miércoles, 30 de marzo de 2011

Lena Yau / Venezuela



Lena Yau (Caracas, 1968) escritora hispano venezolana, Licenciada en Letras (UCAB) Master en Comunicación Social (UCAB) y culminó las asignaturas de un Doctorado en Filología Hispánica (Universidad Autónoma de Madrid). Reside en Madrid desde 1999. Colabora con artículos de opinión en la prensa de USA y de Latinoamerica y con revistas digitales como Delirio, Rasgado de Boca y Los Hermanos Chang. Ha dictado conferencias sobre literatura digital en las sedes del Instituto Cervantes en Pekín, Shanghai y Madrid. Es autora del blog Mil Orillas.

Puede conocer más en la entrevista que sigue:


Nociones elementales de jardinería


Lluvia

no intentes

reventarme

el cuerpo.


(Él se adelantó).


Usó mis manos

para arrancar

los rosales

sin herirse.


Removió la tierra

agostó las raíces

y tras una cerveza

se fue pisoteando

lo que fuimos.


(No. No miró)


Lava mis ojos

lluvia.


Borra la sangre

llévate el barro

deja el dolor.


Quiero hacer con él

un broche

que me recuerde


(cada día)


que de jardinería nada sé.


Toledo


El reflejo en la ventana

le habla de la memoria del trueno

del amor a la tormenta

del camino hacia un libro

y de sus huellas en el agua de Lisboa.

(El Tagus me tragó, nunca regresé a mí).


La mirada en el café

le cuenta su pasión por la novela negra

describe una comida en familia

tararea una canción folk que aprendió en Perth

y se abre.

(Siento cosas).


Ella ríe.

Él también.


¿Sabes que tu risa es descarada?

(¿Sí? Escríbelo en un poema).

Suéñame pero no me nombres.

(Intentaré no pronunciarte).


Si se secara el Atlántico

habría dos Toledos menos en el mapa

y dos amantes nuevos en la cama.


Entonces ella podría escucharle decir

que lo que enciende sus ganas

no son sus ojos de niña

no es la intuición de sus pezones

no es el eco de sus letras.


Lo que le arde,

le quema,

le chamusca,

es su hermosa impúdica irresistible

risa de puta.


saborgar


hizo girar el molinillo sobre la palma de mi mano

lloviznó polvo pimienta

dejó correr el aceite de oliva

me ordenó buen provecho

me lamí descarada mirando sus ojos

fuimos dos perros

esa noche memorable


Gone


Hoy no me acordé de ti.

La vida siguió

(como siempre).

En la alameda

los árboles

temblaron sus hojas

para dejarlas morir.

Quizás en ese instante

sentí algo

parecido a tu nombre.

Me detuve.

(No era tu voz).

Miré mis zapatos

y calculé el tiempo.

Hace mucho

que no aplasto

colillas encendidas.


Parhelia


Despertar de los ojos de la niña muerte,

del pez que intento devolver al estanque

con las varillas de un abanico isabelino

que antes estuvo en Aranjuez,

despertar de sus trozos destrozos de cristal gelatina,

blancos, irisados, pútridos, de la sauna pública,

de una vitrina sucia y de la náusea,

del baile de gogós submarinistas,

de un subterráneo,

del inglés al español al ladino al francés,

de ladrones plurilingües,

entender sin entender

siríaco y friulano,

rogarle a Plinio El Viejo

entre lágrimas

que olvide al volcán,

huir de una nube ardiente de azúcar rosa.

Despertar de golpes de tacón en mi frente,

de cámaras fotográficas perdidas,

de agendas y plumillas recuperadas,

abrir los ojos sucesivamente,

encenderle la luz a cada pequeño horror.

Descubrir que la tachadura

rompió el papel

que llevaba mi nombre.

Prensar los párpados.

