Es tan cierto el hecho de que
vivimos dentro del aire como que estamos rodeados por el mundo etéreo de los
muertos.
— Rudolf
Steiner
Vivimos rodeados de muertos
Un mismo aire nos circunda
nos envuelve
un muerto recién desprendido
de su cuerpo
camina cerca de nosotros
un muerto que se aferra a los recuerdos
a los objetos
y a las personas que quería
Hay un muerto oculto
detrás de cada castillo
o casa antigua
un fantasma que no quiere
desprenderse de su infierno
de su antiguo mundo de materia
de sus reinos de deseos
Un muerto nos observa
lee nuestras mentes
y reproduce sus ideas
sus pensamientos
A veces se asoma a nuestra ventana
como un pájaro de buen o mal augurio
o una gran polilla acurrucada
en una esquina del tumbado de la casa
Es un muerto que respira
de la misma chispa divina que nosotros
un alma que aún
no se ha ido de este mundo
un muerto que recuerda
y nos envía una señal
nos muestra que fuimos
y seremos un día como ellos
Vivimos rodeados de muertos
que viven en el aire como nubes
como vapor de vida terrestre
que se desvanece
Algunos con tristeza
ven a sus parientes que los lloran,
y no quieren despedirse
recorren los lugares que habitaron
A veces se nos aparecen en recuerdos
que no nos abandonan
o en nuestros sueños más vividos
son muertos muy cercanos
que deben aceptar
que una nueva vida les espera
que deben elevarse
continuar con su proceso evolutivo
pasar a la siguiente esfera
Comprender que regresan a su esencia
al cosmos de donde
en otro tiempo se desprendieron
Los muertos viven entre nosotros
solo que no nos hemos dado cuenta.
Como la Sulamita
del Cantar de los Cantares
llamaba a Salomón
te llamo
Ven conmigo a la montaña
Caminemos por esas antiguas piedras
que honraron nuestros ancestros
por aquellas fuentes de aguas mágicas
lugares de energía sagrada
emanada del cosmos y la tierra
Deja tu palacio
tu reino de oro pasajero
Escucha mi llamado
no hagas esperar el amor.
Amanecer contigo
La luz del amanecer
atraviesa el vidrio de la ventana
Abro los ojos
y veo tu rostro brillante
tumbado sobre la almohada
Junto a mí
yace tu cuerpo caliente
lleno de vida
con sus chakras
y mandalas palpitantes
Una inmensa alegría
me inunda
me atraviesa
Amanecer contigo
es más hermoso
de lo que pude imaginar
Sentir cómo nuestros pensamientos
se entrelazan mientras dormimos
Percibir tu cansancio
tu alegría
a veces tu dolor
tu luz
es más hermoso
de lo que pude imaginar.
Huyamos a Hiperbórea
Que un carro dorado
tirado por cisnes celestiales
nos lleve como Apolo
a la ciudad
donde nunca envejezcamos
Allá
donde no pensemos
en la muerte
donde la enfermedad
ni la vejez
nunca nos toque
Huyamos
a Hiperbórea
a ese maravilloso lugar
donde el sol nunca declina
donde cuentan las leyendas
que habitaron felices
los inmortales hijos del sol
Huyamos a Hiperbórea
amor mío
Vivamos felices para siempre.
Por aquella arena húmeda
que embadurnaba tus pies
aquel día de verano
Heme aquí
Por tu boca rosada
tu pelo de oro
por tu gracia
y tus grandes ojos azules
que como dos astros
me observaban
en aquella playa semioscura
Por todos los recuerdos
que me inundan
heme aquí
con el corazón palpitante
con las venas hinchadas de sangre
donde viajan
mis vidas anteriores
mis lazos kármicos
heme aquí
Mi copa está rebosando
nado dentro de ella
tumbada boca arriba
observando las estrellas.
Plenilunio
En una colina de Männedorf
observé la luna en plenilunio
Era grande
misteriosa
Recordé algunas leyendas de mi infancia
pensé en las películas de hombres lobo
que pasaban por la televisión los sábados por la noche
y en una inocente historia
que mi prima había escuchado en su escuela
Un pobre leñador había pedido a la luna llena
que se lo llevará
pues se sentía cansado de su arduo trabajo
Al escuchar la luna su deseo
se lo tragó
con su leña y su hacha
así se lo había contado
un muchacho de la escuela
Y que debido a eso
la luna tenía esas misteriosas manchas
que era la sombra de aquel hombre
con sus leñas
Me alegraba recordar aquella inocente historia
que nos causaba sorpresa y miedo
También recordé algunos mitos hindúes
sobre los espíritus de los antepasados
Los bondadosos Pitris
que habitan en la luna
Pensé en mis difuntos
en que deberían estar ahí
esperando oraciones
y ofrendas
Recordé que no entregué
ninguna a mi bisabuela
solo un par de rosas ajadas
hace mucho tiempo
cuando visité su tumba con mis tías
Mi bisabuela
que crió 5 hijos
y 2 nietos
Y después 2 bisnietos
mi hermano y yo
hasta que una muerte violenta
la arrancó de la tierra.
Mi querida bisabuela
por aquel tiempo no sabía
que quizás tu alma viviría
otra vida en la luna
esperando una ofrenda
de tu descendencia
Perdóname por esas flores ajadas
y por mi silencio
en ese tiempo no conocía
sobre los mitos de la luna
y su vínculo con los muertos
Solo pensaba en aquella leyenda
sobre el pobre leñador
y en las grandes manchas de luna
Hoy veo todo diferente
querida bisabuela
hoy te ofrezco este poema
no tiene los colores vibrantes de las flores
ni el sabor dulce de la miel
que algunos hindúes ofrecieron a sus muertos
no es una ofrenda de arroz
pero es parte de la palabra que me habita
de mi corazón que te quiso sin entender
que existía un vínculo invisible
que nos unía en este misterioso universo.
Dios palpita en cada estrella luminosa
En la tierra y en el alma de la roca
En las plantas y sus yoes
que nacen del centro de la tierra
En el ritmo constante de un corazón
rebosando de juventud
y también en la vejez
En
el alma grupal de los animales
En el mismo animal que nos acompaña
y acaricia con sus lomos nuestras piernas
En la sal del mar que se deshace en el agua
y roza nuestra piel
Dios habita en el alma de los vivos
y en los espíritus de los muertos
Su cordón umbilical se tiende desde el cielo
Nos habita
Los
seres de las jerarquías celestiales
Están también habitados por él
Dios no tiene prejuicio
sale a pasear en nuestros ojos
Es decir en sus propios ojos
Dios
habita dentro de nosotros
Muy adentro
en el alma aprisionada por el cuerpo
que debe cumplir su karma
su travesía
Dios habita en el despertar de la conciencia
en cada evolución
cuando las almas vuelven a su origen
a la luz primordial del océano divino.
Laura Nieves
(Ecuador). Máster en Formación e Investigación Literaria en el Contexto
Europeo. Es autora de los poemarios Animales de luz (2018), El macho
de los 4 vientos (2019) y El olor de la canela (2022). Actualmente
trabaja en la edición de su cuarto poemario y en un ensayo sobre simbología. Su
obra ha sido traducida a varios idiomas y ha participado en diversos encuentros
literarios. Reside en Suiza, donde dirige los proyectos Poetas en Suiza
y el Ciclo Literario AKASHA. Recibió una mención de honor en el IV
Premio Nacional de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño, organizado por la Casa
de la Cultura Ecuatoriana y El Quirófano Ediciones.
Instagram:
@lauranieves_
@cicloliterarioakasha
