miércoles, 21 de marzo de 2012

CADA POEMA / ALVARO MUTIS


CADA POEMA

Cada poema un pájaro que huye
del sitio señalado por la plaga.
Cada poema un traje de la muerte
por las calles y plazas inundadas
en la cerca letal de los vencidos.
Cada poema un paso hacia la muerte
una falsa moneda de rescate,
un tiro al blanco en medio de la noche
horadando los puentes sobre el río,
cuyas dormidas aguas viajan
de la vieja ciudad hacia los campos
donde el día prepara sus hogueras.
Cada poema un tacto yerto
del que yace en la losa de las clínicas.
un ávido anzuelo que recorre
el limo blando de las sepulturas.
Cada poema un lento naufragio del deseo,
un crujir de los mástiles y jarcias
que sostienen el peso de la vida.
Cada poema un estruendo de lienzos que derrumban
sobre el rugir helado de las aguas
el albo aparejo del velamen.
Cada poema invadiendo y desgarrando
la amarga telaraña del hastío.
Cada poema nace de un ciego centinela
que grita al hondo hueco de la noche
el santo y seña de su desventura.
Agua de sueño, fuente de ceniza,
piedra porosa de los mataderos,
madera en sombra de las siemprevivas,
metal que dobla por los condenados,
aceite funeral de doble filo,
cotidiano sudario del poeta,
cada poema esparce sobre el mundo
el agrio cereal de la agonía.

ALVARO MUTIS

martes, 20 de marzo de 2012

JAMMING TOTAL



Todo
indica que permutamos.
En
compases disonantes,
dentro
de ciertas abreviaturas,
cuyas
fórmulas ahíncan
los
pliegues del deseo.

Somos
piezas en el juego de las ganas.
Semblantes
ajustados a capricho.
Ecuaciones
evanescentes
en
el flujo de los sexos.

Sí,
permutamos
en
el mercado feroz de los espejos.

DMargot Baptista

***

Ciudades

Los abrazos que duermen y que son ciudades

No obstante el oscuro disfavor del molde seco

Los perdones blancos imitan curvas para vagar al filo

En la fatiga pan salado del olvido en delación y cienteatros

Los otros

Los pellejos húmedos frente a la sala vacía

Aplanan la memoria que cae al lago en el que las cámaras

Te participan que fuiste

Invitado de hurto

De pasillo iluminado

Abrazos dormidos que son ciudades

Afilando al socaire los pomos y las bicicletas quemadas de risas

Sin raíz

Al jornal llevar lumbre para ofrecer a boca y encierro

Distraer el miedo que te compra la habitación antes determinar la feria

Insolación debajo un toldo

Descuida la borda

En la palabra para disminuir en el tiempo

Porque

Los abrazos que duermen y que son ciudades

Aparejan el bronce

Que es acuerdo

Y el rejón

Joaquín Ortega

***
COBARDIA

Desamar es un destierro
Rafael Cadenas

El estruendo
y de súbito el desierto.

El cuerpo se abre y se cierra
como un acordeón mudo.

Desamamos torturándonos.
Los cobardes deberíamos morir.

Cinzia Ricciuti

***
miro tus manos

dos animales aturdidos
sobre la paz rabiosa de tu carne

las miro
insistente quietamente

suben y bajan con regularidad
como si sólo de ellas
dependiera el compás
de tu respiración

el ritmo que hace
más espesa la noche

duermes
con furia

como si no tuvieras más nada

duermes
hasta que es otra
la que sueña

hasta que tus sueños
ya no te pertenecen

bajo tus párpados
queda solamente
agua estancada

una edad que perdió
todos sus pasos
antes de llegar

entonces
me alarmo

porque empiezo a comprender
sin quererlo

que nada más conozco esta patria
de tu cuerpo hendido
por la paz mineral
de la madrugada

Adalber Salas Hernández
(Poema XIV de la parte III del libro inédito Heredar la tierra.)


***
No sé amar y por eso me tambalean los poros, la humedad desfallece y las margaritas dobles, no superan la calle, el laberinto, el punto de fuga en la boca y no soy buena en geometría.

No sé amar, en este destino que une y desune, que no da tiempo para escampar en la esquina de una mirada ceñida al más impropio de los deseos.

No, no sé de amar, porque no puedo partirme entre todo lo que quisiera descubrir en alguien, sin sentirme culpable por haberme perdido otra vez de mí.

No puedo amar, porque la caricia cesa, porque la paciencia no sé dosificarla, porque me abruman los abrazos, porque no sé salir de ellos y los platos, querido, los platos de la cena, deben estar en su lugar, limpios, secos, por orden, tamaños.

No sé si pueda amar, porque ya no quiero mascotas que me distraigan mientras espero, porque no sé qué hice con el silencio para fundar el desamor.

No quiero amar porque los tangos son la tristeza y a mi madre la vi llorar con un disco de esos, mientras le daba hueca voz a todas las soledades posibles que cantaba ese señor que también murió seguramente de amor.

No, no necesito estar cerca de un amante, porque altera el centro: ese largo alambre del que no me sale un corazón.

No me permito amar con cordura, porque quiero estar siempre en algún siempre, en el que no me toquen las sentencias de los arboles encendidos

y decididamente, aunque las venas duelan, yo, amor, prefiero abandonarte antes.

