martes, 6 de julio de 2021

Luis Ignacio Betancourt / Ojo de la sombra (12 poemas)

 






Estela

 

navego de espaldas

de frente a mi estela

me pregunto si me persigue

o me abandona continuamente

pájaro de espuma mi vestigio

¿detrás de o tras el barco?

¿se mutila o expande?

desplumándose despliega sus alas

persistencia en el suspiro

que la quilla despide o engendra

si me detengo ¿me alcanza?

¿la borro si me aquieto?

surco las aguas

encarando mi hollar

mi trazar un deshacerse

mi esfumar un persistir

mi presencia

sombra

¿rezagada o al acecho?

rastro

¿desde o hacia mí?

 

Retruécanos


este asunto grave y serio

asumido con tanta ligereza

esta nadería

emprendida en nombre

de razones inmortales

este sufrir que todo es breve

con impaciencia por la demora

esta moneda de cara o cruz con ínfulas de dado

esta gula saciada con carroña

este aferrarse a una recta infinita

desmoronada en la carne de Euclides

este buscar el punto B del segmento

en una perspectiva cuya fuga

persiste más allá del cuadro

esta vida

fútil por efímera

valiosa en su ser pasajera

 

Palabras mágicas

 

Feliz año, exclaman los fuegos artificiales, brillantes

en el cielo: detonaciones, olor a pólvora, humo,

augurios de guerra.

Gracias, dice un hombre cada vez que recibe unas

monedas, orgulloso de no ser vago ni mendigo, sino

vendedor de agradecimientos.

Salud, susurra la enfermera cuando un anciano

estornuda un pollock rojo y verde sobre su babero.

Sentido pésame, murmuran las plañideras al oído

de una madre, como si su hijo fuese Lázaro y las

condolencias levantaran e hicieran andar.

Buen apetito, le desean los transeúntes a un hombre

sentado sobre el suelo, en cuyas manos rebosa un

hediondo amasijo: cartílagos, sardinas, arroz, un

jamón moteado de lunares blancos.

Abracadabra, dicen todos, nada cambia y entonces lo

gritan: abracadabra, cadabra, abra. La caverna donde

pronuncian el conjuro es el espejo en que se miran

sus voces; los ecos, reflejos sordos, simples acuses de

recibo, sombras de respuestas.

Maldición, mierda, carajo, coño. Los improperios son

el último y más desesperado intento. La vida no es un

sombrero del que salen conejitos.

 

Hombre y misterio

 

Matad la horrible duda

Y la espantosa lucidez

Vicente Huidobro

 

el hombre te acorrala misterio

desgarra tu vestido nocturno

a punta de zarpazos sin tregua

cada vez que te arranca un jirón

tu piel descubierta arroja luces

sobre mapas que indican rutas

hacia más oscuridad

misterio te encoges hasta hacerte invisible

entre las sombras al atardecer

tanto como te expandes inabarcable

cuando el mediodía te diluye en su fulgor

hombre

cincel incansable y sediento

mano de Fidias

si acometes el mármol

responde

una vez que obtienes el rostro

que tú mismo le impones a la piedra

¿no te parece que surgen tantas

preguntas ante la roca informe

como dudas frente a tu obra?

misterio

señuelo de las sombras

atacas de lejos en una torre

te permites la paciencia del arquero

anticipas los desvíos del viento

sin embargo se ralentiza

tu parábola certera

cuando la flecha atraviesa

cada uno de los velos

hacia el cuello del jinete

unas veces hieres misterio

tu espada se abre paso

sin siquiera la resistencia del aire

hendiendo el vacío

la carne blanda del tiempo

sin más oposición que la distancia

entre el filo y tu víctima

sin otra variable que tu fuerza

otras veces misterio

yerras el blanco

dejas tus flancos abiertos

al cincel del sapiens

pala de cavar abismos

molde para hacerle un busto a la niebla

desiste hombre

suelta tu instrumento

la ceguera en la caverna

es igual a la que te espera al salir de allí

cuando entornes los ojos ante un resplandor

 

Ojo de la sombra

 

cada ojo tiene su punto ciego

cada punto ciego esconde un ojo

cada ojo descubierto en la ceguera

es ciego en un punto con pupila

¿qué miran las tinieblas?

¿qué relámpago despunta

en la retina de la última sombra?

