jueves, 7 de octubre de 2021

Antología Hacedoras Tomo I / Mil voces femeninas por la literatura venezolana (DESCÁRGALA GRATIS AQUÍ)



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El lenguaje poético es sinónimo de libertad absoluta, pues no está condicionado por nada y nos conecta con lo sagrado que habita en cada una de nosotras. Al ser una instancia libre se mueve a través del tiempo y la palabra pervive más allá de la vida y de la muerte. Escribo estas frases pensando en Miriam Mireles, una hacedora que se unió a este coro con uno de sus poemas vírgenes, pero no pudo ver finalizada nuestra antología. Su desaparición física nos ha producido un hondo pesar, aunque su voz estará siempre viva en cada lectura ya no será posible el encuentro, el abrazo, el café en Kalathos.

 

Nos ha tocado vivir tiempos adversos estos dos últimos años. Cada visita a las redes sociales, se hace con el temor de hallar una mala noticia que, en efecto, casi siempre encontramos y vemos desconsoladas e impotentes cómo la vida de un ser querido, o la de alguien a quien apreciamos profundamente se escurre hacia la nada. Sobrevivir se ha convertido en un reto, en una lotería en la que, como en aquella alucinante de Shirley Jackson, también podemos morir lapidadas por las eficaces pedradas de la Covid-19 y alguna complicación respiratoria.

 

No obstante, un grupo de mujeres conocedoras del poder de la palabra y la imagen visual, nos hemos reunido en esta casa de tinta y papel para dejar constancia de nuestras voces. En estas páginas comenzamos a tejer una memoria que da cuenta de la conciencia del lenguaje y de su poder desbordante para hendir el silencio más allá de la muerte. Sabemos que la dupla lectura escritura es una manifestación simbólica del eros como pulsión vital, cada vez que escribimos y leemos somos participes de un ritual profundo que nos conecta con la creación, con energías vitales, con la vida.

 

Siguiendo el trazo de ese hilo conductor pensamos en las razones para armar una antología solo de mujeres. Hay muchos motivos, pero el más importante es que no existe ninguna compilación de este tipo en Venezuela. No buscamos solo promocionar las voces autorizadas y divulgar las desconocidas, sino también crear un registro de la literatura venezolana escrita por manos femeninas. Asimismo, intentamos establecer un diálogo con otras creaciones de mujeres que, si bien pertenecen a diversas disciplinas, están íntimamente ligadas al quehacer literario y editorial y, de alguna forma son voceras de metáforas y figura poéticas, de lenguaje hecho imagen, de expresiones literarias.

 

La enfermedad, el temor, las presiones sociales, son formas de violencia que pueden aniquilar la imaginación. La forma de enfrentar esas expresiones brutales a las que estamos expuestas cada día, es trabajando con la potencia inagotable de la palabra. En Hacedoras refulge el poema de insondable belleza, la fuerza expresiva de la imagen plástica, la autenticidad inagotable del lenguaje en los cuentos, relatos, y en textos líricos de una belleza infinita. Echando mano de recursos estéticos y desde la más recóndita intuición, las hacedoras hemos buscado, aun en medio de la frase fracturada por una pérdida, la dimensión portentosa de la vida y de la esperanza, desde el fulgor memorable de la finitud.

                                                                                                                                              Lesbia Quintero

 

Compiladoras: Lesbia Quintero y Graciela Bonnet

 

Editora: Lesbia Quintero

 

Editorial Lector Cómplice

 

Imagen de portada: Nidia Tabarez

 

 


 


Margaret Atwood (6 poemas)


Salida de la maleza

Yo que había sido borrada por el fuego
me fui cubriendo
de verde
(qué
estación más luminosa)

Con el tiempo los animales
vinieron a habitarme,

primero uno
a uno, furtivos
(sus conocidas huellas
quemaban); y después
al haber ya trazado nuevos límites
volviendo, más
seguros, año
tras año, de dos
en dos

pero inquietos: no estaba preparada
del todo para que me habitaran

Les pudo parecer que
pesaba demasiado: pude haberme
volcado;
Me daba miedo cómo
el brillo de sus ojos (verdes o ámbar)
llegaba al exterior desde dentro de mí

No estaba terminada; de noche
no veía sin candiles.