Daniela Jaimes Borges

***
CUM

Hoy, en el abrazo en el natural rincón del deseo la mano con la mano con la ternura con arrebato con un sueño y con otro con angustia con desasosiego con la calma con la ruptura con torbellino en la cama con la ropa con miedo contigo con sin-ti y con miedo con incertidumbre con dolor con esperanza como un quejido como un niño con silencio con resignación con rabia con poesía con o sin ella con búsqueda con la mirada sobre la mirada con la boca sobre la boca pronunciando la palabra perdón con arrepentimiento con vergüenza con locura con un grito con los labios rozando amor

Héctor Vera

***
De Finales

Hay amores malos
pero lo peor del amor es cuando termina
cuando te crucificas en una habitación ventilada
comes puré de reproches con sardinas
y descansas sobre el cadáver de deseos amputados
Lo malo del después, son los despojos
la ternura embalsamada
el mañana tránsfuga
los teléfonos que hablan con los ojos
la sangre espesa sin urgencias
ni dueño
Es ingrato encarar la casa
comer solo
remendar las virtudes que quedaron
condenar a la hoguera los archivos
Lo peor del amor es cuando pasa
cuando al punto final, no le siguen dos puntos suspensivos

Karla Castro B
***

No me otorgues
la realidad de tu mirada

Huye de mis ojos

disuélvete sal sobre mi piel
deja que te respire
acaricia mis sentidos con tu voz
hazte palabra


hazte palabra

Hernán Zamora
***

El Dolido

El dolido no entiende por qué le niegan un cuerpo

Sólo recuerda las lunas y los besos bajo la luna
Cuando mira de frente

El dolido sonríe y te muestra en sus ojos otros planetas
quiere correrte de su mundo pero no puede

El dolido es paciente hasta que lo desea
luego aprieta sus dientes y no abre más la boca
a menos que sea para decir sequía

Todos lamentamos la pérdida de un dolido
El paso de sus años por colchones ajenos
No haber hilado un orgasmo contra su cuerpo

Que finalmente
estire la mano para decir adiós.


Gabriela Rosas
***

Nadja, anoche una lengua risueña y gigante nos quitó el aire; cerrada sobre nosotros, fue coronación de nuestro milagro compartido: acabar con las horas, sembrados en una esquina del mundo, había que levantar un círculo de fuego mientras la corriente encrespada – ¿recuerdas?– iba rebasando las rodillas: queríamos ganarle una batalla al olvido y juntarnos con el paisaje: nos desdecimos en un nudo de sábanas, fuga de la trampa del instante, ola que te busca en una postal incierta.

Alejandro Sebastiani
***

lost in translation

me dices que prefieres un hotel
porque en mi casa harías nido



después de insistir
en una cama doble
refugiamos este amor de la intemperie
tras un cartelito de do not disturb

la camarera que entiende
lo ignora cada vez

por un instante somos un trío

corres la cortina para hacer las noches y los días
y vas trayendo ramas
hierba
hojas
barro



Ruth Hernández Boscán
***

MI SOMBRA

Me asombro

de mi sombra.


Se despega vuela se pega baila seduce

besa arde toca fondo

cae descansa se viste

regresa infiel



la perdono.



Me asombro

de mi sombra.


Su quietud su soledad la sumisión

a mis pies su destino

de sombra su cuerpo



mi cuerpo.


Hildegar Acosta

***
CIMIENTOS DE AIRE



Hoy hacemos el amor

ya no hay brevedad en la cintura
se apresura el paso

los dedos de cada noche
extravían el camino

los gemidos blasfeman

La nostalgia busca el abrazo

pero son ajenos los cuerpos
que en silencio yacen

porque a veces
el adiós
nos llega tarde

Georgina Ramírez

martes, 29 de noviembre de 2011

TRES POEMARIOS DESDE EL SANTO SEPULCRO



Tres poemarios desde el Santo Sepulcro

Publicados por Ediciones Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro, que comanda el poeta Igor Barreto, acaban de aparecer tres nuevos libros de poesía que serán presentados el próximo 1ero de diciembre en la Librería El Buscón a partir de las 6:30 pm

Tres nuevos libros de poesía acaban de aparecer bajo el sello Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro. Se trata de “Frágiles Sistemas”, de Sonia González; “Remanentes”, de Alfredo Herrera; y “Postales negras” de Jacqueline Goldberg.

Diseñados exquisitamente por Waleska Belisario y cuidadosamente impresos por Editorial Exlibris, serán presentados el próximo jueves 1ero de diciembre a las 6:30 pm en la Librería El Buscón en Trasnocho Cultural.

Sonia González es conocida poeta, titiritera, directora de teatro y dramaturga. Fundadora y directora de Teatro Naku. Ha publicado los libros “De un mismo pájaro lanzada” (Caracas, 1983); “Nadie en la madera” (Caracas, 1991) y “Oficios” (Caracas, 2000). En 1982 recibió el Premio de Poesía Fernando Paz Castillo. Ha escrito y dirigido diversas obras de teatro y presentando su trabajo en festivales internacionales de Europa, Asia y América Latina. Su libro “Frágiles Sistemas” aborda la feminidad, el oficio escritural y la cotidianidad desde una palabra concisa que mira más allá de todas las certezas. "La poesía me acompaña de manera habitual, cotidiana, y me he acostumbrado a seguirle los pasos sin hacer ruido. Como hace mucho tiempo que no publico, la gente cree que dejé de escribir, pero no es así. Nunca he dejado la poesía, ni un segundo. Estos “sistemas” se organizaron en torno a esa vida que transcurre, frágil y variopinta, cuando me convierto en humilde espectador y puedo celebrar la existencia", señala Sonia González.

Alfredo Herrera comparte sus oficios de poeta y artista plástico. Ha publicado los libros “Cinco árboles” (Caracas, 1998); “El parque”(Caracas, 1999); “La tarde alcanzada” en edición bilingüe español-sueco (Lund, 2004). En 1998 recibió el premio de poesía Fernando Paz Castillo y en 2003 ganó el Concurso Internacional de Poesía Heterogénesis en Lund, Suecia. Ha sido incluido en distintas antologías de poesía nacionales e internacionales. Su libro “Remanentes” muestra a cabalidad su oficio de mirar y crear desde el asombro. Los textos se hilan en un discurso fragmentario que anuncia una poética del observar y rememorar. "Para mí la escritura de este libro ha sido una experiencia importante, la de "ver" como se iba conformando una unidad que creo poética a partir de lo que llamo remanentes: las vivencias que persisten para formar un presente escrito", apunta Alfredo Herrera.

