martes, 4 de enero de 2022

Marina Tsvetáyeva (10 poemas )

 





A TI, DENTRO DE UN SIGLO

A ti, que nacerás dentro de un siglo,
cuando de respirar yo haya dejado,
de las entrañas mismas de un condenado a muerte,
con mi mano te escribo.

¡Amigo, no me busques! ¡Los tiempos han cambiado
y ya no me recuerdan ni los viejos!
¡No alcanzo con la boca las aguas del Leteo!
Extiendo las dos manos.

Tus ojos: dos hogueras,
ardiendo en mi sepulcro —el infierno—
y mirando a la de las manos inmóviles,
la que murió hace un siglo.

En mis manos —un puñado de polvo—
mis versos. Adivino que en el viento
buscarás mi casa natal.
O mi casa mortuoria.

Orgullo: cómo miras a las mujeres,
las vivas, las felices; yo capto las palabras:
“¡Impostoras! ¡Ya todas están muertas!
Solo ella está viva.

Igual que un voluntario le ha servido.
Conozco sus anillos y todos sus secretos.
¡Ladronas de los muertos!
¡De ella son los anillos!”

¡Mis anillos! Me pesa,
hoy me arrepiento
de haberlos regalado sin medida.
¡Y no supe esperarte!

También me da tristeza que esta tarde
tras el sol haya ido tanto tiempo
y he ido a tu encuentro,
dentro de un siglo.

Apuesto —dice él— que vas a maldecir
a todos mis amigos en sus oscuras tumbas.
¡Todos la celebraban! Pero un vestido rosa
nadie le ofreció.

¿Quién era el generoso? Yo no: soy egoísta.
No oculto mi interés si no me matas.
A todos les pedía cartas,
para por las noches besarlas.

¿Decirlo? ¡Lo diré! El no-ser es un tópico.
Y ahora, para mí, eres ardiente huésped.
Les negarás la gracia a todas las amantes
para amar a la que hoy es solo huesos.

 

¿CÓMO TE VA LA VIDA CON OTRA?

¿Cómo te va la vida con otra?
Más fácil, ¿verdad? Golpe de remo.
¿Cuándo —¿pronto?—
por un puente seguro
se alejó de ti el recuerdo

de mí, una isla que flota?
(En el cielo, no en el agua.)
Almas. No amantes,
sino hermanas son nuestras almas.

¿Cómo te va junto a una simple mujer?
¿Sin divinidad alguna?
Tras haber derrocado a tu reina
(tú mismo privado del trono),

¿cómo vives?, ¿te preocupas?,
¿te enfadas? ¿Cómo estás al levantarte?
Con ésa que te ha atado al cuello
su tributo inmortal, el tedio, ¿cómo te va,
pobrecito mío?

«—Estoy harto de convulsiones, de dolor:
voy a agenciarme un hogar.»
¿Cómo te va con cualquiera,
a ti, que fuiste elegido por mí?

¿Es la comida más comestible?
y si te cansa, mala suerte.
¿Cómo puedes vivir con un idolillo,
tú, digno antes del Sinaí?

¿Cómo vives con ésa, tan distinta a nosotros?
¿Una extranjera, costilla de tu pecho?
¿La vergüenza, ese azote de Zeus,
aún no te ha herido la frente?

¿Cómo te va la vida? ¿Estás sano?
Y las musas, ¿te llaman aún a veces?
Y la dicha, ¿se hace ver? ¿Alguna vez?
¿Y esa llaga inmortal —la conciencia—
qué, mi pobre?

¿Cómo vives con un producto
del mercado? ¿Pesa mucho?
Tras el mármol de Carrara,
¿cómo te va con una prótesis de yeso?

Del mismo bloque tallamos a Dios,
para romperlo acto seguido.
¿Va bien una cienmilésima,
para ti, que conociste a Lilit?

¿Estás ya harto de esa mercadería novedosa?
Cansado de mi magia,
¿cómo te va con una mujer terrestre
que carece de sextos sentidos?

Venga, con franqueza, ¿son felices? ¿No?
¿Cómo se vive en un abismo
sin profundidad amor mío?
Cuesta, ¿verdad?
¿Te cuesta tanto como a mí con otro?

