sábado, 4 de diciembre de 2021

María Elena Walsh (10 poemas)

 




BALADA DE LA ALONDRA PERSUASIVA

 

En otra madrugada,

por vientos de ceniza,

obedecí al latido de la alondra.

El cielo no era cielo todavía.

 

La zona del hornero,

el tiempo de la encina

se inquietaban en lento aprendizaje

y el cielo no era cielo todavía.

 

Hubo un encantamiento

de flor y hierba fina,

un cauteloso antaño de rocío,

y el cielo no era cielo todavía.

 

Septiembre constelado

de dos campanas frías

rodaba por lugares de silencio

y el cielo no era cielo todavía.

 

En clima de obediencia

mi pulso recorría

todo un advenimiento de corolas

y el cielo no era cielo todavía.

 

No regresó conmigo

la alondra persuasiva

porque me desterró de su latido

cuando el cielo fue luz de mediodía.

 

BALADA TRISTE

 

Era el otoño y era la llovizna,

la inicial certidumbre del poniente.

Mis pasos desandaban su tristeza

mientras sobre la tierra conmovida

era el otoño y era la llovizna.

 

En el transcurso de las avenidas

todos los pájaros habían muerto,

y las hojas llovían cautamente

sobre la hierba, cerca de mi sangre,

en el transcurso de las avenidas.

 

¿Qué llanto conocí, qué desconsuelo

bajo los árboles deshabitados?

Cuando en la fuente se reconocía

un cielo de palomas lejanísimas

qué llanto conocí, qué desconsuelo.

 

Oh muros de mi sed, aquellos muros

que no sé si existieron a mi lado;

bebí en ellos soledad de siglos,

luz funeraria, fríos alusivos.

Oh muros de mi sed, aquellos muros.

 

Triste ejercicio el de invadir la niebla

por ámbitos inciertos, declinando.

Atravesé desconocidos puentes

en el amanecer de los faroles.

Triste ejercicio el de invadir la niebla.

 

Todos los pájaros habían muerto

en el transcurso de las avenidas.

Qué llanto conocí, qué desconsuelo:

era el otoño y era la llovizna,

todos los pájaros habían muerto.

 

VANA HISTORIA

 

Si no recuerdo mal, todo cabía

entre los horizontes de un pañuelo.

Entonces figuraba el mediodía

un sol con ojos en mitad del cielo.

 

Y gracias a una tierna hechicería

la noche prodigaba su consuelo

con tanta claridad que uno veía

las estrellas tiradas en el suelo.

 

Pero hoy el agua no lo dice. Es cierto:

ya no se pone un corazón dorado

ni roba añiles a la golondrina.

 

Porque el mundo hechizado está desierto.

Qué dolor, sobre él se ha desatado

el Miedo con sus trapos de neblina.

 

SERENATA PARA LA TIERRA DE UNO

 

Porque me duele si me quedo

pero me muero si me voy,

por todo y a pesar de todo, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

Por tu decencia de vidala

y por tu escándalo de sol,

por tu verano con jazmines, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

Porque el idioma de infancia

es un secreto entre los dos,

porque le diste reparo

al desarraigo de mi corazón.

 

Por tus antiguas rebeldías

y por la edad de tu dolor,

por tu esperanza interminable, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

Para sembrarte de guitarra,

para cuidarte en cada flor

y odiar a los que te castigan, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

 

LA VÍSPERA

 

Ya preguntaba por el mundo mío,

por la calle sin voz, por el pausado

retorno de la noche en el rocío

y por el aldabón desmemoriado.

 

Sorprendían los pájaros del frío

la soledad del parque ensimismado

y regresaba el nombre del estío

puntual como la sangre a mi costado.

 

¡Oh voluntad de estrella en la bujía!

¡Oh cortejo de llantos vegetales

que en el perfil del viento renacía,

 

cuando al temblar la savia en su retoño,

bajo un aire aturdido de panales

amaneció la infancia del otoño!

 

EL 45

 

Te acordás hermana qué tiempos aquellos,

la vida nos daba la misma lección.

