miércoles, 23 de diciembre de 2020

Blanca Andreu / Cinco poemas para abdicar





Cinco poemas para abdicar

 

Cinco poemas para abdicar,

para que sean un destello terrestre en mi tránsito 

mientras el vaivén de mi cuerpo me dote de viejo sueño y tenga un altar adornado,

mientras mis ojos suspendan la aspersión del líquido más breve,

abandonen su aire lacustre y la ligereza de la lágrima cóncava en donde beben grullas

y otras zancudas con pie de bailarina,

mientras mis manos sean hangares en las salinas negras para aviones de turbios vuelos,

mientras el súcubo murciélago diga en mi oído espuma  y diga oscuridad

en las marineras negras.

 

Cinco poemas para la marcha en el paisaje de sábana de hilo,

un páramo es encaje antepasado,

iniciales bordadas hace ya tres mil días

y alguna mancha de amor.

 

Cinco poemas como cinco frutos cifrados

o como cinco velas para la travesía:

el primero hacia aquella a la que nadie ve en la vaga velada del lago:

un resquicio de abril para Virginia, porque amó a las mujeres.

 

El segundo para mi amor:

sé bien que encima de mis heridas busco la alondra de tus heridas,

sé bien que encima de mis heridas una cigüeña pone sus huevos.

Encima de tus heridas las ramas de los nervios se han dormido

y ahora son alas, páginas, oleaje, seres verdes.

 

Encima de mis heridas yo descubro una tela desventurada y ocre,

rasgada de enemigos,

o una palabra emborrachada por el lacre.

Pero cuando me duerma

ya no te querré.

 

El tercero para la casa que cae y el álamo vihuela o jardín bello,

para el ángel que guarda a la lombriz,

para todo lo que es pueril o leve y que clava

submarinos anzuelos en los ojos adultos.

 

El tercero es para el corazón de la raíz

y para la cerrada tierra de los estambres,

para la lluvia seria de las siestas del norte,

mala como una institutriz.

Dile que no se meta en los salones

y los llene de gafas estrujadas.

Ay, dile que no espante los espejos de mirada niña.

 

Había tres balcones sangrantes,

había tres balcones como tres heridas incurables del muro,

había tres balcones y siete temblorosos escabeles.

Ay, dile que no asuste las palabras palomas,

que no deje que vayan batiendo un aire usado con

alas de cuchillo.

Las palabras apátridas de mi tercer poema

que no me muerdan las mejillas

y las sonatas que yo no toqué nunca, que no cesen,

ni el pequeño cuaderno de Ana Magdalena.

Yo no dije: ¡silencio!,

y ahora el réquiem se teje con seres y desastres consanguíneos.

Dejadme las hortensias vestidas de pupilas, con traje de mirada,

esa campana vegetal que ya no suena y llora un zumo epílogo,

y las magnolias catalejos,

y aquel sillar tan grande como el siglo más cíclope.

Yo no dije: ¡silencio!

pero me fui bebiendo vino de exilio en la boca de piedra,

bebiendo fermentado líquido migratorio,

los ramos de las tórtolas de agosto y el eco de la casa

que se cae.

 

Veo que no sobrevive el alma alta del muro,

la espuma voladora borracha de gaviotas,

el ángel que cuidaba la cucaracha de uva y la lombriz,

ni ningún pájaro como lágrima póstuma y celeste,

ni la resina tañendo su ámbar triste,

ni tampoco las malvas, las violentas, las verdes partituras.

 

El cuarto es para mi amor.

Amor mío,

sé bien que no te escupirá mi sueño y que tu cuello

no será sajado

por el filo último de mi sueño,

que no te insultará el hiriente corazón de mi sueño,

porque si duermo ya no te querré.

Sé bien que busco encima de mis heridas

el escorpión de oro de tus heridas.

Sé bien que encima de mis heridas sólo habita

la imagen encalada de mi muerte.

Y por eso voy a asesinar

con la virgen cuchilla barbitúrico

la muchedumbre de heroicos locos que entonan para mí

                                                                    la pesadilla y el bostezo,

amor mío, sin asomar por la ventana

fuegos viejos, frescas cenizas,

familias errantes de soles.

 

Mi amor para la imagen encalada de mi muerte,

para la cal que se come a los niños,

para mi último caballo, oro, sobre asfalto celeste y el hule

astral de abril.

