viernes, 19 de febrero de 2021

Silvina Vázquez / Carta núm 2




Carta núm 2

 

Papá y mamá

hoy llegué

al día de nacimiento

de la hija.

Quiero decirles no encontré el camino.

Las luces de la crianza

anidaron cuervos en los ojos.

Para arrancarlos hay que convocar

a las fieras,

imitándolas.

Ninguno aprendió a plantar

las alegrías

del hogar.

Supusimos que era la

Santa Milagrosa

que arregló aparatos descompuestos

masticó con la boca cerrada

y guardó al hermanito

en los bolsillos.

Queridos mi cabeza guardó demasiados pájaros.

Después de algunas desavenencias

del viento pudo brotar

Santa Rita.

Queridos papás no siento nada.

Ayer me besó un sol infinito.

 

Silvina Vázquez  (Buenos Aires, Argentina, 1975)

Adelanta la licenciatura en Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Barcelona, España. Es codirectora de la revista de poesía Voy a salir y si me hiere un rayo. Poemas suyos han sido publicados en la revista Los Amigos de lo Ajeno #2 y en la Antología de poemas Zapatos Rojos 1999. Participó en el Búnker Poético de la 49 Bienal de Arte de Venecia, Italia, verano de 2001.

lunes, 15 de febrero de 2021

Valeria Pariso / (3 poemas)

 


39

 Si es posible calmar

el temblor de la ausencia,

no llorar, resistir,

si es posible llamar al invierno

y secarse de frío entre flores azules,

si es posible volverse paciencia,

y dudar o dudarse,

y esperar

sin que se rompa nada,

si es posible algo de esto,

tranquila,

no es amor.


 

7

No hablar de la tristeza.

No cantarle.

Desarroparla.

Quitarle el agua.

Volverla un perro puro hueso.

Y luego,

atarla a un poste de luz en plena calle.

Sabernos malos.

Ser crueles con el pobre animal de la tristeza.

Dejarla.

Irnos: sin sombra, sin llanto, sin correa,

sin más remordimiento ni esperanza,

sentir cómo es un cuerpo que no pena,

qué tan liviana un alma sin recuerdos,

cómo se muere más cuando no duele.



1

 Que alguna vez,

aunque sea, 

una sola e inconfundible vez,

te sea dada

la claridad

de dos

que al pensarse

se sonríen.



Valeria Pariso (Buenos Aires, Argentina – 1970)  

Publicó los libros de poesía: “Cero sobre el nivel del mar” Ediciones AqL (2012), “Paula levanta la persiana”, Ediciones AqL (2013); “Donde termina esta casa”, Ediciones de la Eterna (2015), “Del otro lado de la noche” (2015) Editorial El Mono Armado, “Triza” (2017) Editorial Detodoslosmares. Se encuentra en proceso de edición La trilogía: “Uva negra”, “Mascarón de proa” y “El castillo de Rouen”. Varios de sus poemas fueron traducidos al portugués y al italiano. Desde el  año 2014 coordina el Ciclo de poesía en Bella Vista. Coordina talleres de poesía.


viernes, 12 de febrero de 2021

Amanda Gorman / La colina que escalamos

 



La colina que escalamos

 

Y cuando llega el día nos preguntamos

¿Dónde hallaremos luz en esta sombra interminable?

La pérdida que cargamos,

un océano que tenemos que vadear.

Hemos desafiado el vientre de la bestia

Hemos aprendido que el silencio no es siempre sinónimo de paz,

y que las normas y nociones

de lo justo no son siempre justas

Y sin embargo, el amanecer nos pertenece

aún antes de que eso lo supiéramos

De alguna manera lo hemos hecho

De alguna manera hemos capeado y presenciado

una nación que no está rota

sino sencillamente inacabada

Nosotros, los sucesores de un país y de una época

en los que una chica negra y flaca

descendiente de esclavos y criada por una madre sin marido

puede soñar con ser la presidente

sólo para encontrarse declamando para uno

Sí, no somos muy pulidos

y lejos de ser prístinos

pero saberlo no denota que estemos

batallando por formar una unión que sea perfecta

Nos esforzamos por forjar una unión con un propósito

para constituir un país comprometido con todas las culturas,

colores y condiciones de los hombres

Y por eso no miramos lo que se interpone entre nosotros

sino lo que está delante de nosotros

Y cerramos la brecha porque sabemos que, para anteponer nuestro futuro,

debemos ante todo apartar las diferencias

Y dejamos las armas

para poder abrazarnos con brazos extendidos

los unos a los otros

Buscamos que no haya daño para nadie y la armonía de todos,

que el mundo diga, por lo menos, que esto es cierto:

que incluso cuando estuvimos afligidos, crecimos

que incluso cuando era doloroso, tuvimos esperanza

que cuando nos cansamos, seguimos esforzándonos

Que por siempre estaremos unidos, victoriosos

no porque nunca más conoceremos la derrota

sino porque nunca más sembraremos divisiones

La Escritura nos dice: vislumbrar

que cada uno se sentará bajo su propia vid o higuera

y nadie lo podrá atemorizar

si hemos de vivir a la altura de estos tiempos

Entonces la victoria no estará en la hoja de la espada

sino en todos los puentes que hemos hecho,

porque esa es la promesa de la luz

 

La colina que escalamos

si de verdad nos atrevemos

es porque ser americano es más que un orgullo que heredamos,

es el pasado que pisamos

y cómo repararlo

Hemos visto una fuerza que destrozaría nuestra nación

antes que compartirla

Destruiría nuestro país si eso significara retrasar la democracia

y este esfuerzo por poco alcanza el éxito

Pero aunque la democracia puede periódicamente retrasarse

nunca puede ser derrotada de forma permanente

En esta verdad,

en esta fe, confiamos

Porque mientras tenemos los ojos puestos al futuro

la historia tiene sus ojos puestos en nosotros

Esta es la era de la justa redención

Temimos en su inicio

No nos sentimos preparados para ser los herederos

de una hora tan llena de terror

pero en ella encontramos el poder

para escribir un inédito capítulo

para ofrecernos, a nosotros, la esperanza y la risa

Así que mientras una vez nos preguntamos

¿Cómo podríamos prevalecer sobre catástrofe?

Ahora preguntamos

¿Cómo podría catástrofe prevalecer sobre nosotros?

No volveremos ya a lo que fue

sino a lo que será

Un país malherido pero entero,

benévolo pero audaz,

feroz y libre

No daremos marcha atrás, a lo que fue

Ni habrá una interrupción por ser intimidados

porque sabemos que nuestra inacción y nuestra inercia

serían la herencia de las generaciones venideras

Nuestros errores se convierten en sus cargas

Pero una cosa es cierta:

Si fusionamos la misericordia con la fuerza

y la fuerza con el derecho y al derecho,

entonces el amor será convertido en el legado

y cambiará el patrimonio inalienable

que adquieran nuestros hijos al nacer

Así que dejemos tras nosotros un país

mejor que el que nos dejan

Con cada aliento de mi pecho de bronce que palpita,

levantaremos este mundo herido hacia un mundo fascinante

Nos elevaremos desde las colinas de oro del oeste

nos elevaremos desde el noreste barrido por el viento

donde nuestros ancestros por primera vez

entendieron lo que era rebelarse

Nos levantaremos de las ciudades bordeadas por los lagos

en los estados del medio oeste americano,

nos alzaremos desde el sur bañado por el sol

Reconstruir, reconciliar, recuperar

y en cada recoveco conocido del país

y de cada rincón de nuestra patria

emergerá nuestra gente, diversa y hermosa,

maltrecha y hermosa.

Cuando llegue el día saldremos de la sombra

ardientes y sin miedo

El nuevo amanecer florecerá

en la medida que le damos libertad

Porque siempre habrá luz

si sólo somos lo suficientemente valientes para verla

si sólo somos lo suficientemente valientes y encarnarla.


Amanda Gorman (California, EE.UU - 1998)

Es una poeta y activista estadounidense. Su obra se centra en cuestiones de opresión, feminismo, raza y marginación, así como en la diáspora africana. Gorman es la primera persona que ha sido nombrada Poeta Nacional Juvenil Laureada en Estados Unidos.​

jueves, 11 de febrero de 2021

Katariina Vuorinen / La descendencia



 


La descendencia

 

Me siento, las nalgas desnudas, en el musgo

las llamas del diablo entran en mí

Contra las piedras hay vergüenza para ser polinizada,

en la orilla se reconoce el propio cuerpo antes de la interrogación.

La niña alterada se mezcla en el paisaje.

Por fin se ha enterado de la existencia de personas sobrepuestas,

bebidas fermentadas, linos de sangre,

se enoja con la sierra circular de la piel, enebros

vueltas y vueltas, piernas equivocadas, boca pegada,

piel que no transparenta

las venas.

Queda un cupón no ganador y un globo pinchado con una aguja de tejer.

La luz de San Juan revela sutilmente, aprieta las caderas.

No querías más

al borde de la mesa, a la bifurcación,

le diste vuelta a la amoladera en las entrañas del vientre,

el pecho lleno de hojas mojadas

Doblaste las pestañas, el secreto de los ojos pintados de negro.

Los libros escondidos hacían brotar esporas de fuerza.

Tres juramentos: no me abro, retrocedo, paro.

Los labios y los ojos aún se hinchan por el golpe

los rostros vacíos de los adultos se vuelven hacia

la mañana bidimensional

la neblina susurra, el colimbo ártico condensa.

Vuelvo a empezar, desde el pie del abeto, y en las curvas de la punta

ya hay nuevo hielo negro, bufandas bien tejidas,

almohazar listo para la madre y la mente bajoneada

hacia la espalda, la orilla poco profunda con un rastrillo de hierro.

En el libro de texto se ha llenado el regazo con hijos propios

de preferencia en el musgo, con el palito en la faringe.


*(Traducción: Johanna Suhonen y Roxana Crisólogo)


 

Katariina Vuorinen (Jankkala, Filandia -1976)

Es una poeta finlandesa. Tiene una maestría en filosofía de la asignatura de literatura finlandesa. Ha trabajado en la Universidad de Jyväskylä como diseñador y asistente del rector. También es profesora de escritura creativa. Desde 2010, Vuorinen ha sido un escritor independiente.


 

martes, 9 de febrero de 2021

Helena Sinervo / Mujeres maravillosas en el patio

 





MUJERES MARAVILLOSAS EN EL PATIO

 

Ella abrió cerró la verja

y entró en el patio

la visera del casco abierta,

la chaqueta de cuero abierta

 

miraba cómo la otra

se bajaba de la moto,

y la dejaba parada

junto al lugar donde juegan los niños

 

Los árboles les daban sombra a ellas,

a las bicis en sus soportes,

detrás sobre los techos, el sol

enjuagaba las sabanas

 

Ella miraba las cosas,

las cercas de alambre,

las ventanas abiertas,

la gente en los balcones

 

los hondos surcos del cielo

que con sus mejillas hundidas

esperaba la tormenta otoñal

después de un largo, intenso calor

 

Ella miraba y se preguntaba

por qué justamente este patio

y no algún otro,

qué extrañas coincidencias

la llevaron hasta aquí

a través de miedos y de anhelos

para escuchar los ecos

junto al arenero

 

Qué fuerza eligió

el barrio sudado,

y que aparcara aquí

debajo de los arces

 

que se sacara el casco

y sonriera,

y que mientras las grajillas graznan

perforara el universo

 

 

Helena Sinervo (Tampere, Finlandia, 1961)

Es una poeta, novelista y traductora finlandesa. Ha publicado tres novelas, 11 colecciones de poesía y tres libros infantiles y sus obras han sido traducidas a más de 25 idiomas. Sinervo recibió el Premio Finlandia de Ficción en 2004.

 


lunes, 8 de febrero de 2021

Viviana Ayilef / Teogonía

 


Te


TEOGONÍA

 

La libertad ya nos persigue en los senderos

que el viejo mundo pretendió sin dueños.

Nunca estuvimos tan rotos de vergüenza

como el momento que sucedió a esa noche sin aurora,

aquella en que la luna nos silbó casi campana

y liberó como si lluvia algunos cuervos

 

–jamás pudimos encontrarles la mirada–

 

y la terca ternura, latiendo bajo tierra

pedía florecer, pedía libertar su temporada.

 

… entonces vimos los caballos enlutados sin jinetes.

 

La noche triste en que parió mi abuela salió el sol

 y luego lo llamaron Juan.

La libertad lo persiguió enamorada y lo boleó

–ni tiempo tuvo de apartarse en el olvido–

Por eso Juan dejó silencios en el barro,

juntó toda la luz,

 y amanecía.

La luna en sus festejos

cargó toda la noche que había acumulado.

Y ahí anda Juan, moviendo su cabeza

cantándonos que todos viviremos

 que todos correremos

 que todos reiremos

por esa libertad que enloquecida

está danzando hace quinientos años en los vientres,

así como mi abuela parió el sol.

 

 

Viviana Ayilef (Argentina- 1981)

Vive en Trelew y cursa licenciatura en letras en la Universidad Nacional de la Patagonia “San Juan Don Bosco”. Ha publicado: Agua de Otoño y Kellemi.


viernes, 5 de febrero de 2021

Enza García Arreaza / Cosmonauta ( 5 poemas )




1.


A veces cuento una historia porque no puedo moverme. Pero la verdad es que me gusta

volver sobre las cosas que me paralizan. El otro día leí en Twitter unos versos de Auden: And

ghosts must do again / What gives them pain. Y me reí. Además, uno siempre quiere sentirse

especial creyendo que tiene algo en común con los poetas ingleses, lo cual no sé si es amor

literario o racismo endógeno.


leí  que alguien  escribe

con «valentía sobrecogedora»

 

wow

yo sólo escribo con pesar

hace tres días que no voy al baño no queda otra

que regar mi planta venenosa

y soñar que un pollo en brasa me persigue para ofrecernos

un dios de precarias connotaciones republicanas


 

cuando era niña

temía una invasión alienígena

aullaba en secreto cada vez que pensaba en la nave nodriza

y además quería cogerme a Fox Mulder

 

quizás por eso al mismo tiempo

temía que llegaran los hombrecitos verdes cabezones

o mis abuelos muertos a castigarme

con fuego eterno

porque había descubierto

mi centro de gravedad entre labios mayores

qué infeliz era dios mío

gordita y libidinosa

hija de pobres y taciturna además creía que era muy bruta

y que jamás obtendría  un empleo en el FBI

 


la asfixia era una alternativa

ponías a prueba

la veracidad de las estrellas

 

en 1991

un congorocho invadió

mi canal auditivo derecho y Aleida señora madre

lo extrajo

con su uña meñique

esa noche hubo conmoción y rescate

éramos una familia joven

de pocas anomalías

a la mañana siguiente

Aleida indispuesta por mi lentitud comensal

estrelló mi cabeza contra el plato de lentejas

y desde entonces una cigarra

se poza sobre el oficio de mi canon occidental

de mira ve

a nadie le importa

un bólido te quemó la ropa que ayer tarde la lavé

en silencio coño en silencio

que la cigarra no haga bulla es desde luego

lo peor




Enza García Arreaza (Puerto La Cruz, Venezuela  1987)

Estudiante de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela, en 2004 obtuvo el VII Premio Literario Cuento Contigo de Casa de América (Madrid), publicado en la antología Cuento Contigo de la Editorial Siruela. Es autora de las colecciones de cuentos Cállate poco a poco (Monte Ávila Editores, 2008), El bosque de los abedules (Equinoccio, 2010) y Plegarias para un zorro (bid & co., 2012). Obtuvo el VII Premio Literario “Cuento Contigo” de Casa de América (Madrid, 2004) con «La parte que le tocó a Caleb», así como el primer premio del Concurso para Obras de Autores Inéditos (2007), auspiciado por Monte Ávila Editores y el III Premio Nacional Universitario de Literatura de la Universidad Simón Bolívar (2009) por El bosque de los abedules. Textos suyos aparecen en las antologías Cuento Contigo 2 (Madrid, Siruela, 2006) y Zgodbe iz Venezuele (Eslovenia, Sodobnost International, 2009).