¿qué navega en el fangal vítreo

de un glóbulo abismado en su cuenca?

un reflejo invertido viaja nervio arriba

desemboca en un cuarto de luz roja

allí un demiurgo lo espera

para darle vuelta y revelarlo a la mente

en el cuarto hay una grieta félida pupila

puerta de una cripta en penumbras

en la cripta un rayo

señuelo hacia otro abismo

abismo donde una ventana descubre

tantas estrellas como hoyos negros

 

Puerta grande

me devuelvo

me vierto desde el lado angosto del embudo

para salir por la puerta grande

me re-vierto

ansioso de expandirme

cuando me escurro continúo igual de menudo

tan fino como en un principio

irrevertiblemente delgado

 

Misericordia

 

huir de la misericordia

la de perros adiestrados para rastrear

frascos de ceniza en el equipaje

la de espías con radares sensibles

al murmuro de los penitentes

la de intrusos en grupos de apoyo

la de mira telescópica y soplones

en cada callejón de la miseria

la de informantes en las esquinas de la culpa

entrenados para reconocernos y delatarnos

ante una gestapo de filántropos

mecenas de una fundación

creada en honor a nuestra hazaña

cuenta donde amigos y familiares

depositen monedas en favor de la causa

perpetuar nuestras penurias en museos

exhibirlas cual si fuesen urinarios

 

Fracaso de la muerte

¿cómo hace la muerte para sacarnos todo el aire

acumulado durante años de vida

en una exhalación de apenas segundos?

a pesar de su rapidez

ha demostrado que no puede

incapaz de envasarnos al vacío

nos despacha inflados repletos

por eso nos hinchamos y pudrimos a los pocos días

 

Hundirse

 

Conozco el destino de la piedra lanzada al estanque.

Gustavo Pereira

 

de pérdida en pérdida

pero cada vez más pesados

es propio de las piedras

deslastrarse

abandonar

las manos de los niños

después del lanzamiento

parodiar a Jesús sobre un lago

hundirse

a mitad del milagro

al fondo del agua permanecer

sentir sobre las pétreas pieles

encanecerse el musgo

la succión de los siluros

el roce de anzuelos incapaces

de afirmar su punta entre las grietas

y jalarnos y sacarnos a la superficie

anzuelos lanzados desde las orillas

en las que alguna vez estuvimos

o desde los muelles

a los que nunca llegamos

sólo ser los cimientos

de una caverna bajo el agua

construida por el azar de la corriente

dejar que los peces

habiten nuestras sombras dejar

que se agiten sus aletas

adentro

en la oquedad que somos

o en la plenitud que fuimos

restos del aire

que se nos fue escapando

por algún orificio inadvertido

óseo discreto

 

Espoilear

 

a la espera del próximo episodio

se aferran a sus conjeturas

por ellas madrugan cada lunes

a pesar de esta falta de clímax

quizás haya un giro al final de la historia

todavía creen en tramas impredecibles

en la última temporada

cuando sólo quedan dos posibles desenlaces

congelarse en la parada del autobús

todos los días a las cinco de la mañana

romperse el lomo traer el pan

o quedarse en cama hasta mediodía

acusado de pereza

vicio capital

aunque en el fondo todos lo sepan

el pecado de no hacer nada

es la osadía de espoilearle al mundo

el último capítulo

de una serie titulada esfuerzo

 

Platos en el fregadero

 

con cuánta alegría se ensucian

los platos durante la cena

mientras todos mastican ríen hablan

en el comedor

y suena la música

después del cafecito

amargo y expreso

del orujo y los abrazos

solo quedan servilletas arrugadas

goma de mascar envuelta en papeles

cigarrillos aplastados en el cenicero

copas a medio beber

con cuánta alegría se ensucian

los platos durante la cena

qué difícil

en cambio

afrontar los trastos

amontonados en el fregadero

en cada escudilla

se sedimenta una capa

una costra

pátina rugosa y seca

se deja remojar

en el silencio de la cocina

a la espera de que ablande

para rasparla con las uñas

 

To-gas

 

togas levitan sobre el estrado

vacías de cuerpos

como fantasmas

togas en fila

a la espera de sus certificados

permisos para menearse

diez segundos en una tarima

togas cum laude

luces hominis

prestas a izar sobre cruces

diplomas donde figuran

acrónimos de famélicos reyes

togas rentadas en una tienda

ajenas como frac o levita

togas reverentes prosternadas

ante las estatuas que presiden la ceremonia

togas como disfraces de carnaval o noche de brujas

como capas de superhéroes

togas como túnicas de parcas

birretes en vez de cabezas

to-gas gas gas gassssssssssssssssssssssssssssssssss

 

Luis Ignacio Betancourt (Caracas, 1993).

Es licenciado en letras por la Universidad Católica Andrés Bello. Fue finalista en la primera edición del Concurso de poesía joven Rafael Cadenas (Fundación La Poeteca, 2016) y en el 1er Concurso Physis para Jóvenes Poetas (Universidad Católica Andrés Bello, 2017), en cuyas antologías fueron incluidos sus textos. Trabaja a distancia como tutor de castellano para estudiantes universitarios estadounidenses.

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