En la primavera del cuarenta y cinco

tenias quince años lo mismo que yo.

 

Te acordás hermana de aquellos cadetes,

del primer bolero y el té en El Galeón

cuando los domingos la lluvia traía

la voz de Bing Crosby y un verso de amor.

 

Te acordás de la Plaza de Mayo

cuando «el que te dije» salía al balcón.

Tanto cambió todo que el sol de la infancia

de golpe y porrazo se nos alunó.

 

Te acordás hermana qué tiempos de seca

cuando un pobre peso daba un estirón

y al pagarnos toda una edad de rabonas

valía más vida que un millón de hoy.

 

Te acordás hermana que desde muy lejos

un olor a espanto nos enloqueció:

era de Hiroshima donde tantas chicas

tenían quince años como vos y yo.

 

Te acordás que más tarde la vida

vino en tacos altos y nos separó.

Ya no compartimos el mismo tranvía,

sólo nos reúne la buena de Dios.

 

ENTONCES

 

Cuando yo no te amaba todavía

-oh verdad del amor, quien lo creyera-

para mi sed no había

ninguna preferencia verdadera.

 

Ya no recuerdo el tiempo de la espera

con esa niebla en la memoria mía:

¿El mundo cómo era

cuando yo no te amaba todavía?

 

Total belleza que el amor inventa

ahora que es tan pura

su navidad, para que yo la sienta.

 

Y sé que no era cierta la dulzura,

que nunca amanecía

cuando yo no te amaba todavía.

 

PAISAJE DE ELEGÍA

 

No escuches mi dolor, tú que me heriste.

No te reclama ya ningún acento.

Sólo en mi corazón la sangre es triste.

( ¡Oh lentas calles del otoño lento! )

 

No te requiero un sólo mandamiento.

-Tú que me niegas, tú que no me diste-.

No sientas esta muerte que yo siento.

( ¡Oh tristes voces del otoño triste!)

 

Que sólo a mis entrañas se refiera

este clamor, este importante frío.

Quiero que no te alcance este lamento.

 

Pero si alguna vez te desespera

un gran silencio, es el silencio mío.

(¡Oh lentas sombras del otoño lento! )

 

EVA

 

Calle Florida, túnel de flores podridas.

Y el pobrerío se quedo sin madre

llorando entre faroles sin crespones.

Llorando en cueros, para siempre, solos.

 

Sombríos machos de corbata negra

sufrían rencorosos por decreto

y el órgano por Radio del Estado

hizo durar a Dios un mes o dos.

 

Buenos Aires de niebla y de silencio.

El Barrio Norte tras las celosías

encargaba a Paris rayos de sol.

La cola interminable para verla

y los que maldecían por si acaso

no vayan esos cabecitas negras

a bienaventurar a una cualquiera.

 

Flores podridas para Cleopatra.

Y los grasitas con el corazón rajado,

rajado en serio. Huérfanos. Silencio.

Calles de invierno donde nadie pregona

El Líder, Democracia, La Razón.

Y Antonio Tormo calla "amémonos".

 

Un vendaval de luto obligatorio.

Escarapelas con coágulos negros.

El siglo nunca vio muerte mas muerte.

Pobrecitos rubíes, esmeraldas,

visones ofrendados por el pueblo,

sandalias de oro, sedas virreinales,

vacías, arrumbadas en la noche.

Y el odio entre paréntesis, rumiando

venganza en sótanos y con picana.

 

Y el amor y el dolor que eran de veras

gimiendo en el cordón de la vereda.

Lágrimas enjuagadas con harapos,

Madrecita de los Desamparados.

Silencio, que hasta el tango se murió.

Orden de arriba y lagrimas de abajo.

En plena juventud. No somos nada.

No somos nada mas que un gran castigo.

Se pintó la República de negro

mientras te maquillaban y enlodaban.

En los altares populares, santa.

Hiena de hielo para los gorilas

pero eso sí, solísima en la muerte.

Y el pueblo que lloraba para siempre

sin prever tu atroz peregrinaje.

Con mis ojos la vi, no me vendieron

esta leyenda, ni me la robaron.