 

POEMA DEL FIN

Como la piedra afila el cuchillo,
Como se desliza el serrín al barrer,
Así, aterciopelada, la piel
Húmeda súbitamente en los dedos.

Oh dobles -coraje, sequedad-
De los hombres, ¿dónde estáis,
Si en mis palmas hallo lágrimas
Y no lluvia?

El agua es de la fortuna,
¿Qué más podría desear?
Si tus ojos son diamantes
Que se vierten en mis palmas,

Ya no pierdo
Nada. Fin del fin.
Caricias, caricias
-Acaricio tus mejillas.

Somos así, orgullosas
Y polacas -Marina-,
Cuando en mis manos llueven
Ojos de águila:

¿Lloras? Mi amor,
Mi todo: perdóname.
Trozos de sal
Caen en mis palmas.

Llanto de hombre, veta
Que en la cabeza retiembla.
Llora. Otra te devolverá
La vergüenza que te hice dejar.

Somos dos peces
Del mis-mí-si-mo mar.
Dos conchas muertas
Labio contra labio.

Todo lágrimas.
Sabor
A armuelle.
-¿Y mañana
Cuando
Despierte?

 

ES SENCILLA MI ROPA

Es sencilla mi ropa,
pobre mi hogar.
¡Soy una isleña
de islas remotas!

¡Nadie me hace falta!
si entras -pierdo el sueño.
Por calentarle la cena a un Extraño
quemaría mi casa.

Si me miras -ya nos conocemos,
si entras -¡quédate a vivir!
Es sencillo nuestro fuero,
está escrito en la sangre.

En la palma de la mano tendremos
la luna, si nos place.
Si te vas -es como si no existieras,
y como si tampoco yo existiera.

Miro la marca del cuchillo:
¿sanará antes
de que venga otro extraño
a pedirme agua?

 

Me gusta que no estás loco por mí.

Me gusta que no estoy loca por ti.

Y que el pesado globo terráqueo

no se derrumbe bajo nuestros pies.

Me gusta que podamos ser divertidos

-licenciosos- sin jugar con las palabras,

sin sonrojarnos con esta ola sofocante

al rozar ligeramente nuestras mangas.

 

Me gusta además que estando frente a mí,

abraces tranquilamente a otra,

sin importarte que yo arda en el fuego

del infierno, por no besarme contigo.

Y que no pronuncies mi dulce nombre

en vano, cariño, ni de día ni de noche…

Y que nunca en el silencio de una iglesia

sonará para nosotros la marcha nupcial.

 

Te doy las gracias con el corazón en la mano:

Por amarme tanto -sin saberlo tú siquiera-.

Por la quietud de mis noches en calma.

Por lo escaso de nuestros encuentros.

Por los paseos que no -bajo la luna-.

Por el sol que nunca -sobre nuestras cabezas-.

Por no estar loco -¡ay!- por mí.

Por no estar loca -¡ay!- por ti.

 

PSIQUE        

 

1

 

He vuelto a casa: no soy una impostora

ni una criada -no necesito pan.

Soy tu ocio del domingo, tu pasión,

tu séptimo día y tu séptimo cielo.

 

Allí, en la tierra, me echaban monedas,

me colgaban piedras al cuello.

-¡Amado! ¿No te acuerdas?

Soy tu golondrina, tu Psique.

 

2

 

‘Toma, cariño, mis harapos

que fueron un dulce cuerpo.

Lo he destrozado, lo he gastado,

sólo quedan las dos alas.

 

Vísteme tú con tu esplendor,

sálvame, por piedad.

Y los pobres andrajos raídos

llévalos a la sacristía.

 

 

Ya no te necesito,

cariño, y no es porque no

respondieras a la primera mi carta.

 

Y no es porque estas líneas

escritas desde la tristeza

las leerás riéndote.

 

(Escritas por mí en la soledad

-¡Solo para ti!- ¡por primera vez!-

Las leerás con otra)

 

Y no es porque sus rizos

rozaran tu mejilla -¡yo misma

soy maestra en leer acompañada!-

 

Y no es porque ustedes juntos

suspirarán inclinándose

sobres mis tenues mayúsculas.

