la pérdida íntimamente,

lleva ciudades enteras en su tripa.

Cuando era niña, la familia no quería cogerla.

Era madera astillada y agua de mar.

Les recordaba a la guerra.

En su quince cumpleaños le enseñaste

a recogerse el pelo como una cuerda

y a ahumarlo con ardiente incienso.

Le hiciste hacer gárgaras con agua de rosas

y mientras tosía, dijiste

las chicas macaanto como tú no deberían oler

a soledad o vacío.

Tú eres su madre.

Por qué no le avisaste,

la abrazaste como a un barco podrido,

y le dijiste que los hombres no la amarían

si está cubierta de continentes

si sus dientes son pequeñas colonias,

si su estómago es una isla

si sus muslos son fronteras.

¿Qué hombre querría tumbarse

y ver el mundo arder

en su dormitorio?

La cara de tu hija es una pequeña revuelta,

sus manos son una guerra civil,

un campo de refugiados detrás de cada oreja,

un cuerpo contaminado por cosas feas.

Pero Dios,

¿acaso el mundo 

no le queda bien?

 

Traducción: Lidia Hurtado

 

Warsan Shire (Kenya, 1988)

Poeta y activista de origen somalí criada en Londres; es editora de poesía en Spook Magazine, ha leído su obra en Sudáfrica, Italia, Alemania y Estados Unidos. Es autora de los libros de poemas Teaching My Mother How to Give Birth (flipped eye, 2011), Her Blue Body (flipped eye, 2015), y Our Men Do Not Belong to Us (Slapering Hol Press and Poetry Foundation, 2015). Ganó en 2013 el primer African Poetry Prize de la Universidad de Brunel y en 2014 fue la primera en obtener el Young Poet Laureate de Londres; en ese mismo año fue elegida como poeta residente en Queensland, Australia. Los versos de Shire fueron la columna vertebral de Lemonade, el aclamado album visual de Beyoncé. La versiones de estos poemas están a cargo de Gabriela Martínez Reyna, traductora y periodista de moda. 

viernes, 13 de noviembre de 2020

Rubén Ackerman / Los ausentes (4 poemas)

 




Una pequeña oración colgada en la pared

Dame ahora la palabra

pronúnciala en silencio

casi inaudible

con tus inmensos ojos de niña

 

Dame la palabra que me tenga en pie

hay tanto abismo

 

Dame las palabras ancestrales

escribe en la pared de esta casa

enciende el mundo

 

Descubre el velo

 

Regrésame al centro.

 

 

                              A la memoria de Charles Baudeliere

                              poeta maldito que nos recomendaba

                              estar siempre ebrios

 

Siento que lo pequeño es un invento,

me lo susurró un día en mi adolescencia una

prostituta en un burdel llamado mon-petit

 

Ahora su susurro se pierde

es un vacío que se desvanece.

 

Siento el paso sigiloso de lo pequeño

su sombra diminuta casi inexistente

su aflicción como una vaga congoja

apenas la tristeza lerda que produce

el suicidio de una mosca.

 

Lo pequeño nos inventa a todos sin percatarnos

viene de no se sabe donde y se sienta

al frente, como un largo y fatigoso lamento

se traga inclemente nuestra vida.

 

Tiene ecos infinitos que resuenan como sombras

cuando te miras en el espejo lo pequeño esta ahí

recordándote tus deberes impostergables, tu ración

de sensatez fingida, tu sueño lacerado

 

Lo pequeño es el invento que te inventa

y tu eres mon petit lo único pequeño detrás de ti

mismo y un día te desvanecerás al ritmo pequeño

de tu diminuta vida.

 

Siento que lo pequeño es un invento me lo susurró

un día en mi adolescencia una prostituta en un

burdel llamado mon-petit.

 

 

Que no te toque el sol

 

Que no te toque el sol

que no te toque la mañana

que no te digan qué hacer, ni cuándo, ni dónde

que no te pongan un nombre con las cansadas letras del hartazgo

ni te regalen un oficio preñado de tedio

que no te saquen al circo

vuelve a tu casa, a tu cuarto, a tu cama

y sueña por nosotros el sueño de todos

apaga la luz

buenas noches Emily.


Palabras del hambriento

 

El pan

El pan precario

El pan del exilio

El pan ácimo del desierto

El pan sin fermentar

El apresurado pan de los que parten y no llegan

El improbable pan del condenado

Del que nunca sabe

Si está

o se va

si vive

o está muerto

El pan de mis ancestros

el pan sin dios y sin mesa

amozi lehjem min a aretz

te dieron un pan inexistente para tu hambre real

te hundieron en el lodo sin pan ni dignidad

come tu pan sin esperanza, te dijeron

tienes que darlo todo hasta no ser nada

tienes que fingir, bailar con tu máscara

seguir el compás del escarnio

inventa tu rostro, marioneta,

decir buenos días

gracias

por supuesto

vivir la incertidumbre

no saber si mañana van a hornear el pan o

te van a hornear a ti

partir con tu pan sudado bajo el brazo

comer el improbable pan de los muertos de hambre

mi pequeño niño ham4briento

este mundo es un error

Tu vida está en otra parte. 