No quedan sueños.


sábado, 26 de marzo de 2011

Françoise Roy / Canadá


Françoise Roy nació en Québec, Canadá, en 1959. Estudió Geografía con diplomado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Florida (B.Sc. 1980, M.A., 1983) y un diplomado en traducción de la O.M.T (2000).
Ha publicado diez poemarios, una plaqueta, dos novelas y un libro de cuentos. De 2000 a 2007, escribió artículos sobre literatura en el suplemento cultural Acento del periódico La Voz de Michoacán. Es traductora certificada y miembro del taller de traducción literaria de la Universidad de Guadalajara. En 2002, fundó con otras poetas la revista mensual de arte y cultura Tragaluz, de la cual fue editora hasta su cierre en 2007. Ha traducido más de una cincuentena de libros, y una obra de teatro de Fernando Del Paso.
En 1997, recibió el Premio Nacional de Traducción Literaria de México; en 2002, el Premio Nacional de Cuento Victoria de las Mercedes (México D.F.), segundo lugar; en 2006, . el premio Jacqueline Déry-Mochon por su novela Si tu traversais le seuil; en 2007, el premio Nacional de Poesía Alonso Vidal; en 2005, fue finalista del Premio Acento de Cuento Breve y en 2006 obtuvo mención honorífica en el Séptimo Certamen Literario de Cuento “Sobre rieles”, casa de la Cultura de Nuevo León.
Fue becaria 2004-2005 y 2006-2007del Programa de Estímulos a la Creación Artística implementado por la Secretaría de Cultura de Jalisco y el CONACULTA, y en 2007, se hizo acreedora de una residencia artística en el Centro de Traducción Literaria del Banff Center for the Arts. En 2008, obtuvo el Premio Internacional Ditët e Naimit por su trayectoria literaria, galardón otorgado en Tetovo, Macedonia. En 2009, fue finalista del Concurso Literario de Radio Canadá en la categoría “Poesía”, segundo lugar del concurso de poesía Wine Fest, y obtuvo la residencia artística del FONCA en Argentina, de abril a junio del mismo año. En 2010, obtuvo el tercer lugar del concurso nacional Timón de oro, en la categoría “poesía”.
Vive en Guadalajara, México, desde 1992.


Ladrido de peces

El ángel jalaba mi energía. Mi energía como una piel, un lienzo de túnica, una cobija, mano flácida al final del brazo, cuerpo de suicida que pende al cabo de su cuerda. El Ángel jalaba como en el juego de la soga. El ángel de un lado, yo del otro. Un péndulo oscilando entre la sombra y la luz. “No quiero ir a los túneles de Gaza”, le digo. A los dos gatos, a mi esposo y a mí, nos sembraron en medio de las sábanas, quiero quedarme aquí, no a donde silban las balas, no en otra parte donde abren cuerpos como ostras al paso del cuchillo.

No quiero ver la película de horror, en su versión snuff. Y al mismo tiempo —cómo es la vida de terca, la belleza de inmortal— una flor crece en el desierto de Chihuahua, dibujando desde su cama de arena, con sus pinceles de clorofila, la estela diminuta de un avión supersónico (despega vertical hacia el cielo, como si quisiera alcanzar a Dios).
El ángel de un lado, yo del otro. Un péndulo oscilando entre la sombra y la luz.


La vena yugular

El nombre de una vena. Un ducto que sale del corazón y da la vuelta al cuerpo. Una palabra que evoca el puñal y los dramas pasionales. Busco el parentesco con el “yugo”, “subyugar”, y no encuentro genealogía común entre ese delicado tubo de carne de pétalos (atraviesa la garganta por fuera como una planta trepadora que fuese puro tronco) y lo que somete y pesa —bulto de Sísifo— sobre el lomo de los bueyes.
El libro de anatomía me dice que son cuatro y que ciñen el cuello.

Mano estranguladora sin palma: sólo cuatro dedos de piel tan delgada como la de una cebolla, rellenos de una savia rojo oscuro (la venal, más guinda que escarlata).
Uno pronuncia el nombre, yugular, y piensa de inmediato en el cordero tendido en el altar de un Dios seguramente refractario a los derrames de sangre.


Cuarto poema de amor

Me pregunto que tan hondo tendría que escarbar bajo la corteza de tu piel para hallarlo, ora ave enjaulada, ora orquídea, diamante que brilla solo en la negrura, lágrima de luz que se escurre en la mejilla del Universo. Escarbar como uno cava una tumba, las manos ampolladas sosteniendo una pala. Estratos de telas diversas encima —una placenta que late, se explaya en la distancia separando tu mano de mi cuerpo, que nada podría herir cuando estás cerca de mí—.
Yo, en cambio, lo llevo justo abajo de la piel, guante de cuerpo entero que se me hubiera deslizado por una hendidura en mi pecho, mi cráneo, donde fuera que algo tan delgado como una navaja pudiese penetrar atravesando la oscuridad de las entrañas. Lo único que tienes que hacer es rascar mi pecho con tus uñas, y lo verás expuesto en carne viva.
Y mi piel, enrollada en tu corazón.