 

Y no es porque ustedes decidieran

dejar caer los párpados al mismo tiempo

-es difícil mi letra y además ¡poemas!-

 

¡No, querido! -Es más fácil,

es mayor que cualquier enojo:

 

Ya no te necesito-

es porque… es porque…

¡Ya no te necesito!

 

Y no salvan ni estancias ni estrellas,

pero esto quiere decir, que sin ellas,

cada vez castigo recojo,

 

me extendía sobre líneas persistentes,

buscaba sola sobre mi amplia frente

estrellas sólo, no ojos.

 

Que os reconocí la fe, poderoso,

ni un solo momento, Eros hermoso,

me fue vacío sin amaros!

 

que en la noche en la niebla solemne

busque en los dulces labios carmines,

rimas sólo y no labios.

 

Castigo para el juez perverso

fui, nieve, y aquí cerca del pecho,

apoteosis gloriosa!

 

porqué ojo con ojo con el joven Oriente

busqué en mi inmensa frente

el rosicler, no la rosa!

 

VERSOS A BLOK

En Moscú, las cúpulas en llamas.

En Moscú, ya tañen las campanas.

Los sepulcros están aquí, en hilera,

y allí duermen los zares, las zarinas.

 

Tú no sabes aún que en el alba del Kremlin

se respira mejor que en cualquier otro sitio.

Tú no sabes que en el alba del Kremlin

yo te rezo hasta el alba.

 

Tú pasas sobre el Neva

y yo sobre el Moscova,

cabizbaja.

Se duermen las farolas.

 

Te quiero en el insomnio.

Te escucho en el insomnio.

Mientras que por el Kremlin

despiertan campaneros.

 

Mi río con tu río,

mi mano con tu mano

se ignoran. Cariño mío, alegría

hasta que el alba alcance a la siguiente.

 

TENTATIVA DE CELOS

¿Cómo te va la vida con otra?

Más fácil, ¿verdad? Golpe de remo.

¿Cuándo -¿pronto?-

por un puente seguro

se alejó de ti el recuerdo

 

de mí, una isla que flota?

(En el cielo, no en el agua.)

Almas. No amantes,

sino hermanas son nuestras almas.

 

¿Cómo te va junto a una simple mujer?

¿Sin divinidad alguna?

Tras haber derrocado a tu reina

(tú mismo privado del trono),

 

¿cómo vives?, ¿te preocupas?,

¿te enfadas? ¿Cómo estás al levantarte?

Con ésa que te ha atado al cuello

su tributo inmortal, el tedio, ¿cómo te va,

pobrecito mío?

 

«-Estoy harto de convulsiones, de dolor:

voy a agenciarme un hogar.»

¿Cómo te va con cualquiera,

a ti, que fuiste elegido por mí?

 

¿Es la comida más comestible?

y si te cansa, mala suerte.

¿Cómo puedes vivir con un idolillo,

tú, digno antes del Sinaí?

 

¿Cómo vives con ésa, tan distinta a nosotros?

¿Una extranjera, costilla de tu pecho?

¿La vergüenza, ese azote de Zeus,

aún no te ha herido la frente?

 

¿Cómo te va la vida? ¿Estás sano?

Y las musas, ¿te llaman aún a veces?

Y la dicha, ¿se hace ver? ¿Alguna vez?

¿Y esa llaga inmortal -la conciencia-

qué, mi pobre?

 

¿Cómo vives con un producto

del mercado? ¿Pesa mucho?

Tras el mármol de Carrara,

¿cómo te va con una prótesis de yeso?

 

Del mismo bloque tallamos a Dios,

para romperlo acto seguido.

¿Va bien una cienmilésima,

para ti, que conociste a Lilit?

 

¿Estás ya harto de esa mercadería novedosa?

Cansado de mi magia,

¿cómo te va con una mujer terrestre

que carece de sextos sentidos?

 

Venga, con franqueza, ¿son felices? ¿No?

¿Cómo se vive en un abismo

sin profundidad amor mío?