 



 

Rubén Ackerman (Caracas, Venezuela, 1954 – Cuenca, Ecuador, 2017).

 Publicista con estudios en psicología y sociología en la Universidad Central de Venezuela. Participó en talleres literarios dirigidos por Armando Rojas Guardia, Cecilia Ortiz, Gabriela Kizer y Edda Armas. Co-autor de la antología poética del grupo El ojo errante (Ediciones del Taller Independiente El Pez Soluble, 2009). Varios de sus poemas aparecen publicados en la antología 102 poetas. Jamming (Oscar Todtmann Editores, 2015). Su único poemario publicado en vida es Los ausentes (Dcir Ediciones, 2016), libro que obtuvo la mención Ilustre Municipalidad de Cuenca de la VI edición del Certamen Hispanoamericano de Poesía Festival de La Lira 2017.

 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Sara Uribe / (2 poemas)

 




Y regresaremos con usted en un momento

Para Xitlalitl Rodríguez Mendoza

 

Es el teléfono lo que suena a todas horas. Son voces automatizadas

las que te ordenan que marques un número para luego tener que marcar otro número

para luego escuchar la música de espera, para luego marcar otro número, para luego

marcar otro número y que la grabación siga llevándote hacia una suerte de trance

como cuando estás sentado frente a tu terapeuta. Haga una inhalación

profunda por la nariz. Muy bien, sostenga el aire en sus pulmones.

Ahora exhale, deje salir el aire por la boca. Sea consciente de cómo con cada respiración

usted se va sintiendo más sereno y descansado. Usted puede sentir cómo su cuerpo

se va volviendo cada vez más pesado. Usted puede sentir cómo

su cuerpo cae, cada vez más y más pesado: abandonado. Entonces, cuando finalmente

después del laberinto de opciones numéricas y musiquitas para hacerte

compañía y que no sientas cómo es que el tiempo pasa, sólo entonces

una voz, que definitivamente no es humana, te dice: gracias por esperar,

te atiende __________ (ruido blanco), ¿cómo estás el día de hoy?

y tú quieres decirle que estás hasta la madre de tantas y tantas cosas

que cómo puede hacerte esa pregunta justo hoy

justo en este país

pero en lugar de eso

 

abres un libro de Charles Simic

y comienzas

a leerle en voz alta:

 


Use el cojín del asiento.

 

 

Recorrer una ciudad para amarla.

Tal vez de eso podría tratarse todo.

Lo digo porque tu cuerpo es una ciudad.

Lo digo porque tu yo no físico es también una ciudad.

Lo digo porque los sueños a veces son ciudades

y uno sale del sueño como quien sale de una conversación

o de un cuerpo

y no puede volver a casa

porque la casa es entonces el sueño

y la ciudad un cuerpo.

Lo digo porque a veces tus palabras

andenes / plazas / puentes

hoteles donde pasamos la noche y despertamos

en otras ciudades

en otros cuerpos.

Lo digo porque somos estos cuerpos

que son esos otros que somos.

Lo digo porque a veces

toda ciudad y todo sueño.

Lo digo porque quiero recorrer todos los sitios

donde alguna vez

alguien cruzó una calle o miró un semáforo

y se detuvo un instante.

Lo digo porque quiero trazar algunos mapas

y decir: en esta esquina, a la derecha

y saber que ahí está algo del presente

que construimos.

Lo digo porque tengo recuerdos

que son sueños y ciudades

y fotografías de cosas que nunca ocurrieron

pero sí. Como si el futuro fuera una ciudad

invisible que invocamos al tocarnos.

Lo digo como si el futuro fuera una ciudad

que se recorre si proferimos las palabras indicadas.

Tal vez de eso podría tratarse todo.

Invocar sueños o ciudades

para amarlas en futuros invisibles.

Para deletrearlas como quien avanza por calles

y avenidas.

Como quien frente al tráfico hace un alto

y decide tomar una ruta alterna.

Y la ruta alterna es un siempre recorrer más.


Sara Uribe (Querétaro, 1978) Desde 1996 radica en Tamaulipas. Licenciada en Filosofía. Premio Regional de Poesía Carmen Alardín 2004, Premio Nacional de Poesía Tijuana 2005 y Premio Nacional de Poesía Clemente López Trujillo 2005. Becaria del FONCA, 2006-2007 y del PECDA, 2010 y 2013. Ha publicado: Lo que no imaginas (CONARTE, 2005); Palabras más palabras menos (IMAC, 2006); Nunca quise detener el tiempo (ITCA, 2008); Goliat (Letras de pasto verde, 2009); Magnitud –en coautoría con Marco Antonio Huerta– (Gusanos de la nada, 2012); Antígona González (Sur+, 2012) y Siam (FETA, 2012). Poemas suyos han aparecido en publicaciones periódicas y antologías de México, Perú, España, Canadá y Estados Unidos.