Él escribió, Nos vamos. Contesté
No me queda ya
ropa que ponerme

Llegó la nieve. Fue de gran ayuda
el trineo; quedaba atrás su rastro
como si me empujara a la ciudad

y una vez rodeada la primera colina, me encontré
de repente
deshabitada: ya se habían ido.
Hubo algo que casi me enseñaron
y que al irme no había aún aprendido.
...


La muerte de un hijo ahogado

Él, que llegó con éxito tras navegar el río peligroso
de su venida al mundo,
se ha vuelto a ir

a un viaje de descubridor
por este territorio en el que yo he vagado
sin llegar a tocarlo, a hacerlo mío.

Sus pies se resbalaron de la orilla,
y a él se lo llevaron las corrientes;
lo arrastró la crecida entre hielos y árboles

y se ha perdido en un lugar lejano,
la cabeza como una batisfera;
miró con las pequeñas burbujas de sus ojos

como un aventurero temerario
por un paisaje más raro que Urano
que todos conocemos y que algunos recuerdan.

Fue un accidente; se quedó sin aire
y, como un corazón, cayó en el río.
El cuerpo, que era seña

de mis planes y mapas del futuro,
lo sacaron del fondo con ganchos y con palos
entre los troncos que al flotar chocaban.

Era la primavera, el sol aún brillaba
y la hierba incipiente ganaba solidez;
la claridad alumbraba los surcos de las manos.

Estaba fatigada por las olas de aquel largo viaje.
Pisé la tierra firme. Las velas de aquel sueño
se vinieron abajo, destrozadas.

En esta tierra él
es mi bandera.
...


Él es un raro fenómeno biológico

Tienes cáscara, como los huevos y los caracoles

En el jardín estás
por todas partes y lo destruyes,
eres difícil de erradicar

Carroñero, solo comes
carne muerta:

Tu piel es ahora
pura proteína
tersa como gelatina o como
el vientre viscoso de las sanguijuelas

Eres sinuoso y sin huesos
Tu lengua deja cicatrices diminutas
de textura cenicienta como flores enmohecidas

el humo es tu medio; no tienes
clorofila; te extiendes
de un lugar a otro como una enfermedad

como las setas vives en armarios
y solo sales por la noche.

Quieres volver adonde
el cielo habitaba en nosotros

los animales nos atravesaban, nuestras manos
bendecían y mataban de acuerdo a nuestro
criterio, la muerte
hacía borbotear sangre de verdad

Reconozcámoslo, sin embargo: hemos
mejorado, nuestras cabezas flotan
varios centímetros por encima de nuestros cuellos
ancladas a nosotros por
tubos de goma y rellenos de
ingeniosas burbujas,

en nuestros cuerpos
viven billones
de mullidas cifras rosas
que se multiplican y analizan
a sí mismos, perfeccionan
sus propias exigencias, sin causar molestias.

Te quiero por
pedazos y cuando trabajas.

¿Quieres ser analfabeto?
Esta es la forma, acostúmbrate.
...


Durmiendo al sol

Durmiendo al sol
(me ocupas
tan completamente

recorres mi cerebro como química
caliente y oro
fundido, alas extendidas contra
la punta de mis dedos
alcanzan mi corazón y allí
se detienen, hincando tus garras

Si eres un pájaro de qué tipo /
nada que haya visto nunca
en el aire / vuelas
a través de la tierra y el aire arrojando
una sombra roja

La puerta me despierta, es
tu enjoyado ojo viperino
a oscuras cerca del
mío, plumas brillantes de
pelo se ciernen sobre mi frente

...

 

Axioma

Eres un mar.
Tus ojos-
párpados que se curvan sobre el caos

Mis manos
donde te tocan, crean
pequeñas islas inhabitadas

pronto todo tú 
serás tierra: un conocido
suelo, una nación.

...

 

El instante

El instante en que, después de muchos años
de arduo trabajo y un largo viaje
te detienes en el centro de tu habitación,
casa, medio acre, milla cuadrada, isla, país,
consciente al fin de cómo llegaste ahí,
y dices, esto es mío,

es el mismo instante en que los árboles desatan
sus suaves brazos de tu alrededor,
las aves recuperan su lenguaje,
los acantilados se agrietan y colapsan,
el aire se aleja de ti como una ola
y no logras respirar.

No, susurran ellos. No eres dueño de nada.
Eras un visitante, una y otra vez
subiendo la colina, plantando la bandera, proclamando.
Nunca te hemos pertenecido.
Nunca nos encontraste.
Fue siempre al contrario.


Margaret Eleanor Atwood (Ottawa, Canadá) es una poeta, novelista, crítica literaria, profesora y activista política canadiense. Es miembro del organismo de derechos humanos Amnistía Internacional y una de las personas que presiden BirdLife International, en defensa de las aves. Atwood ha escrito novelas de diferentes géneros, ensayos, relatos y libros de poemas. 

miércoles, 6 de octubre de 2021

Karina Lerman ( 4 poemas)

 


 

 

LAS HIJAS DE LOT

La tierra se duplica
una escena dentro de otra.

Bajo el caos, ellas y Lot absorben las bocas.
Soberbios parlamentos de mujeres sin nombre.

Colmarán la noche, el padre como un tótem.
Azar de animal atado.
Comerán del banquete hasta saciar el duelo.

Todas querrán ser anónimas y hermanadas.
Saquear la última luz del Pater.

 

Pertenecer tiene su costo. También, saberse parte. Y voz.

Las hijas de Lot penetra en las preguntas de las mujeres primeras y pioneras obligadas a inventarse un cuerpo y una voz para explicar/se una/su realidad y la nuestra.

Mujeres–hijas en el tiempo.

 ...

 

NINGÚN LUGAR

Esparcimos las palabras como polvo
nos preguntamos
quién agoniza.

Voces mudas suben de los bosques
sin reflejos
buscan un montículo de luz.

¿Dónde resistir lo perdido?

Si somos desterradas de toda heredad
y el padre avaro no señala lo frágil.

 

El saber absoluto de las que se las hace partícipes, con ellas se hace fragmentario, incompleto. Faltaban ellas. Las que resquebrajan la vasija–el libro–la historia. Las que traen en sus velos las preguntas primeras y pioneras.

Es necesario leer —y escribir— más allá «del Templo», más acá del polvo, justo entre las palabras del templo–casa. Otro libro se inscribe junto a las hijas.

 ...

 

NOMBRES CAÍDOS

Una fe nos gravita siesta adentro
aquietamos los gestos
caen los nombres.

Deberíamos saltar la soga al infinito
entre rezos blancos dormir.

Afuera un cachorro lame las veredas.
Clava sus pezuñas sobre la verdad.

 

¿Cómo hablar del ser mujer e hija sin clausurar el tiempo de la tradición?

Esa pregunta sólo puede ser planteada y respondida en los múltiples lazos y cadenas de una genealogía que se agota en los hombres y entorpece a las mujeres. Plantada, interpelada, respondida desde lo femenino, lo matriarcal, lo parental sin jerarquías.

 ...

 

AUSENCIAS

Acaso no haga falta mover el aire
Temblar en tierra seca.
Ahogarse en la sed de los fuentones.

Acaso sepamos existir en la penumbra.
Prestar la ropa.
Prescindir de nosotras.

...

 

Karina Lerman (Buenos Aires, Argentina) Es poeta, maestra de idioma hebreo, licenciada en psicología, gestora cultural y docente. Como escritora editó su primer libro —que estamos reseñado— en 2018. Fue seleccionada para integrar la Antología Cómo decir editada por Ruinas Circulares (Buenos Aires, 2020). Obtuvo el primer premio en el Concurso Nacional de Cuento y Poesía Adolfo Bioy Casares, 2019, con su libro de poemas Cayupán. Gestora cultural a través del blog Las Garzas Poéticas, comenzó a incursionar en las artes visuales y plásticas. Ha realizado su primera muestra de arte, «Jirones», en 2019. Actualmente realiza un Taller de Investigación con la poeta Silvia Castro.

 

martes, 5 de octubre de 2021

Milton Quero Arévalo / Colaboraciones Poéticas (3 poemas )




 

ACTO LINGÜÍSTICO

Muchos podrán decirte te quiero
y quizás tiemble tu piel
como la algarroba hoja ante el gusano que medra
Sin embargo, mi te quiero
es único, inédito e inapreciable
y aunque está estructurado sobre actos lingüísticos anteriores
es una sonrisa de aire que aniquila el desaliento

Cuando ya no te diga te quiero
desaparecerá tu nombre y también cierta leyenda
De seguro las gentes dejarán de reunirse en los frentes de sus casas
y un vacío de la lengua signará a esta ciudad y ya nada será como antes

Otros sabrán decirte te quiero
¿Pero podrán acaso remover la gramática infinita que he creado con tu nombre?
Desengáñate pues, mujer
para cuando vuelvas a oír la palabra te quiero
oirás tan solo
(cuaderno, lámpara, jengibre, moneda) cualquier cosa inanimada
pero nunca el reino que he creado de la nada.
...


TE AMO 

 
Aspirando la atona [ O ] te digo te amo
como quien tiene miedo de perder
[ la luz filtrada del nácar.
El mundo siempre queda atrás
como la espalda del lago en delirio
 [ adolescente.
A la sombra de los árboles se besan los amantes
buscando espantar en la saliva
 [ la usura solar.

¿Qué le debemos?
No le hemos pagado ya con la llaga diaria que nos deja
 [ en el cuerpo iluminado.
Cuando te digo te amo redujo la consanguinidad de este clima.
Cuando te digo te amo se acaban las aceras rotas, los edificios abandonados
[ y la gordura de todos.
Cada vez que te digo te amo fundo una ciudad que no existe, exhumo al sol,
[ y pongo a tus pies la cabeza de la náusea.
Porque te cuesta entender que mi te amo, no es solo una palabra que suena
 [ sino la leyenda de todos los amores en uno.
...


LENGUA

 
Obscenidad de la lengua que aún mantiene su vigencia
ahora que todo al fin ha concluido
Otros vendrán y utilizaran entre sílabas dispersas
las palabras que he fundido entre dos ciclos
Y tu, virtual e incontinenti
volverás a crear la magia entre dos fuegos
Yo, lagaña sexual
contemplaré al continente verbal respirando nuevamente
 [ en otra voz a la deriva
¿Por qué no se acaba la lengua ahora que todo al fin ha concluido?
¡Maravilla del idioma que por despecho contradigo!
¿Cómo pueden seguir existiendo las palabras amor, mi vida, deseo?
ahora que todo al fin ha concluido

Y yo solo y magro contemplando
la chivera del idioma que va dejando ya tu ausencia

y así en mi despecho recordando cuando dije:
Amor, al pie del Obelisco
Mi vida, en Bella Vista con Delicias
Deseo, en el quicio de la puerta.

 ...

 

Milton Quero Arévalo ( Zulia, Venezuela)
Narrador y actor de teatro. Licenciado en letras por la Universidad del Zulia. Actualmente profesor en la Universidad del Zulia y Universidad Rafael Urdaneta. Obtuvo los siguientes reconocimientos por su labor literaria: Primer premio y bolsa de trabajo para la culminación de trabajos literarios “Guillermo Meneses” Consejo Nacional de la Cultura (1999), Primer premio en dramaturgia, narrativa y mención especial en poesía en Concurso Literario de la Universidad del Zulia (2001), Ganador del Certamen Mayor de las Artes y las Letras “Cada día un libro” Consejo Nacional de la Cultura (2002), Primer premio Bienal de Literatura “Eduardo Sifontes” género narrativa (2003), Primer premio de la Bienal “Antonio Arráiz” en el género narrativa y accésit en el género poesía (2003).

viernes, 24 de septiembre de 2021

Cloe Kutsubeli / Instrucciones útiles para el duelo








Instrucciones útiles para el duelo

 

Mantenedlo domado en el patio.

Algunas noches dejad la puerta abierta.

Subirá a la cama,

manchas densas en las sábanas

bocados en el pecho, en el cuello.

Lo oiréis aullar.

No lo encadenéis jamás.

Os conoce.

De manera más profunda de lo que jamás entenderéis.

Lo conocéis.

Es el cordón umbilical que os ata a la memoria.

Dormía bajo la mosquitera.

Cortaba en trozos las carnes de la muñeca

cuando se peleaban los padres

desgarraba las almohadas

cuando se retiraban los amados.

Con un único movimiento os come el corazón.

Jamás luchéis contra él,

ni durmáis con educados desconocidos en hoteles baratos

únicamente por no aguantar el ladrido rabioso.

Acariciadlo tiernamente, exponedlo públicamente.

Un paseo por el parque con la grieta abierta,

el cráter horizontal que borbotea, ayuda.

Y, sobre todo, no escribáis poemas.

Lo irritan:

Luego se revuelca en rosas negras.

En general, permaneced serenos y agradecidos.

No olvidéis.