jueves, 24 de marzo de 2011

Hernán Vargascarreño / Colombia


Hernán Vargascarreño (Zapatoca, Colombia, 1960). Poeta, traductor y editor. Docente de literatura egresado de la Universidad Industrial de Santander. Creó y dirigió en Santa Marta el programa nacional Poesía Mar Abierto (1991-2007). Dirige la revista de poesía Exilio. Se desempeña como docente en el distrito de Bogotá. En el 2008 coordinó el taller de poesía de la Casa de Poesía Silva y en el 2009 el Taller de Crónica de la Memoria del Ministerio de Cultura.
Libros publicados: País íntimo (2003), Piedra a piedra (2010) y sus traducciones al Castellano Almenas del tiempo, de Edgar Lee Masters (2003) y ¿Quién mora en estas oscuridades?, edición bilingüe de Emily Dickinson (2007).
Entre otras, ha recibido las siguientes distinciones: Becado por el Ministerio de Cultura en la modalidad de creación literaria (1999); Premio Nacional de Poesía Antonio Llanos (Biblioteca Centenario, Cali, 2000); segundo finalista en el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá IDCT (2002); Premio Nacional de poesía sin banderas de la Casa Silva (2003); Premio Nacional de Poesía José Manuel Arango (2010). Correo electrónico: poetasalexilio@gmail.com


Poemas del libro Piedra a piedra, Premio Nacional de Poesía José Manuel Arango 2010


Piedra a piedra,
palabra a palabra

Sola, insegura, apremiante palabra,
casa sin atavíos.
Rafael Cadenas

1
DE PRONTO UNA PALABRA rompe su silencio y
despelleja sobre los hombres su grave desnudez.
Se abalanza sobre lo suyo y hace mella.
Horada alguna dicha ha tiempo olvidada
y nos regresa a la falsedad de la esperanza.
Creemos entonces ser felices.
Ha hecho lo suyo la infeliz palabra.

2
CIERTAS PALABRAS saben esconder sus alas
-temerosas de los hombres, claro está-
Sellan en su canto inoído
el visaje de secretas escrituras.
Guardan lumbre
para otros tiempos más aciagos
ante la oscuridad que las acosa.
Nunca dicen nada, y su santo y seña
es el aire mudo e inmóvil.
Por su aspecto, tremolante e invisible,
solemos confundirlas
con una vaharada de los dioses.

3
CADA PALABRA lleva lo suyo,
una especie de eco profundo
que ha viajado con los siglos,
un testigo pétreo
de la desolación de los hombres,
algo así como un fantasma
marmóreo del tiempo.
De pronto,
una simple pasión,
una bandera, un sueño,
estallan todo su pasado
y exhiben ante nosotros
el vaciado de sus vísceras
como única defensa.
Nada hemos dejado de ella
si pretendemos recogerla.

4
HAY PALABRAS
que hacen sombra,
como nube, árbol, casa…
Otras hacen pena o destierro o desamparo.
También hay
las que guerrean, atacan y destrozan.
O las que muerden, pujan, acarician…
Solo hay que pronunciarlas.
Nada más.

5
LA FELICIDAD de los dioses
ha de estar dada
por la ausencia de palabras.
Las nuestras,
míseras, soterradas, valentonas,
no hacen más que alejarnos de su reino.
En vano levantamos
estancias, murallas, rencores,
cualquier tipo de encierro
que asile nuestras miserias
y sirvan de trampa a las palabras.

6
CUANDO SE LANZA una piedra
también se lanza la palabra piedra.
Cuando se besan otros labios
también besamos la palabra labios.
Cuando la angustia tiembla
en nuestro pecho
también tiembla la palabra angustia.
Cuando vislumbramos la muerte
ya somos la palabra muerte.

7
UNA PALABRA dice lo suyo.
Otra le contradice secamente.
Una más se solidariza con la primera.
Otra duda de las dos.
Aparece una que solo las observa a todas.
Luego llegan otras a curiosear
y otras más se plantan ante la escena
esgrimiendo sus cínicas sonrisas.
Pasados solo unos momentos
ya todas opinan libremente del bien y del mal,
y cada una acepta el cinismo de la otra
solo por la certeza de su propia orfandad.