 

Días de julio del 52

¿Qué importa donde estaba yo?

 

II

 

No descanses en paz, alza los brazos

no para el día del renunciamiento

sino para juntarte a las mujeres

con tu bandera redentora

lavada en pólvora, resucitando.

 

No sé quién fuiste, pero te jugaste.

Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,

metiste a las mujeres en la historia

de prepo, arrebatando los micrófonos,

repartiendo venganzas y limosnas.

Bruta como un diamante en un chiquero

¿Quién va a tirarte la última piedra?

 

Quizás un día nos juntemos

para invocar tu insólito coraje.

Todas, las contreras, las idólatras,

las madres incesantes, las rameras,

las que te amaron, las que te maldijeron,

las que obedientes tiran hijos

a la basura de la guerra, todas

las que ahora en el mundo fraternizan

sublevándose contra la aniquilación.

 

Cuando los buitres te dejen tranquila

y huyas de las estampas y el ultraje

empezaremos a saber quién fuiste.

Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,

única reina que tuvimos, loca

que arrebató el poder a los soldados.

 

Cuando juntas las reas y las monjas

y las violadas en los teleteatros

y las que callan pero no consienten

arrebatemos la liberación

para no naufragar en espejitos

ni bañarnos para los ejecutivos.

Cuando hagamos escándalo y justicia

el tiempo habrá pasado en limpio

tu prepotencia y tu martirio, hermana.

 

Tener agallas, como vos tuviste,

fanática, leal, desenfrenada

en el candor de la beneficencia

pero la única que se dio el lujo

de coronarse por los sumergidos.

Agallas para hacer de nuevo el mundo.

Tener agallas para gritar basta

aunque nos amordacen con cañones.

 

ORACIÓN A LA JUSTICIA

 

Señora de ojos vendados

que estás en los tribunales

sin ver a los abogados,

baja de tus pedestales.

Quítate la venda y mira

cuánta mentira.

 

Actualiza la balanza

y arremete con la espada,

que sin tus buenos oficios

no somos nada.

 

Lávanos de sangre y tinta,

resucita al inocente

y haz que los muertos entierren

el expediente.

 

Espanta a las aves negras,

aniquila a los gusanos

y que a tus plantas los hombres

se den la mano.

 

Ilumina al juez dormido,

apacigua toda guerra

y hazte reina para siempre

de nuestra tierra.

 

Señora de ojos vendados,

con la espada y la balanza

a los justos humillados

no les robes la esperanza.

Dales la razón y llora

porque ya es hora.

...


María Elena Walsh (Mejía, Argentina)  fue una poetisa, escritora, cantautora, dramaturga y compositora argentina, considerada como «mito viviente, prócer cultural y blasón de casi todas las infancias». Recibió el Premio Municipal de Poesía, el Gran Premio de Honor de SADAIC y el del Fondo Nacional de las Artes, entre otros.  Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba.

 

 

 

 

 

 

jueves, 2 de diciembre de 2021

Elizabeth Schön (15 poemas)

 



Digo mar

resplandecen las rodelas

se alargan los alcores

mas sólo he pronunciado

aquella voz primaria

traslúcida

vibrante

con la que el hombre

se unió a la tierra y a los cielos.

 

Estamos cercados.

El espacio amordaza.

La altura desaparece.

Se ha perdido la inmensidad

permaneciendo un oscuro cascarón

que busca afanosamente

el borde final del cielo.

Si miras el vacío encontrarás el horizonte del primer y único principio.

El vacío, el horizonte son cauces de la voz sorprendentemente única.

Y si eres humilde no preguntes, ella mira lo que tus ojos no alcanzan a ver.

 

AL ALCANCE DE LO INFINITO

 

Por el agua que emerge del hombre que ama, habrá en cada

ciudad una cumbre, un árbol, un manantial y aun habrá

esa ladera silenciosa, íntima, donde recobrar el horizonte

enterrado por la tenebrosa ansiedad.

Y porque jamás deja de cubrir la tierra, podrán los

hombres renacer y alcanzar el primer centro del arraigo

y la plenitud.