Cuesta, ¿verdad?

¿Te cuesta tanto como a mí con otro?

 

INSINUARSE

Quizás la mejor victoria sea

sobre el tiempo y la atracción,

pasar sin dejar huellas,

pasar sin dejas sombra

 

en las paredes…

 

Quizás renunciando

vencer? Quién del espejo se borra?

Así como Lermontov en el Cáucaso

colarse sin inquietud en las rocas.

 

Es quizás la mejor diversión

con los dedos de Sebastián Bach

del órgano provocar el son?

Despedazarse sin dejar

 

cenizas para la urna…

 

Quizás por engaño

vencer? De toda latitud darse de alta?

Así en el tiempo tal océano

colarse sin inquietar las aguas…

 

Marina Tsvetáyeva  fue una escritora rusa, que destacó como poeta y prosista. Es una de las poetas más originales del siglo XX. Su obra no fue del gusto de Stalin y del régimen comunista. Su rehabilitación literaria empezó en los años 1960. Su poesía proviene de lo más profundo de su personalidad, de su excentricidad y de su uso muy preciso del idioma.

 

 

 

 

 

lunes, 27 de diciembre de 2021

Reinaldo Arenas / ( 7 poemas )





VOLUNTAD DE VIVIR MANIFESTÁNDOSE

Ahora me comen.

Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.

Oigo su roer llegarme hasta los testículos.

Tierra, me echan tierra.

Bailan, bailan sobre este montón de tierra

y piedra

que me cubre.

Me aplastan y vituperan

repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.

Me han sepultado.

Han danzado sobre mí.

Han apisonado bien el suelo.

Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.

Este es mi momento.


NO ES EL MUERTO QUIEN PROVOCA EL ESTUPOR

No es el muerto quien provoca el estupor

es la sorpresa de ver como olvidamos

su propia muerte, nuestro gran dolor.

Queda el muerto, nosotros nos marchamos.

No es el muerto, no, quien se retira.

Somos nosotros que vamos discutiendo,

sobre el cadáver que mudo nos mira,

la posibilidad de seguir sobreviviendo.

Cuando en la memoria al muerto divisamos

(juegos del tiempo, macabro escanciador)

no es pues al muerto a quien estamos viendo:

Somos nosotros que tétricos quedamos

al ver como miramos sin horror

al que en el gran horror se va pudriendo.

...

INTRODUCCIÓN DEL SÍMBOLO DE LA FE

Sé que más allá de la muerte
está la muerte,
sé que más acá de la vida
está la estafa.
Sé que no existe el consuelo
que no existe
la anhelada tierra de mis sueños
ni la desgarrada visión de nuestros héroes.
Pero
te seguimos buscando, patria,
en las traiciones del recién llegado
y en las mentiras del primer cronista.
Sé que no existe el refugio del abrazo
y que Dios es un estruendo de hojalata.
Pero
te seguimos buscando, patria,
en las amenazas del nuevo impostor
y en las palmas que revientan buldoceadas.
Sé que no existe la visión
del que siempre parece entre las llamas
que no existe la tierra presentida.
Pero
te seguimos buscando, tierra,
en el roer incesante de las aguas,
en el reventar de mangos y mameyes,
en el tecleteo de las estaciones
y en la confusión de todos los gritos.
Sé que no existe la zona del descanso
que faltan alimentos para el sueño,
que no hay puertas en medio del espanto
Pero
te seguimos, buscando, puerta,
en las costas usurpadas de metralla,
en la caligrafía de los delincuentes,
en el insustancial delirio de una conga.

que hay un enorme torrente de ofensas aún guardadas
y arsenales de armas estratégicas,
que hay palabras malditas, que hay presiones
y que en ningún sitio está el árbol que no existe.
Pero
te seguimos buscando, árbol,
en las madrugadas de cola para el pan
y en las noches de colas para el sueño.
Te seguimos buscando, sueño,
en las contradicciones de la historia
en los silbidos de las perseguidoras
y en las paredes atestadas de blasfemias.