El duelo existe para cubrir el vacío absoluto.


 * Traducción de Virginia López Recio

 

Cloe Kutsubeli (Tesalónica, Grecia) Poeta, novelista y dramaturga. Estudió Derecho. Ha publicado 7 libros de poesía, 1 novela y 1 obra teatral. Ha sido traducida al inglés, al francés, al alemán, al italiano y al búlgaro.

jueves, 23 de septiembre de 2021

Katerina Gogou / (2 poemas )

 


Alguna vez

 

Alguna vez se abre la puerta poco a poco y entras.

Llevas blanco blanquísimo traje y zapatos de lino.

Te inclinas, pones con cariño en mi mano

72 francos y te vas.

Me he quedado en el sitio en que me dejaste

para que me encuentres de nuevo

Pero ha debido de pasar mucho tiempo

porque mis uñas han crecido

y (mis) amigos me temen.

Cada día cocino patata 

he perdido mi fantasía

y cuando oigo «Katerina» me asusto.

Creo que debo delatar a alguien.

He guardado algunos recortes con alguien

que decían que eras tú.

Sé que los periódicos dicen mentiras,

porque escribieron que te dispararon a los pies.

Sé que jamás apuntan a los pies.

En la mente está el Objetivo,

ten cabeza, ¿verdad?

 

[Mira cómo se pierden las calles]


Mira cómo se pierden las calles

por dentro de los hombres…

cómo los quioscos tienen frío

de los periódicos mojados

el cielo

cómo es agujereado por los cables,

y el final del mar

por el peso de los barcos.

cuán tristes están los paraguas olvidados

en el último recorrido

y el error de aquél que se bajó

en la parada anterior

las ropas dejadas en la lavandería

 y la vergüenza tuya, 

habiendo encontrado dinero hace ya dos años,

de pedirlas.

cómo poquito a poco

lenta metódicamente

nos falsifican

para que fijemos nuestra postura ante la vida

por el estilo de la silla…


*Gogu, Katerina, 16 señales desde el frío. Selección y traducción de Kostas Tsanakas y Juan Carlos Reche. Córdoba: Ediciones Ropynol, 1999.


Katerina Gogou (Atenas, Grecia)

Desde pequeña trabajó como actriz en el teatro y en el cine. Su primer libro, el único que publica en vida, sale en 1978. No obstante, con carácter póstumo, entre 1986 y 2007, han salido publicados 7 poemarios suyos en una prestigiosa editorial de Atenas. Adicta a las drogas, murió a los 53 años suicidándose.


miércoles, 22 de septiembre de 2021

Carlos Martínez Rivas / (5 poemas)

 




Mundo


Dios hizo el agua

El Diablo la echó en el vino

 

Dios hizo la ventana

abierta para el hombre

interior

El Diablo la puerta

cerrada para el de afuera

 

Dios  hizo el pan

El Diablo su precio

 

Dios hizo las mejores

palabras ocultas

El Diablo las que sobran

 

Dios nos hizo juntos

El Diablo nos falsificó

separados

 

Dios te hizo una

El Diablo otra

 

Yo te esperaba

Pasaste sin mirarme.

Te escribí entonces un epigrama

como una ortiga.

Pero ¡Ay, tú no lo leerás.

Tú nunca lees versos, mi niña!          

 

Las  vírgenes prudentes


¿Quién es esa mujer que canta

en la noche? ¿Quién llama a su hermana?

De país en país, esa rapsoda que vuelva en el viento

por encima del mar tenebroso donde culebrea el cielo?

 

¡Salidle al encuentro!

Ella, la enamorada.

Ella nada más, y su hermana.

¿Ese viento que canta?

 

Es la voz del amor. La voz del deseo del amor que se alza

en la noche alta.

Sobre la potencia de la ciudad, esa voz que gira.

Esa aria exquisita!

 

Sólo esa nota vibra en la noche helada.

Esa arpa sola tañendo en la noche vasta.

Ese único silbo penetrante de la pureza.

Sólo esa serenata encantada.

 

Y el amor de las hermanas!

De las estrellas protegiendo sus llamas

para el Deseado que tarda.

Nada sino eso: el cañaveral de las desposadas

y la sombra alargada del Ladrón que escala.

 

Canta la noche y las llanuras solitarias

sometidas al hechizo de la luna. Claras,

vacías súbitamente al paso de las hermanas.

