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Llegará un día
en el cual no habrá que empujar
los vidrios para que caigan,
ni martillar los clavos para que sostengan,
ni pisar las piedras para que se callen,
ni beber el rostro de las mujeres para que sonrían.
Empezará la gran unión.
Hasta dios aprenderá a hablar
y el aire y la luz
entrarán en su cueva de miedosas eternidades.
Entonces ya no habrá diferencia
entre tus ojos y tu vientre,
ni entre mis palabras y mi voz.
Las piedras serán como tus senos
y yo haré mis versos con las manos,
para que nadie pueda ya confundirse.
Roberto Juarroz
miércoles, 11 de junio de 2014
miércoles, 4 de junio de 2014
Hambre de escribir / Juan Calzadilla
HAMBRE DE ESCRIBIR
Deja reposar el texto, como el pan.
Déjalo sobre la mesa para cuando vuelvas
a tener ganas de escribir, como quien queda
con hambre y encuentra que en la mesa
todavía está el pan. Y tú también reposa.
Deja tu mente en blanco
para que el vacío la llene o, mejor, el silencio.
Incluso deja la hoja en blanco.
Juan Calzadilla
sábado, 31 de mayo de 2014
(A media mañana) / Jacqueline Goldberg
(A media mañana)
Debería orar junto a los demás.
Malgasto la siesta
poniéndome a tono con las pesadillas.
Parece que la ciudad
conociera la duermevela de Yom Kipur.
Los autos andan más lentos.
La gente se abstiene de atrocidades.
Un gimoteo
se cuece en el vaho de los muros.
¿Escucha Dios el fervor de nuestras ambiciones?
¿Sabe cuán obstinados somos?
¿Escucha el arrepentimiento
de quienes pasamos la tarde en una cama,
dosificando el desamparo?
Dios atiende mis súplicas.
Nunca me dejó sola.
Lo sé, porque tengo un hijo con ojos de albahaca,
porque respiro sin dificultad,
porque el hombre que amo besa mi frente a medianoche.
Jacqueline Goldberg
jueves, 15 de mayo de 2014
VIVIR PARA CONTARLO / Cristina Peri Rossi
VIVIR PARA CONTARLO
Te he cedido por una vez
el papel y el lápiz
la voz que narra
la crónica que fija contra la muerte
la nostalgia de lo vivido.
Y me va bien el cambio
te aseguro.
Quiero contemplar
quiero ser testigo
quiero mirarme vivir
te cedo gustosamente la responsabilidad
como un escriba
ocupa mi lugar
goza si puedes con el relevo
serás mi descendencia
mi alternativa.
La que vivió para contarlo.
Cristina Peri Rossi
martes, 6 de mayo de 2014
Leonardo González Alcalá
Hay días en que todo atuendo es inapropiado
uno resbala con lo que sobra o lo que falta
se desvisten palabras
no se escriben
país
país
donde somos sabiamente ciegos
para convivir con nosotros mismos
Leonardo González Alcalá
(Del libro El país de los muertos, Editorial Eclepsidra, 2011)
miércoles, 30 de abril de 2014
MASA / CÉSAR VALLEJO
MASA
Al
fin de la batalla, y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...
César Vallejo
domingo, 30 de marzo de 2014
HOY HE DADO MI FIRMA PARA LA PAZ / Efraín Huerta
HOY HE DADO MI FIRMA PARA LA PAZ
a Carlos y Eugenia, en
Nueva York
Hoy he
dado mi firma para la Paz.
Bajo
los altos árboles de la Alameda
y a una
joven con ojos de esperanza.
Junto a
ella otras jóvenes pedían más firmas
y
aquella hora fue como una encendida patria
de amor
al amor, de gracia por la gracia,
de una
luz a otra luz.
Hoy he
dado mi firma para la Paz.
Y
conmigo, en cien países, cien millones de firmas,
cien
orquestas del mundo, una sinfonía universal,
un solo
canto por la Paz en el mundo.
Hoy no
he firmado el poema ni los pequeños artículos,
ni el
documento que te esclaviza,
no he
firmado la carta que no siente
ni el
mensaje que durará un segundo.
Hoy he
dado mi firma para la Paz.
Para
que el tiempo no se detenga,
para
que el sueño no se inmovilice,
para que
la sonrisa sea alta y clara,
para
que una mujer aprenda a ver crecer a su hijo
y las
pupilas del hijo vean cómo su madre es cada día más joven.
Hoy he
dado una firma, la mía, para la Paz.
Un mar
de firmas que ahogan y aturden
al
industrial y al político de la guerra.
Una
gigantesca oleada de gigantescas firmas:
la
temblorosa del niño que apenas balbucea la palabra,
la que
es una rosa de llanto de la madre,
la
firma de humildad —la firma del poeta.
Hoy he
elevado en una el número mundial de firmas por la Paz.
Y estoy
contento como un adolescente enamorado,
como un
árbol de pie,
como el
inagotable manantial
y como
el río con su canción de soberbios cristales.
Hoy
parece que no he hecho nada
y sin
embargo, he dado mi firma para la Paz.
La
joven me sonrió y en sus labios había una paloma viva,
y me
dio las gracias con sus ojos de esperanza
y yo
seguí mi camino en busca de un libro para mis hijos.
Pues
ahí estaba mi firma, precisa y diáfana,
al pie
del Llamamiento de Berlín.
Parece
que no he hecho nada
y sin
embargo, creo haber multiplicado mi vida
y
multiplicado los más sanos deseos.
Hoy he
dado mi firma para la Paz.
Efraín Huerta
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