Jacqueline Goldberg aparece con “Postales negras” cuatro años después de que todo su trabajo poético publicado fuera recogido en el libro “Verbos predadores. Poesía reunida 2006-1996” (Caracas, 2007). Entre los reconocimientos que ha obtenido están el Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Lossada (Estado Zulia, 2008); Premio de Poesía de la Bienal Mariano Picón Salas (2001), Premio de Ensayo de la Bienal de Crítica y Ensayo Roberto Guevara (2001); Premio Nacional de Literatura Infantil Miguel Vicente Pata Caliente (1993); Finalista en el Premio Casa de las Américas (1990). Su trabajo aparece incluido y reseñado en antologías publicadas en España, Rumania, Corea del Sur, Puerto Rico, Estados Unidos, Perú, Cuba, México, Chile, Argentina y Venezuela. Sobre “Postales negras” señala el poeta Rafael Cadenas en el prólogo del libro: “Evocación de viajera a quien la obsesiona el agua en sus diversas formas es ‘Postales negras’ de Jacqueline Goldberg.

Difiere de sus libros anteriores: se halla fuera de los cánones dictados a los géneros, modalidad últimamente muy invitadora (…) Lleva poesía y prosa mezcladas, pero sobre todo poesía libre o metida en la prosa, a ratos versículos, a ratos cláusulas con mucha tela autobiográfica intercalada de postales que son como el hilo húmedo del narrar, lleno de laconismos y silencios para que se piense sintiendo, también con testimonios del ‘decir ajeno’, pero próximo”.

martes, 6 de septiembre de 2011

Miradas & Palabras sobre Caracas: Para bien o para mal V



CARACAS DE BABEL 2

urbanidad en terapia intensiva
una falla muta sobre la ciudad
todo es un algo denso
que se revierte
nos silencia

se pasea el idioma
como otro estado de coma
nos desfila
se va reduciendo
vital es brindar todavía
por los signos que aun quedan

sigo adelante
miro en la pasarela
el otro cuerpo
la otra cara
se anuncia la violencia
una actriz
que nos marca con su currículum vitae
y hace de nuestros cuerpos
ruina ambulantes
con vestidos de metal

se propagó la epidemia
hasta la palabra
cómo no enfermé en cada esquina
un momento
el auxilio perdió su emergencia?

vibro en mi recinto
como una mariposa de utilería
fecundo con dialectos las armazones de concreto
comparto con otras especies un contagio
no se
pierdo el hilo de la conversación
algo anda mal
comunicarse podría ser un delito.

FÁBULA

la ciudad no entiende
tu manera de olerme

el camino no sabe
nada nos conduce

tu piel está seca
lo sé por las líneas tensadas
de tus muslos

y la curva de tu espalda
donde guardas tus alas

me sigues
no sé desde cuando

sobre mi espalda
galopa la bestia.

RELATOS DE UN ESPACIO ESTEPARIO

llega mi transfiguración ya, se adorna
al lado del soldado que duerme, sobre su fusil.
Anónimo

qué espero del entorno
qué necesito para orientarme
no apuesto a nada cardinal
los mapas son lugares vacios
para mirar el esqueleto del mundo

sobre tu relieve
lo que deseo es solo bailar
confundir mi rostro en el bullicio
ahogar la serenidad en el ritmo
perder la memoria

abriré más la tierra
haré de una falla
una trinchera
miraré desde abajo las piernas
solo hasta su oscuridad
que todo me trague

lleno de música
persigo
animales sin jaurías
miro a mi lado
otra bestia
que aúlla
mientras avanza
en sus ojos
furia y belleza
es tan dulce la mirada
antes de la muerte

nadie llegará tarde
la reunión no será para conversar
ni describir otros actos bárbaros

salimos de la oscuridad
vagamos instantes al descubierto
vamos buscando un misma presa
en la ciudad.

SOÑOLIENCIA

a la tarde se le cae el sueño
no hay niños jugando alrededor
no veo espejismos sobre el escritorio
la gracia y la dicha es mejor borrarlas
seguir armando el monólogo
de palabras con erizos
de frases con espinas

todo debe estar absolutamente vivo
enconado
para cuando entre tu voz
por el pasillo
y vea tu cuerpo al fondo

en estado de vigilia
a lo minúsculo de los cambios
casi imperceptibles
sería la única forma de sobrevivir
y no morir como un pendejo

aquí.

VERTICALES

quiero regarlo todo
con esperma
faltarle a la conducta
rompiéndote
crezca lo salvaje
como el monte del camino

desde la ciudad
desnudo
limpio de la calle
con el aire verde
para sembrar
en los espacios
humedades

y la gente frote
sus zapatos
en las esperas
en las colas
haga recinto
celebre lo vertical.

que tiemble tu costumbre
eso hago
ese es el deseo
sin filosofías
a puro pulmón
para criarles un motivo
se potencie la especie
de seres que abandonen la muerte
no seamos más demonios inconcientes
ayudemos al fuego
nos tiemple el coraje

crucemos la frontera
desde la acera.

JUAN CUOTTO: Licenciado en informática, Fotógrafo, Poeta

Para mí
desde el sentido de los sentidos
Caracas es también poesía inédita
Todo aquello
desde ella
no publicado todavía en los periódicos

suelto en lo invisible -ese aire olvidado por la respiración-

Para mí Caracas es poesía viva
Con sus guacamayas dialogando
sobre las palmeras sin cabezas
de mi calle
Repartidos los techos
entre zamuros
que desde rascacielos
planifican –eficiente y consecuentemente-
el aseo urbano una lección de espesura civil

para mi Caracas es poesía oral
Kalathos
La Parada
este espacio
reunidos por ella

y sobre ella

Por temor a un título

Te abro no hay agua o sucia La sed estresa la luz la fuga
Y el centro del olvido

Un paisaje de zamuros sugiere algún cadáver
Recita muerte a cualquier hora
El rojo ya no dice tus techos
y sí
casi todas las esquinas