Al paso de la bandada blanca de las vírgenes hermanas.

 

Las que se entregaron al amor.

A quienes no se les concedió sino el amor.

 

Las Vírgenes Prudentes cuchicheando en la alcoba [estrellada.

Bajando la voz y subiendo la llama.

Cerrándose en medio de su sombra. Desapareciendo detrás

 

[de su lámpara.

 

Aquí sólo tienes abismo. Aquí sólo hay un punto fijo:

el pábilo quieto ardiendo y el halo frío.

 

Aquí vas a rasgar el velo.

Aquí vas a inventar el centro.

Aquí vas a tocar el cuerpo

Como toca un ciego el sueño.

 

Aquí podrás soplar y apagar tu secreto.

Aquí ya podrás quedarte muerto.

 

Pequeña moral


Van dirigidas estas líneas a quien poseyó:

 

la Belleza, sin la arrogancia

la Virtud, sin la gazmoñería

la Coquetería, sin la liviandad

el Desinterés, si la desesperación

el Ingenio, sin la mofa

la Ingenuidad, sin la ignorancia

 

 

todas las trampas de la feminidad, sin usarlas.

 

No

 

Me presentan mujeres de buen gusto

Y hombres de buen gusto

Y últimos matrimonios de buen gusto

Decoradores bien avenidos viviendo en medio

de un miserable e irreprochable buen gusto

Yo sólo disgusto tengo.

 

Un excelente disgusto, creo.

 

Los perdedores caen en la lona

 

Ser el ganador es una vulgaridad.

 

Yo, personalmente, me sentiría abochornado

si me levantaran el brazo ante la multitud

en el cuadrilátero bajo una luz de oprobio.

 

¿Por qué?

¿Porque derribé a un luchador solitario

que ni siquiera combate conmigo

sino consigo

y a lo mejor era mejor que yo?

¿Por qué no le levantan el brazo también

al que está en la lona caído

si peleó lo mismo?

 

Gene Tunney era mejor que Dempsey.

No un bruto. Un científico. Un poeta

que escribe en su Autobiografía, ARMS FOR LIVING:

“Allí estás solo.

No hay amigos allí. Te la juegas sin nadie.

No hay partidarios excepto tus brazos”.

 

El perdedor estudió su técnica en anteriores

combates. La suya y la del adversario.

Las comparó en rollos de películas proyectadas

en el comedor, después de la cena, con sus hijos.

Niños de ardientes pómulos confiados en su fuerza.

 

Seguros de la victoria del padre.

 

Pero tal vez el perdedor estaba

perdidamente enamorado de su esposa

y roto por el insomnio.    Como Jack Brennan.

—Sí.    Como Jack Brennan.

 

Y durmió mal la víspera del encuentro.

No le respondieron los reflejos.

Se le agarrotaron los tendones del muslo.

Demasiado clinch.

Deficiente trabajo de piernas y juego de cintura

frente al otro: sereno, manteniendo

la guardia ortodoxa sobre la pierna izquierda

hasta el gancho mortífero,

como el gesto del embozado en el cartón de Goya.

 

El sudor del esfuerzo espaldar.

El tallado torso refulgente como diamante.

Un prisma proyectando un espectro de brazos

como luz en haces.

 

Pero nadie sabe que uno piensa cuando boxea.

Piensa en una caja de música de niños

y una esposa en trámites de divorcio.

Sentada Dios sabe dónde.

Dos ojos neutros en trámite de divorcio.

 

Ganar: vergüenza profesional.

Perder: destino sin concesiones.

Si todos somos, nadie es más grande.

Si la victoria de uno es la derrota de otro,

toda victoria es, en algún lugar,

un fraude.

 

Carlos Martínez Rivas (Guatemala- Nicaragua)

En 1953 publica en México su obra más importante, La insurrección solitaria, que es además su último libro publicado. En 1984 obtuvo el Premio nacional Rubén Darío, con el libro Infierno de cielo, que no permitió en vida que fuese publicado. Tuvo a su cargo una cátedra con su nombre en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (1991 y 1993), donde expuso sus trabajos críticos sobre literatura y artes plásticas. Falleció el 16 de junio de 1998 en el Hospital Bautista de Managua. Obras: El paraíso recobrado (1943), La Insurrección Solitaria (1953), Poesía Reunida (2007), Como toca un ciego el sueño, antología (2012).