que no hallaremos tiempo
que no hay tiempo ya para gritar,
que nos falta la memoria,
que olvidamos el poema, que, aturdidos,
acudimos a la última llamada
(El agua, la cola del cigarro).
Pero
te seguimos buscando, tiempo,
en nuestro obligatorio concurrir a mítines,
funerales y triunfos oficiales,
y en las interminables jornadas en el campo.
Te seguimos buscando, palabra,
por sobre las charlas de las cacatúas
y el que vendió su voz por un paseo,
por sobre el cobarde que reconoce el llanto
pero tiene familias… y horas de recreo.
Te seguimos trabajando, poema,
por sobre la histeria de las multitudes
y tras la consigna de los altavoces,
más allá del ficticio esplendor y las promesas.
Que es ridículo invocar la dicha
que no existe ‘la tierra tan deseada’
que no hallarán calma nuestras furias.
Todo eso lo sé.
Pero te seguimos buscando, dicha,
en la memoria de un gran latigazo
y tras el escozor de la última patada.
Te seguimos buscando, tierra,
en el fatigado ademán de nuestros padres
y en el obligatorio trotar de nuestras piernas.
Te seguimos buscando, calma,
en el infinito gravitar de nuestras furias
en el sitio donde confluyen nuestros huesos
en los mosquitos que comparten nuestros cuerpos
en el acoso por sueños y aceras
en el aullido del mar
en el sabor que perdieron los helados
en el olor del galán de noche
en la idea convertida en interjecciones ahogadas
en las noches de abstinencia
en la lujuria elemental
en el hambre de ayer que hoy hambrientos condenamos
en la pasada humillación que hoy humillados denunciamos.
En la censura de ayer que hoy amordazados señalamos
en el día que estalla
en los épicos suicidios
en el timo colectivo
en el chantaje internacional
en el pueril aplauso de las multitudes
en el reventar de cuerpos contra el muro
en las mañanas ametralladas
en la perenne infamia
en el impublicable ademán de los adolescentes
en nuestra voracidad impostergable
en el insolente estruendo de la primavera
en la ausencia de dios
en la soledad perpetua
y en el desesperado rodar hacia la muerte
Te seguimos buscando
te seguimos
te seguimos.

AUTOEPITAFIO

Mal poeta enamorado de la luna,
no tuvo más fortuna que el espanto;
y fue suficiente pues como no era un santo
sabía que la vida es riesgo o abstinencia,
que toda gran ambición es gran demencia
y que el más sórdido horror tiene su encanto.
Vivió para vivir que es ver la muerte
como algo cotidiano a la que apostamos
un cuerpo espléndido o toda nuestra suerte.
Supo que lo mejor es aquello que dejamos
—precisamente porque nos marchamos—.
Todo lo cotidiano resulta aborrecible,
sólo hay un lugar para vivir, el imposible.
Conoció la prisión, el ostracismo,
el exilio, las múltiples ofensas
típicas de la vileza humana;
pero siempre lo escoltí cierto estoicismo
que le ayudó a caminar por cuerdas tensas
o a disfrutar del esplendor de la mañana.
Y cuando ya se bamboleaba surgía una ventana
por la cual se lanzaba al infinito.
No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,
ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto
(ni después de muerto quiso vivir quieto).
Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar
donde habrán de fluir constantemente.
No ha perdido la costumbre de soñar:
espera que en sus aguas se zambulla algún adolescente.

 

SONETOS DESDE EL INFIERNO

Todo lo que pudo ser, aunque haya sido,
jamás ha sido como fue soñado.
El dios de la miseria se ha encargado
de darle a la realidad otro sentido.

Otro sentido, nunca presentido,
cubre hasta el deseo realizado;
de modo que el placer aun disfrutado
jamás podrá igualar al inventado.

Cuando tu sueño se haya realizado
(difícil, muy difícil cometido)
no habrá la sensación de haber triunfado,

más bien queda en el cerebro fatigado
la oscura intuición de haber vivido
bajo perenne estafa sometido.