8
LA PALABRA guijarro
parece un poco olvidada
y la hemos abandonado
a las aguas de sus ríos y riberas.
La palabra poema
cada día está más confinada
al tiempo de los libros.
Podemos unirlas para unir sus fuerzas:
Un poema es un guijarro,
pequeño canto rodado
alisado y redondeado
a fuerza de rodar impulsado
por las aguas del tiempo.

9
NADA,
es una palabra llena de sí misma.
También es una ambigua tentación
que a menudo nos encanta
con sus inaudibles cantos de sirenas.
Escribimos para engañarla,
para no caer en ella.
Eso creemos.

10
SE PUEDE COSECHAR una palabra
como un buen rencor.
Es posible que la palabra reloj se mueva,
pero su tiempo es inmóvil.
Hay algo indescifrable en la palabra enigma,
pero una vez resuelto, el enigma es más profundo.
Todos gritan una sola palabra al unísono,
pero cada uno, míseramente, reclama lo suyo.
Un misterio no develado yace en la palabra misterio.
Cuando descubrimos la desolación del hombre,
comprobamos lo animales que somos
de mudas y estériles palabras.
Piedra a piedra, palabra a palabra
hemos levantado las más oprobiosas ignominias.
Piedra a piedra, palabra a palabra,
también las hemos sabido derrumbar.

martes, 22 de marzo de 2011

Cinzia Ricciuti / Venezuela


Cinzia Ricciuti, nació en Caracas, Venezuela, pero no tiene patria.
Es Intérprete Público, traductora y profesora. Ha participado en el Taller de Escritura Creativa dictado por el escritor Fedosy Santaella, en el Taller Escribas con el escritor Israel Centeno y en el Taller de poesía del poeta y ensayista Armando Rojas Guardia.
Ha leído sus poemas en variadas lecturas públicas desde el 2007 hasta la actualidad. Algunos de sus textos han sido publicados en las revistas electrónicas Letralia, La Casa Azulada y Los Hermanos Chang.
Desde 2006 lleva el blog http://verdadesqueasoman.blogspot.com/.

STORM
Diez minutos de viento poderoso
pocas gotas
la sorda amenaza de los truenos

luego
todo el peso
de la calma
de nuevo

en este trópico
hasta las tormentas
se han vuelto perezosas

breves
como sus hombres.


FLASHBACK
Todo lo intento:

la voluntad de ceguera
la nariz en clausura
los sonidos sordos
la zozobra de la castidad.

En la lucha y en la fuga
busco el olvido falso de mí.

En el espejo
la niñez me reclama.


INTENTOS
Adhiero el cuerpo al piso
para no caer
para no volar

se hace vano

igual caigo
igual vuelo

DEL BUDISMO QUE NO TENGO
Sentada
en posición de loto
escribo

de no ser por
el cigarro
la desnudez
y estos ojos
prendidos de ganas
sería una monja zen.


LUGARES
Tengo tres mil años de guerras
almacenados en las venas.

Me gesté en un lugar
de aceitunas y uvas
templos y vejez.

Siempre anduve
en el hablar de las miradas
y los labios cerrados
en los hornos de piedra
las abuelas de manos ásperas
cabello blanco hasta la cintura
recogido en moños de trenzas espirales.

A veces amanezco en latín.

La tierra de la que vengo
no conoce de incertidumbres
a los muertos se los entierra
en el mármol
y se los llora para siempre.

Vivo en un sitio ahora
que no sabe de estrategias
que flota entre las formas
y no se halla.

Vivo en un sitio niño.

domingo, 20 de marzo de 2011

Andrés Cisneros de la Cruz / México


Andrés Cisneros de la Cruz. 1979, Ciudad de México. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM y Comunicación Social, en la UAM. Ha publicado los poemarios Vitrina de últimas cenas (2007), No hay letras para escribir tu epitafio (2009) y Como la nieve que dejan los muertos (Ediciones Pasto Verde, 2009, Poesía sin Permiso, 2010). Obtuvo el segundo lugar del Certamen Relámpago Internacional de Poesía Bernardo Ruiz (2008), mención honorífica en el Concurso Nacional de Poesía Jaime Sabines (1999) y otra mención en el Concurso Nacional de Poesía El Laberinto (2004). Creador y organizador del Torneo de Poesía Adversario en el cuadriláterO desde 2007, a la fecha. Y compilador, junto con Adriana Tafoya, de la antología de poesía independiente y sus editoriales 40 Barcos de Guerra. Ha sido incluido en diversas revistas y antologías nacionales de España, Portugal, Nicaragua y Argentina. Actualmente es editor de la revista y editorial VersodestierrO.


