lunes, 27 de julio de 2020

Tú me gustas total, entera y toda / César Díaz Martínez





Tú me gustas total, entera y toda


Tú me gustas total, entera y toda,
no por el fuego de tu pelo húmedo,
ni por tus senos de canela tibia,
ni el pecado del ritmo de tu cadera.

Tú me gustas total, entera y toda,
no por tu boca tan intacta al beso,
ni por las llamaradas de tu carne
que se te está calcinando entre las venas.

Tú me gustas total, entera y toda,
no porque eres mía y no me perteneces,
ni porque la envidia de los demás la siento
como si se tratase de propia envidia.

Tú me gustas total, entera y toda,
no porque me la pase junto a ti
bebiéndome tu aliento, ni rumiando
los pedazos de amor que tú me tiras.

Tú me gustas total, entera y toda,
por ese olor a carne que tú tienes;
olor de carne de mujer que es tuyo,
porque nadie más huele así en la tierra.

Tú me gustas total entera y toda,
porque ese olor es tuyo y lo encontré para mí.

César Díaz Matínez ( Venezuela)


sábado, 25 de julio de 2020

Ivonne Gordon / Selección de poemas de Diosas prestadas




Ante los ojos


Las estrellas habitan
la cartografía de los jardines.
El relámpago huye de la carne
y los ecos son una granada pretendiente.
No hay nada más dulce
ni más amargo que la memoria del presente.
La desnudez de las diosas revela
la migración interminable.
Cada piedra es una palpitación.
Cada ausencia puebla la geología de los nombres
Sus cuerpos están llenos de orgías de higueras.
Cada desplazamiento es un recuerdo de la carne
del paraíso, de ternuras y de anhelos.
Cómo decir adiós a las geografías de los pies antiguos?
Cómo decir adiós a las geografías en acuarela?
Ascienden por las escaleras
de la tierra, del cielo, y del mar.
La niebla cubre su sangre
están llenas de regresos y de amores.
Todo es invisible
los astros no quieren ver su luz.
Desnudas bajo sus hombros
palpan el agua de las orillas.
y dominan el abecedario de la nuez


El deseo


Las diosas traspasan las orillas
y convierten todo rito en hilos sagrados.
Las náyades nacen de la espuma rosa
en los cauces de los ríos.
Son las goteras de luna
que colman los troncos y los mordiscos
de las muchachas seráficas
de suaves caricias en la oreja.
Aguardan el augurio en las ranuras de la mano
en lagos, en fuentes de agua.
Se inventan cuevas húmedas cubiertas de yedra
borran las constelaciones
para recrearse frente a la orilla del delirio
de inquietudes peregrinas.
Buscan entre los mortales sorprender
a la criatura intacta.
Mientras la luz se arrodilla en el cauce del agua
y amanece en ese lugar que da nombre
a las náyades y a las Diosas prestadas.
Corren hasta la aurora, hasta la cuenca del río
y en el regazo del musgo
por el celo del agua, poseedor del deseo
convierten sus sueños en un manantial de pájaros.

 El oráculo


El oído escucha el silencio
de las aguas ceremoniales
desde la corteza de la tierra.
Las sacerdotisas se deslizan
predicen el futuro en las hojas secas
mastican coca y alabanzas.
Un pie escucha al otro pie
una mano ofrece a la otra mano
la semilla del sol oculto.
Las diosas atraviesan
y exhiben el cuerpo prohibido.
Los poros sienten el aire
la respiración se acelera
la piel toca la piel de los mortales
y otra mirada contempla desde la tormenta de la rosa.


Ivonne Gordon ( Quito, Ecuador -1953) 




viernes, 24 de julio de 2020

Poemas ganadores del Concurso de Poesía Joven Rafael Cadenas 2020




Primer premio: Sin mí, de Kaira Vanessa Gámez Márquez

a Auxiliadora Márquez

I

Vago oscura por una casa.
Algo me dice que deambulo
escrita en un cuaderno amarillo
que no recuerdo.
Ayúdame, abuela, a recobrar
mis manos.
¿Dónde me hendió la memoria
en qué pliegue me ha dejado varada
cuántas noches llevo
en este cuerpo desanudado
que no soltará sus huesos
hasta arrancarme de mí?

II
Abuela
hace frío en esta casa
oigo espejos sin hondura
—creo que no me mienten—.
Cada mañana soy la única letra de mi nombre
y cada noche
repito gestos que me vienen de otra casa
donde duermo con la mirada vacía.
Podría jurar que una como tú
me compone piadosamente
hasta darle un cuerpo a la sombra
sobre la cama.
He olvidado dónde estoy
y el pasado de esa voz que está por encontrarme:
no sé
no sé venir en su idioma
al mundo donde me retiene.