Devoramos tu ombligo lo digerimos en periferia

Nos cagamos en tus cuatro puntos cardinales

Este Vs Oeste Norte que juegas Sur entre las piernas

Cuando te asoma un perro un perro te asoma
Cuando te asoman las manos
no sé quién se asoma
quizás el horizonte sujetándote claridades

hemos cortado tu bellaluz
De ti aquí fantasmas bajo los rizos
Vuelos de ayer
Para decirse hoy
con alas entumidas
Propio de un Ángel caído: No Caracas no pasó Pasó su silencio

como una aliteración de aguas negras
que pierde fondo en la memoria
No Caracas quedó diciéndose…

desde aquel aterrizaje de bucles sin anunciación
Salvo el hedor a quema ropa a quema frente
a zzsssufre
Y así de caída sigues siendo bella
Tu herejía
descubrirte arcilla hipotecada Siempre debiendo luz
expulsada de soles y palabras

Porque soles o palabras
sugiere alfabetos a la sombra
un contagio
entre la promesa de pan y el hambre

estas líneas que no se tocan
por temor a un título Virus de subterráneo


sobre un diálogo barroco metafísico -y anglo-
versión chatting

Se queja el alma
Desde su artículo masculino
Desde su eternidad tejedora de calvicie

Y se queja el cuerpo
Molesto a partir
como suerte

rima-ruido dicen juntos Y no sobra

Porque se trata de anunciar sin avisos comerciales
de penetrar
picando asfalto a pie sin traje ni corbata

sin zumbido que alerte a la sangre por chupar

Se trata del sí invocado al ángel

en esa anunciación
de
la
nariz
hacia
bajito
bien
pasito

pues de los ojos hacia el norte
la piel es un alien que vigila
la piel es una celda:
una edición de nervios arterias y huesos
torturados en el prólogo

de la frente hacia el norte saludan: ¿todo bajo control? todo bajo control!

¿Y la erección? Sin apuro en la terapia Con apuro en Farmatodo y Locatel

La frente no resiste la grosería
de la leche bien dicha: ruido y rima

Entre mi norte y mi sur las manos Se me acabó el papel

MELBA MARRERO: Socióloga, Publicista, Poeta. Poemas publicados en la revista el salmón

caracas
los que van a morir no te saludan

ya no tienen manos que levantar
se las han cortado arrancado
o las han perdido en alguna apuesta
imprudente
y cruenta como tus sueños

tampoco se arrodillan
caracas
no los deja este temblor metálico
que les atraviesa la espalda
que muerde los bordes de esta hoja

un temblor que parece traído
desde el primer frío de este mundo


los que vamos a morir
no te saludamos
aunque estemos parados en tu arena
en el polvo que se confunde con nuestra piel

y no lo hacemos
porque hemos recorrido tus huesos cansados
sucios
mondados por la ceguera

porque te conocemos

cada mañana
la piedra de tu risa
estalla contra nuestra frente

sabemos tus gestos de madre carnívora

hemos visto dónde
te muerdes la cola


no saludamos
y nadie se percata

nadie nota el óxido acumulado en nuestra voz

nadie ve en nuestras caras
que ya entendimos:
de todas maneras
la prosa de nuestros días
será siempre abrupta como tus calles

y el día de nuestra desaparición
tendrá la piedad rabiosa
de tus balas perdidas

ADALBER SALAS: Licenciado en letras, autor de los poemarios La arena, el vidrio: ascenso en tres movimientos y Extranjero, co-autor de las antologías la imagen, el verbo y la antología de poesía jóven Venezolana

lunes, 15 de agosto de 2011

Miradas & Palabras sobre Caracas: Para bien o para mal IV



Póngamonos de acuerdo por esta vez:
tú no vendrás a herirme la mano con alaridos,
no exigirás que tenga para ti más ojos, más voz de la que puedo brotar,
no esperarás a que desconfíe de cada árbol
de lo que oculta
que tema
que tema.
A cambio, no traeré al papel la urgencia de mis bosques
que nada entienden de tu concreto y pintura,
de tus manos de mujer carbón.
Aquí está para ti
este poema servilleta:
con él me he limpiado la boca,
he frotado la ternura de los labios hasta endurecerlos.
Se sabe diminuto
este poema periódico
cartón sobre indigente
papel cigarro
lienzo ahogado de Reverón
sanitario
poema
fácil de doblar.
Que al menos te sirva para lo más mínimo,
que con él repares el desequilibrio
del taburete
del vigilante de esa escuela.
----------
Mi padre camina por Caracas
como si ésta le hubiera ofrecido un beso.
No lo ahoga el cemento,
cuando viene muerte
se extrae un árbol de los ojos y lo deja en la esquina.
Mi padre fue bautizado entre el frío y la guerra
cerca de una playa sin gaviotas,
Mediterráneo y manzanas.
Creció entre piedras, cepillando el cabello de una anciana
a la que me parezco,
el vino con el que lo alimentaron
traía pedazos de tierra y temblaba en el tazón de madera
con el ladrido de los perros.
Lo cierto es que más tarde
mi padre eligió esta ciudad como a una mujer.
Pero nunca pudo cambiar su forma de caminar,
con paso de agua sobre piedra,
como en el camino a Santiago.
Así, de pie bajo el sol extraño, mi padre
respira aún con restos de tierra en la garganta,
y alza un gesto entre la espesura señalando
lo blanco del árbol, de la niña, de la calle que ha de caminar
cuando la tarde le pida un techo
y él se retire a preparar café, a beberlo gris
como cabello de anciana,
tinto como ladrido.
Mi padre sabe que los hombres deben aprender de las piedras,
que sólo sobre piedra el paso no se da en falso.
Me digo que una ciudad es cosa de ojos, de humo o agua en los labios
que la nombran,
de piedras en las venas, en la espalda
o en las manos.
Yo sólo sé que el Mediterráneo no es mío,
pero sigo buscándole las piedras
a Caracas.
----------
La madrugada una clase aprender a respirar café el saludo que intenta
tus palabras la mirada avergonzada que deslizo
por debajo de tu puerta erección ciudad enferma los estadistas
el anticonceptivo de hoy tres ataúdes más los periódicos
un padre nuestro acongojado agenda repleta
que te vas que regresas
te vas
te vas

la grieta ha llegado al suelo
ha
venido
resbálandose
desde
mi
costado
----------
Después del estallido
¿qué hay de vivo
en los restos

qué de semillas
de abono?