 

BLANCO AROMA ABIERTO

 

El rayo abre el recuerdo

lo fragmentado del olvido

el despertar del sueño

cuando pisa

el lado contrario de su perfil.

La flor en la abertura del origen

y su inalcanzable principio original.

 

SIN NADA EN LO VISIBLE

 

No instala puertas,

peces, vendavales.

Se le dice flor

y ¿ puede poseer algún otro nombre ?

Porque del brote parte el rayo,

del rayo la serpiente

y de la serpiente

lo salobre de la brisa.

La flor de donde emerge

si no la atrapamos en lo visible

ni en lo invisible:

abundancia de alas

no alas de las aves

ni de la razón.

 

La palabra es orilla de aquel tallo

desde el primer instante solitario del vacío.

Tiempo parejo de lo inmensurable

igualmente aquí,

en los cardones de hiriente boscosidad,

en las tejas destruidas por el desamparo.

Y ella íngrima, inexistente, en los arcos de las flores,

en la corriente de lo justo,

y alguna calle envuelta

en la alegría de un camino

inexplicablemente inmenso.

 

¿Que es la poesía?… es una estrella…cada vez que el

poeta es traspasado por ella, toma la pluma y encuentra

el papel donde desahogar su pensamiento…el

pensamiento se parece al brillo de la estrella…nunca

está opaco para la vida…siempre, como la piedra con la

que tropezamos…el foco es la luz que se opaca y coge

al ave y sigue siendo estrella.

 

Le dije: —¿Hay algo más fuerte que una roca?—. El abuelo, sin necesidad de hablar, hizo que mirara la luz de la luna y viera las aguas y el espacio íntegro, con los astros y las constelaciones titilando. Entonces le pregunté qué era la fuerza; sólo me respondió: —Mira—. Y vi el mundo, el cielo y todo cuanto en la playa yacía y también miré la sombra de mi cuerpo que, junto con la del abuelo, se extendía en la arena para internarse en las aguas y desaparecer en el fondo pedregoso de erizos y corales

En un portón un niño juega con una perinola, su hilo ágilmente se dobla, se alarga, se curva, mientras el niño inmóvil no ríe, no habla, permanece alerta al hilo que se estira, se encoge, forma una circunferencia que la claridad traspasa y el viento no destroza.

 

El amor ama, esa su habilidad, ese su don.

Y la torre distante es conclusión de una arcaica paciente entrega de los hilos amorosos que no cesaron de prolongarse.

El amor no desiste. Conserva sus extremos. Acrecenta los centros hasta el primer punto del comienzo.

 

De allí su distinción con la piedra entre el pozo y su continuidad frente a lo voraz tragándose hasta el final del astro.

De aquí su tiempo de poblado, valle, su ademán de cava, colgadura, su figura de cesta y blancura alargándose a través de su observación y el tino con el que ha de acercarse.

Rompe y hallarás

lo que va entre los aires

hacia donde la copa ofrenda

y la mujer se tiende junto al pozo

con la nube dentro

para escuchar el río nuestro

del propio sonido interno:

rastro de la tierra

en el camino del árbol inarrancable

y la abertura del relámpago.

 

En lo invisible

lo entrañable que expone la voz

la palabra.

La escritura es un hilo alto

largo, denso, traslúcido

que horada desde lo oculto

sonoro de la vida

hasta el tiempo de la memoria

donde de vez en cuando algo yace

y cae quizá para la flor

que igual al olvido es inaprensible.

La calle, el mendigo, la soledad

El hombre en su reinado

de descuentos y asaltos

En la avenida

el saludo se borra

por el recio afán de la obsesión

La gente se dispersa

se pierde sin llevarse

la armadura efectiva del “Buenos días”