Sé bien que galoparé en negro

porque negro es el color de los sueños,

negras las manos de la intimidad,

y sin espuelas, y sin bridas,

porque las espuelas son el poder, la aberración,

estrellas de tijera y abismo.

 

El quinto para mi caballo,

para cuando ya estemos sucediendo

como dos estaciones

o dos días iguales.


Blanca Andreu (La Coruña, España- 1959)

Es una poeta española de la generación de los ochenta o postnovísimos. Recibe el Premio de cuentos Gabriel Miró en 1981. Obtiene el Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo por su segunda obra, Báculo de Babel en 1982. Ese mismo año le es otorgado el Ícaro de Literatura. En 1988 publica su tercer libro, Capitán Elphistone. Recopila su poesía 

martes, 22 de diciembre de 2020

Kira Kariakin / El sol de la ceguera (7 poemas)

 



La casa estuvo llena de luz 

la oscuridad cayó en ella un día


vago por habitaciones 

sólo llenas de memorias


añoro el toque


la tibieza


                                               everything is just a rift  

                                               mi cáliz está roto

...


Canción desde la infancia


Ahí están la tinta 

la vela muerta

el fantasma de nariz de gancho la arandela perdida

los libros sin Oriente

la sábana en el suelo


ahí están


y sigo jugando a la rueda rueda  

a la rueda rueda  

a la rueda rueda


Llevo islas dentro

antiguas y nuevas

en remanso

atendiendo fragores

y desencuentros


Unas remotas desde siempre 

de donde parten búsquedas  

y se celebran hallazgos


Otras eximidas 

del terciopelo rojo de los auspicios 

lechos para el fracaso agotado 

y el abrazo incorrecto


Islas inamovibles

para triunfo invisible del retorno 

del largo viaje de mis destierros


Asoma la baraja que quizás te lleve no deseo ese azar disfrazado de razón

la orfandad es una camisa 

que no se puede desvestir

entrará en casa

sorpresiva e incolora

robará historias y constelaciones decantará los porqués

será amada en su crueldad correcta

 

Cuando regresé vi a una ciudad de guerra 

una guerra que resultó mía

que no me fue prestada

ni proyectada en horizontes televisivos

una que tampoco vi asomada a través de la ventana  

en alguna latitud distante


llegamos a esta capital llenos del fracaso de los souvenirs 

quedamos paralizados frente a los armarios  

sorprendidos por la futilidad del gesto de guardar


el retorno fue malévolo

las guerras propias revelan después de matar


quiero invertir el orden de los elementos

para obliterar el pasado

y sepultar los vestigios de la muerte

porque esta guerra no apela a la razón

no compele al abandono 

en ella sólo creo en la evidencia 

de lo que estremece a mi médula nerviosa 

y puedo discurrir extensamente al respecto  

sin que me pese el tiempo

sin que me beneficie ninguna duda 

de que esta guerra es mía


Llevo un parásito dentro

abarca todo mi cuerpo

domina el destino que siguen mis pies


es molesto y acostumbrado

su presencia adictiva

querida e intolerable

soy su huésped y anfitriona


es el país 

que me habita


El hueco negro de tu iris 

la pasión de la retina


el orificio de mi iris

el reposo de los ecos


la mano que no te alcanza y pierde

 

Kira Kariakin (Caracas, Venezuela -1966)

Es una poeta, escritora y editora. Tiene una extensa experiencia en el medio editorial venezolano, habiendo trabajado para Alfa, Planeta, Grijalbo entre los años 1988 y 1992. Asimismo, fue gerente general de la revista Estilo entre 1994 y 1998. Ha formado parte de los talleres de poesía de Armando Rojas Guardia, Edda Armas, Igor Barreto, Cecilia Ortiz, y Santos López. Diversos poemas suyos aparecen en antologías en español, alemán, francés, inglés y ruso, así como en distintas publicaciones digitales. Sus poemarios son: Nuevos arbitrios (Taller editorial El pez soluble, 2011) En medio del blanco (OT editores, 2014) y El sol de la ceguera (OT editores, 2020).

 

lunes, 21 de diciembre de 2020

Carmen Conde / Amante

 



Amante

 

Es igual que reír dentro de una campana:

sin el aire, ni oírte, ni saber a qué hueles.

Con gesto vas gastando la noche de tu cuerpo

y yo te transparento: soy tú para la vida.

 

No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos.

No te juntan a mí, nadie sabe que es tuya

esta mortal ausencia que se duerme en mi boca,

cuando clama la voz en desiertos de llanto.