ÚLTIMA LUNA

Por qué esta sensación de ir a buscarte
hacia donde por mucho que vuele
no he de hallarte.
Qué terror sin tiempo ahora me impele
a por sobre tanto terror siempre evocarte.
No ha de encontrar sosiego nuestra pena
(que hallarlo sería comenzar otra condena)
y por lo mismo jamás cesaré de contemplarte.
Luna, una vez más aquí estoy detenido
en la encrucijada de múltiples espantos.
El pasado es todo lo perdido
y si del presente me levanto
es para ver que estoy herido
(y de muerte)
porque ya el futuro lo he vivido.
Ésa, indiscutiblemente, ésa es la suerte
que por venir del infierno arrostro.
Extraña amante,
sólo me queda contemplar tu rostro
(que es el mío)
porque tú y yo somos un río
que recorre un páramo incesante,
circular e infinito:
un solo grito.

 

VOLUNTAD DE VIVIR MANIFESTÁNDOSE

Ahora me comen.
Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.
Oigo su roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra.
Bailan, bailan sobre este montón de tierra
y piedra
que me cubre.
Me aplastan y vituperan
repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han apisonado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Este es mi momento.

 

Reinaldo Arenas Fuentes (Aguas Claras, Cuba; 16 de julio de 1943 - Nueva York, Estados Unidos; 7 de diciembre de 1990) fue un novelista, dramaturgo y poeta cubano conocido por sus obras mágico-realistas y su oposición a la dictadura de Fidel Castro.

sábado, 4 de diciembre de 2021

María Elena Walsh (10 poemas)

 




BALADA DE LA ALONDRA PERSUASIVA

 

En otra madrugada,

por vientos de ceniza,

obedecí al latido de la alondra.

El cielo no era cielo todavía.

 

La zona del hornero,

el tiempo de la encina

se inquietaban en lento aprendizaje

y el cielo no era cielo todavía.

 

Hubo un encantamiento

de flor y hierba fina,

un cauteloso antaño de rocío,

y el cielo no era cielo todavía.

 

Septiembre constelado

de dos campanas frías

rodaba por lugares de silencio

y el cielo no era cielo todavía.

 

En clima de obediencia

mi pulso recorría

todo un advenimiento de corolas

y el cielo no era cielo todavía.

 

No regresó conmigo

la alondra persuasiva

porque me desterró de su latido

cuando el cielo fue luz de mediodía.

 

BALADA TRISTE

 

Era el otoño y era la llovizna,

la inicial certidumbre del poniente.

Mis pasos desandaban su tristeza

mientras sobre la tierra conmovida

era el otoño y era la llovizna.

 

En el transcurso de las avenidas

todos los pájaros habían muerto,

y las hojas llovían cautamente

sobre la hierba, cerca de mi sangre,

en el transcurso de las avenidas.

 

¿Qué llanto conocí, qué desconsuelo

bajo los árboles deshabitados?

Cuando en la fuente se reconocía

un cielo de palomas lejanísimas

qué llanto conocí, qué desconsuelo.

 

Oh muros de mi sed, aquellos muros

que no sé si existieron a mi lado;

bebí en ellos soledad de siglos,

luz funeraria, fríos alusivos.

Oh muros de mi sed, aquellos muros.

 

Triste ejercicio el de invadir la niebla

por ámbitos inciertos, declinando.

Atravesé desconocidos puentes

en el amanecer de los faroles.

Triste ejercicio el de invadir la niebla.

 

Todos los pájaros habían muerto

en el transcurso de las avenidas.

Qué llanto conocí, qué desconsuelo:

era el otoño y era la llovizna,

todos los pájaros habían muerto.

 

VANA HISTORIA

 

Si no recuerdo mal, todo cabía

entre los horizontes de un pañuelo.

Entonces figuraba el mediodía

un sol con ojos en mitad del cielo.

 

Y gracias a una tierna hechicería

la noche prodigaba su consuelo

con tanta claridad que uno veía

las estrellas tiradas en el suelo.

 

Pero hoy el agua no lo dice. Es cierto:

ya no se pone un corazón dorado

ni roba añiles a la golondrina.

 

Porque el mundo hechizado está desierto.

Qué dolor, sobre él se ha desatado

el Miedo con sus trapos de neblina.