Mas ahí

En quieto y atrayente oleaje

la contorsión de la mazorca

el alarde directo de la competencia

el regadío húmedo de lo campestre

y su movimiento hacia fuera

muy poco hacia adentro

Un bolso de geranios

grises de vendaval

hace sombra sobre el cemento

no carga cuento alguno de la niñez

es apenas un azul opaco

para la lejanía de los árboles

La mujer

los ojos sobre las toronjas

dicen que aún hay fe

en las aldeas de los ríos

junto al sol, allí

para la llegada de la paz

entre los hombres que siguen

hacia lo lejano, diferente, otro

El disparo

su rostro de rencor

su frente de alerta y punzón

ha herido la azucena blanca de los enlaces

el niño, el anciano, el adolescente

buscan la planicie curva de los mares

y el alma siempre dentro

en pequeño caracol

aguarda huellas, propósitos, decisiones

Lejos, los nidos cálidos de los cables

reciben lentamente

el cargamento múltiple de la ciudad

 

La habilidad es el primer punto sobre el que giran la tierra, el hombre y la inmensidad.

La concibe el árbol en su silueta de campaña lentamente ascendiendo.

La ofrendan las aguas al no concluir.

La inscribe la brisa al rozar las vallas y las semillas soltar sus aros doblemente dobles para la paz, el amor.

El amor. La mano se tiende. El rayo.

El amor. La habilidad despierta y comienza su red a envolver lo que nunca tuvo red, menos rayos de sol sobre la puerta del albergue

 

Mi aroma de lumbre:

armario

grifo

buril

hace imposible

que los rayos no dejen de encontrarme.

Los caminos no concluyen

están en el primer saludo

y el primer paso con el que se va.

 

Elizabeth Schön (Caracas, 30 de noviembre de 1921 - Caracas, 15 de mayo de 2007) fue una poeta, dramaturga y ensayista venezolana. En 1994 fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura. Monte Ávila editó una antología poética de Schön en la que se incluyeron trabajos correspondientes a sus libros En el allá disparado desde ningún comienzo (1962), El abuelo, la cesta y el mar (1965), La cisterna insondable (1971), Mi aroma de lumbre (1971), Casi un país (1972), Es oír la vertiente (1973), Incesante aparecer (1977), Encendido esparcimiento (1981), Del antiguo labrador (1983), Concavidad de horizontes (1986), Ropaje de ceniza (1993), Aún el que no llega (1993), Árbol del oscuro acercamiento (1994), Campo de resurrección (1994) y La flor, el barco, el ama (1995). La selección de los poemas fue realizada por la autora junto a la prologuista Luisana Itriago.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Joan Margarit ( 17 poemas)

 

 





NO TIRES LAS CARTAS DE AMOR


Ellas no te abandonarán.

El tiempo pasará, se borrará el deseo

-esta flecha de sombra-

y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,

se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.

Caerán los años. Te cansarán los libros.

Descenderás aún más

e, incluso, perderás la poesía.

El ruido de ciudad en los cristales

acabará por ser tu única música,

y las cartas de amor que habrás guardado

serán tu última literatura.

 

 

DÍAS DE ABRIL

 

Los pájaros de aquella primavera

es lo que escucho ahora en mi silencio,

pendientes de cambiar cantos por lágrimas.

El ataúd y el canto de los pájaros

no puedo separarlos desde entonces.

Sólo me nutre ya la inteligencia,

que prefiere el invierno con sus charcos helados,

caras grises y suaves por el frío.

Los campos que parecen estar muertos,

los abetos que callan por los años

que han transcurrido ya sin Navidad,

porque sería aún mucho más triste

cantar nosotros solos las canciones.

El pensamiento, al que descoyuntaron

la oscuridad de la pasión y el sexo,

no ha encontrado la paz hasta la senectud.

Es la impotencia la que nos socorre.

La que, haciendo imposible ya el futuro,

salva el breve presente, dignifica el ayer.

 

 

 

 

ÚLTIMOS ECOS

 

 

Terminada la guerra,

el saco familiar de historias tristes

se abría en cada casa: personajes

que para aquellos niños fueron sólo

un nombre, un dolor vago en los retratos

explicados en tardes de domingo

sin luz eléctrica, que se morían

oscurecidas como un gran desván.

 

Nuestra alegría se desparramaba

por todos los solares, con silbidos

que en el crepúsculo se oían

mezclándose al llamado de las madres.