Hubiera sido mejor
que no quedaran

Ania Varez (Caracas, 1991)Se dedica a la danza y a las artes plásticas. Actualmente cursa el cuarto semestre de la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad Central de Venezuela. Forma parte del taller de poesía El Ojo Errante, dictado por Edda Armas. Autora inédita.

__________


CARACAS 2010

Ciudad caos,
ciudad bajo la lluvia,
ciudad vertiginosa,
ciudad maltratada,
ciudad con vocación suicida,
ciudad angustiada,
ciudad enviciada,
ciudad empobrecida,
ciudad cruel,
ciudad frívola,
ciudad colapsada,
en cuyas calles
sangre inocente corre;
ciudad, sin embargo,
donde la belleza persiste
en desolados rincones
y aceras despiadadas,
donde nos negamos a
abandonar la fe y la esperanza,
donde la generosidad
trepa en medio de la oscuridad
y la abyección,
donde el abrazo y la caricia
se deslizan entre las grietas,
y la poesía
se comparte como el pan.
Ciudad donde la luz
persiste
porque somos su antorcha.

CIUDAD

a Leonardo Padrón

La ciudad grita,
grita,
grita,
sin descanso.

No sabemos
si está pariendo
un desastre,
o tiene miedo.

Pero odia el silencio,
odia la paz
que tanto anhelo,
vana promesa.

De noche, de día,
Caracas grita,
su siempre renovado
canto de cisne.

CARACAS AMOR Y MUERTE

a Belkys Arredondo

A pleno sol
la ciudad quema
en la piel
se abre a mis pies
-amante inhóspita-
su boca de humo
me besa
su llaga
me besa
flor de sangre y cemento caliente
en la memoria
de la crónica roja
sus brazos me acogen
en el miedo punzante
de la multitud ansiosa
su vocación de sobrevivencia
me conmueve
hasta lo hondo
-Te quiero, le digo,
a pesar de todo,
como acariciando su lomo
-su verde montaña, su exiguo
pulmón-
sus monumentos en ruinas
sus viejas melodías.

LA OTRA QUE SOY

La otra que soy
rié y ríe con mis desvelos,
abre la puerta y se va
a respirar aire fresco.
(¡qué optimista!)
Sale, en fin, a ver ciudad,
a escuchar bullicio,
a beber vino y bocas,
a ver vitrinas y niños
que sonríen o chillan
de la mano de sus padres,
sale a embriagarse de luz,
sentir el calor tropical,
a oler la gama increíblemente
grande de cosas que palpitan
en las aceras: basura, muchachos guapos,
cabelleras recién lavadas,
el olor a pan recién horneado,
la humareda de los autobuses,
el olor a grama humedecida por la lluvia,
los cuerpos humedecidos por el deseo.

La otra que soy,
hace bien sus diligencias,
va al supermercado, va
a las librerías, a los cafés,
a los tenderetes de películas quemadas,
sale a ganarse el pan
como mejor puede.

La otra, en realidad,
soy yo.
La que entre muros suspira,
entre silencios se abisma,
entre dolores se encorba,
cuando ella, se descuida.

Beatriz Alicia García. Licenciada en Letras y magister en Literatura Venezolana por la Universidad Central de Venezuela. Se ha desempeñado en el área editorial desde 1988. Ha sido docente en la Escuela de Comunicación Social de la UCV y de Lenguaje en la Universidad Simón Bolívar. En la actualidad dicta talleres de Escritura y Literatura. Ha publicado tres libros de Poesía: "Matarilerilerón", El Pez Soluble, 1999; "Acto de fe", La Liebre Libre, 2001 y "Lugares olvidados", Monte Ávila Editores, 2007. Algunos de sus textos poéticos están en antologías venezolanas, en España y México.


miércoles, 13 de julio de 2011

Miradas & Palabras sobre Caracas: Para bien o para mal III




ADIÓS

La ciudad que te ve nacer no es cualquier cosa. Hay misterios. Sincronías. Hay ciudades madre que otorgan, garantizan, muestran, conducen. Hay ciudades egoístas, avaras, irresponsables.
Hay personas que nacen en unas,
personas que nacen en otras.

Alguna explicación tiene que haber para la guayaba y la lechosa y la sonrisa tropical y la violencia monstruo.

Hay personas que deciden irse a pesar del besito de coco.

Me hice antropóloga, magíster en ciencia política. Me enamoré varias veces hasta que me enamoré una vez. Leí, escalé Roraima y más, arqueé mi espalda y me paré sobre las manos. Me volví esposa y luego escritora.
Me convertí en mamá
y volví a hacerme mamá
continué escribiendo y ejerciendo todo lo que sé hacer y vale la pena.
En Caracas.

Mi vida,
lo importante de mi vida,
ha ocurrido en esta ciudad.
No es cualquier cosa.
.
Mi papá, que es el hombre más delgado que conozco, se vestía de San Nicolás. Tuve un papá de relleno y dejé de tenerlo pues pensé que no había nada en él qué buscar. Luego descubrí que la genética se burlaba en mi cara y entendí que no es posible negar a quien le muestra a uno los Beatles o los Rolling Stones.
La ciudad en la que uno aprende a perdonar es una gran ciudad.
.
Estudiaba violoncello en un conservatorio y llegaba a pie casi siempre, recorriendo toda la avenida principal de Colinas de Bello Monte, Los Chaguaramos y Santa Mónica.
Con el cello a cuestas.
Y de vuelta. Con el cello a cuestas.
Me tallaba en el hombro pero me gustaba más, prefería estar a cargo del cello y del camino.
No me gustaba detenerme a esperar al carrito por puesto. Cuando lo hacía, me preocupaban dos cosas.

Una:
que algún pasajero apurado
o desprevenido
se apoyara en las cuerdas del cello.