Del arte de construir lámparas oscuras

De la magia que da brillo a cada cosa
De cada radiación invisible al espejo cuántico detrás de los párpados
del lenguaje que reúne las cosas y las engrana en un solo ritmo
sin corromper su música
Del color que se desprende de la boca cuando dices despierta
del griterío sin proporción de las hojas cuando son aniquiladas
por tus pies desnudos de niña:

del canto secreto en cada cosa
quiero hablarte
y componer esta dulce canción que te provoque a sentir
las frecuencias que dilatan nuestras emociones:
estructuras brillantes del más profundo néctar en el núcleo de los pensamientos.
De una lámpara que abre el camino del sueño
mientras la mirada obscurece para elevar el telón de la Noche que existe
en la esfera humeante de los ojos cuando duermes.

La encontrarás en cada ruido, en cada gota de agua, cada pupila o duda
en el pabilo de la velas muertas
o en el hueco que deja la sombra cuando la luz se asienta sobre la cama.

Recuerda hija que las cosas no deslumbran porque rocen en ellas las pelusas del sol
sino por la sombra de los átomos
que cosquillea, tanto, su materia
que parecen distintas
para quien las mira con ojos cerrados.

Encuentra esta lámpara
que greca el limbo y el tálamo
y cuando lo hagas verás la substancia negra de la cual brota
toda luz que cabe en un millón de años
y entenderás al mar tejiendo el manto de la tierra
con los dedos de su espuma.

Las materias hermosas yacen en la penumbra latiendo.
Al amanecer pierden la forma que guardaron por la noche
y brindan su apariencia a la reflexión sumisa de la luz.
La luz borra los relieves que la verdad surca en ellas
un laberinto de signos, trazos que forman el alfabeto
de lo que se lee con las manos
y no con el efímero corazón de la retina.

Embelésate Manon cuando abras la mirada
y sientas a la nieve tocarte con mano fría
No recuerdes la luz que ciega al recién nacido
—sino el dolor hermoso del que pare—
y ahí
te encontrarás —sola con tu lámpara oscura.
Cambiará la densidad del agua
y llegará el mar
pero tendrá otro nombre.


Ejercicio para demostrar de diversas formas la inexistencia de la locura

I

E infinitos son los ojos que delinean el círculo.
Sus párpados dan noche a la mirada, y la mirada apariencia de noche a las cosas.
Soy más o menos loco, pensó Pessoa,
y el cuajo envolvió al ojo, y se abrió la puerta ¾hacia la cuenca del miedo.
Alcanzar a percibir (¿esto?) es dejar de caminar en
esta calle con piedras cuadradas(?)
flechas que avanzan arriba-abajo. ↔ Roturas
De qué admirable criptografía nació este vicio
de vivir en ciudades, de medir la vida en metros cuadros,
meterla en cubos de diez por diez, en la coladera que ahí enfrente está
succionante: extractor de pensamientos que todo lo convierte en tierra.

Así,
el hombre que (duerme? en la barra) extiende su brazo
y me enrolla la mano, me saluda con un espira que forman nuestras manos (lalpuléahuli ¾dijo)
es un gesto de igualdad trata de explicarme

¿y es igualdad lo que me enseña?

(entonces)

es mandala
om dice
om naciente

Estoy en la ventana para ver lo que vive en penumbras antes del amanecer.
Aunque resulta siempre es a mí a quien miran sedentario esos nómadas
que caminan hacia la muerte.

Pero al final ellos entran y toman asiento, trabajan.
Luego toman un descanso. Y salgo a caminar ─hacia el nicho.
Al mismo punto del que ahora parto. Y trabajosamente aprendo
a entender que un día no volveré a este sitio.

Ese mundo (no luz/ no tiempo/ no materia)
que vemos cuando dormimos es la Casa eterna de nuestro reposo.
Lo demás continúa infinito su camino.