 

Vuelvo a la Escuela Nacional de Niños,

puedo oír, en la calle sin aceras,

el recreo en mitad de la mañana,

el griterío y las rodillas sucias

tras pelotas de trapos y cordeles.

 

La calle polvorienta donde estuvo

con su estucado gris y sus dos aulas,

sin ningún patio ni jardín, mi escuela.

 

Pero, de aquellos días queda, apenas,

el frío anochecer

que mi padre traía en el abrigo,

miedos nocturnos, tardes

de juegos en lejanas azoteas.

 

Y la sombra de inviernos ferroviarios,

cuando al alba mi madre iba alejándose

por una calle oscura y solitaria

con mi hermana cogida de la mano:

la maestra y su niña hacia la escuela,

tapadas con bufandas bajo el frío.

 

La infancia transcurría sin pasado:

cometas de papel en la alta tarde

y canicas debajo de los muebles

y aburrimiento de calcomanías

en los días más fríos y lluviosos.

 

Mi madre, con mi hermana, ya se alejan

en un tren sin paradas que recorre

las soledades de mi propio invierno.

 

 

EL BUSCADOR DE ORQUÍDEAS

 

No había en casa libros adecuados

para el desasosiego adolescente.

Los de urbanismo eran aburridos

y Cataluña, pueblo desdichado

me parecía un título muy triste.

Cogí el Mein Kampf, un breve libro negro

que tomé por profundo. Así empecé

por el lugar más sucio de la literatura.

Las palabras de Hitler, tan vulgares,

eran un pozo negro.

No lo he olvidado, pese a que no lo recuerdo.

Me di de bruces con la realidad.

Fue allí donde empezó la poesía,

difícil y sin falsas esperanzas.

He hecho siempre como el jabalí,

que busca y, delicado, escoge y come

el bulbo -conocido como el orquis–

de la orquídea.

 

 

NUESTRO TIEMPO

 

Cuando nos dimos cuenta, ya estaba en las ventanas,

como para quedarse. Pero ahora

nada nos ilumina sino esa vaga niebla.

A veces, una luz desgarradora.

El nuestro fue otro tiempo mucho más inocente:

Todavía en las obras celebrábamos

cuando, sin accidentes, la estructura

Llegaba a lo más alto y se cubrían aguas.

Vivíamos en calles

a las que les sentaba bien un nombre

Como el de las Camelias.

Entre las azoteas, cada noche

se encendían las luces

del ático de nuestra juventud.

Entre las voces suaves y lejanas,

alguna vez, se oye un grito de pánico.

Pero una herida

Es también un lugar donde vivir.

 

 

AUTORRETRATO CON MAR

 

Aquel niño callado. Juega solo.

Permanece detrás de estos ojos de viejo,

resiste la embestida brutal del mediodía

oyendo los confusos versículos del mar

y el grito de los cuerpos desnudos y oxidados

al entrar en las aguas transparentes y frías

de la playa de piedras. Avergonzado, corre

de un escondite a otro de los cuentos.

 

Duerme dentro de mí, desvalida criatura:

duerme dentro de mí, una noche de reyes,

donde en silencio vuelan las escobas

y los lobos dejaron sus huellas en la nieve.

Afuera brilla un cielo lleno de albaricoques,

y el mar azul oscuro de ciruelas

se deshace en los negros cuchillos de las rocas.

 

El verano de alcohol frío en los ojos

me hace sentir mi vida como la pulpa oscura

y dorada de un fruto que se pudre

alrededor del hueso del recuerdo.

Dentro de mí ocúltate, desvalida criatura.

Dentro de mí protégete de la cruel claridad.

Recita la leyenda que habla del niño gris

y de la miserable bicicleta

montada por el triste ciclista del suburbio.

Te busca y está cerca. Pedalea hacia aquí.

 

 

UN POBRE INSTANTE

 

La muerte no es más que esto: el dormitorio,

la luminosa tarde en la ventana,

y este radiocasete en la mesita

-tan apagado como tu corazón-

con todas tus canciones cantadas para siempre.

Tu último suspiro sigue dentro de mí

todavía en suspenso: no dejo que termine.