Dos:
que la clavija se golpeara con el techo del transporte.
.
Caracas es el Aula Magna un domingo a las once.
.
La Universidad Central de Venezuela era mi casa hasta un domingo. No eran las once. Ni estaba en el Aula Magna. Me secuestraron en algún lugar de Sabana Grande para robarme el auto y me ofrecieron como destino una alcantarilla en la autopista Caracas-Guarenas. Allí me dejarían fría en una pose indecorosa. Después del ruleteo interminable de rigor entramos a la UCV. No había vigilancia o si la había nadie preguntó. Era domingo, eso ya lo dije. Eran las dos de la tarde. No tenía un bolívar, ni una tarjeta telefónica. Ni auto, claro. Llevaba una minifalda azul eléctrica.

Sólo me dejaron la cédula.

No me mires, no mires porque te quiebro. Y yo con los ojos clavados en una esquina pensando si me devuelven el documento es porque no me van a dejar rígida en algún lugar inhóspito fuera de la ciudad. Luego me contradecía en mi monólogo/diálogo silencioso del terror. Si me devuelven la cédula es porque no la necesitan. ¿Qué les importa si la tengo encima cuando esté hinchada y sola en el hombrillo de la autopista?
A mi universidad
a mi otra casa,
entraron sin miedo quienes amenazaron con mi muerte.

Me tomó días descubrir que aún estaba viva.
.
No hay manera de que yo sea lo que soy sin Caracas.
No hay forma de que yo decida lo que seré
sin la memoria de Caracas.
Maestra vida.
Te da y te quita
te quita y te da.


CARACAS ACUÁTICA

I.

Esta mañana de Anthony and the Johnsons y Erik Satie, un túnel vegetal se refleja en el parabrisas mojado. La ruta es el viaje. Manos al volante. Cristal moteado de luz y verde. Una niña con las manos juntas a la espalda mira guacamayas a la hora del himno. En el patio se repite cada vez el mismo ritual: los colores alados cruzando el aire. El asombro. La falda plisada azul que recibe el calor de dos manos pequeñas. Para beber agua es necesario subirse a un ladrillo de cemento rugoso colocado a los pies del bebedero. Al pisarlo, el ladrillo se mece, inestable.

II.

A través del pasadizo verde azul de tiempo, de luz y de sombra, de agua, llego a la casa del padre que se deja peinar en el descanso de una escalera. La casa donde una abuela guarda calas de papel en cajas para tabaco. Una caja es para las grapas
otra para los clips
una para las monedas de cobre
y varias para las flores
clasificadas por tipo
y por color.

Entro a la cocina de natillas con cáscara de limón y canela en rama. Miro traslúcidos los manjares de parchita y los dulces de higo.

Al morir mi abuela giré sobre la almohada. Alguien me regaló el libro tibetano de la muerte.
Todavía no comprendo
para qué
sirve
un
libro
así
después de que la muerte
ya ocurrió.

Semáforo en rojo.
En verde.

III.

Pasadizo al cerro El Avila. Naranjas en el equipaje. Un lugar que se llama No te apures, con bancos y mesas para comer naranja y no apurarse. Mejillas rojas, cuerpo latiendo fuerte. Mi ciudad es
o fue
sudor, magnesio, agua de coco, amor rupestre y mirada
vertical.
Arnés.
Reunión lejos del suelo.

En esta mañana de música aguja, de música vibración, de música misterio, en este domingo acuático, roca y amor es Caracas. Caracas es una universidad de pupitres, de brújulas y cuadernos de campo. Un hombre que dijo este camino no lo recorre nadie, salvo el crepúsculo. ¿Ese verso será de Ludovico Silva? Yo le agradecí tanto el poema que no me importó que no me quisiera más. Caracas es un tiempo de pasillos y murales, de sexo a deshoras, de pasillo librero y salsa hasta el amanecer. De café sin reloj.

IV.

Todo en una burbuja
que se eleva
se hace intocable
semáforo en verde que no se detiene
más.

Se aleja la esfera del tiempo.
Ya no vuelve el tiempo.
Ya no hay eso que fue.

Tengo o construyo
o arrebato
otro centro.
Me empeño en otra esfera.

No te enojes
yo intento no enojarme

esa ciudad
se fue.

Keila Vall De la Ville, Nació en Caracas. Ha publicado el libro de cuentos “Ana no duerme” (Monte Ávila Editores 2007), así como ensayos, otros cuentos y poemas en diversas antologías, revistas, y en medios digitales. En 2008 participó en la III Semana de la Nueva Narrativa Urbana y en 2010 obtuvo una mención especial en el VII Concurso Nacional de Cuentos SACVEN y el Concurso Nacional de Cuentos de la Policlínica Metropolitana. Lleva el blog http://fugapermanente.wordpress.com. Es antropóloga, Magíster en Ciencia Política y yoguini.
Actualmente participa en el taller de poesía dirigido por la poeta Edda Armas y el taller de poesía dirigido por Gabriela Kizer
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1967

Adentro. Por debajo. Subterránea huella digital vibrante, en el playback de una canción de navidad punzando. Grabado en Sonomatrix como en los estudios Universal. De Antímano a YouTube. Congelado sonoro de ruinas, de Los Palos Grandes y Altamira.

Los edificios como el hombre, son barro.

Ronco. Ellos en el epicentro. Como sirena de advertencia antes del bombardeo. Como la doceava campanada a las 8:05. Menguante venganza de planeta.

Ellos: llamado o llanto manos al piso alaridos en la cueva. 10 segundos. 20. Más. Como disparo de partida en una competencia. Troquelante como el de 1812, pero sin el cura decretando estupideces, sobre dios y el rey. En cuenta regresiva al 6.5 ¿qué importancia tiene medirnos la muerte Richter?

En alguna triple w los bits reciben mañana residentes del Mijagual comiendo hormigón. La señal del GPS dejará de registrarlo en La Cuarta Transversal.

Sólo el Obelisco vio ceder al Neverí sus coordenadas de esquina al Four Seasons. Órdenes del urbanista. Firma el fundador: L. R.

De polvo, como el hombre.

La cruz de costumbre en el pavimento. El invento de los milagros. La adoración estéril. Y el misterio de la Marotti, que pudo verlo todo, antes.