 

SERENATA PARA LA TIERRA DE UNO

 

Porque me duele si me quedo

pero me muero si me voy,

por todo y a pesar de todo, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

Por tu decencia de vidala

y por tu escándalo de sol,

por tu verano con jazmines, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

Porque el idioma de infancia

es un secreto entre los dos,

porque le diste reparo

al desarraigo de mi corazón.

 

Por tus antiguas rebeldías

y por la edad de tu dolor,

por tu esperanza interminable, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

Para sembrarte de guitarra,

para cuidarte en cada flor

y odiar a los que te castigan, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

LA VÍSPERA

 

Ya preguntaba por el mundo mío,

por la calle sin voz, por el pausado

retorno de la noche en el rocío

y por el aldabón desmemoriado.

 

Sorprendían los pájaros del frío

la soledad del parque ensimismado

y regresaba el nombre del estío

puntual como la sangre a mi costado.

 

¡Oh voluntad de estrella en la bujía!

¡Oh cortejo de llantos vegetales

que en el perfil del viento renacía,

 

cuando al temblar la savia en su retoño,

bajo un aire aturdido de panales

amaneció la infancia del otoño!

 

EL 45

 

Te acordás hermana qué tiempos aquellos,

la vida nos daba la misma lección.

En la primavera del cuarenta y cinco

tenias quince años lo mismo que yo.

 

Te acordás hermana de aquellos cadetes,

del primer bolero y el té en El Galeón

cuando los domingos la lluvia traía

la voz de Bing Crosby y un verso de amor.

 

Te acordás de la Plaza de Mayo

cuando «el que te dije» salía al balcón.

Tanto cambió todo que el sol de la infancia

de golpe y porrazo se nos alunó.

 

Te acordás hermana qué tiempos de seca

cuando un pobre peso daba un estirón

y al pagarnos toda una edad de rabonas

valía más vida que un millón de hoy.

 

Te acordás hermana que desde muy lejos

un olor a espanto nos enloqueció:

era de Hiroshima donde tantas chicas

tenían quince años como vos y yo.

 

Te acordás que más tarde la vida

vino en tacos altos y nos separó.

Ya no compartimos el mismo tranvía,

sólo nos reúne la buena de Dios.

 

ENTONCES

 

Cuando yo no te amaba todavía

-oh verdad del amor, quien lo creyera-

para mi sed no había

ninguna preferencia verdadera.

 

Ya no recuerdo el tiempo de la espera

con esa niebla en la memoria mía:

¿El mundo cómo era

cuando yo no te amaba todavía?

 

Total belleza que el amor inventa

ahora que es tan pura

su navidad, para que yo la sienta.

 

Y sé que no era cierta la dulzura,

que nunca amanecía

cuando yo no te amaba todavía.

 

PAISAJE DE ELEGÍA

 

No escuches mi dolor, tú que me heriste.

No te reclama ya ningún acento.

Sólo en mi corazón la sangre es triste.

( ¡Oh lentas calles del otoño lento! )

 

No te requiero un sólo mandamiento.

-Tú que me niegas, tú que no me diste-.

No sientas esta muerte que yo siento.

( ¡Oh tristes voces del otoño triste!)

 

Que sólo a mis entrañas se refiera

este clamor, este importante frío.

Quiero que no te alcance este lamento.

 

Pero si alguna vez te desespera

un gran silencio, es el silencio mío.

(¡Oh lentas sombras del otoño lento! )

 

EVA

 

Calle Florida, túnel de flores podridas.

Y el pobrerío se quedo sin madre

llorando entre faroles sin crespones.

Llorando en cueros, para siempre, solos.

 

Sombríos machos de corbata negra

sufrían rencorosos por decreto

y el órgano por Radio del Estado

hizo durar a Dios un mes o dos.

 

Buenos Aires de niebla y de silencio.

El Barrio Norte tras las celosías

encargaba a Paris rayos de sol.

La cola interminable para verla

y los que maldecían por si acaso

no vayan esos cabecitas negras

a bienaventurar a una cualquiera.

 

Flores podridas para Cleopatra.

Y los grasitas con el corazón rajado,

rajado en serio. Huérfanos. Silencio.