Manuel Vilas / (2 poemas)

 



MUJERES


No las ves que están agotadas, que no se tienen en pie, que son ellas las que sostienen cualquier ciudad, todas las ciudades. Con el matrimonio, con la maternidad, con la viudedad, con los golpes, ellas cargan con este mundo, con este sábado por la noche donde ríen un poco frente a un vaso de vino blanco y unas olivas. Cargan con maridos infumables, con novios intratables, con padres en coma, con hijos suspendidos. Fuman más que los hombres. Tienen cánceres de pulmón, enferman, y tienen que estar guapas. Se ponen cremas, son una tiranía las cremas. Perfumes y medias y bragas finas y peinados y maquillaje y zapatos que torturan. Pero envejecen. No dejan las mujeres tras de sí nada, hijos, como mucho, hijos que no se acuerdan de sus madres. Nadie se acuerda de las mujeres. La verdad es que no sabemos nada de ellas. Las veo a veces en las calles, en las tiendas, sonriendo. Esperan a sus hijos a la salida del colegio. Trabajan en todas partes. Amas de casa encerradas en cocinas que dan a patios de luces. Sonríen las mujeres, como si la vida fuese buena. En muchos países las lapidan. En otros las violan. En el nuestro las maltratan hasta morir. Trabajan fuera de casa, y trabajan en casa, y trabajan en las pescaderías o en las fábricas o en las panaderías o en los bares o en los bingos. No sabemos en qué piensan cuando mueren a manos de los hombres.


EL INMADURO


 Me pasa siempre, y duele, y confunde. Debe ser algo relacionado con la desesperación de vivir. Si estoy en Barcelona, me gustaría estar en Madrid. Si estoy en Zaragoza, me gustaría estar en La Coruña. Si estoy en La Coruña, me gustaría estar en la cima del Aneto, comiendo setas venenosas bajo el cielo helado. Si voy al cine, en mitad de la película me entran unas ganas revolucionarias de estar en mi casa viendo la televisión. Si estoy sentado en el sofá viendo la televisión, me gustaría estar muerto y enterrado en el cementerio, contando los días que faltasen para la resurrección de la carne. Todo me persigue, ciudades, cines, casas, cementerios. Si estoy con amigos, preferiría estar con amigas. Si estoy con amigas, me gustaría estar con enemigas. Si estoy con enemigas, me gustaría estar en casa durmiendo la siesta. Si me compro unos zapatos con cordones, en que salgo de la tienda y ando por la calle empiezo a envidiar a todos aquellos que llevan zapatos sin cordones. Y también me pasa con las camisas, las cazadoras, los pijamas, y las sandalias en el verano. Y también con las vidas: Si me pienso abogado, preferiría ser médico. Si médico, sacerdote. Si sacerdote, hombre casado y con siete hijos. Si casado, soltero. Si soltero, viudo muy apenado. Si viudo, monje. Si monje, matador de toros. Estés donde estés, no has acertado por completo. Siempre hay algo más barato y mejor por ahí. Siempre hay vistas desconocidas en el acantilado de la vida. Me está matando esto de vivir una sola vida. La gran muerte de vivir en una sola forma.


Manuel Vilas (Barbastro, España 1962) 

Poeta y narrador. Entre sus libros de poesía destacan El cielo (DVD Ediciones, 2000),  Resurrección (XV Premio Jaime Gil de Biedma, Visor, 2005), Calor (VI Premio Fray Luis de León, Visor, 2008) y Gran Vilas (XXXIII Premio Ciudad de Melilla, Visor, 2012). Su poesía completa se publicó en 2010 (Visor) con el título de Amor. Es autor de las novelas España (DVD Ediciones, 2008; Punto de Lectura, 2012), que fue elegida por la revista Quimera como una de las diez novelas más importantes en español de la primera década del siglo XXI, Aire Nuestro (Alfaguara, 2009), que obtuvo el Premio 

martes, 10 de noviembre de 2020

Mariana Kruk / (3 poemas)

 



Credo 


creo en la gente

que toma mate amargo

y vino tinto en cualquier época del año,

en los adoquines de mi barrio,

en el viento norte,

en todo lo que llueve

y en lo que iluminan las tormentas.

creo en las barras de los bares,

en lo que arde en el asfalto,

en tu hermosura, en tu nobleza,

en todo lo que el océano

no puede ahogar.



Descargo


dirán lo que dirán

quienes no tengan nada para decir,

sacarán sus propias conclusiones

los ansiosos de las respuestas.

pero existe la poesía

y ahí sí que para siempre:

Esta boca es mía.



Negación


pensar que uno será

la excepción a la regla

del proceder ajeno

es dolor asegurado.


Mariana Kruk (Buenos Aires, Argentina-1983) 

Poeta, editora, gestora cultural y docente. Ha publicado “Hasta la última uva” (Otro Contar, 2011), “Migas” (Otro Contar, 2012), “Piromanía” (Cartonerita Niña Bonita, 2013), “Ninguna nuez” (Textos Intrusos, 2013) y “Abrileando” (Cacto Editorial, 2014), “De la lluvia y otras humedades” (Peces de ciudad, 2015), “Del amor y otros diluvios” (Peces de ciudad, 2016) y “De impares” (Peces de ciudad, 2016).