III
Esta casa ha escrito un rostro debajo de mi cuerpo
un idioma de lengua negra
separado de mi voz
me ha esparcido tras los dinteles.
Vine a dar allí
donde siempre estuve
impedida de la luz, de ser un huésped.
Soy la que me sujetaba oscura
el lugar del que se marcha
los baúles, el cerrojo, las paredes
lo que queda, un resto mío
del que no pude esconderme.

Abuela*
no llores tras lozas de esta entraña vacía
de este lado eres el alba
que no viene porque sabe
que heredé la noche suficiente
para sobrevivir cien días más
y hallar, hallar, hallar,
hallarme sin dar
con nadie.

Segundo premio: Eros II, de Jorge Luis Landaeta

(a Lucas)


ciego onírico hacía muchos años
en la noche del beso volví a sostener un sueño
se me probaba como jinete
sobre un potro del que no tengo ya recuerdo
ante un coliseo americano y excesivo
ahí las venias de mi infancia ante ojos jurados
tan pronto saludé
el caballo fue al galope inadvirtiendo
dos portones de vidrio sin sentido en pleno arco de salida
atravesamos con alegría la gasa de laceraciones
y a pesar de la profunda sangre
en su cuerpo              en el mío
galopamos en el yermo campo de otoño
libres
él no se detenía           yo tampoco
y nos espoleábamos
lejos
en cada bache de la tierra
mi caballo cojeaba
y yo le sometía al fuste
de quién teníamos noticia adónde
cuando al fin mermó su paso
quise revisarle y vi su pata henchida
de vísceras húmedas y prietas
lacrimoso el hueso
le sobé el lomo
palmadas firmes para que sienta
sin saber si así se pide piedad
enfilé de vuelta al coliseo
donde supe que se le sacrificaría
ofrenda del disfrute de los hombres
mi sangre ya no podía importar a nadie


Tercer premio: Sobre una piedra, de Winifer Ravelo


A todas las mujeres africanas que mueren atravesando el mediterráneo.

“Hay una constelación hirviendo adentro de la piedra”
Marosa di Giorgio


Ha muerto la primavera,
estas olas furiosas están de luto
se golpean en sí, en una masa imponente de agua,
en esta piedra que me sostiene,
siento la vibración de cada golpe
/cuando la mar respira
reúne las fuerzas necesarias
para golpearse a sí misma/
(la mar)
y mis pies que tocan la piedra,
tienen miedo —no al vigor del/ de la marsino
a la desnudez mineral,
a la piedra sabia que lo contiene todo,
mis pies siguen ahí,
abiertos a la piedra,
escuchando el flujo de la furia,
cómo cada ola en su choque se comunica con la piedra.
Está naciendo el verano,
las aguas bajo las olas celebran,
el sol abre como una garganta la neutralidad del cielo,
hunde sus manos en las aguas
lleva alimentos extraños;
donde las edades del agua comunican a sus habitantes sobre la danza
luminosa.
El agua corta la piedra a través de las manos de la luna,
piedra consciente de la densidad, las edades y la vida
llueves, llueves, llueves
el vientre cálido del volcán,
la lengua del fuego durmiendo abajo de un río.
Pez libre huyes del mar
Pez libre huyes al viento
raíz del árbol, vena de la catarata
los ojos de la profundidad agitan azufre,
nutren a la bacteria,
relámpago quebrando.
El verano ha nacido
y el primer vestigio del sol agoniza al contacto con la madera,
madera protectora que sostienes razas cubiertas de esperanza,
el mediterráneo es una vena enloquecida
cantándole a los caídos, también agoniza la roca,
cántico oculto, el golpe del agua.
El agua choca con todos sus espíritus,
choca y parece morir cuando toca los pies de los desesperados.
El hambre es otra piedra que se hunde
y los cuerpos ante la mar son insólitos,
la columna de Hércules sostiene en sus vértebras el pánico,
la oscuridad de la boca hambrienta
los ojos de la mujer enarbolados en la profundidad
mezclados con el agua,
son cristales que rajan la mano de dios
Mujer unísona de otras voces,
mujer unísona cantando la muerte de las miles de mujeres desprotegidas,
tu cuerpo es un manifiesto invadido
que al caer a la mar se purifica
y las manos de la muerte acarician tu cuerpo,
reconstruyéndolo,
pero el mediterráneo es lo último que puede tocarte
porque tu transparencia besa a las aguas,
unísonas
y tu nombre olvidado por la historia
se transforma en el alimento de mil criaturas del océano,
todas las mujeres ofrendadas a la mar
están incrustadas en el corazón animal,
en el latido de órganos vegetales,
mujeres subsaharianas,
mujeres áfrica negra,
mujeres árabes,
mujeres mediterráneas,
mujeres las hijas de la guerra.
Mujeres mar,
úteros del descanso de la lluvia
la luz quebrada alimenta plantas ancestrales.
Ahora mis pies sienten su belleza,
la piedra metaboliza todos los procesos,
el choque de las olas en la piedra


