viernes, 6 de noviembre de 2020

Camila Ríos Armas / Mudanza





Mudanza 


Todo comienza por el deseo. O quizás el cansancio. El querer habitar lo inhabitado.

No ser pilar ni rosa.

Todo comienza cuando quieres que la roca sea otro, construir en medio de la nada

el más fuerte espacio del todo.

Todo comienza por coleccionar el vacío. Cajas desarmadas en las aceras de la

ciudad, detrás de los comercios, en una esquina, al lado de la bicicleta oxidada.

Cinta adhesiva y marcador.

Todo comienza porque quieres trasladarte introduciendo cada fragmento de una

vida en un cubo degradable que firmemente deje dicho lo que adentro lleva.


Organizar la vida. Catalogar los recuerdos en “perdurables” y “para donar”.

Darse en el objeto.

Botar el colchón de 25 años que no vale una casa nueva.


Date cuenta que no podrás llevarte las manchas en la pared

o el olor a madera no pulida

el árbol de higos testimonio del consumir de las estaciones.


Date cuenta que ya no serás el pomo de esta puerta

128 ya no es número que te oriente.

Tus pasos dejarán de ser ciegos movimientos sobre lo sabido.

Lloverá tu cuerpo lo nuevo con cautela.


Dejarás las luces prendidas para asegurar tu verticalidad.


Le darás lugar primero a las cosas.


Amplio espectro de lo inédito será tu orientación.


Tendrá la vista nueva ascendencia sobre los árboles.

Silencioso pájaro cantará en lo blanco

y serás deseo del otro

casa sin ruidos

piso sin pelos de perro

escalera oscura noche de lo que siempre han sido.


Camila Ríos Armas (Caracas, Venezuela - 1989)

Es licenciada en Estudios Liberales, con máster en Desarrollo Internacional. Su poemario A dos aguas obtuvo mención especial en el X Concurso Nacional de Poesía para Liceístas y su libro Muralla intermedia obtuvo otra mención en el II Premio Nacional Universitario de Literatura. En 2014 fue seleccionada por la Fundación Carolina para participar en el programa ‘Jóvenes líderes ibero-americanos’

jueves, 5 de noviembre de 2020

Catalina González Restrepo / (3 poemas )





Una palabra brilla en mitad de la noche


Después de tanta oscuridad en el mundo

e imponentes rutinas diarias,

algo nos llama.


Más allá del laberinto escalonado,

del recorrido incesante,

nos espera la palabra. 



Vaivén 


De tanto vestirnos y desnudarnos

estamos envejeciendo.


Nuestras imágenes en múltiples espejos

se van quebrando lentamente.


¿Qué traje elegimos hoy

el de la vida o el de la muerte?



Silencio en la mesa 


Mientras masticamos la carne del abandono

alguien ha corrido una silla

para sentarse y beber con nosotros.


Vivimos en sonidos que no podemos decir,

improvisamos un concierto que jamás vendrá:

el piano suena muy alto y mis voces callan.


Morir es mejor que oír,

los músicos son niños con hambre.



Catalina González Restrepo (Medellín, Colombia - 1976)

Licenciada en Español y Literatura de la Universidad de Antioquia y Magistra en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, ciudad donde se desempeña como editora. Ha publicado Afán de fuga (Editorial Universidad de Antioquia, 2002), Seis cancioncillas (de agua salada) y otros poemas (Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional de Colombia, 2005), Deseos para los caminantes (con Juan Felipe Robledo, Golpe de Dados, 2007), La última batalla (Pre-Textos, 2010) y Una palabra brilla en mitad de la noche (Universidad Externado de Colombia, 2012). Sus poemas han aparecido en revistas y antologías nacionales y extranjeras y han sido traducidos al francés, portugués e italiano.  

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Yirama Castaño Güiza / En los labios de la noche




En los labios de la noche


Hay algo ahí

en los labios de la noche

en la estela de sus horas

en lo profundo de su cráter

que me llama


Hay algo que se acerca

en la larga espera,

una luz a la deriva

aparece en la montaña


Hay algo ahí que yo no veo

 un poema

un soplido

una hebra de vida

una pestaña.


Yirama Castaño Güiza (Santander, Colombia 1964)

Periodista y editora. Participó en la creación de la Revista y de la Fundación Común Presencia. Hace parte del Comité Asesor del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, Córdoba. Sus poemas han sido traducidos y publicados en medios de Colombia y el exterior. Ha participado en los más importantes Festivales de Poesía en Colombia y en Encuentros de escritores a nivel internacional.


martes, 3 de noviembre de 2020

Luis Eduardo Barraza / Me dice, ella






Me dice, ella


que escuchó oír que juan ya no habla

ni saluda

que caminar

entre jaulas suele

su mirada, también lenta de jaula


la mañana

de sol, le arrancó la lengua

y de tantas una, su erosión y altura de silla ante una


ahora está


y de juan

una poca apenas

muy escaso va quedando de juan

poeta


(empiezo a entender)


y su mujer

alegre, ella, de juan, se nos muestra andar


llena de colores, ahora


porque ni el olor mierda

en la mirada se nota

y ya no hay más de barrer


no más mierda

ella

dice por la mañana sin lengua de juan


y mariana

ella, mi mujer




la compadece desde la ventana

y a veces


yo también 


(de Los días arqueados, 2017)