II

Hay quienes piensan en la Locura e incluso se asumen locos.
O loco piensan al kamikaze que se colocó 10kg de explosivo
y se repartió como pan en boca de los escépticos.
O (loco) también al de lenta mente
con daño cerebral
porque (simplemente) nació para morir
sin posibilidad de evitarlo (es tan dura la vida para quien lucha contra la muerte)

Santa Locura
¾que nos salvas de un mundo peor¾
rezan los padres-hijos
estos exhibicionistas que copulan en el metro
o aquellos que toman sólo el alimento si ha sido cocido
o prefieren degustar muertos frescos, vegetales
a cadáveres de carnosos mamíferos.
Cuán locos están todos.
Los acaparadores del poder
paranoicos de que un día volteemos
a verlos, y decidamos que son unos pobres dementes.
Se enferman pensando en qué habrá de sucederles si la locura
se apodera de este mundo.
Y lo salvan incluso ¾una y otra vez¾ seguros
destrozan a los niños esquizoides de países iracundos
incapaces de sanarse con la risa
y todo por culpa de los excéntricos, no parafílicos, que vienen a destruir el mundo.

También están los que comen insectos, piel de sombra
o que empeñan su vida en salmos para ser consentidos por la mano
que les acaricia el lomo:
los que dejan de comer para ser un Tigre.

Qué felicidad la de los cuerdos
desnudos todos en el tranvía riéndose, con tabaco en mano,
de todos los locos que afuera se agarran a golpes con cerdos de botas.
Es tan graciosa esta función donde los desequilibrados
son incapaces de amar, tenderle la mano al Misterio
o recibir, puño con puño, la gracia de los desconocidos,
maniáticos incapaces de dar un beso
por miedo a ensuciarse la boca
con el labial de la vida.

viernes, 18 de marzo de 2011

Luciana Martín / Argentina


Luciana Martín, escribe básicamente poesía, pero también algunos cuentos y relatos, varios de los cuales ha publicado en diversas antologías y con muchos de ellos ha participado de festivales y certámenes. Es argentina, y vive en Hurlingham, prov. de Buenos Aires, Argentina, donde enseña en escuelas tratando de sembrar amor por la literatura. Correo electrónico: latecnicadelospajaros@yahoo.com.ar


En mi noche de descuido

Seguir a Laura por aquel pasillo había sido un error. La música amarilla salía por las orejas de los hombres dibujados en cada carozo de durazno de la mesa. Había un avance y un retroceso de espejos viscerales que anunciaban la llegada del primer plagio del hombre.

Pero Laura tenía esa risa y esa forma de pedir palabras, que seguirla y encandilarme con su pelo eran una sola cosa. Por otra parte, los coros de elefantes infantiles ya se habían enamorado de ella, incluso mucho antes de mi beso y mi descuido. Y ahora miraban de fondo mi mano en su cintura.

Aún así me dejaba llevar por el gesto de las arañas en el techo. Y porque ya había tenido tanto de angustia elemental que su sonrisa diciéndome “es la puerta” era un gusto natural con que mi vocación de suspiro en la cornisa encontraba la forma del descanso y de la siembra.

Y para entonces sus labios en los míos, y alucinada sensación en la garganta. Su boca en mi cuello, en mi mano, en mi sexo, y la sabia decisión a la puerta del estómago. La humanidad de cada uno de sus gestos rechinaba en mis pupilas, y me hacía más mujer y más ambigua.

Cuando sus piernas se abrieron y los espejos de colores comenzaron a bajar hasta mi hombro, sentí la noche del erizo en mis rodillas, y un súbito espejismo de destino pasó volando por la ventana, que Laura cerró para que volviera a mirarla.