El vouyer [amarillista de oficio] ofrece su disaster delivery: aplastado en escombros el infante posa y se deja filmar. A cambio su ticket para darle la vuelta al mundo. Post mortem. Sin maquillaje. ¿Acaso puede el horror ser editado?

Todo abajo: pared, mujer, cuadros. Los platos de la cena y las palabras de los libros. Los errores ortográficos. Los creyones. En mudanza. Abajo. Sobre todos. Encima la junta de expansión. La placa como galleta fundida al tórax, fetal.

Entonces las niñas y él se aferraron. Los tres, uno. Carrera de escaleras, sobre la brecha. Y el túnel de 35 segundos cerró su boca. Banderola de meta: No Exit. Todos a la tolva.

CARACAS OR NOT CARACAS

Rodrigo grita desde el carajo: Caracas. Diego desenvaina. También Fajardo. Motores pájaros, tu aliento Santiago. Ayer procesión, novenario, la fiesta del nuevo santo. Al pelotón San Jacinto, el ajusticiado. Dobles de campanas. La cabeza como trofeo en el Calvario. Hoy la corneta, el chillido del frenazo. Una voz que choca suplica hierro y asfalto. En Santa Mónica el vientre de mi madre escucha un bombazo. En parpadeo el semáforo.

Adentro todos. En el cóctel, esmog y verde. Pegados a la pared vientre: Ávila dijo la Santa. Juan Antonio creyó ser dueño del Waraira. Guaicaipuro gritó Repano. ¿Por qué protegiste al conquistador de la flecha envenenada de Maracapana? Santiago Apóstol genocida de La Nación de los Caracas. Tu bautizo a bala.

Las plagas como en Egipto venganza. Contra la Primera, San Mauricio. Desde su ermita la orden: Langostas a otra tierra, Ramsés aguarda. No hubo judíos que liberar para salvarla, no hubo éxodo. Sólo mano de obra holgazana, indios infectos y la Sublimis Dei en la valla, alegando humanidad.

La Tercera y la Segunda en yunta: sacudimiento y llagas. Día de San Bernabé. Cada mal un divino protector. En combo: escapulario, dagas.

Es tu historia Santiago. ¿Cómo decir Caracas sin evocarte? ¿Cómo nombrar el rugido del león petrificado sin garra? El de 1641. El de 1786. Mil ochocientas doce cruces Santiago. Cada tanto Amías Preston incendia y asalta. El virtuoso incompetente revocado. La Cuarta con saña. A cabildo las tarjetas con los cien nombres santos. Desde Capadocia el dedo enchumbado en la indeleble, muestra al soldado romano. Por ley de ayuntamiento San Jorge: exorcizador de gusanos. A correr a Quinta Crespo. A comprar la Bula Papal para el descanso y la estampa del dragón con el guerrero santo.

Cuántas veces te oí decir papá: la muerte llega. Hoy esparcí tus cenizas a la cicatriz del Guaire. Sobre la línea cloacal, que todo atraviesa, guacharacas y loros en bandada, desde Ávila vienen a beber mierda.

De la esquina de Las Ánimas, entre escombros [escrupuloso blanco], baja en triciclo un chichero desde antaño. El comercial de detergentes lo filma. A nuestros vasos espolvorea canela y clavos. Con leche condensada para la Merced [especial para la santa del Cacao]. A su lado un cacique escupe plumas del penacho. Los provincianos se declaran vasallos. A la muy noble y leal ciudad, sello de armas, Felipe II lo ha otorgado. Ave María Santísima. Desde la Ceiba, San Francisco reza el sermón de los regaños. En cada locación la jauría santa, mira con desprecio la corte de los milagros.

Motores pájaros, amanece Santiago. Los jazmines se anuncian: Blandín, Sojo, Mohedano. La primera cafetera como balancín, vacía negro líquido al campo de Chacao. La armónica sopla. El hacedor de estrellas ora un credo. Nazoa despierta. En la fila Diego, su amellada espuela busca un filo: Santiago de León. Caracas, la historia del doblegador es mentira. No fue Losada. No fue Fajardo. Antes de 1567 te fundó una lanza.

Héctor Vera (Caracas 1961) es Licenciado Docente en Matemáticas, Licenciado Docente en Física y Especialista en Informática Educativa por la Universidad Simón Bolívar.
Desde 1989 se desempeña como profesor de la Escuela de Matemáticas de la Universidad Metropolitana de Caracas. Participó en el Taller de Lectura de Poesía a cargo de la poeta Gabriela Kizer (2005 a 2006) Participó en el Taller de Poesía Imago Mundi a cargo de la poeta Mharía Vázquez Benarroch ( 2007) Desde 2007 participa en el Taller de poesía El Ojo Errante a cargo de la poeta Edda Armas. Desde 2010 participa en el Taller de creación poética que dirige el poeta Armando Rojas Guardia.
Es coautor de la antología poética El Ojo Errante (2009) publicada por el Taller Editorial El pez soluble.
Autor de la plaquette Vangelo - según mateo (2011) publicada por el Taller Editorial El pez soluble.

jueves, 2 de junio de 2011

Miradas & Palabras sobre Caracas: Para bien o para mal II







Ciudad

Le duelen los ojos,
están hinchados de cansancio,
de hastío,
de abulia.

Se da una ducha caliente,
pero no tiene escape.

Le retumba la ciudad en la cabeza.
Lleva su olor en el cabello y la ropa:
esmog, fritangas callejeras.
Es demasiado intensa la calle,
ya no la quiere para sus sentidos.
Es oscura para su vista.
Insoportable su olor.
Su gusto amargo a veces.
Estridentes sus estertores.
Difícil,
áspera al tacto.
No la quiere.
Necesita del calor uterino de su casa.
Arroparse con las cobijas de su cama

y de tu cuerpo
Sumergirme cual lugar común en tu mirada,
disolverme a tu tacto,
quebrarme,
partirme en dos contigo.