¿Sabes cuál es, Joana, el próximo concierto?

¿Oyes cómo en el patio de la escuela

están jugando los niños?

¿Sabes, al acabar la tarde,

cómo será esta noche,

noche de primavera? Vendrá gente.

La casa encenderá todas sus luces.

 

 

LECTURA

 

Penetro en otras vidas.

Llevo días leyendo, pero ahora

alzo los ojos porque me doy cuenta

de que apenas sé nada de quien escribió el libro.

Me avergüenza no conocer

más que su lucidez. Toda supervivencia

es esta especie de conversación

silenciosa y sin tiempo. Es algo aterrador

y ocurre en el abismo de la mente,

un frío cielo azul en el que el amor es

la única forma de posteridad.

 

 

AMADA REGINA

 

En todas las ciudades busco siempre

un hotel que llevara el nombre de ella.

El Regina de Roma y su fachada

severa y gris, fascista, de granito.

El Regina de Londres, frente a un parque

tristísimo al crepúsculo. El Regina

con las piedras negruzcas de Bruselas.

El cálido Regina de París,

junto al «quai» solitario de barcazas.

El Regina y su zócalo de moho

lamido por las aguas oscuras de Venecia.

Y cuando ella murió, y él no viajaba ya,

el último Regina, en el bullicio

del centro, en Barcelona,

le acogió con sus gélidos espejos

y con su delicada marquesina

de hierro y de cristal en la calle Bergara.

Regina amada, hoteles y mujer:

algunos negros bultos en la noche,

la caldera encendida y los neones

de tu nombre, violentos de tanta soledad.

Ciudades que están llenas de imprevistos

hitos de amor.

 

 

CALIGRAFÍA

 

Ha apoyado la frente en el cristal

frío, empañado, con trasluz de invierno.

Escribe el nombre de ella y, a través

de las líneas que traza con el dedo,

la ha visto en un paraje solitario

con el mar y las rocas en la noche.

Al fondo, las estrellas: de pronto, las gaviotas

alzan el vuelo como un resplandor

al paso de un falucho. Se ha engañado:

detrás de la ventana hay una calle

que el alba hace más triste, sin un alma,

con coches aparcados.

Tras las líneas comienza a amanecer:

el sol naciente borrará ese nombre

en la escarcha rosada del cristal.

 

 

COSAS EN COMÚN

 

Habernos conocido

un otoño en un tren que iba vacío;

La radiante, aunque cruel

promesa del deseo.

La cicatriz de la melancolía

y el viejo afecto con el que entendemos

los motivos del lobo.

La luna que acompaña al tren nocturno

Barcelona-París.

Un cuchillo de luz para los crímenes

que por amor debemos cometer.

Nuestra maldita e inocente suerte.

La voz del mar, que siempre te dirá

dónde estoy, porque es nuestro confidente.

Los poemas, que son cartas anónimas

escritas desde donde no imaginas

a la misma muchacha que un otoño

conocí en aquel tren que iba vacío.

 

 

EN TORNO A LA PROTAGONISTA DE UN POEMA

 

Conocía muy bien tu piel dorada,

la señal de peligro de tus ojos azules.

Sueños de profesor que comenzaba

a perder su futuro. Hace mucho surgiste

entre aquellos muchachos y muchachas

del bar acristalado de nuestra Escuela blanca,

desde donde veíamos el mar.

Me preguntan quién eres. Quizás, un día, expertos

en soledad y en crímenes pasados

buscarán, amparada en las palabras,

la sombra de tu nombre y no hallarán

sino cartas violeta de la noche

y el rastro, entre papeles, de unos ojos azules.

 

 

FAROS EN LA NOCHE

 

Intento seducirte en el pasado.

Las manos al volante y esta luz

de club nocturno del tablier me dejan

-fantasía invernal- bailar contigo.

Detrás de mí, igual que un gran camión,

el mañana hace ráfagas de luces.

No lo conduce nadie y me adelanta,

pero ahora tú y yo viajamos juntos

y el coche puede ser el dos caballos

de los años sesenta hacia París.

"Je ne regrette rien" canta Edith Piaf.