Luis Eduardo Barraza (Maracaibo, Venezuela 1990)

Escritor venezolano (Zulia, 1990). Es licenciado en Letras por la Universidad del Zulia (LUZ). Ganador del concurso de poesía “Mi primer beso” (Naguanagua, Carabobo, 2009), del concurso La Grapa Literaria (2010) mención Poesía (Escuela de Letras y Dirección de Cultura de LUZ), del Concurso Anual de Poesía de la Librería Lugar Común (2016) y del VII Premio de Literatura Experimental Sporting Club Russafa Carlos Moreno Mínguez con el libro Calamarius, así como también del segundo lugar en poesía de la Bienal de Literatura “Semana de la Juventud” 2014 (La Victoria, Aragua), de mención de honor en el Premio Nacional de Literatura Rafael María Baralt 2014 en poesía y del tercer lugar en el I Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas (2016), entre otros reconocimientos. 



lunes, 2 de noviembre de 2020

María Gabriela Lovera / Extraño Vértigo (5 poemas)

 



Padre


No estoy ahí.

Y ese no estar atropella la noche,

sacude sueños en mi cama,

arroja los ojos contra el cabecero,

hace estallar de culpas la mirada.

Temo no estar cuando tu luz se apague,

cuando arranquen de cuajo los impulsos.

Quisiera cubrir de párpados hasta el último brillo,

dejar dormir aquello que se agota.

Pero no estoy ahí.

No puedo estarlo.

He cortado el tallo del lado de la flor,

he obviado las raíces.



Migrar


Se ensancha el mar

y ya no puedo llorarle a la tierra que fui

la sal que me he llevado.



Habitación 404


Se encogen las cortinas, se contraen.

—¡Me molesta la luz! —se queja—.

Pero no hay manera de evitarle la promesa del mundo

que se cuela a la fuerza, juguetona e hiriente.

Los pulmones del padre calcifican el ansia.

—¡No es esa la manera! —gime—.

Pero nadie sabe otra forma

de acomodarle las almohadas.

—¡Quiero estar solo! —miente—.

Pero nadie quiere dejarlo a la deriva.

El número de habitación es un error informático.

Lo que el padre busca ya no existe.

Navega solo por la enfermedad, no puede verte.

La habitación aparece una y otra vez ante sus ojos,

y algo de ti naufraga en su mirada.



Sed


La sed de lo triste no es cosa de una boca.

La conjugo en el vaso que dejaste en la mesa.

Es decir,

bebo

y mis labios desnudan tu ausencia



Bocanada


Las palabras no saben lo que siento.

Un océano separa los labios

que podrían pronunciarlas.

La bocanada es inconmensurable.

Respiro de una orilla a la otra,

para no ahogarme de silencios.

No decir es inmenso,

como un grito

siempre a punto de nacer.








María Gabriela Lovera  (Caracas, Venezuela, 1972)

Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello, con Máster en Edición de Libros de la Universidad de Alcalá de Henares. Participó en los talleres anuales de escritura creativa del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos: de poesía con Arturo Gutiérrez como coordinador y, de narrativa, con Israel Centeno como facilitador (1998 y 2001, respectivamente).


jueves, 29 de octubre de 2020

José Miguel Navas / Esteban corre (4 poemas)

 



Esteban corre


I


Elegimos un lugar para huir

para enfrentarnos a nosotros mismos


II


subimos las escaleras del hotel

avergonzados

detrás el mundo y su juicio

delante la verdad

sobre los pecados de la ciudad


III


nos vencemos

estamos arruinados

somos la minoría en una historia

pasamos ocultos por el mundo

quedamos suspendidos en los bares del centro

nosotros el germen que nos tienta

esta vastedad

una isla contenida

tierra enferma

probamos la orilla

y acabamos en ella.




Soy la boca de un río

oscuro

me abro al amanecer

turbio despierta el hombre

que me acompaña

respiro desde su pecho

él me bebe toda la calma

atrás quedó

el deseo clausurado.




Quiero ser agua

derramarme

ser el desastre que corte toda contención

en un piso mojado

ser mar

y correrme adentro.




Hago el ejercicio del amor

meto mis dedos en ti

cambias de jornada

para que tu plaza sea mi cuerpo

yo amo al enemigo que entra en mí

me haces aire.