Entre dos orillas

tendida en la cama
veo la nube de plomo engullir el ocaso
la ventana está a ras del lecho y ocupa la pared

es un mirador sideral

la nube no avanza y con su peso gris pareciera atestiguar mi lasitud
¿qué hago tendida en el cuarto en penumbra mirando al cielo?
¿qué espero?
sólo escucho el rumor del tiempo
lo hallo en el ruido de la calle
lo veo fluir en el vuelo circular de unos zamuros sobre el edificio de enfrente

garabateo en el cuaderno
mientras padezco la vigilancia de la nube de acero
la cama me traga
el paso del tiempo transcurre como entre dos orillas
sin tocarlas



Sin resistencia

luego de comprobar
las ataduras
de consolidarlas
escapo

mis huidas
no esquivan nada
ni me alejan

huyo
por adicción

y por ello
sin resistencia
regreso
siempre



En el punto de origen

he retornado
a mis confines
la espera
decantó un desenlace

aquí estoy
aquí vivo

las dudas escaparon
al escrutinio de la noche
luminosos presagios
revelaron respuestas

los gestos se fragmentaron
en el tablero blanquinegro
de los desafíos

aquí estoy
aquí vivo

envuelta por el bosque de mis deseos
testigo de las danzas del sol y de la luna



Kira Kariakin Nació en Caracas en 1966. Es autora del blog K-minos. Colabora con distintas revistas digitales como Los Hermanos Chang y Analítica y es coeditora de La Casa Azulada. Actualmente forma parte de los talleres de poesía de Armando Rojas Guardia y Edda Armas.



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Reflejo I

Caminas entre cartones
del orine como la calle
llevas gesto de roca huérfana

Mirada espinosa al cruzarse
mientras el aliento pide prójimo

A la distancia otro estorbo
con la ilusión de que no existe

Somos el Valle –otro resto-
y no tú

el indigente

Reflejo II

La costumbre también se establece
en las solidarias platabandas
parecen nacimientos
donde acampa la negra ingenuidad

La necesidad sin geografía
ser el vecino en tu espejo

Cada pared que se levanta
transgrede el amor propio

Mirar
aún yace como posibilidad

Colmena o veredas
de seca sangre
hace tanto tiempo
no las llaman montañas


Reflejo III

adheridos al entrar
con temperaturas intercambiadas
de quién la transpiración
qué importa su proveniencia
no está permitido mirar
no así empujarse
seguro como las calles de mi ciudad
fue civilización
hoy llevamos el olor del otro
en cotidiano tránsito
sin considerar las fobias
ni saber cuándo
menos aún cómo
del embudo salir

A la familia Infante Ugas




A Melba Marrero

Erosiona protegerse para expresar
andar entre gritos
caminar entre paredones

Transgrede no sabernos prójimo

Las extremidades se van paralizando
mientras la traición hace oxígeno

Lo que palpita es arrinconado
mientras elijo la ceguera

Explorar los hechos con crudeza es una cosa
ser cruel con quien anhela otra

Queda prohibido escuchar
los huesos de mi ciudad



Héctor Caldera (Caracas, 1961), Publicó el poema en inglés … decade, en la revista Perspectives Georgia Tech International Festival Booklet 1990, Atlanta. Ha publicado en la Parada Poética y participado en talleres de poesía con Edda Armas y Armando Rojas Guardia, hoy día forma parte del grupo El Ojo Errante. Trabaja con elementos poéticos en el ámbito gerencial y organizacional.
hectoranibal.caldera@gmail.com y la página de su firma consultora:
http://www.imagoconsultores.com/



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INOCENCIA EN LAS GRADILLAS

me duele este sinónimo impredecible
con que te nombro a diario

mi letra se tuerce
sobre los gritos de tu nuevo siglo
y tu conversión
parece no caber bajo el arco del progreso

tus aires no saben lavarme
la agonía diaria

sobre mi rostro
la mueca de un quijote
revolcado en el hollín
gesta mi fibra más cobarde

yo soy
la última ciudadana ingenua
que sueña con reverdecerte



LLUVIAS DE ABRIL

“alguien se desliza
bajo mantas de miedo”
ANA ENRIQUETA TERÁN

llegamos a odiarnos
metiendo el dedo en el gatillo

la barbarie corta los seres por la mitad
pero deja un filamento
que nos une desde el concreto

el miedo acude
encubierto
irrespetando el espacio de la muerte
que clama justicia
en esta periferia inhóspita
al otro lado de una montaña

es el núcleo que exige su derecho al sol
cuando regresamos
de la rutina agonizante
del temporal de este infierno



ACERTIJOS

faena mísera
cuánto has dejado de darme
por falta de horas

una hipoteca de tiempo
me ha visto crecer cada día
en esta isla rodeada de caos

habrá que emprender un viaje
para armar estas piezas sueltas
huesos perdidos
cifras de un noticiero de comienzos de semana
madres que se quiebran sobre el dolor
que no consuela lo irrecuperable

frente al papel en blanco
me cuesta escribir “dignidad”

la única condena que puede culminar
es la que llevo dentro



DESERCIÓN

el tramo que recorro
siempre llega al mismo lugar

un recinto de desolación
donde no existen las aldabas
y nadie toca las puertas para entrar
porque el infortunio
escapa a la simetría
de los que han desertado

los vocablos disparan el almíbar corrupto
que hace blanco en múltiples pensamientos
y la hiena se burla y se asfixia con su propia parodia

quedarme sería
una inmolación frente a las hogueras



ACUARELA MARTÍNEZ Nace en la Habana, Cuba, reside en Venezuela desde muy temprana edad y la considera su patria adoptiva. Ganadora del VII Concurso para Obras de Autores Inéditos 2.009 de Monte Ávila Editores Latinoamericana, C.A., Caracas, Venezuela, mención POESIA, con el Poemario “Incluso cuando nada digo”. Participó en los siguientes talleres literarios: Taller de Narrativa de Israel Centeno Banco del Libro, 2.007, y Taller de poesía IMAGO MUNDI 2008-2009 de la poeta Mharía Vázquez Benarroch y el Taller de Poesía del escritor Armando Rojas Guardia, Caracas, 2010. http://www.acuaspace.blogspot.com/