 

Brotan tiernos laureles en las frentes ajenas,

y el amor se consuela prodigando su alma.

Todo es luz y desmayo donde nacen los hijos,

y la tierra es de flor y en la flor hay un cielo.

 

Solamente tú y yo (una mujer al fondo

de ese cristal sin brillo que es campana caliente),

vamos considerando que la vida..., la vida

puede ser el amor, cuando el amor embriaga;

es sin duda sufrir, cuando se está dichosa;

es, segura, la luz, porque tenemos ojos.

 

Pero ¿reír, cantar, estremecernos libres

de desear y ser mucho más que la vida...?

No. Ya lo sé. Todo es algo que supe

y por ello, por ti, permanezco en el Mundo.

 

Carmen Conde (Cartagena, Colombia 1907 – Majadahonda 1996)​

Fue una poeta, prosista, dramaturga, ensayista y maestra española, considerada una de las voces más significativas de la generación poética del 27. Fue la primera académica de número de la Real Academia Española, pronunciando su discurso de entrada en 1979.​

viernes, 18 de diciembre de 2020

Bob Dylan / Flotando en el viento

 




Flotando en el viento

 

¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre

Antes de que le llaméis hombre?

¿Cuántos mares debe surcar la blanca paloma

Antes de dormir sobre la arena?

¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón

Antes de ser prohibidas para siempre?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,

La respuesta está flotando en el viento,

 

¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba

Para poder ver el cielo?

¿Cuántos oídos debe tener un hombre

Para poder oír a la gente llorar?

¿Cuántas muertes serán necesarias para que comprenda

Que ya ha habido demasiados muertos?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,

La respuesta está flotando en el viento,

 

¿Cuántos años puede permanecer una montaña

Antes de ser arrastrada al mar?

¿Cuántos años pueden algunas gentes vivir

Antes de conocer la libertad?

¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza

fingiendo no ver nada?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,

La respuesta está flotando en el viento.

 

Bob Dylan (Minesota, Estados Unidos -1941)

Es un músico, compositor, cantante y poeta estadounidense, ampliamente considerado como una de las figuras más prolíficas e influyentes en la música popular del siglo XX y de comienzos del siglo XXI. El 13 de octubre de 2016, la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura30​ por «haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción estadounidense».

jueves, 17 de diciembre de 2020

Eleonora Requena / En el descampado (4 poemas )

 




GÁRGOLA 

 

Hubo el sesgado aplomo

de un silencio

y el recuerdo de palabras

cuando el sueño

cabalgaba en su abandono

Anoche

como toda noche

espiral resquebrajada

y en el fondo de los párpados

espejos

Hubo el fuego y la certeza

de otros rostros

que soñaban

y un letargo

de la mano del terror

y un foso

...

 

 ERÓTICA DEL AIRE

 

podrías anudártelo a tu dedo

ponle un solo anzuelo cébalo

me deshago

me consumo

pendo de tu hilo

jálame a tu labio

témplalo

 

DIEZ NOTAS AL MARGEN DE UNA PÁGINA EN BLANCO

 

1. Viejos ardides, nuevos artilugios

2. Se trata de una trama entre dos ausentes

3. Prefiero la periferia a los bordes

4. Aquı́sobra todo el espacio

5. Nada se escapa de estas cuatro esquinas

6. La sequı́a es un fenómeno atmosférico

7.( )

8. Los sorbos de whisky son la aliteración

de lo no dicho, no escrito, callado

¿previo a un grito?

9. No hay texto, ni pretexto

10. Sı́, no se entiende nada, ya

 

 EBRIEDAD 

 

Si en mi ser un artefacto de uso un bledo mi mente

un arrecife edificara y las horas de cordura testigo de

(ebriedades fueran

si mis manos construyeran el más precioso trueno

(yo mi piel suave

como respiros de ballena mi no memoria que del

(vientre yo recién nacida

tuétano inconsulto riego de los dioses flora En mi

(silente espera de lágrima

ensordecedora iría a meditar con los delfines de mi padre

¿vale un peso

un real tu semen ciego? Yo a fiel, la traicionera he de

(regar tu nombre

por mis campos Sí y al sol dar esta ofrenda un

(vago rastro

del acento que me has dado Tú mi padre muerto

(entre mis sueños presentido

espejo de mi cal abierta al mundo rojo en mi memoria

bloque de siniestro hielo.