Calles de invierno donde nadie pregona

El Líder, Democracia, La Razón.

Y Antonio Tormo calla "amémonos".

 

Un vendaval de luto obligatorio.

Escarapelas con coágulos negros.

El siglo nunca vio muerte mas muerte.

Pobrecitos rubíes, esmeraldas,

visones ofrendados por el pueblo,

sandalias de oro, sedas virreinales,

vacías, arrumbadas en la noche.

Y el odio entre paréntesis, rumiando

venganza en sótanos y con picana.

 

Y el amor y el dolor que eran de veras

gimiendo en el cordón de la vereda.

Lágrimas enjuagadas con harapos,

Madrecita de los Desamparados.

Silencio, que hasta el tango se murió.

Orden de arriba y lagrimas de abajo.

En plena juventud. No somos nada.

No somos nada mas que un gran castigo.

Se pintó la República de negro

mientras te maquillaban y enlodaban.

En los altares populares, santa.

Hiena de hielo para los gorilas

pero eso sí, solísima en la muerte.

Y el pueblo que lloraba para siempre

sin prever tu atroz peregrinaje.

Con mis ojos la vi, no me vendieron

esta leyenda, ni me la robaron.

 

Días de julio del 52

¿Qué importa donde estaba yo?

 

II

 

No descanses en paz, alza los brazos

no para el día del renunciamiento

sino para juntarte a las mujeres

con tu bandera redentora

lavada en pólvora, resucitando.

 

No sé quién fuiste, pero te jugaste.

Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,

metiste a las mujeres en la historia

de prepo, arrebatando los micrófonos,

repartiendo venganzas y limosnas.

Bruta como un diamante en un chiquero

¿Quién va a tirarte la última piedra?

 

Quizás un día nos juntemos

para invocar tu insólito coraje.

Todas, las contreras, las idólatras,

las madres incesantes, las rameras,

las que te amaron, las que te maldijeron,

las que obedientes tiran hijos

a la basura de la guerra, todas

las que ahora en el mundo fraternizan

sublevándose contra la aniquilación.

 

Cuando los buitres te dejen tranquila

y huyas de las estampas y el ultraje

empezaremos a saber quién fuiste.

Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,

única reina que tuvimos, loca

que arrebató el poder a los soldados.

 

Cuando juntas las reas y las monjas

y las violadas en los teleteatros

y las que callan pero no consienten

arrebatemos la liberación

para no naufragar en espejitos

ni bañarnos para los ejecutivos.

Cuando hagamos escándalo y justicia

el tiempo habrá pasado en limpio

tu prepotencia y tu martirio, hermana.

 

Tener agallas, como vos tuviste,

fanática, leal, desenfrenada

en el candor de la beneficencia

pero la única que se dio el lujo

de coronarse por los sumergidos.

Agallas para hacer de nuevo el mundo.

Tener agallas para gritar basta

aunque nos amordacen con cañones.

 

ORACIÓN A LA JUSTICIA

 

Señora de ojos vendados

que estás en los tribunales

sin ver a los abogados,

baja de tus pedestales.

Quítate la venda y mira

cuánta mentira.

 

Actualiza la balanza

y arremete con la espada,

que sin tus buenos oficios

no somos nada.

 

Lávanos de sangre y tinta,

resucita al inocente

y haz que los muertos entierren

el expediente.

 

Espanta a las aves negras,

aniquila a los gusanos

y que a tus plantas los hombres

se den la mano.

 

Ilumina al juez dormido,

apacigua toda guerra

y hazte reina para siempre

de nuestra tierra.

 

Señora de ojos vendados,

con la espada y la balanza

a los justos humillados

no les robes la esperanza.

Dales la razón y llora

porque ya es hora.

...


María Elena Walsh (Mejía, Argentina)  fue una poetisa, escritora, cantautora, dramaturga y compositora argentina, considerada como «mito viviente, prócer cultural y blasón de casi todas las infancias». Recibió el Premio Municipal de Poesía, el Gran Premio de Honor de SADAIC y el del Fondo Nacional de las Artes, entre otros.  Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba.