jueves, 16 de septiembre de 2021

María Malusardi (12 poemas )

 


 

romperme en lo roto para romperme en la escritura y no manchar de gasas la belleza

 

Amor

qué haremos mal si el amor es una trampa

ineludible para morir un poco menos? beso

enfermo de rapto de camilla dos cabezas al

revés en una caja presiona lápiz enredo

póstumo de piernas el fin en el abrazo se

empecina no hay palabras para combatir el

desencuentro sólo cenizas qué pena oscura

desquicia el amor en este rincón manos que se

buscan


no cabemos en la vida cuando ya no cabemos en el lenguaje

el filo de la palabra tritura y amontona los restos cuando

intentamos decirnos el amor desnudo un peligro una rama

quebrada incendiándose hasta dejarnos ver aquello que

acabará con la compasión


Primera edad

Para Gastón Malusardi

 

se humedecen barquitos de papel en la tinaja

circo roto o la danza última en la arena no hay

violinista ni andén ni vaca al viento no hay

cierres ni regresos en la infancia sino una triste

continuidad en los trapos del muñeco sin

escena todo lo que flota es un juguete

desamparado: dónde ha quedado la niña?


con quién me peleo tan adentro que yo misma me echo del

lugar en el que vivo y sufro? cada sueño me revela algún

sinfín: la escritura del cansancio como caer en las alturas

donde no soy

          

 

no puedo quejarme de los huesos: la música se

ha enfermado en mí he roto la cuerda un acto

de confusión y de olvido miles de manos entre

sábanas    riéndose     intentaron     elevarme

sostenerme en la gloria me he dormido sobre la

escena no hubo tiempo para el desarraigo estoy

aquí: los dedos tiemblan cuando amanecen

sobre la madera intacta del silencio

 

y dónde queda la vida la errancia agazapada del error cuando al romper la copa se

derraman látigos y costillas sobre la misma arena donde nos amamos y 

dormimos como hijos muertos


las flores se amontonan sobre un libro es la

escena papel de los rosales se borran al

nombrarme al estallar se enredan el aire de mi

pelo se desgarra estropea mis pies la flor que

me despide rozo el invierno de los rostros

intentan retenerme forzarme alguien me

desnuda y trae a dvorák despacito calma los

dolores sabe: nadie como yo lo ha comprendido

nadie como yo le ha sacado idioma a las heridas


lo quebradizo del desastre es la luz cuando se apaga para siempre quién la enciende

 luego en el más allá y abandona la escritura? el desastre de lo quebradizo es la casa

 cayéndose en sintonía con el mundo la batalla aquí dentro: somos un hombre una

 mujer un gato y centenares de hormigas negras que cargan sobre sus lomos lo poco

 que nos queda de tolerancia: los muebles los alfajores las cortinas la sequía azul el

 violín aullando en nuestros ojos

 

cuando la casa cae y rompe nos decimos: debemos reconstruir primero aliviar

 nuestra tristeza luego reorganizar las partes no unir un pedazo de plato con la pata

 de la cama sino encontrar que nada de eso tiene solución que no hay amalgama en

 las diferencias crueles sino descompostura y vómito

 

en el fondo de la niebla donde es el crujir del

barro y la liviandad ha perdido su pureza la

niña pregunta cómo es que vamos a morir

nosotros si nos vemos nos queremos jugamos al

ciempiés pregunta: es el fin? como nadie hay

para inquirirme quedo allí suspendida en la

poesía


no hablo de exterminio ni de campos hablo de confrontaciones que horadan la

 simpatía el buen humor que chupan la sangre de los filósofos y ya no hay nadie que

 pueda pensar ni escribir poemas tratados la devastación es una cifra cerrada la

 estética de la derrota

 

 

María Malusardi (Buenos Aires, Argentina)

Es escritora, docente y periodista. Publicó los libros de poesía El orfanato (2010), Trilogía de la tristeza (2009), Museo de postales (2008), Diálogo con pescadores (2007), Variaciones en la niebla (2005), La carta de Vermeer (2002), El accidente (2001) y Payaso Rojo (1989). Publicó poemas en diversos medios del país y del exterior. Su obra poética figura en varias antologías, entre las que se destaca Animales distintos (2008), editada en México.


miércoles, 15 de septiembre de 2021

Rolando Revagliatti / Colaboraciones poéticas (10 poemas)

 




Del claudicar

Como todos

nació sin terminar

Creció sin terminar

de hacerse

 

No pudo, no aguantó

renunció al infinito hacerse

 

Y así siguió por siempre

cumpliendo rituales, burocracias

más o menos plagado de ademanes sociales

e impromptus antisociales

cumpliendo con sumatorias onomásticas

esas inevitabilidades propias

de alguien muy cumplido:

 

inevitabilidades esquivas

a los procesos de terminación.

 

 

¿Por qué maté?

 ¿Por qué maté a la araña?

Yo recogía hojas

de sauce

en la terraza

y las introducía

(¿por qué maté a la araña?)

en una bolsa

plástica

 

¿Por qué maté a la araña

—agachado—

en esa fresca y soleada

mañana de sábado?

Maté sin pensar, sin respaldar

mi intrascendente pisotón

 

¿Por qué maté a la araña?

¿Por qué incluí a un caracolito

en la bolsa plástica

sin destinarle

una mirada responsable?

¿No era que yo amaba

a los

caracolitos?

 

¿Por qué

si esa mañana

fresca

de otoño

yo andaba optimista

chispeante

maté

a la araña?

¿Qué bicho me picó?

 

¿Por qué diantres maté

a la minúscula araña

que ni araña sería

ya que lucía (creo)

alillas transparentes

pero eso sí (creo)

largas patas

las que configuraron

en el fogonazo

del instante

a esa araña

que aplastó

mi aborrecible

derecha

zapatilla?


En abrirse

 Tardó

la puerta en abrirse

un buen rato

 

Yo estaba

ante esa puerta que tardó

en abrirse

un buen rato

 

Cuando alguien la abrió

yo

estaba cerrado.


Rehuyente

¿De cuántas películas me escapé?:

incontables

 

Hui de la fama

 

Fantásticamente sé que la mía

hubiera sido una fama irritativa

desde la que no sólo me habrían desnudado

sino que, también, despellejado

 

Ahora soy todos mis personajes truncos:

pervivo arropado

y anónimo.

...


Raptus

A la suma inicua de mis estructurales

imperfecciones

añado deterioros recientes

y renuncios de cuya cronicidad

bien no sabes

 

Infórmote

que en mí

definitorio

un raptus ha decidido

decepcionarte

 

Dejo así que anegue

mi subjetividad

la mezcolanza blanduzca

de materiales abominables

en esta especie de ciénaga.


La cama 

Es expandiéndome

mientras la procuro

para hacerla mía

repartiéndome en el contacto

desalojándome de los huesos

demandantes de abandono

apenas conexos los huesos

 

Es sólo allí y en esas

tremendas y deseadas circunstancias

cuando tengo de un plumazo toda

mi puñetera humanidad.


Conmigo, a solas

Cuando me quedo a solas con mi corazón

todo es malo o pésimo

Mi corazón

en el remedo del silencio

me enloquece

 

En el remedo del silencio

y por la noche

él, tan luego él, ese músculo

me amenaza

 

Añade a los motores de la casa

a las destemplanzas del vecindario

a la agonía de mis pensamientos

su insuficiencia

o arbitrariedad.


De mentira, verdad

Un chico de verdad

se siente como un

chico de mentira

 

El único chico de verdad

se siente como uno

de los tantos y tantos

chicos de mentira

 

Todos los chicos de mentira

son felices

 

Algo le indica que es mentira su

recién inaugurada felicidad

al chico que sintiéndose de mentira

no logra desquiciarse al punto

de encarnar en la mentira

su origen de verdad.

 

Imagínote

Imagínote juzgándome pintoresco

oh, tú, grave, aún más que denso

imagínote asesorando en la plenipotencia de tu severidad

Ya ves cuáles, para mí, tus atributos:

grave, denso, severo

 

Imagínote sólo validando

la concepción adusta

Se me imponen mis pareceres

en base a antiguas sospechas:

por cómo me evitas o saludas

por el arraigo de tu distancia

esa acrimonia

empecinada

 

No abundaré:

desecharé la tentación:

inhibo la sorna

reprimo la causticidad

me abstengo del sarcasmo

suspendo la socarronería

ni un chiste intelectualoide destilaré

fuera la transversalidad y su desenfado

Mi rencor hoy es grave, denso

básicamente severo, adusto

inserto en la acrimonia

 

y, sin embargo, pintoresco.


Siento lo que ignoro



No es verdad que no recuerdo nada

 

y es verdad

 

que dudo

y creo recordar

 

y es verdad

que no invento.

 

Rolando Revagliatti (Buenos Aires, Argentina)

Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos, relatos y microficciones y quince poemarios, además de otros cuatro poemarios sólo en soporte digital. En esta condición se hallan los seis tomos de su libro “Documentales. Entrevistas a escritores argentinos”, conformados por 159 entrevistas por él realizadas. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com  


 

jueves, 9 de septiembre de 2021

Azahara Palomeque / (3 poemas )

 



LA RED    

 

Nos asalta la red.

Hay escaleras de incendios en cada angostura de mis

poros, madres

en la madera, madres

como lombrices tejiéndonos crisálidas. Todo

lo que toco ha sido ya ajado y sabiamente protegido.

Tus ojos terreros. La máquina gástrica

de nuestros pensamientos, el viaje lento a la cocina.

Caminamos

y sabemos que podríamos morir, que el cuerpo

es una báscula de escombros

y las corrientes siempre van hacia atrás, adonde el rojo

las mande. Pero estas pancartas

con las que cubrir ataúdes nos surten de lluvia.

Nadie cree

hoy en los dioses, pero los dioses

colectan masa de nuestros tobillos, continúan su juego

en los raíles oxidados del tiempo.

 

ROAD TRIP

 

Qué fácil es mentir por las autopistas, restañar

las cicatrices,

mordernos los cuerpos cuando deseamos una última

copa: el más tenue

cristal de las articulaciones.

Todo lo que engañamos,

la cubierta poderosa del vidrio, la raíz

no nacida.

Las autopistas son el decoro de los vientres anónimos.

 

RESIDENCIA EN EL CIENO

 

Ya casi

no se siente. Llueve a pedazos, se recoge

en el reloj templado de la madrugada, tres minutos

apenas es lo que tarda la criatura herida

en subir la escalera, menos

si va rodando. Casi

no pertenece si aprendo a dominar la presencia, ser fría

tras la máquina, hacer los gestos oportunos y asentir

bajo los techos. Ya casi

no desgasta, existe en la sima pero, desde la tos, parece un

pájaro

desnudo, exilio que se habitúa,

manoplas en descomposición

me descubren América.

 

 

Azahara Palomeque (España)

Es licenciada en periodismo, estudios que cursó a caballo entre Madrid, Lisboa y São Paulo. Pasó un verano de prácticas en el periódico HOY de Badajoz, marchó a Estados Unidos con 22 años, inicialmente como profesora de español en la Universidad de Texas, Austin, y más tarde realizando el doctorado en la de Princeton, New Yersey. Ha obtenido en varios certámenes literarios, y sus poemas y cuentos han sido publicados en revistas de diferentes países, entre ellos: España, México, Perú, Estados Unidos y Cuba.

 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Virginia Segret Mouro / Mar de Weddell

 


MAR DE WEDDELL

 

Quizá este mar

haya soñado ser de lo inextinguible apasionado

de una rosa roja,

de lo minúsculo de una cereza sangrante

madurando una siesta bajo un tórrido sol.

Y quizá se pregunte cómo era eso

de bañar con otra lengua dulce

la mejilla arcillosa de las riberas calientes

de esta Madre Tierra.

 

Tan abajo del mapa, tan austral,

este pobrecito mar.

 

Quizá, y si pudiera,

este mar elegiría

entregarse en toda su desolada inmensidad

a un lecho de trigos amarillos o de amapolas bermejas,

lúbrico, sumiso en su ternura.

 

Pero está tan al Sur,

tan hirsuto él, tan iracundo,

tan proscrito del beso de los gráciles bajeles blancos,

tan replegado en su propia garganta,

huraño, cejijunto.

 

Ay, este pobrecito mar,

este mar de tan abajo,

que carga todo el peso del planeta,

que soporta en su lomo de animal mesozoico

nuestra precariedad

y el peso y el clamor

de todas nuestras cadenas.

 

                                     II

 

El mar juega a que encanta con su procelosa flauta.

Inflama, pone a arder corazones,

bramadero de coloniales esperanzas.

El mar hechiza con sus promesas.

Promete glorias a la voracidad.

 

Y los barcos de Europa, sudorosos de sed y rapiña,

hienden las aguas, avistan escarpadas costas,

rastrillan los bordes de la noche polar.

Los barcos de Europa, extranjeros,

presagian el desvelo de estas aguas,

incuban días de guerra y zozobra

entre las espesas islas del hielo de esta patria.

 

Y acontece

que el mar recela de las pupilas de azufre

de los navegantes,

de sus bolsas pesadas de relinchos y sombras,

y mira con sus ojos de ballena entristecida

y se enfurece.

Entonces, escupe su espanto y su ira,

terrible como un dios del principio de los tiempos.

 

Muerde el viento la soberbia enhiesta de las arboladuras.

Fisuras en la amaderada llaga.

Zarpazo final.

 

Los barcos de Europa, extranjeros,

navegan las fúnebres aguas.

Los barcos de Europa, extranjeros,

salmodian, abatidos, la música

de maderas rotas y polvo de huesos.

 

El mar juega a que encanta con su procelosa flauta.

 

Temblor de soledades.

 

Virginia Segret Mouro (Buenos Aires, Argentina)

Ha publicado cuentos, para niños y no tanto, dos libros de poemas, "Poemario" (Agon, 1984) y "Memoria" (Último Reino, 2006). Permanecen inéditas mis cuatro novelas: "Annabella"; "Historia del reino de Glabritania"; "La lectora y las rosas"; "Una canción para Elena".