lunes, 20 de julio de 2020

Débora Becanot / Papel




Papel


Una mujer, para escribir,
necesita un cuarto propio

un amor, un dolor, alguna ausencia
una casa y su diluvio de hijos
un útero con pánico escénico
un buen pasar, un hambre de años
un orgasmo interminable
la frigidez más escalofriante
un marido editor
cierto amante insipiente
un fracaso (dos o varios)
tres minutos a solas en el baño

ser feliz, egoísta, miserable
letal, ninfómana, ingenua

las ganas de vivir y suicidarse

pero a decir verdad
a menudo simplemente alcanza
con un cuarto alquilado
un trozo de papel y
su cerebro.

Débora Becanot (Mendoza, Argentina -1976)

Suite de los espejos / Federico García Lorca




SÍMBOLO

Cristo
tenía un espejo
en cada mano.
Multiplicaba
su propio espectro.
Proyectaba su corazón
en las miradas
negras.
¡Creo!

EL GRAN ESPEJO

Vivimos
bajo el gran espejo.
¡El hombre es azul!
¡Hosanna!

REFLEJO

Doña Luna.
(¿Se ha roto el azogue?)
No.
¿Qué muchacho ha encendido
su linterna?
Sólo una mariposa
basta para apagarte.
Calla… ¡pero es posible!
¡Aquella luciérnaga
es la luna!

RAYOS

Todo es abanico.
Hermano, abre los brazos.
Dios es el punto.

RÉPLICA

Un pájaro tan sólo
canta.
El aire multiplica.
Oímos por espejos.

TIERRA

Andamos
sobre un espejo
sin azogue,
sobre un cristal
sin nubes.
Si los lirios nacieran
al revés,
si las rosas nacieran
al revés,
si todas las raíces
miraran las estrellas,
y el muerto no cerrara
sus ojos,
seríamos como cisnes.

CAPRICHO

Detrás de cada espejo
hay una estrella muerta
y un arco iris niño
que duerme.
Detrás de cada espejo
hay una calma eterna
y un nido de silencios
que no han volado.
El espejo es la momia
del manantial, se cierra,
como concha de luz,
por la noche.
El espejo
es la madre-rocío,
el libro que diseca
los crepúsculos, el eco hecho carne.

SINTO

Campanillas de oro.
Pagoda dragón.
Tilín, tilín,
sobre los arrozales.
Fuente primitiva.
Fuente de la verdad.
A lo lejos,
garzas de color rosa
y el volcán marchito.

LOS OJOS

En los ojos se abren
infinitos senderos.
Son dos encrucijadas
de la sombra.
La muerte llega siempre
de esos campos ocultos.
(Jardinera que troncha
las flores de las lágrimas.)
Las pupilas no tienen
horizontes.
Nos perdemos en ellas
como en la selva virgen.
Al castillo de irás
y no volverás
se vapor el camino
que comienza en el iris.
¡Muchacho sin amor,
Dios te libre de la yedra roja!
¡Guárdate del viajero,
Elenita que bordas
corbatas!

«INITIUM»

Adán y Eva.
La serpiente
partió el espejo
en mil pedazos,
y la manzana
fue la piedra.

«BERCEUSE» AL ESPEJO DORMIDO

Duerme.
No temas la mirada
errante.
Duerme.
Ni la mariposa,
ni la palabra,
ni el rayo furtivo
de la cerradura
te herirán.
Duerme.
Como mi corazón,
así tú,
espejo mío.
Jardín donde el amor
me espera.
Duérmete sin cuidado,
pero despierta,
cuando se muera el último
beso de mis labios.

AIRE

El aire,
preñado de arcos iris,
rompe sus espejos
sobre la fronda.

CONFUSIÓN

Mi corazón
¿es tu corazón?
¿Quién me refleja pensamientos?
¿Quién me presta
esta pasión
sin raíces?
¿Por qué cambia mi traje
de colores?
¡Todo es encrucijada!
¿Por qué ves en el cielo
tanta estrella?
¿Hermano, eres tú
o soy yo?
¿Y estas manos tan frías
sonde aquél?
Me veo por los ocasos,
y un hormiguero de gente
anda por mi corazón.

REMANSO

El búho
deja su meditación,
limpia sus gafas
y suspira.
Una luciérnaga
rueda monte abajo,
y una estrella
se corre.
El búho bate sus alas
y sigue meditando.

Federico García Lorca


Estos poemas pertenecen al libro Suite. Son poemas breves escritos entre 1920 y 1923. Están enlazados temáticamente y construidos por analogía con la suite musical de los siglos XVII y XVIII.