Bajo la ventanilla, entra la noche

fria de la autopista, y el pasado

se aproxima de cara, velozmente:

cruza y me ciega sin bajar las luces.

 

 

FLORES BLANCAS EN LA NIEBLA

 

Sábanas grises de la escarcha

cubrían el bancal de los almendros;

pero llegaron lluvias como máscaras

y la hierba borró los espejos del frío.

En la invernal mirada un aire cálido

comenzaba a mentir

a aquellas alas grises

de pájaros erráticos en árboles desnudos.

En una sola noche de tibieza

con reflejos de sombra en el espejo,

los almendros se abrieron en sus flores.

Tú llegaste también

en un tiempo de frío y soledad:

El amor fue la brisa

sobre la escarcha gris. Las flores olvidadas

extendían olor a primavera

en el ámbito helado, nieve cálida

de breves flores blancas. Con tristeza

las recuerdo durante aquel invierno

que en una sola noche las heló.

 

 

HISTORIA EN UN ÁTICO

 

La vida convirtiéndose -¿recuerdas?-

en viajes y trabajo.

La terraza, las vistas, y nosotros

mirando hacia otra parte: así acostumbra

a iniciarse el error: Pero al final,

hacía tanto frío que una tarde

cerramos la terraza de aquel ático.

Sabes lo que te ofrezco: un viejo buitre

a quien el miedo hace volar más alto

y que prepara su vertiginoso

descenso hacia las últimas carroñas.

Del confuso negocio del amor

quedan sólo las últimas monedas

de un tesoro saqueado. Conversemos,

ya que nosotros siempre hemos hablado,

y la conversación tiene el calor

que desea quien sube a un tren nocturno

como el que se me lleva: mi pasado

se borra y el futuro ya no es nadie.

Es otra clase de felicidad.

 

 

HORARIOS NOCTURNOS

 

Acostado a tu lado, oigo los trenes.

Cruzan mi frente sus fugaces luces

rasgando el horror tibio de esta noche.

La pausa de silencio me deja una luz roja,

una nota sobre este pentagrama

de cables y de vías oscuras y brillantes.

Acostado a tu lado,

oigo cómo se alejan con el ruido más triste.

Quizá me he equivocado no subiendo a uno de ellos.

Quizá el último acierto

sea -abrazado a ti-

dejar pasar los trenes en la noche.

 

 

INICIACIÓN

 

Calles estrechas con esquinas tristes,

rótulos anunciando en los balcones

lavajes y la cura de venéreas.

Lances de amor, permanganato, el alba.

La primera mujer

en un cuarto con sábanas heladas.

La luna tiene el rostro

de aquella pobre puta de Madrid.

La ciudad gris, como la policía.

Fue en un mítico viaje clandestino.

No quiero añadir más literatura.

Ni me marcó ni me hizo sentir sucio.

Sólo un tanteo previo

para irme acostumbrando a este misterio

que une dentro de mí mi amor por ti

a un peligro de oscuros callejones.

...


Joan Margarit Consarnau (Sanaüja, España 1938-2021) fue un poeta y arquitecto español. Como arquitecto, fue catedrático de la Universidad Politécnica de Cataluña y participó en la construcción de la Sagrada Familia. Como poeta, escribió en catalán y en español y fue distinguido con el premio Cervantes. Desde el año de 1980 el poeta decidió utilizar el catalán como lengua literaria, con la que ha publicó casi el total de su obra  poética integrada por más de quince libros entre los que destacan: «Mar d’hivern» en 1986, «Llum de pluja» en 1987, «Edat roja» en 1989, «Els motius del llop» en 1993 y «Aiguaforts» en 1995. A partir de 1999, el poeta  publicó ediciones bilingües de sus libros «Estación de Francia», «Cien poemas», «Poesía amorosa  completa» y «Joana», en memoria de una de sus hijas, quien falleció a la edad de treinta años. Su última obra, "Casa de Misericordia", editada por Proa en 2008, obtuvo el Premio Nacional de Poesía, el Rosalía de Castro y el de Poesía de Catalunya.