Tiene formas enormes

Tiene formas enormes. No es que manopiernaoreja, pero mira. Entonces en el aire los colores beben lluvia y hay un orden perfecto en cada oído recostado entre la hierba. Porque es mi piel la que tirita alevosía, emblandece el paladar y se hace cóncava esperando el tacto suyo. Es mi piel y la cornisa de mi cuerpo lo que aspira a su mirada.
Tiene formas enormes porque el mundo de sus ojos reflejados en los míos da sabor a centro eterno de placer y heroica noche, cuando ella entre mis brazos, cuando yo ya en sus axilas. Ella ha sabido conocerme y darme cuerpo. Ella ha hecho de mis días lo que hace que los hombres sigan fuertes y viviendo. Me trazó un relato. Me ha imantado a la memoria de otras voces que me hacen. Me dio nombres y sonidos en el juego identitario que tuvo como obsequio. Me hizo conocer el hielo, el sol y el centro amarillo de los ruidos de la noche.
Tiene formas enormes que hoy apenas casi veo. Hay que sacar el párpado en la arena, el polvo como capa, la imagen que oscurece. Para verla, porque sigue estando erguida en su tierra de colores. Sigue haciendo que haya vida y razones y sonidos. Sigue enorme. Yo atrapada en el barro de la historia, moviendo muy de a poco cada plétora en pantano, donde vivo como puedo sin de ella casi nada. Su rostro allí en la orilla. Su rostro recompensa. Mi mano en su recuerdo. Formas enormes que vuelven todo bello hoy están del otro lado del círculo en que yo, reina recortada, pierde su rincón de cielo.



miércoles, 16 de marzo de 2011

Luis Oroz Rodríguez / España



Luis Oroz, (España-Madrid 1972). Poeta autodidacta nacido en Madrid y residente en Porto Cristo (Mallorca).
Ha sido antologado en los libros; Experimento poético “Educarte 2007”, Antología de Poetas Alaire, “Editorial Alaire 2008”, Poemas en canal “Ediciones tres fronteras 2008”, Universos diversos “Editorial Alaire 2009”.
Ha sido a su vez galardonado en varios certámenes poéticos entre los que destacan: el II certamen de poesía “Poemas sin rostro” 2006, Murcia, Premio Ágora en el VI premio “Francisca Adrover” 2007. Palma de Mallorca, Finalista en los Premios Gerardo Diego, ediciciones 2008 y 2009, o el Premio Nacional de Poesía en el XV certamen Literario San Jorge, Albacete 2010.
Ha sido publicado en diversas revistas literarias a lo largo del territorio Español.



DICEN

Dicen que los recuerdos son semillas
que crecen en la tierra de lo que ya no existe,
que necesitan tiempo, que se hidratan
con la humedad de la melancolía.

Dicen que son tardías, que maduran
con la caricia de otro sol más cálido,
que se agarran al pecho
cuando el cuerpo se tropieza en el hueco de un minuto vacío,
que perfuman al triste
y que nutren al hombre que se muerde las uñas.

Dicen que la memoria
solo espera el sabor que la devuelva
a ese lugar en donde nunca estuvo,
que no puede moverse
cuando sujeta el peso de las cosas que pasan.

Yo sé, como tú sabes, que todo es relativo,
que el argumento cae
como el orgullo que atraviesa el puente de nuestra soledad.

Porque recuerdo el beso de las 7
con la profundidad del que se siente calladamente lejos.

Y son las siete y cinco…
y no te has ido.

- - - -
CALLAR LOS OJOS Y ESCUCHAR QUE EXISTES

Callar los ojos y escuchar que existes.
Buscar donde no late el corazón latente de la búsqueda.
Recoger los escombros del deseo
y construir con ellos un recuerdo de arena.
Vivir bajo la vida, concedernos
una tregua de luz.
Dejar que vuelen, elípticas, las palabras prohibidas;
las abejas que vuelcan en tu boca la miel de la memoria.
Hundir cada pregunta en la respuesta
de lo no sucedido
y llevarse a la tumba los bastones de alguna realidad
mientras palpamos el relieve de una noche distinta,
como ciegos
que observan desde el fondo sus secretos.

- - - - -

HABLANDO SOLO

Te descubres de nuevo hablando solo,

conversando contigo

mientras miran atónitos, los cuerdos.

Ha llegado la hora de enseñarles

que la locura es sólo el pentagrama

donde suena el murmullo de los tristes.

Escuchabas la lluvia...

mojabas tu razón con las preguntas

que, verticales, iban a tu encuentro.

Extendías los brazos

para tocar la esencia de la nada.

En ese sinsentido se agudiza

el único sentido de estar vivo.

El instante es un perro

que ladra su tristeza si le ignoras.

Por eso hablamos solos,

a veces con la voz en el exilio,

con todo el alfabeto que nos queda

escrito en un renglón de la mirada.

Jamás tendrá el humano

excusa más cabal para estar loco.