Eleonora Requena (Caracas, Venezuela - 1968)

Es una reconocida poeta y tallerista literaria venezolana. Cursó estudios de letras en la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab). Participó en los talleres de creación literaria del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). Ha publicado los poemarios Sed (Eclepsidra, 1998), mandados (La Liebre Libre, 2000), Es de día (El Pez Soluble, 2004), La Noche y sus agüeros (El Pez Soluble, 2007) y Ética del aire (bid & co. editor, 2008). Su trabajo aparece reseñado en diversas antologías y estudios críticos dentro y fuera de su país. Con mandados obtuvo el Premio de la V Bienal Latinoamericana de Poesía José Rafael Pocaterra (2000), mientras que con La Noche y sus agüeros obtuvo el Premio Italia 2007 para la Poesía en el certamen “Mediterráneo y Caribe”, auspiciado por el Instituto Italiano de Cultura de Venezuela y el Centro de Poesía Contemporánea de la Universidad de Boloña.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

João Cabral de Melo Neto / El poema

 




EL POEMA

 

A tinta y a lápiz

Se escriben todos

los versos del mundo.

 

¿Qué monstruos están

Nadando en el pozo

Negro y fecundo?

 

¿Qué otros se deslizan

Soltando el carbón

de sus huesos?

 

¿Cómo el ser vivo

Que es cada verso

Un organismo

 

Con sangre y hálito

Puede brotar

De gérmenes muertos?

 

El papel no siempre

Es blanco como

La primera mañana.

 

Es muchas veces

El triste y pobre

Papel de estraza.

 

Es otras veces

De carta aérea

Con aire de nube.

 

Pero es en el papel

En su aséptico blanco

Donde el poema rompe.

 

¿Cómo un ser vivo

Puede brotar

De un suelo mineral?

 

João Cabral de Melo Neto (Recife, Brasil 1920 - Río de Janeiro 1999)

Fue un poeta y diplomático brasileño. Miembro de la Academia de las Artes Pernambuco y de la Academia Brasileña de Letras, fue galardonado con varios premios literarios. Cuando murió en 1999, se especuló con que era un fuerte candidato para el Premio Nobel de Literatura.

martes, 15 de diciembre de 2020

Esperanza Ortega Martínez / En un árbol escrito





En un árbol escrito

 

Nunca nada de ellos te había conmovido,

ni siquiera sus nombres.

Recogías del suelo

a veces una hoja desprendida a tu paso,

la mirabas ausente

con tosca indiferencia,

segura de su verdor, que iba a responder

con el silencio suyo a tus preguntas, ¿cuándo?

 

Debajo de sus copas pasó el amor contigo

y aspiraste el perfume

de su hospitalidad ensombrecida,

mas no leíste nunca

su caduca escritura,

los trazos del reflejo inestable del sol

en la sombra que era de tus sueños cobijo.

 

Ahora no responde, ahora te interroga:

¿desde dónde ha caído esta hoja amarilla

sobre el papel en el que escribes?

 

Y mientras se deshace

en tus manos su escuálido esqueleto,

le contestas que has visto esta mañana

al mirar a tu hijo

-que de repente es alto, tan alto como ellos-

la esbeltez de sus troncos,

que en su vello incipiente hay restos de resina

e intuyes en sus labios un sabor de raíces.

 

¿Lo recuerdas ahora? Ése era el mensaje

perenne, de aquella escritura:

en ti había un árbol,

de su copa ha caído esta hoja amarilla.

El árbol que ha brotado de la alfombra invisible

de las horas de espera,

aquél en el que añoras llegar a cobijarte,

bajo la sombra tuya,

junto al tronco soñado

en cuyo cerne estaba escrito este poema.

 

Esperanza Ortega Martínez (Palencia, España 1953)

Es una escritora, poeta, editora y crítica española. Licenciada en Filología Románica, ha publicado cinco libros de poemas: Algún día (E. Portuguesas), Mudanza (Ave del Paraíso), Hilo solo (Visor), Lo que va a ser de ti (Plaza Janés) y Como si fuera una palabra (Lúmen). Figura, entre otras, en las antologías Ellas tienen la palabra (Hiperión) y Las ínsulas extrañas (Galaxia Gütenberg). Recibió el Premio de poesía Jaime Gil de Biedma por su libro Hilo solo en 1995, además del Premio Giner de los Ríos de ensayo por El baúl volador y el Premio de Cuentos Jauja por El dueño de la casa.