José Miguel Navas (Venezuela 1992)


Poeta y licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Ha publicado los poemarios La Próxima textura (2014 y 2019), La Rosa Abstracta (2015), Esteban corre (2017 y 2020) y Fany (2019) publicado en Chile por LP5 Editora. Es autor de la edición crítica Poetas Danzantes. Antología de poesía sexo diversa en Venezuela (Amargord España, 2020).  Con su poemario Fany obtuvo el Premio de Poesía “Descubriendo poetas tercera edición” (Ciudad de Puerto Ordaz, Venezuela, 2018). Y en 2019 ganó el Concurso Nacional de Poesía Hugo Fernández Oviol en la ciudad de Coro Venezuela. En 2020 realizó un taller de poesía con Malú Urriola en Madrid. Se dedica a investigar la poesía de María Antonieta Flores y Wafi Salih.



Cartografías del silencio / Adrienne Rich

 



 

1.

 

Una conversación empieza

con una mentira. Y los

 

hablantes de la convenida lengua común sienten

la rotura del témpano de hielo, el distanciamiento

 

como impotentes, como erigidos ante

una fuerza de la naturaleza

 

Un poema puede empezar

con una mentira. Y ser destrozado.

 

Una conversación tiene leyes distintas

se recarga a sí misma con su propia

 

energía falsa. No puede ser

destrozada. Se infiltra en nuestra sangre. Se repite a sí misma.

 

Inscribe con su aguja sin retorno

el aislamiento al tiempo que lo niega.

 

2.

 

La emisora de música clásica

sonando hora tras hora en el apartamento

 

el acto de descolgar y descolgar

y volver a descolgar el teléfono

 

Las sílabas pronunciando

el viejo guion una y otra vez

 

La soledad del que miente

instalada en el complejo formal de la mentira

 

tergiversando las sintonías para ahogar el terror

que yace bajo la palabra no dicha

 

3.

 

La tecnología del silencio

Los rituales, etiquetas

 

la difuminación de los términos

silencio no ausencia

 

de palabras o música o incluso

sonidos crudos

 

El silencio puede ser un plan

rigurosamente ejecutado

 

el plan de acción para una vida

 

Es una presencia

tiene una historia una      forma

 

No debe ser confundido

con ninguna clase de ausencia

 

4.

 

Qué serenas, qué inofensivas empiezan

a parecer estas palabras

 

aun nacidas del dolor y la rabia

Puedo atravesar esta lámina de abstracción

 

sin herirme a mí misma o a ti

ya hay suficiente dolor en este lugar

 

¿Por esto suenan la emisoras de música clásica y jazz?

¿para proporcionar una base de significado a nuestro dolor?

 

5.

 

El silencio que yace desnudo:

En La pasión de Juana de Arco, de Dreyer

 

el rostro de Falconetti, el pelo rapado, una gran geografía

recorrida en silencio por la cámara escrutadora

 

Si existiese una poesía en la que esto pudiese darse

no con espacios en blanco ni palabras

 

extendida como una piel sobre los significados

mientras el silencio cae al final

 

de una noche que dos personas han cruzado

hablando hasta el amanecer

 

6.

 

El grito

de una voz ilegítima

 

Ha dejado de oírse a sí misma, así pues

se pregunta a sí misma

 

¿Cómo es que existo?

 

Este era el silencio que yo buscaba quebrar en ti

Yo tenía preguntas pero tú no ibas a responderlas

 

Yo poseía respuestas pero tú no ibas a emplearlas

Esto es inútil para ti, quizá también para los demás

 

7.

 

Era un tema antiguo incluso para mí:

El lenguaje no puede hacerlo todo—

 

escrito a tiza sobre los muros donde los poetas muertos

yacen en sus mausoleos

 

Si a voluntad del poeta el poema

pudiese convertirse en una cosa

 

una falda de granito al desnudo, una cabeza alzada

e iluminada por el rocío

 

Si sencillamente pudiese mirarte a la cara

con los ojos desnudos, sin dejar que te girases

 

hasta que tú y yo, que anhelo conseguirlo

consiguiésemos aclararnos juntos en su mirada

 

8.

 

No. Déjame conservar este polvo,

estas nubes pálidas sostenidas con dificultad, estas palabras

 

moviéndose con feroz precisión

como los dedos de un niño ciego

 

o la boca de un bebé recién nacido

con la violencia del hambre

 

Nadie puede darme, hace ya tiempo

que he asumido el método

 

de salvar los vertidos de esta bolsa de tejido suelto

o la llama del mechero, vuelta débil y azul

 

Si de vez en cuando envidio

las enunciaciones puras de la mirada

 

la visión beatifica

si de vez en cuando anhelo transformarme

 

como el hierofante de Eleusis

sosteniendo una simple espiga de trigo

 

para regresar al concreto y sempiterno mundo

lo que en realidad continúo eligiendo

 

son estas palabras, estos susurros, conversaciones

desde las cuales una y otra vez la verdad brota, húmeda y verde.





Adrienne Rich (16 de mayo de 1929, Baltimore, Maryland - 27 de marzo de 2012, Santa Mónica, California),

Tomado de Zendalibros.com Traducción del inglés de Adrián Viéitez